Señor, tu misericordia se extiende
sobre las obras de tus manos para siempre.
Tu bondad consiste en ricos beneficios derramados sobre Israel.
Tus ojos los miran y a nadie le faltará nada.
Tus oídos escuchan la oración del pobre lleno de esperanza.
Tus juicios se ejercen sobre toda la tierra con misericordia
y tu amor descansa sobre la raza de Abrahán, los hijos de Israel.
Tu corrección cae sobre nosotros como
sobre un hijo primogénito y único,
para apartar al alma dócil de la ignorancia que le engaña.
¡Que Dios purifique a Israel para el día de su misericordia llena de bendición,
para el día escogido por él en que suscitará a su Mesías!
¡Dichosos los que vivan aquellos
días,
para ver los beneficios que el Señor concederá a la generación venidera,
bajo el cetro corrector del Cristo, el Señor,
en el temor de su Dios,
en la sabiduría del Espíritu, de la justicia y de la fortaleza,
tal como dirige a los hombres en las obras de la justicia y en el temor de Dios,
para establecerlos a todos en la presencia del Señor!
¡Generación buena por el temor de
Dios en los días de la misericordia!
Nuestro Dios es grande y glorioso,
habita en lo más alto de los cielos.
Él es quien ha dispuesto las lucernas en sus cursos,
para las divisiones de las horas cada día,
y no se apartarán del camino que tú les has fijado.
Su camino se realiza cada día en el
temor de Dios,
desde el día en que Dios las creó, de ese modo para siempre.
Y no se han desviado desde el día en que las creó.
Desde el origen del mundo no han dejado sus caminos,
excepto cuando Dios se lo ordenó por orden de sus siervos.
Facilitado por José V. Niclós Albarracín, o.p.