coronación espinas ticiano.bmp (192222 bytes)TERCER MISTERIO:

JESÚS CORONADO DE ESPINAS

Relato bíblico

Los soldados llevaron a Jesús al Pretorio y, desnudándolo, le pusieron un manto de púrpura... Trenzaron una corona de espinas, y se la pusieron en la cabeza y una caña en la mano derecha... Se arrodillaban ante él y le hacían burla diciendo: ¡Salve, rey de los judíos!... Y le escupían a la cara, y le quitaban la caña, para golpearle en la cabeza... Pilato pidió agua, y se lavó las manos, delante de la gente, diciendo: Soy inocente de la sangre de este justo... Salió Jesús fuera, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura... Dijo Pilato a los judíos: Aquí está vuestro Rey... Ellos decían: ¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!... Pilato dijo: ¿Voy a crucificar a vuestro rey?... Y los sumos sacerdotes decían: No tenemos más rey que el César... Pilato, para complacer a la gente, se lo entregó para que fuera crucificado... (Mt 27, 27-30; Jn 19, 4-16)

Meditación 1ª

La contemplación de este misterio se ajusta mejor a aquellos que llevan el peso de graves responsabilidades en el cuidado de las almas y en la dirección del cuerpo social; por tanto, el misterio de los Papas, se los Obispos, de los Párrocos; el misterio de los gobernantes, de los legisladores, de los magistrados. También sobre su cabeza hay una corona en la cual está, sí, una aureola de dignidad y de distinción, pero que por ello mismo pesa y punza, procura espinas y disgustos. Donde está la autoridad no puede faltar la cruz, a veces de la incomprensión, la del desprecio, o la de la indiferencia y la de la soledad.

Otra aplicación nos hace pensar en las graves responsabilidades de quien ha recibido mayores talentos y está obligado a hacerlos fructificar mediante el ejercicio continuo de sus facultades: de su inteligencia... El servicio del pensamiento, es decir, el empeño que se exige a quien está más dotado para la luz y guía de los otros, debe ser llevado con paciencia, rechazando las tentaciones del orgullo, del egoísmo, de la disgregación que demuele. Oración, por tanto, intensa por los príncipes del pueblo que pertenecen al orden religioso y civil; y también por quienes tienen responsabilidades de la pluma, del pensamiento, de la creación artística... (Juan XXIII)

Meditación 2ª

Jesús tenía una clara conciencia de su persona y de su misión. Se sabía Hijo de Dios y Salvador de los hombres. Esa conciencia de sí y su gran amor a los hombres y al Padre fueron suficientes para permitirle sobrellevar tanta burla y tanto desprecio.

Más que el sufrimiento por su corona de espinas, impresiona su silencio. Su reinado es ése, el de ser superior a todos en su paciente oblación y en su amor generoso, en medio de un paciente silencio y un infinito perdón (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)

Meditación 3ª

Señor: Nuestra fortaleza se achica porque tu evangelio no es una novela para enternecerse, sino un camino para seguir... ¿Hoy?... ¿Mañana?... Tú lo sabes. Los soldados del Procurador, los hombres con quienes trabajo y por quienes estoy dispuesto a morir, me presentarán ante el mundillo mío, y arrancándome las vestiduras –esas cuatro virtudes empequeñecidas– dejarán al descubierto la vergüenza de mi vida frívola, inútil y falsa.

Lo verán todos, y para reírse más cubrirán mi cabeza con una corona de espinas –el ridículo–, pondrán en mis manos la caña de un aprecio pasajero, y la tomarán después para golpearme con ella sin piedad. Y si digo que soy hijo de Dios, tendré que soportar los gestos burlones de una cortesía envenenada. Escupirán en mi rostro. ¡Se divertirán conmigo! Señor, ¿por qué hicieron eso contigo?... (Sebastián Fuster Perelló, o.p.)