PRIMER MISTERIO:
ANUNCIACIÓN Y
ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
Relato
bíblico
El ángel fue enviado por Dios a una virgen llamada María... Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo... María se turbó al oír estas palabras, y discurría qué podría significar aquel saludo... El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios... Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús... Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y su reino no tendrá fin... Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues no conozco varón?... El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra... El Hijo engendrado será llamado Hijo de Dios... Dijo María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra... (Lc 1, 26-38)
Meditación 1ª
¡Anunciación y Encarnación! Éste es el punto más luminoso, el que une el cielo con la tierra, el más grandioso acontecimiento de los siglos. El Hijo de Dios, Verbo del Padre, por quien todo fue hecho de cuanto se hizo en el orden de la creación, asume la naturaleza humana para convertirse en el Redentor y el Salvador de la humanidad entera.
María Inmaculada, la flor más bella y fragante de la creación, diciendo: «He aquí la esclava del Señor», como respuesta a las palabras del ángel acepta el honor de la divina maternidad que al punto se cumple en ella; y nosotros, como hermanos redimidos de Cristo, nos convertimos todos en hijos de Dios. ¡Oh Sublimidad, oh ternura de este primer misterio!...
Nuestro principal y continuo deber es dar gracias al Señor, que se ha dignado salvarnos haciéndose hombre y nuestro hermano.
La intención de la plegaria en la contemplación de este primer cuadro, además de la perennidad habitual de la acción de gracias, es el estudio y el esfuerzo sincero de humildad, de pureza, de gran caridad, de la que la Virgen bendita nos da tan hermoso ejemplo... (Juan XXIII)
Meditación 2ª
Dijo María: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».
¡HÁGASE!... Y se hizo fecundo el seno de María. Porque sólo un SI es capaz de engendrar; sólo la aceptación gozosa y sencilla del proyecto de Dios es cauce de Vida.
Teresa de Jesús supo rimarlo como se lo inspiraba su corazón enamorado:
"Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma,
mi cuerpo, mi vida, mi alma,
mis entrañas y afición,
dulce Esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí,
¿QUÉ MANDÁIS HACER DE MÍ?...
(Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)
Meditación 3ª
María: Si tú no lo hubieras aceptado... Pero tú dijiste que SI. Y fuimos redimidos por el Verbo hecho carne. Dios no lo hubiera hecho sin tu consentimiento. Pero tú dijiste que SI. Dijiste que SI a todo.
Dijiste que SI a la gloria y al sacrificio; a que te llamaran bienaventurada y a que una espada de dolor atravesara tu alma. Dijiste que SI a ser la Madre que más ha sufrido por el Hijo. Dijiste que SI a sufrir con El aquella Pasión que Dios exigía en compensación de todos los pecados de los hombres. Gracias, María, porque dijiste que SI.
Madre: Nosotros, los hombres, las mujeres, tenemos también nuestra «Anunciación». Llega un momento en la vida en que se nos revela algo grande que sabemos viene de Dios. A veces es algo que ansiamos mucho; a veces es algo doloroso; siempre es algo que exige nuestra entrega a Dios y a los hombres. Nuestra «anunciación» (Sebastián Fuster Perelló, o.p.)