Enlil, hasta lo más remoto su orden
es augusta
y santa su palabra.
Lo que sale de su boca es cosa inmutable,
un destino establecido para siempre.
Si levanta su mirada, conmueve las montañas;
si levanta su luz,
su mirada penetra hasta el seno de las montañas.
Enlil, el padre, cuando se sienta a gusto en el trono santo,
el trono augusto,
Él, Nunammir,
parangón de señores y de príncipes,
los dioses de la tierra se curvan temerosos ante él,
los dioses Anunna salen corriendo a su encuentro,
obedecen respetuosamente sus órdenes.
EL señor, gigante mayor que el universo,
que conoce los juicios,
sapientísimo,
se ha asentado en Duranki,
el que lo conoce todo.