crucifixión giotto.bmp (166554 bytes)QUINTO MISTERIO:

CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS

Relato bíblico

Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron... Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen... Uno de los malhechores, crucificados con él, dijo: Acuérdate de mí, cuando vayas a tu reino... Jesús le respondió: Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso... Junto a la Cruz de Jesús, estaba su madre, y el discípulo que tanto amaba... Jesús dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Y luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre... Y, desde aquella hora, el discípulo la acogió en su casa... A la hora de sexta, se oscureció el sol, y las tinieblas cubrieron toda la tierra, y el velo del Templo se rasgó por medio... Dando un gran grito, dijo Jesús: Padre, en tus manos entrego mi espíritu... E, inclinando la cabeza, expiró (Lc 23, 33-43; Jn 19, 25-27; Lc 23, 44-46)

Meditación 1ª

Vida y muerte representan los dos puntos preciosos y orientadores del sacrificio de Cristo: desde la sonrisa de Belén que quiere abrirse a todos los hijos de los hombres en su primera aparición en la tierra, hasta el suspiro final que recoge todos los dolores para santificarlos, todos los pecados para borrarlos. Y María está junto a la cruz, como estaba junto al Niño de Belén. Recemos a esta piadosa Madre a fin de que Ella misma ruegue por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

Aquí está iluminado también el gran misterio de los pecadores obstinados, de los incrédulos, de aquellos que no recibieron ni recibirán la luz del Evangelio, que no sabrán darse cuenta de la sangre vertida por ellos también, por el Hijo de Dios. Y la oración se dilata en una ansia de justa reparación, en un horizonte de amplitud misionera porque la Sangre Preciosísima, derramada por todos los hombres proporcione a todos la salvación y la conversión: la Sangre de Cristo, prenda de vida eterna... (Juan XXIII)

Meditación 2ª

Jesús muere a sí mismo cuando suplica: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen"... Ese morir al derecho de tener razón, al derecho de sentirse y proclamarse "víctima", es la muestra del gran amor, de la más grande humildad. La Virgen no pudo ni decir esas palabras, pero las hizo suyas ofreciendo la vida de su Hijo para la vida del mundo.

Ella, la Virgen del silencio, nos enseña a vivir desde el silencio todo lo que el Padre disponga. Para Dios sobran las palabras, basta el amor. La única palabra que Él escucha y que nos dirige es ésta: ¡Cristo muerto en la cruz!... (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)

Meditación 3ª

Clavado de pies y manos, inmóvil. Hasta ahora podías de alguna manera moverte, abrir la mano y enjugar la frente, ir a alguna parte. Ahora, nada. Estarse quieto. No poder siquiera ahuyentar los insectos que acuden sedientos a la sangre. Aceptar.

Señor: Ayúdame a comprender el valor de la aceptación. FIAT. Hágase. Lo dijo nuestra Señora y el Verbo se hizo carne. Lo dices Tú y la Redención queda consumada.

Para realizar grandes cosas, Dios no pide grandes actividades, sino actitudes de aceptación. Sí, esto es también santidad. Dejar que nos claven. Decir AMEN a tu voluntad siempre y para siempre. No rebelarnos. Ser perseguidos y bendecir. Entregar la túnica cuando nos roben el manto. Invertir el tiempo de la acción excesiva en contemplar el crucifijo. Encauzar la violencia –que es necesaria para arrebatar el Reino– contra nosotros mismos. Al fin y al cabo, Señor, no me pides que te quite los clavos, sino que me deje clavar contigo (Sebastián Fuster Perelló, o.p.).