presentacion 2.bmp (209730 bytes)CUARTO MISTERIO:

PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO

Relato bíblico

Según la Ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor... Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón: este hombre era justo y piadoso... Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto a Cristo el Señor... Sus padres llevaron al Niño Jesús, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios... Dijo Simeón: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz... Porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos... Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel... Y dijo a María, su Madre: Este niño está puesto para caída y elevación de muchos en Israel y ser signo de contradicción... Y a ti, una espada te atravesará el alma; para que se descubran las intenciones de muchos corazones... Luego volvieron a Nazaret y Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia, ante Dios y ante los hombres... (Lc 2, 22-40)

Meditación 1ª

La vida de Jesús, todavía en los brazos maternos, se abre al contacto de los dos Testamentos, Luz y revelación de las gentes, esplendor del pueblo elegido. San José debe estar presente y participar también en el rito de las ofrendas legalmente prescritas.

Aquel episodio se perpetúa en la Iglesia; y en el acto de repetir el Avemaría, es grato observar las hermosísimas esperanzas del continuo reflorecimiento de las promesas del sacerdocio y de los cooperadores y de las cooperadoras en gran número del Reino de Dios: jóvenes alumnos de los seminarios, de las casas religiosas, de los estudiantes misioneros, incluso de las universidades católicas y de otras formas de un futuro apostolado seglar cuya expansión, a pesar de las dificultades y de las oposiciones de la hora presente, e incluso en diversas naciones muy atribuladas por la persecución, no cesan de ser espectáculo consolador hasta el punto de arrancar palabras de admiración y de alegría... (Juan XXIII)

Meditación 2ª

María fue la primera oferente de la única Víctima agradable a Dios. Ella, la Virgen pura, la Inmaculada, supo penetrar en el Santuario con la majestad de una reina cuyo poder se escondía en la carne débil de un Niño pequeño.

Quiso hacerse ofrenda Ella también, junto a quien venía para hacer de su existencia humana una total donación victimal por quienes amaba. Por eso dejó que la espada le traspasara... (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)

Meditación 3ª

Señora: ¡Tú nos conoces, sí, nos conoces a nosotros los jóvenes! ¡Cuántos jóvenes se cruzarían contigo en las calles de Nazaret! Pensarían en el amor, como la mayoría de nosotros, como yo, como tú... Pero ¡qué cosas tan distintas bajo una misma palabra!

Señora, Tú nos conoces, sí, nos conoces a nosotros los jóvenes. Y sabes que nuestros corazones se encabritan a veces, que nuestras pasiones se desbordan. Siempre hay alguien a nuestro alrededor que intenta envilecer nuestro amor, que intenta envilecernos.

Y tenemos que luchar para conservar un corazón puro y, sin embargo, divertirnos, amar, vivir». Hay un drama en nuestro corazón de carne, tempestades en nuestra conciencia, desarreglos en nuestros sentidos excitados.

Señora, Madre del Amor Hermoso: Mira nuestro corazón de jóvenes; haznos comprender el egoísmo que escondemos a veces bajo esta palabra: amor. Purifícanos, Señor, purifícanos (Sebastián Fuster Perelló, o.p.).