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1. EL CREYENTE Y EL TODOPODEROSO
Durante su peregrinación a La Meca, un hombre santo comenzó a sentir la presencia de Dios a su lado. En mitad de un trance se arrodilló, ocultó el rostro y rezó:- Señor, quiero pedirte sólo una cosa en mi vida: dame la gracia de no ofenderte jamás.- No puedo concederte esa gracia, respondió el Todopoderoso.Sorprendido, el hombre quiso saber el motivo. - Si no me ofendes, no tendré motivos para perdonarte -escuchó decir al Señor-. Si no tengo por qué perdonarte, pronto olvidarás la importancia de la misericordia para con el prójimo. Por eso continúa tu camino con amor y déjame practicar el perdón de vez en cuando, para que tú tampoco te olvides de esta virtud.
2. EL MEJOR REGALO DE CUMPLEAÑOS
(Paulo COELHO, en El Semanal nº 854, 7 marzo 2004)
El día de mi cumpleaños el universo me regaló algo que quisiera compartir con mis lectores. En medio de un bosque cercano a la ciudad de Azereix, en el suroeste de Francia, hay una colina cubierta de árboles. Con una temperatura que roza los 40 grados, en un verano con casi 5.000 muertos en los hospitales a causa del calor, viendo los campos de maíz destruidos por la sequía, uno no tiene muchas ganas de caminar. Sin embargo, le digo a mi mujer: - Una vez, después de dejarte en el aeropuerto, di un paseo por este bosque y encontré un camino muy bonito. ¿Te gustaría verlo? Christina divisa una mancha blanca a través del follaje, y pregunta qué es: - Una pequeña ermita. Le digo que el camino pasa por allí, pero la única vez que fui, estaba cerrada.Habituados a las montañas y a los campos, sabemos que Dios está en todas partes, y no es necesario entrar en una construcción hecha por el hombre para poder encontrarlo. Muchas veces, durante nuestras largas caminatas, rezamos en silencio, escuchando la voz de la naturaleza y entendiendo que el mundo invisible siempre se manifiesta en el mundo visible. Después de media hora de subida, la ermita aparece en mitad del bosque y surgen las preguntas de siempre: ¿quién la construyó? ¿Por qué? ¿A qué santo o santa está dedicada?... Y a medida que nos acercamos, oímos una música y una voz que parece llenar de alegría el aire que nos rodea. «La otra vez que estuve aquí, no había altavoces», me digo, extrañado ante el hecho de que alguien ponga música para atraer a los visitantes en un camino pocas veces recorrido.Pero al contrario de lo que ocurrió en mi caminata anterior, la puerta está abierta. Entramos, y parece que estamos en otro mundo: la capilla iluminada por la luz de la mañana, una imagen de la Inmaculada Concepción en el altar, tres hileras de bancos, y, en un rincón, en una suerte de éxtasis, una joven de unos 20 años de edad, tocando el violín y cantando, con los ojos fijos en la imagen delante de ella. Enciendo las tres velas que acostumbro cuando entro por primera vez en una iglesia (por mí, por mis amigos y lectores y por mi trabajo). Enseguida miro hacia atrás: la chica ha notado nuestra presencia, sonríe y sigue tocando. Desciende entonces desde los cielos sobre nosotros la sensación de estar en el Paraíso. Como si pudiera entender lo que está sucediendo en mi corazón, ella combina música y silencio, y de vez en cuando levanta una plegaria. Y yo me doy cuenta de que estoy viviendo un momento inolvidable en mi vida, algo de lo que solemos darnos cuenta cuando el momento mágico ya ha pasado. Estoy allí por entero, sin pasado, sin futuro, viviendo sólo esa mañana, esa música, esa dulzura, esa plegaria inesperada. Entro en una especie de éxtasis. Después de muchas lágrimas y de lo que me parece una eternidad, la chica hace una pausa, mi mujer y yo nos levantamos, le damos las gracias, y yo le digo que me gustaría enviarle un regalo por haberme llenado de paz. Ella dice que acude a ese lugar todas las mañanas y que ésa es su manera de rezar. Insisto en el regalo, y ella, tras dudar, me da la dirección de un convento.Al día siguiente le envío uno de mis libros, y al cabo de poco tiempo recibo su respuesta, en la que me comenta que aquel día salió de allí con el alma inundada de alegría porque la pareja que había entrado participó de la adoración y el milagro de la vida. En la sencillez de aquella capilla, en la voz de la chica, en la luz de la mañana que lo inundaba todo, una vez más comprendí que la grandeza de Dios siempre se muestra a través de las cosas simples.
3. EL REY Y SU ANTIGUO MAESTRO
Cuando era pequeño, el príncipe Cosroes tenía un profesor que consiguió hacerle destacar en todas las asignaturas que estudiaba. Una tarde, el maestro, aparentemente sin motivo, lo castigó con toda severidad.Años más tarde, Cosroes ascendió al trono. Una de sus primeras providencias fue hacer llevar frente a él al maestro de su infancia y exigir una explicación por la injusticia que éste había cometido.- ¿Por qué me castigaste sin merecerlo, preguntó.- Cuando vi tu inteligencia, supe que heredarías el trono de tu padre, respondió el antiguo profesor. Y decidí mostrarte cómo la injusticia es capaz de marcar a un hombre para el resto de su vida. Como ya sabes lo que eso significa, espero que jamás castigues a nadie sin motivo.
4. ELOGIO DEL CURA DE PUEBLO
(Alfonso ESPONERA CERDÁN OP)Los tiempos han cambiado mucho. En otros tiempos -según cuentan- el cura del pueblo era agasajado por el cacique y reverenciado por los lugareños que le ofrecían a cada poco un animal del corral, los mejores frutos de su huerta,. Formaba parte de las "fuerzas vivas" junto con el médico, el boticario, el alcalde y el secretario del Ayuntamiento (muy pocas veces, el maestro), que se reunían todas las tardes en la rebotica.Ahora el cura de pueblo recorre en coche carreteras que apenas figuran en los mapas, para atender varios pueblos de la comarca. Sus feligreses -cada vez más viejos- han disminuido notablemente, se han hecho más remolones, más refractarios a sus prédicas, aunque es sólo a él a quien cuentan sus dolores, sus penas, sus tragedias y sus alegrías en la penumbra de la habitación de la casa, al sol en la plaza o inclusive tomando una cerveza en la barra del único bar. El cura de pueblo celebra en iglesias casi vacías, heladoras, que sólo se animan un poco con la llegada de los que regresan al pueblo para estar unos días de vacaciones. Hace ya bastantes años que bautizó al último recién nacido; en cambio, le es cada vez más frecuente dar la unción entre los pocos supervivientes de las mil y una diásporas que soportan las zonas rurales. Mientras reza los responsos, en cualquier cementerio de tapias derruidas y cruces que sucumben a la herrumbre, busca en las recámaras de su fe una reserva de energía para no abandonar a estas gentes y vence la tentación -aunque a veces le cuesta- de dejarlo todo e irse también pidiendo el traslado a una parroquia de la ciudad. Ha ido experimentando que su vocación -aunque ya lo había pensado- tiene mucho de mística de renuncia y sacrificio. Sin pretenderlo, se ha convertido en notario de un mundo en vías de extinción.El cura de pueblo, algún día no muy lejano, cerrará los ojos de su último feligrés; entonces levantará la vista al horizonte y descubrirá que se ha quedado definitivamente solo en aquel pueblo, solo ante Dios. Recorrerá las calles despobladas y en sus pasos, al principio derrotados, luego sostenidos por la resignación, finalmente briosos y resueltos, encontrará una secreta cadencia que acompañe y aliente los latidos de su corazón. El cura de pueblo se irá a otro lugar donde encontrará nuevas gentes, quizás también remolonas y refractarias, pero que sólo a él contarán sus dolores, sus penas, sus tragedias y sus alegrías, que él acogerá en lo más profundo de su corazón.Y el cura de pueblo continuará dispuesto a seguir haciendo así presente el Evangelio de Jesús. Es una especie de "último mohicano"; aunque no lo sabe, el cura de pueblo es un héroe de nuestro tiempo.
5. PENSAMIENTOS VARIOS
(inspirados en PAULO COELHO)
Las ideas nuevas necesitan espacio. El cuerpo y el alma necesitan nuevos desafíos. El futuro se ha convertido en presente, y todos los sueños -excepto los que giran alrededor de prejuicios- podrán manifestarse. Lo que es importante permanecerá; lo inútil desaparecerá. Evita también manifestarte sobre el comportamiento ajeno: para tener fe en tu propio camino, no necesitas demostrar que el camino del otro está errado. Quien actúa así no confía en sus propios pasos. A pesar de estar concentrado en aquello que haces, no mires la injusticia con indiferencia. Todo es una sola cosa, cada acción individual afecta a todos los hombres del planeta. Aunque luches contra la opresión, nunca pretendas juzgar al opresor. Cada cual responderá de sus actos ante Dios. Por eso, una vez cumplida tu misión, no hagas ningún comentario. Estás en el mundo para ayudar a tus hermanos y no para condenar al prójimo.Hay que tener conciencia de que el pesimismo se contagia. El derrotismo se contagia. La desesperanza se contagia.
Todo aquello que damos al día de hoy de alguna manera nos será devuelto.
«No vale la pena vivir discutiendo sobre todo; forma parte de la condición humana errar de vez en cuando» (F. Nietzsche). Sin embargo, todos conocemos gente que se empeña en tener razón hasta en las cuestiones más nimias. Nosotros mismos, muchas veces, nos incluimos en esta categoría: no nos permitimos errar. Lo único que conseguimos con esta actitud es el miedo a seguir adelante, pues ciertos pasos exigen nuevas decisiones, cuyos resultados desconocemos. El miedo a errar es la puerta que nos encierra en el castillo de la mediocridad: si conseguimos vencer este miedo, estaremos dando un gran paso hacia nuestra libertad.Para permitir que las ideas nuevas tengan espacio, hay que tener coraje. Coraje para enfrentarse a los prejuicios. Coraje para ser justo. Coraje para entender que todo aquello que hacemos afecta a la historia del mundo. Coraje para dar pasos hacia lo desconocido, aun sabiendo que de vez en cuando cometeremos un error. Dios ya hizo su parte al crearnos y ponernos en el mundo. Ahora Él nos contempla con cariño y pide que hagamos nuestra parte.
6. LA REGLA DE ORO DE OCCIDENTE Y DE ORIENTE
El profesor coreano Tae-Chang Kim comenta las diferencias entre el pensamiento occidental y el oriental. «Ambas civilizaciones tienen una regla de oro. En Occidente, ustedes dicen: haz a tu prójimo lo que quieres que te hagan a ti. Eso quiere decir que aquel que ama establece un patrón de felicidad que intenta imponer a todo aquel que se aproxima».«La regla de oro de Oriente parece casi igual: no hagas al prójimo aquello que no quieres que te hagan a ti. Pero esta regla parte de la comprensión de todo aquello que nos hace infelices, incluso rendir obediencia al patrón de felicidad impuesto por los otros, y en eso radica la gran diferencia».«Para mejorar el mundo, no imponemos una manera de demostrar nuestro amor, sino -esto sí- de evitar el sufrimiento ajeno».«Por lo tanto, respeto y cuidado al tratar con tu hermano. Dijo Jesús: "Por sus frutos se conoce el árbol". Dice un viejo proverbio árabe: "Dios juzga al árbol por sus frutos y no por sus raíces". Y dice un viejo proverbio popular: "Quien pega olvida; quien recibe nunca olvida" ».
7. HOY ES EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE MI VIDA
(Paulo Coelho)
De una manera u otra, todos hemos tenido experiencias difíciles en la vida. Esto forma parte de nuestro viaje por esta tierra, y aunque a menudo pensamos que las cosas hubieran podido ser diferentes, el hecho es que no podemos cambiar nuestro pasado.Por otra parte, es una falacia que todo lo que nos sucede tenga su lado bueno; existen cosas que dejan marcas muy difíciles de superar, heridas que sangran mucho.¿Cómo librarnos, entonces, de nuestras experiencias amargas?... Sólo existe una manera: viviendo el presente. Entendiendo que, aunque no podamos cambiar el pasado, sí podemos cambiar la próxima hora, lo que sucederá durante la tarde, las decisiones que tomaremos antes de dormir. Como dice el viejo proverbio hippy: «Hoy es el primer día del resto de mi vida».
8. SOBRE LA CURIOSA RAZA HUMANA
(K. Casey)¡Qué curiosa es la raza humana, tan parecida y tan diferente! Somos capaces de trabajar juntos, construir las pirámides de Egipto, la Gran Muralla china, las catedrales de Europa y los templos de Perú. Podemos componer músicas, trabajar en hospitales y crear nuevos programas informáticos. Pero, en algún momento, todo esto pierde su significado, y entonces nos sentimos solos, como si formáramos parte de otro mundo, diferente de aquel que ayudamos a construir. A veces, cuando los demás necesitan nuestra ayuda, nos desesperamos porque eso nos impide aprovechar la vida. Otras veces, cuando nadie nos necesita, nos sentimos inútiles. Pero así somos: seres humanos complejos que estamos empezando a entendernos a nosotros mismos. No vale la pena desesperarse por ello.
9. ¿SÓLO LA MITAD ES SAGRADA?
Nitju se aproximó al maestro, hizo una reverencia, y se sentó a su lado.- Ya hice las meditaciones, los rezos y los ejercicios que me mandaste. Pero como nunca ocupan todo mi tiempo, después salgo con amigos y amigas.El maestro no dijo nada. Nitju continuó: - Pero me quedo con la sensación de que sólo la mitad de lo que hago es sagrado.- Cuando estás sentado a la mesa, ¿aplicas los conocimientos adquiridos durante las prácticas espirituales?- Sí, pero también me divierto.- Entonces, tu día es enteramente sagrado, pues equilibras la disciplina de la búsqueda con la alegría de la vida, concluyó el maestro.
10. LO QUE TENGO EN LAS MANOS
Un maestro reunió a sus discípulos y les mostró una flor y les dijo: Quiero que me digáis algo sobre esto que tengo en las manos.El primero expuso un verdadero tratado sobre la importancia de las flores.El segundo compuso una bonita poesía sobre sus pétalos.El tercero inventó una parábola usando la flor como ejemplo.Llegó el turno a otro. Este se acercó al maestro, olió la flor y acarició su rostro con uno de sus pétalos. Y añadió: -Es una flor simple y bella, como todo lo que procede de Dios.
-Tú eres el único que ha visto lo que yo tenía en las manos, fue el comentario del maestro. |