pentecostés giotto.bmp (203574 bytes)TERCER MISTERIO:

VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO

Relato bíblico

El día de Pentecostés, se encontraban todos juntos, en un mismo lugar... De repente, vino del cielo un ruido, como una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa... Vieron aparecer unas como lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos... Todos se llenaron del Espíritu Santo, y hablaban de las maravillas de Dios... Había en Jerusalén muchos hombres piadosos, venidos de todas las naciones... Pedro, presentándose con los Once, levantó la voz... Les dijo: Arrepentíos y haceos bautizar, y recibiréis el don del Espíritu Santo... Los que acogieron sus palabras se hicieron bautizar; y aquel día se les juntaron unos tres mil... Envía tu Espíritu y serán creados, y se renovará la faz de la tierra... Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor... (Hch 2)

Meditación 1ª

Los Apóstoles en el Cenáculo, reunidos en torno a María, reciben el don último de Cristo, su Espíritu, el Consolador y Abogado. Con la venida y efusión del Espíritu Santo, la herencia de Cristo, todavía trepidante y ansiosa, recibe el sello de la catolicidad que la dilata a todos los confines.

El Espíritu Santo continúa sus efusiones sobre la Iglesia todos los días; los siglos y los pueblos le pertenecen. Su triunfo no está siempre a la vista, pero de hecho, está lleno de sorpresas y de maravillas... (Juan XXIII)

Meditación 2ª

María ante el misterio: "No fue novedad para mí la invasión del Espíritu. Me había cubierto como un huracán cuando yo era casi una niña. Todo el fuego del cosmos hizo presa en mí, quemando mis entrañas...

Yo, que creí estar llamada a vivir en la sombra callada de su Nombre, en la clara penumbra de una vida sin fuegos, me sentía visitada y engendré llamaradas de Luz...

Cuando vino el Espíritu y embriagó vuestras vidas, la mía era ya plena, en la calma serena de la Vida de Dios, inmóvil, apacible, movida sólo por el susurro trinitario, como una canción de cuna que sólo sabía decir: Gloria al Padre, gloria a Ti, ¡Hijo mío!, gloria a tu Espíritu que magnifica mi ser... (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)

Meditación 3ª

Y aquellos hombres, cobardes y miedosos, quedaron transformados la mañana de Pentecostés.

¿Borrachos?... No, no estamos ebrios. Se está realizando lo que anunció el profeta Joel: hasta vuestras hijas profetizarán.

Y aquellos rudos pescadores desafiaron a los siglos. Ni las tormentas ni las persecuciones pudieron hundir la barquilla de Pedro. La sangre de los mártires fue semilla de nuevos cristianos. Del corazón de cada herejía surgió siempre una Iglesia rejuvenecida. ¡Estaré con vosotros! ¡No podrán contra Pedro!

¿Por qué teméis, hombres de poca fe? ¡No apaguéis al Espíritu Santo! También vosotros renovaríais el mundo si os dejarais guiar de sus dones (Sebastián Fuster Perelló, o.p.).