SEGUNDO MISTERIO:
FLAGELACIÓN DE CRISTO
Relato bíblicoLlevaron a Jesús ante Pilato, que le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?... Jesús respondió: Tú lo dices, soy rey. Pero mi reino no es de este mundo... He venido a este mundo para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad oye mi voz... Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y volvió a salir donde los judíos y les dijo: No encuentro en él motivo de condena... Pilato dijo: Le castigaré y le soltaré. Y mandó azotarle... Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores... Oprimido y humillado, como cordero que llevan al matadero... Herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas... Eran nuestras dolencias, las que él llevaba, y nuestros dolores, los que soportaba... Soportó el castigo, que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados... (Jn 18, 33-40; Is 53, 3-5)
Meditación 1ª
Este misterio ofrece el recuerdo del despiadado suplicio de los latigazos sobre los miembros inmaculados e inocentes de Jesús. El compuesto humano está hecho de alma y cuerpo; el cuerpo sufre las tentaciones más humillantes y la voluntad débil puede dejarse arrastrar. Así, pues hay en este misterio una invitación a la penitencia saludable que debe envolver y proteger la verdadera salud del hombre, en su totalidad, como ser corporal y espiritual.
De ello se deriva una gran enseñanza para todos. Nosotros no estamos llamados al martirio cruento, sino a la disciplina constante, cotidiana de las pasiones. Por este camino llegamos a asemejarnos cada vez más perfectamente con Jesucristo y a la participación de sus méritos.
La Madre Dolorosa le vio así flagelado: cuántas madres quisieran gozar de ver el perfeccionamiento moral de sus hijos a través de la disciplina de la educación, de la instrucción, de una vida sana, sin embargo, tienen a veces que llorar viendo insatisfechas tantas esperanzas, tantas fatigas. La intención será, pues, impetrar del Señor el don de la pureza de costumbres en las familias y en la sociedad, pero especialmente en las almas jóvenes más expuestas a las seducciones de los sentidos; y pedir a la vez, el don de la fortaleza de carácter, de la fidelidad a los propósitos hechos y a las enseñanzas recibidas... (Juan XXIII)
Meditación 2ª
"Y Pilato mandó azotar a Jesús". Así de escueto. Sin comentario. El evangelista siente como un pudor religioso y no entra en detalles.
Para los contemporáneos de Jesús les bastaba oír la palabra "flagelación" para estremecerse. ¡Ojalá a nosotros no nos falte ternura para compartirla!
Jesús sufrió. Los había que no llegaban a ser crucificados porque morían en este suplicio. Pero Jesús ya lo había aceptado y asumido por la más elevada de todas las causas, y eso le fortalecía, como fortaleció a su Madre cuando lo supo, pues cada latigazo se descargaba también sobre ella, sobre su corazón... (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)
Meditación 3ª
«Tomó entonces P¡lato a Jesús y mandó azotarle»... Ahora comprendo... Quiero ayudarte a redimir a los hombres y rehuyo el dolor... Mi cuerpo está íntegro, intocable. Y me desespero porque las almas no se rinden. Y me desaliento porque no se ve el fruto de mi esfuerzo. Me falta algo...
«Aún no habéis luchado hasta derramar sangre y ya os quejáis», me dice Pablo. Tú continúas atado en la columna. Has recibido no sé cuántos azotes. Mi cuerpo desconoce el dolor. No quiero el sufrimiento. Rehuyo la mortificación. Me falta algo.
Desde tu flagelación, el sufrimiento no fracasa nunca, no encuentra barreras insalvables, es el precio de todo triunfo apostólico. Yo fracaso porque tengo miedo a sufrir. Tengo miedo a los latigazos de los hombres: si me acerco a ellos para hablarles de Cristo no recibiré sino incomprensiones, tal vez insultos. Y esto duele, Señor (Sebastián Fuster Perelló, o.p.).