01. EL PINO DE SAN MARTÍN
(cuento navideño de Paulo Coelho)
En la víspera de Navidad, el párroco del pueblito
de St. Martín, en los Pirineos franceses, se preparaba para celebrar
la misa cuando empezó a percibir un perfume maravilloso. Por estar
en invierno, hacía tiempo que las flores habían desaparecido; pero
allí estaba aquel agradable aroma, como si la primavera hubiera
surgido fuera de época.
Intrigado, salió de la iglesia para buscar el
origen de tal maravilla, y se encontró con un muchacho sentado en el
umbral de la puerta de la escuela. A su lado había una especie de
árbol de Navidad dorado. El joven no demostró mucha alegría.
– Es verdad que eso que cargo conmigo se ha ido
haciendo cada vez más pesado a medida que yo caminaba, y sus hojas
se han hecho duras. Pero no puede ser oro y tengo miedo de la
reacción de mis padres.
Y a continuación relató su historia:
– Salí esta mañana para ir a Tarbes, con el
dinero que mi madre me había dado para comprar un árbol de Navidad.
Sucede que, al cruzar un pueblo, vi a una señora mayor, sola, sin
familia con la que celebrar la gran fiesta de la Cristiandad. Le di
algún dinero para la cena, pues estaba seguro de que conseguiría
algún descuento en mi compra.
Al llegar a Tarbes, pasé por delante de la gran
prisión, y vi a un grupo de personas esperando la hora de la visita.
Estaban tristes, ya que pasarían la noche lejos de sus seres
queridos. Escuché a algunas comentar que ni siquiera habían
conseguido comprar un pedazo de torta. Entonces, decidí que
dividiría mi dinero entre aquellas personas, que lo necesitaban más
que yo. Guardaría una cantidad mínima para el almuerzo; el florista
es amigo de nuestra familia, y seguramente me daría el árbol y yo
podría trabajar para él la próxima semana, pagando así mi deuda.
Sin embargo, al llegar al mercado supe que el
florista no había ido a trabajar. Intenté que alguien me prestase
dinero, de manera que pudiera comprar el árbol en otro lugar, pero
fue en vano. Me convencí de que conseguiría pensar mejor qué hacer
con el estómago lleno.
Cuando me aproximé a un bar, un niño que parecía
extranjero me preguntó si le podía dar alguna moneda, ya que llevaba
dos días sin comer. Como pensé que en cierta ocasión el Niño Jesús
debió de haber pasado hambre, le entregué el poco dinero que me
quedaba, y decidí volver a mi casa.
En el camino de regreso, arranqué una rama de
pino; intenté arreglarla, cortarla, pero se fue poniendo dura como
si fuera de metal, y estaba lejos de ser el árbol de Navidad que mi
madre esperaba.
– Querido muchacho –dijo el sacerdote–, el
perfume de este árbol no deja dudas de que ha sido tocado por los
Cielos. Déjame contarte el resto de tu historia:
– Cuando tú dejaste a la señora, ella
inmediatamente pidió a la Virgen María, madre como ella, que te
devolviese esta bendición inesperada. Los parientes de los presos se
convencieron de que habían encontrado un ángel, y rezaron
agradeciendo a los ángeles las tortas compradas. El niño que
encontraste agradeció a Jesús haber podido saciar su hambre… La
Virgen, los ángeles y Jesús escucharon las plegarias de los que
habían sido ayudados. Cuando tú quebraste la rama del pino, la
Virgen colocó en él el perfume de la misericordia. A medida que tú
caminabas, los ángeles iban tocando sus hojas, y transformándolas en
oro. Cuando todo estuvo listo, Jesús contempló el trabajo, lo
bendijo, y a partir de ahora a quien toque este árbol de Navidad se
le perdonarán sus pecados y sus deseos serán atendidos.
Y así fue. Cuenta la leyenda que el pino sagrado
aún se encuentra en St. Martín; pero su fuerza es tan grande que
todos aquellos que ayudan a su prójimo en la víspera de Navidad, no
importa cuan lejos se hallen de esta pequeña ciudad, reciben su
bendición.
02. ALGUNAS REFLEXIONES
Sobre los elogios de los demás
Kenan Rifai dice que, cuando los demás nos
elogian, debemos prestar atención a nuestro comportamiento, ya que
eso significa que ocultamos muy bien nuestros defectos. Podemos
terminar creyendo que somos mejores de lo que pensamos, y de ahí a
dejarse dominar por un falso sentimiento de seguridad hay un paso.
¿Cómo prestar atención a las oportunidades que
nos da la vida?
Si tienes sólo dos, aprende a transformarlas en
doce. Cuando tengas doce, ellas se multiplicarán por sí solas. Por
eso dice Jesús: «Al que tiene, más le será dado, y tendrá en
abundancia; pero al que no tiene, aún lo poco que tiene le será
arrebatado». Es una de las frases más duras del Evangelio.
Sin embargo, ¿cómo puede uno reconocer las
oportunidades?...
Presta atención a todos los momentos, porque la
oportunidad, el "instante mágico", está a nuestro alcance, aunque
siempre lo dejemos pasar por nuestro sentimiento de culpa. Por lo
tanto, no pierdas el tiempo culpándote: la vida se encargará de
corregirte, si es que tú no eres digno de lo que estás haciendo.
¿Que cómo nos corregirá la vida?...
No a través de tragedias; éstas suceden porque
son parte de ella, y no deben ser encaradas como un castigo.
Generalmente, la vida nos indica que estamos equivocados quitándonos
lo más importante que tenemos: nuestros amigos.
El difícil arte de perdonar
No sé si yo podría perdonar la ingratitud con
facilidad.
Es muy difícil. Pero no hay elección. No quiero
decir que te debe gustar aquel que te hace daño. No quiero decir que
vuelvas a vivir con esta persona. No estoy sugiriendo que la veas
como un ángel o como alguien que actuó inconscientemente, sin
intención de herir. Tan sólo digo que la energía del odio no te
llevará a ninguna parte; pero la energía del perdón, que se
manifiesta a través del amor, conseguirá transformar positivamente
tu vida.
Me han hecho daño muchas veces.
Por eso llevas todavía dentro de ti al niño que
lloraba escondido de sus padres, al niño más enclenque de la
escuela. Todavía llevas las marcas del niño flacucho que nunca
enamoraba a las chicas, que jamás destacó en ningún deporte. No has
logrado restañar las heridas de las injusticias que han cometido
hacia ti a lo largo de tu vida. Y así, ¿qué has conseguido?
- Nada. Sólo un deseo constante de sentir piedad
de ti mismo, porque fuiste víctima de los que eran más fuertes que
tú, o de actuar como un vengador presto a herir a quien te ofendió.
¿No crees que estás perdiendo el tiempo?
- Creo que es humano.
– Por supuesto, pero no es inteligente ni
razonable. Ten respeto por tu tiempo en este mundo, recuerda que
Dios siempre te ha perdonado, y perdona tú también. Haz mentalmente
una lista de todas las personas a las que piensas debes odiar porque
te han hecho daño. Perdonándolas una a una y te sentirás mejor y tu
vida cambiará.
03. DAR LO QUE SE TIENE
Un sabio sufí llegó a la ciudad de Akbar, pero la
gente no le dio mucha importancia. El sabio solamente consiguió
reunir a unos pocos jóvenes, mientras el resto de los habitantes se
reía de su trabajo.
Paseaba con su pequeño grupo de discípulos por la
calle mayor, cuando un grupo de hombres y mujeres empezó a
insultarlo. En lugar de fingir que no se daba cuenta, el sabio fue
hacia ellos y los bendijo. Al irse de allí, uno de sus discípulos
comentó:
– Te dicen cosas horribles y les respondes con
bellas palabras.
El sabio respondió: – Cada uno de nosotros sólo
puede ofrecer lo que tiene.
04. DIEZ COSAS QUE DIOS NO TE PREGUNTARÁ
1.Dios no te preguntará qué modelo de auto
usabas; te preguntará a cuánta gente llevaste.
2.Dios no te preguntará los metros cuadrados de
tu casa; te preguntará a cuánta gente recibiste en ella.
3.Dios no te preguntará la marca de la ropa en tu
armario; te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse.
4.Dios no te preguntará cuán alto era tu sueldo;
te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo.
5.Dios no te preguntará cuál era tu título; te
preguntará si hiciste tu trabajo con lo mejor de tu capacidad.
6.Dios no te preguntará cuántos amigos tenías; te
preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.
7.Dios no te preguntará en qué vecindario vivías;
te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.
8.Dios no te preguntará el color de tu piel; te
preguntará por la pureza de tu interior.
9.Dios no te preguntará por qué tardaste tanto en
buscar la Salvación; te llevará con amor a tu casa en el Cielo y no
a las puertas del Infierno.
10.Dios no te preguntará a cuántas personas
enviaste este mensaje; te preguntará si te dio vergüenza hacerlo.
05. DISTINGUIR AL HOMBRE BUENO DEL MALO
Un panadero quería conocer a Uways, maestro sufí,
y éste fue a su panadería disfrazado de mendigo. Cogió un pan y
empezó a comérselo. El panadero lo golpeó y lo echó a la calle.
– ¡Loco! –le dijo un discípulo que llegaba–. ¿No
ves que acabas de echar al maestro, a quien querías conocer?
Arrepentido, el panadero salió a la calle y
preguntó qué podía hacer para que lo perdonase. Uways le pidió que
los invitase a comer a él y a sus discípulos.
El panadero los llevó a un restaurante excelente
y pidió los platos más caros.
– Así distinguimos al hombre bueno del hombre
malo –dijo Uways a sus discípulos en mitad de la comida–. Este
panadero es capaz de gastar diez monedas de oro en un banquete
porque soy célebre, pero no puede dar pan para que se alimente un
mendigo hambriento.
06. EL MAYOR LUJO
Al lado del monasterio de Ibak, vivía un sabio
sufí, excelente negociante, que había acumulado una gran riqueza. Un
visitante del monasterio, al ver los altísimos costes de los
trabajos de renovación del templo, dijo para quien lo quisiera
escuchar:
– ¡He aquí que los caminos de la sabiduría se
transforman en la senda de la ilusión! He encontrado a alguien que
dice buscar la verdad y, sin embargo, está podrido de dinero.
Las palabras llegaron a oídos del sabio. Cuando
le preguntaron qué tenía que decir, comentó:
– Pensaba que lo tenía todo y acabo de descubrir
que me faltaba una cosa. Ahora sé que soy realmente un hombre rico,
pues he conseguido un lujo más sofisticado.
– ¿Y cuál es ese lujo más sofisticado? –quiso
saber uno de los monjes.
– Ver a alguien que tiene envidia de ti.
07. EL MEJOR PRODUCTO DE LA REGIÓN
Un hacendado conseguía ganar todas las medallas
del Ministerio de Agricultura, porque su mijo era de excelente
calidad. Intrigado, un periodista decidió acercarse hasta el lugar
donde vivía con la intención de escribir un gran artículo sobre el
secreto de tan gran éxito. Al llegar allí, le preguntó qué hacía
para conseguir siempre el mejor producto de la región.
– Muy fácil –respondió el hacendado–. Al final de
la cosecha, separo una buena parte del grano y lo reparto entre
todos mis vecinos.
El periodista se sorprendió: – ¿Repartir lo que
recogió? ¿No se da cuenta de que sus vecinos también son sus
competidores, y quieren producir más?
– ¿No se da usted cuenta de que todo es uno? En
primavera, el viento trae el polen y lo esparce por todo el lugar.
Si mis vecinos plantaran algo malo, mi cosecha se vería también
afectada. Para tener el mejor producto de la región, hay que hacer
que los campos vecinos mantengan la misma calidad.
No podemos hacer nada bueno en la vida si no
estimulamos a los otros a que hagan lo mismo.
08. EL REGALO DE NAVIDAD
Una misionera había estado comentando con sus
alumnos sobre acerca de los regalos que hacemos en Navidad.
Unos días más tarde uno de ellos le trajo un
regalo: una concha preciosa.
La religiosa le preguntó dónde la había
conseguido. Este le respondió: "Fui a la playa y lo escogí para ti".
Como el colegio estaba a unos kilómetros de la
playa sabía que el chico tuvo que andar mucho. Y por eso dijo la
religiosa: "No deberías haber ido tan lejos para el regalo".
Le contestó el chico: "El paseo largo ha sido
parte del regalo".
09. EL REGALO INVISIBLE
El día de Navidad, la familia entera se reunió
alrededor del árbol y comenzó a abrir los regalos. La hija más
pequeña, contenta, le entregó una caja al padre.
– Esto es para ti, con todo mi amor.
El padre, orgulloso, abrió la caja, pero ésta
estaba vacía. Con el mayor cariño, le dijo a su hija:
– Amor mío, sé que tienes la mejor de las
intenciones, pero no podemos dar algo que no existe, por muy bien
envuelto que esté y por mucho cariño con que lo entreguemos. Creo
que te olvidaste de poner algo aquí dentro.
– ¿Pero es que no lo ves?
– No veo nada, hija mía.
– ¡Pues me pasé una tarde entera llenándola de
besos!
Los ojos del padre brillaron: –¡Es verdad!
¡Muchas gracias por un regalo tan bonito!
Y durante el resto de su vida, siempre que se
sentía deprimido o descorazonado, el padre abría la caja, sacaba un
beso que su hija había puesto allí, y volvía a tener el valor
suficiente para continuar adelante.
10. EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN
(Viktor Frank)
En medio del humillante castigo, un preso dijo:
¡Ah, si nuestras mujeres nos viesen así!.
El comentario me hizo recordar el rostro de mi
esposa y, en el mismo instante, me lanzó fuera de aquel infierno.
Volvieron las ganas de vivir, diciéndome que la
salvación del hombre es por y para el amor. Allí estaba yo, en medio
del suplicio, y aún así capaz de entender a Dios, porque podía
contemplar mentalmente el rostro de mi amada.
El guarda mandó que todos parasen, pero yo no
obedecí, porque en aquel momento no estaba en el infierno. Pese a
que no había modo de saber con certeza si mi mujer estaba viva o
muerta, esto no cambiaba nada: contemplar mentalmente su imagen me
devolvía la dignidad y la fuerza.
Aunque se lo quiten todo, el hombre todavía tiene
la buena ventura de recordar el rostro de la persona que ama, y esto
lo salva.