PLEGARIA EUCARÍSTICA DEL CENTRO ECUMÉNICO DE TAIZÉ

Realmente es justo y bueno darte gracias, Dios Padre nuestro, por Cristo nuestro Señor. Has creado por Él el universo todo visible e invisible; has hecho al hombre según tu imagen y has pactado con él una alianza; le has revelado tus promesas por la palabra de tus profetas. Por eso, con los ángeles y los santos todos, proclamamos tu gloria diciendo:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo, Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. ¡Hosanna en el cielo! Bendito el que viene en nombre del Señor. ¡Hosanna en el cielo!

Realmente eres santo, Dios Padre nuestro, y has amado tanto al mundo que le has dado tu Hijo, que se encarnó de la Virgen María por el Espíritu Santo.

Envía de nuevo el Espíritu de tu poder para consagrar esta Eucaristía: que el Espíritu Santo creador cumpla la palabra de tu amado Hijo.

Él, la noche en que fue entregado, tomó el pan, lo bendijo por la acción de gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomad y comed, esto es mi cuerpo entregado por vosotros; haced esto como memorial mío.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó la copa, la bendijo por la acción de gracias y la dio a sus discípulos diciendo:

Tomad y bebed todos de ella, ésta es la copa de la nueva Alianza en mi sangre, derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados; haced esto como memorial mío.

Por eso, Dios Padre nuestro, al celebrar ante Ti el memorial de la pasión, resurrección y ascensión de Cristo, nuestro gran pontífice, viviente siempre para interceder por nosotros te presentamos, como ofrenda pura, su sacrificio único y perfecto.

Envía de nuevo el Espíritu de tu santidad para santificar tu Iglesia como en el día de Pentecostés: que el Santo Espíritu consolador la conduzca hasta la verdad completa, la fortifique en su misión hasta los confines del mundo y la prepare para tu reino eterno donde compartiremos la herencia de los santos en la luz, con la Virgen María, la Madre del Señor, con los profetas, los apóstoles y los mártires. Unidos a nosotros, ellos oran también a tu Hijo amado, hasta su retorno en la gloria: ¡Ven, Señor Jesús!

Por Él, con Él y en Él, a Ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

(Tomado de "La gran plegaria eucarística. Textos de ayer y de hoy",
preparado por V. Martín Peinado y J.M. Sánchez Caro, Ed. «La Muralla», Madrid)