coronacion de María.bmp (214574 bytes)QUINTO MISTERIO:

CORONACIÓN DE LA VIRGEN EN LA GLORIA

Relato bíblico

Eligió Dios a María y la predestinó y la hizo habitar en su tabernáculo... Toda hermosa eres, María, no hay mancha en ti. Ven del Líbano, esposa mía, ven, avanza... (Ct 4, 8) Fue trasportada María al tálamo celestial en donde el Rey de reyes asiéntase en su trono de estrellas... Amó Dios a María más que a todas las mujeres y logró ante él más gracia y favor que todas las doncellas, tanto, que le puso él la corona real sobre la cabeza y la proclamó reina, diciendo: «Tú serás quien gobierne mi casa, y todo mi pueblo. te obedecerá; sólo por el trono seré mayor que tú» (antífona litúrgica) Apareció en el cielo una gran señal, una Mujer vestida del sol, con la luna debajo los pies, y sobre la cabeza una corona dé doce., estrellas (Ap 12, 1) A la diestra del Hijo está María para que, piadosísima, jamás eche en olvido a los que acudimos a ella (antífona litúrgica)

Meditación 1ª

He aquí la síntesis de todo el Rosario, que cierra la gran visión que se abrió con la anunciación del ángel. Un único flujo de vida pasa a través de cada uno de los misterios y nos recuerda el plan eterno de Dios para nuestra salvación; el comienzo, en lo escondido; la conclusión, en el esplendor de los cielos.

La reflexión ha de recaer sobre nosotros mismos, sobre nuestra vocación, por la que un día seremos asociados a los ángeles y a los santos y cuyas gracias santificantes anticipa ya desde esta vida, la realidad misteriosa y consoladora.

Oh, que delicia; oh, que gloria. Somos conciudadanos de los santos y de la familia de Dios; edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús (Ef 2,14-20). La intención en este misterio es orar por la perseverancia final y por la paz sobre la tierra, que abre las puertas de la eternidad bienaventurada (Juan XXIII).

Meditación 2ª

Sigue hablando la Señora, que es antes Madre que Reina. Ella ha cruzado todos los misterios, y un Magnificat eterno es su respuesta. Ahora lo canta así:

Señor, has puesto los ojos en la pequeñez de quien acepta tus grandezas. Has abrazado a la que ama la lealtad sin quiebras.

Soy la Edad joven y la Esperanza fuerte, la Edad serena al amparo de tus manos. Porque me has mirado ha renacido en mí la Belleza que señala al Infinito.

Soy la Dulzura y el Amor silencioso. Soy la Entrega virgen del Don definitivo. Soy la Esperanza y la Espera, lo incansable del Amor de las madres.

Soy la Ternura emocionada de los débiles. Soy la Acogida a la llegada. Soy la Casa paterna, el Hogar. Soy la Madre, la Esposa, ¡soy la Mujer! ¡Soy María!... (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)

Meditación 3ª

Y el Señor la hizo Reina del mundo. Depositó en sus manos toda la riqueza de su gracia. Hoy todo pasa por María: la mediadora, la abogada, la Madre de todos.

También nosotros estamos llamados. Todos, en esta vida, corremos por alcanzar la victoria. Unos desfallecen en el camino; otros se acobardan. Son pocos los que triunfan.

¿Cuántos de nosotros llegaremos a ser coronados? Luchemos y confiemos. Acudamos a María. Imploremos a nuestra Madre (Sebastián Fuster Perelló, o.p.).