Misericordia de Dios por un convertido (1QS XI)
¡Bendito seas, Dios mío, tú que
abres al conocimiento el corazón de tu servidor!
Afianza en la justicia todas sus acciones y concede al hijo de tu sierva,
tal como quisiste respecto a los elegidos de la humanidad,
que se mantenga ante ti por siempre.
Porque fuera de ti no hay camino
perfecto, y sin tu voluntad nada se hace.
Tú eres quien ha enseñado toda ciencia,
y todo lo que ha sucedido ha sido por tu beneplácito.
No hay nadie fuera de ti que pueda
oponerse a tu designio,
ni comprender todo tu plan de santidad,
ni contemplar las profundidades de tus misterios,
ni penetrar las todas tus maravillas, ni la fuerza de tu poder.
¿Y quién podría contemplar tu
gloria?
Pues, ¿qué es un hijo de hombre entre tus obras maravillosas?
Y el que ha nacido de la mujer, ¿cómo puede permanecer ante ti?
En efecto, del polvo procede su
contextura,
y su destino es ser presa de los gusanos.
No es de piedra, sino de barro del alfarero, y tiende hacia el polvo.
¿Qué puede forjar la arcilla que una
mano ha modelado?
¿Y qué designios puede comprender?
Facilitado por José V. Niclós Albarracín, o.p.