TERCER MISTERIO:
NACIMIENTO DE JESÚS
Relato bíblico
Mientras María y José estaban en Belén, se cumplieron los días del alumbramiento... María dio a luz a su Hijo primogénito y lo envolvió en pañales... Lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada... Había en la comarca algunos pastores y se les presentó el ángel del Señor... No temáis pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo... Os ha nacido hoy un Salvador; el Mesías, el Señor... Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor... Unos magos, venidos de Oriente, encontraron al Niño con María, su madre... Postrándose le adoraron; abrieron sus cofres y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra... María conservaba todas estas cosas en su corazón... (Lc 2, 6-19)
Meditación 1ª
En el momento justo, según las leyes de la naturaleza humana asunta por el Verbo de Dios, hecho hombre, sale del tabernáculo santo que es el seno inmaculado de María. Su primera aparición en el mundo es en un pesebre donde las bestias se alimentan de heno; todo en derredor es silencio, pobreza, sencillez, inocencia. Se oyen voces de ángeles que anuncian en el cielo la paz que el recién nacido trae al universo. Los primeros adoradores son María y José; después, los humildes pastores, invitados por las voces angélicas, descienden de la colina. Más tarde llegará una caravana de gente ilustre precedida, desde lejos, por una estrella y ofrecerá dones preciosos, llenos de significado. Pero entre tanto adquiere aquella noche de Belén lenguaje de universalidad.
Sobre este tercer misterio hay quien gusta contemplar los ojitos sonrientes del Divino Infante en actitud de mirar a todos los pueblos de la tierra que pasan, uno después de otro, como en fila, ante Él y a los que Él identifica: hebreos, romanos, griegos, chinos, pueblos de África y de todas las regiones del universo y de todas las épocas de la historia, pasadas, presentes y futuras.
A otros, en cambio, durante las diez Avemarías de este misterio del nacimiento de Jesús, les gusta encomendar a Él el número incontable de los niños de todas las razas humanas que durante las últimas veinticuatro horas del día y de la noche precedente han nacido. Todos estos niños, bautizados o no, pertenecen a Jesús de Belén y la continuación de su dominio de luz y de paz... (Juan XXIII)
Meditación 2ª
Nuestra tierra aun no ha aprendido a estremecerse. Toda la creación sigue gimiendo con dolores de parto... ¡No conoce la hora del feliz alumbramiento! La tierra, inerte, sigue suspirando por una cosecha pujante cuyos frutos sean la misericordia y la paz bajo la mirada bondadosa de una justicia que, desde el cielo, va encaminando los pasos del hombre...
¡Cuántos siglos ansiando este nacimiento!... ¡Qué silenciosa se abre la tierra virgen, esa parcela escogida para conocer ¡sólo ella! que viene ya el que tenía que llegar sin retrasarse...
Cuando nuestra pobre tierra aprenda a ser dócil a su Hacedor sabrá reconocer, en medio de la pobreza, el silencio y la alegría, la presencia misteriosa de DIOS-CON-NOSOTROS. (Ana Mª Primo Yúfera, o.p.)
Meditación 3ª
Señor: enséñanos a no amarnos egoístamente a no contentarnos con amar a los nuestros, con amar a los que nos aman. Señor: enséñanos a pensar en los demás, a amar a los demás; haz que suframos con el sufrimiento de los demás.
Señor: danos la gracia de darnos cuenta que en cada instante de nuestra vida de nuestra vida cómodahay millones de seres humanos que son tus hijos, que son nuestros hermanos y que se mueren de hambre sin haber merecido morir de hambre, y que se mueren de frío sin haber merecido morir de frío. Nadie tiene derecho a vivir egoístamente, cómodo, mientras haya sobre la tierra un inocente que tenga hambre, o esté desnudo, o sea perseguido. Mientras haya sobre la tierra un enfermo que podría ser curado, un dolor que podría ser aliviado. Señor, ten piedad de los pobres (Sebastián Fuster Perelló, o.p.)