BUDISMO TIBETANO

El fervor místico Y la belleza de la naturaleza

Esta es la ermita a la que llaman «Castillo de la Iluminación».
Por encima se eleva el blanco glaciar de los dioses poderosos,
por debajo encuentro a los fieles dadores de ofrendas,
por detrás, una cortina de seda blanca envuelve la montaña,
y ante mí se agolpan los pródigos bosques.

Praderas y verdes alfombras se extienden a lo lejos en los valles,
sobre el nenúfar delicado y fragante
zumba y rezumba una nube de insectos.

En la orilla del estanque, el ave acuática mira al soslayo, ladeando el cuello.
En las frondosas ramas de los árboles cantan alegres los pájaros...

Por las alfombras verdes y suaves de los anchos prados
pace el cuadrúpedo ganado,
y sus guardianes, los pastores,
dejan oír sus canciones al son de sus dulces caramillos.

Y esclavos de la ambición mundana
llenan la tierra, ocupados en sus terrenos menesteres.
Pero yo, el yogui, que todo lo miro desde arriba,
desde una peña soberbia, visible de lejos,
tomo como comparación el inconstante mundo de la apariencia.

Los bienes terrenos son para mí
como la imagen engañosa que en el agua se refieja.

¡Qué gran maravilla, que toda la multiplicidad
que a mi mente se revela,
ay, que todas las cosas del ciclo de los tres mundos,
aunque irreales, sean visibles, sin embargo!

Mi-la-Ras-pa (1038-1122) "Los cien mil cánticos"