A LOS DIOSES DE MESOPOTAMIA

Enlil, hasta lo más remoto su orden es augusta
y santa su palabra.
Lo que sale de su boca es cosa inmutable,
un destino establecido para siempre.
Si levanta su mirada, conmueve las montañas;
si levanta su luz,
su mirada penetra hasta el seno de las montañas.

Enlil, el padre, cuando se sienta a gusto en el trono santo,
el trono augusto,
Él, Nunammir,
parangón de señores y de príncipes,
los dioses de la tierra se curvan temerosos ante él,
los dioses Anunna salen corriendo a su encuentro,
obedecen respetuosamente sus órdenes.

EL señor, gigante mayor que el universo,
que conoce los juicios,
sapientísimo,
se ha asentado en Duranki,
el que lo conoce todo.

(Recopilación de José Vicente Niclós Albarracín)