CUARTO MISTERIO:
JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS
Relato bíblico
El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo... Que cargue con su cruz cada día, y me siga... Jesús, cargando con su Cruz, lo llevan al Calvario, para crucificarlo... Obligaron a Simón de Cirene a cargar con la cruz, y la llevaba detrás de Jesús... Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí... Porque soy manso y humilde de corazón... Y hallaréis descanso en vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera... Le seguía una gran muchedumbre de hombres y mujeres que se lamentaban por él... Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: No lloréis por mí. Llorad por vosotras y por vuestros hijos... Porque si en el madero verde se hace esto, ¿qué se hará en el seco?... (Lc 19, 23; Mt 11,30; Lc 23, 26-31)
Meditación 1ª
La vida humana es un peregrinar continuo, largo y pesado. Arriba, arriba, por la colina escarpada, por el camino a todos señalado. En este misterio, Cristo representa al género humano. ¡Ay! Si no hubiese una cruz para cada uno. El hombre se vería tentado de egoísmo, de hedonismo, de insensibilidad y sucumbiría.
El fruto que proviene de la contemplación de Jesús que sube al Calvario es el de acoger y besar la cruz, llevándola con generosidad y alegría, según las palabras de la Imitación de Cristo: «En la cruz está la salvación, en la cruz está la vida, en la cruz está la protección contra los enemigos, la efusión de una celestial suavidad».
Extiende también la oración a María Dolorosa que siguió a Jesús con espíritu de participación en sus méritos y en sus dolores. La intención abre los ojos ante la inmensa visión de los atribulados huérfanos, ancianos, enfermos, misioneros, débiles y exiliados, y pide para todos la fuerza y el consuelo que sólo da la esperanza: «Yo te saludo, oh Cruz, única esperanza», como nos dice la Liturgia (Juan XXIII).
Meditación 2ª
"Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo"... Jesús es ese punto débil sobre el que gravitan todos los pecados del mundo: ¡Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!
Él sólo llevó todo el peso, nos hizo libres y nos sentó consigo en el cielo, según San Pablo. María, coronada como su Hijo por las burlas y el desprecio de los poderosos, es también el punto débil y humilde que sostiene todo el dolor de su Hijo y de la humanidad (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)
Meditación 3ª
Señor: no, no puede ser... Nosotros queríamos seguirte. Estábamos decididos a caminar en pos de ti con la cruz de cada día. Y ahora te vemos temblar. Caer una, dos, tres veces...
Tú, el omnipotente, el que hacías calmar la tempestad con una palabra. El que acababas de derrumbar en Getsemaní a tus enemigos con tu sola presencia. Tú, te doblas, tambaleas ante un leño seco... Y tiene que ser un hombre el que cargue tu cruz.
Lo comprendemos. Querías señalarnos el camino. ¡Y qué mejor señal que el beso de un Dios! Por eso caíste, Señor. Para enseñarnos cómo se levanta uno de la tierra y cómo se vuelve cargar la cruz.
Dios quiere olvidarse de que has caído, de que has pecado. A Dios le interesa saber que eres valiente, que te levantas, que confiesas, que agarras la cruz, que avanzas. Quedar tendido en el barro es de cobardes. Levantarse, volver a comenzar, seguir adelante... es el gesto de Cristo y el de los cristianos (Sebastián Fuster Perelló, o.p.).