resurrección angelico.bmp (144486 bytes)PRIMER MISTERIO:

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO

Relato bíblico

En verdad os digo, quedaréis tristes, pero vuestra tristeza se volverá en gozo... Volveré de nuevo, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría... Muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro, llevando aromas que habían preparado... Un ángel bajó del cielo, e hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella... Sé que buscáis a Jesús, el Crucificado: No está aquí... Ha resucitado de entre los muertos. Venid y ver el lugar en donde lo habían colocado... Él os precederá en Galilea; allí lo veréis... Ellas abandonaron el sepulcro llenas de gozo... Dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá... El que vive, y cree en mí, no morirá para siempre... (Jn 16, 20-21; Mt 28, 1-7; Jn 11, 25-26)

Meditación 1ª

Es el misterio de la muerte dominada y vencida; desde la muerte a los esplendores de la victoria y de la gloria. Nos enseña el más grande triunfo de Cristo; y a la vez contiene la seguridad del triunfo de la Santa Iglesia Católica más allá de las adversidades y de las persecuciones de la historia del pasado y las del futuro: Cristo vence, reina, impera. Es conveniente recordar que la primera aparición de Cristo resucitado fue para las piadosas mujeres que estuvieron muy cerca de Él en su vida y sus sufrimientos hasta el Calvario.

En estos esplendores, la mirada de la fe contempla, unidas a Jesús Resucitado, a las almas más queridas, aquellas con quienes hemos gozado de familiaridad y compartido las penas. ¡Cómo se aviva a la luz de la Resurrección de Jesús, el recuerdo de nuestros muertos! Estos son recordados y bendecidos en el sacrificio del Señor Resucitado.

Por algo, la liturgia oriental concluye el rito fúnebre con el aleluya para todos los muertos. Para ellos invocamos la luz de los eternos tabernáculos, mientras que el pensamiento vuela, también a la resurrección que espera a nuestros mortales despojos: «Y espero la resurrección de los muertos», como rezamos en el Credo. Esperar y confiar en la suavísima promesa de que la resurrección de Jesús es prenda segura... (Juan XXIII)

Meditación 2ª

María ante el misterio: "Yo vi en su tumba la imagen de mi seno. Ahora estaba sepultado lo mismo que en mi vientre durante nueve meses. Yo sabía que este segundo parto sería mucho más breve...

Yo sabía que no podía morir del todo. Supe desde el primer momento que resucitaría. Yo sabía que estaba vivo y viviría. No sospecha cómo, pero estuve siempre segura de su nuevo abrazo. Por eso, en la mañana del domingo lo intuí vivo. LO supe, lo sentí, lo VIVÏ, lo tuve en mi alma con tanta fuerza como al engendrarlo. Ya era inmortal en mí antes de serlo. Por eso, cuando todos corríais, yo sonreía alegre, lo mismo que una madre cuando ve que su hijo se asombra de que exista el sol..." (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)

Meditación 3ª

Esta es la victoria que vence al mundo: la fe en Cristo resucitado. Si solamente con miras terrenas siguiéramos al Maestro, seríamos los más miserables de los hombres. Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra predicación, vana nuestra esperanza,

Pero Cristo resucitó. Y marcó así un rumbo nuevo a nuestra vida. Para el cristiano, la vida no termina en la muerte. Se transforma. Dios tiene dispuesta una mansión eterna de gloria para los que le aman. También el cuerpo volverá a la vida para gozar eternamente en el cielo.

Pero... ya desde ahora, cada día, podemos «resucitar». Salir «nuevo», cambiados, renovados, muertos al pecado y vivos para Dios (Sebastián Fuster Perelló, o.p.)