QUINTO MISTERIO:
JESÚS PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO
Relato bíblico
Cuando Jesús tuvo doce años, subieron sus padres, como de costumbre, a Jerusalén, para la fiesta de Pascua... Al volver, el Niño se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres... Al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén, en su busca, y al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo... Todos los que le oían estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas... Su madre le dijo: Hijo mío: ¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te buscábamos angustiados... ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en las cosas de mi Padre?... Pero ellos no comprendieron la respuesta... Jesús bajó con ellos y se volvió a Nazaret y vivía sujeto a ellos... Jesús crecía en sabiduría, estatura y gracia delante de Dios y de los hombres... (Lc 2,42-52)
Meditación 1ª
Jesús tiene ya doce años. María y José le acompañaban a Jerusalén para la oración habitual de aquella edad. De improviso desaparece de sus ojos, aunque vigilantes y amorosos. Con gran preocupación en aquella búsqueda que dura tres días, se le encuentra entre los demás asistentes en el Templo. Estaba rezando con los doctores de la Ley. ¡Qué palabras tan significativas las de san Lucas que nos lo describe con precisión! Lo encuentran sentado en medio de los doctores, en actitud de escucharlos y de preguntarles. Aquel encuentro de los doctores era entonces: conocimiento, sabiduría, luz, práctica en la contemplación del Antiguo Testamento.
Tal es en todo tiempo la misión de la inteligencia humana: recoger las voces de los siglos, transmitirnos la buena doctrina, dilatar con humildad la mirada de la investigación científica sobre el futuro. Cristo se encuentra siempre allí en medio, en su puesto: «Yo soy vuestro maestro» (Jn 13,13).
La quinta decena de los Misterios Gozosos es una invocación especial en provecho de cuantos son llamados al servicio de la verdad y de la caridad, en la investigación, en la enseñanza, en la difusión de las nuevas técnicas audiovisuales que mueven a amar a Jesús: científicos, profesores, maestros, periodistas, especialmente éstos, por la tarea característica de comunicar y honrar la buena doctrina en su pureza, sin fantásticas deformaciones... (Juan XXIII)
Meditación 2ª
Toda la vida del cristiano es una búsqueda ansiosa de Jesús. María, su Madre, quiso saborear esa experiencia para agrandar su capacidad de posesión.
A ella no se le ahorró ningún dolor. Ella, al ser la que más poseyó, tuvo el mayor sufrimiento al sentir que lo había perdido... Y una vez encontrado preguntó el pro qué de esa huida. La respuesta le fue enigmática. Pero ella, como siempre, siguió fiándose de su Hijo, que era también su Dios.
Tener a Jesús supone vivir pendiente de su presencia, y, en su ausencia, no dejar de buscarle en la noche (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)
Meditación 3ª
Lo perdisteis, Madre, porque os arrastró la gente». Lo encontrasteis cuando fuisteis en dirección contraria a la que iba la «gente».
Ruega por nosotros, Madre, porque a veces estamos también perdidos entre la gente. Hacemos lo que hace la gente. Vamos a donde va la gente. Somos hasta católicos, porque lo es la gente.
Estamos perdidos, Madre, perdidos en medio de la gente. Y, a veces, perdemos también a tu Hijo. Caemos, pecamos, olvidamos lo prometido. Madre, ayúdanos entonces a encontrarlo en el Templo, aun cuando tengamos que remar contra corriente, aun cuando tengamos que ir en dirección contraria a la que sigue la gente. Ayúdanos, Madre, a levantarnos (Sebastián Fuster Perelló, o.p.).