CUARTO MISTERIO
LA TRANSFIGURACIÓN
Relato
bíblico
Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto (Mt 17, 1)... Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante. Y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías, sin saber lo que decía (Lc 9, 29-33)... Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra. Y de la nube salía una voz que decía: este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: levantaos, no tengáis miedo. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: no contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos (Mt 17, 5-9).
Meditación
"Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo ‘escuchen’ (Juan Pablo II).
Un fogonazo a mitad de recorrido. Cuando me dirijo a Jerusalén –presagio de dificultades, de pasión y de muerte– me paraliza esta luz extraordinaria. Subo con Jesús al monte, lejos de los ruidos urbanos, e intuyo la felicidad, el cielo. ¡Qué bien se está aquí! ¡Quedémonos!... Pero, no. Ha sido sólo un fogonazo, una intuición, un empujón para seguir caminando. No podemos pararnos. Lo nuestro no es el monte, sino el valle: andar y andar y andar... (Sebastián Fuster, o.p.)
Plegaria
Oh Dios que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el Predilecto, seamos un día coherederos de su gloria (Misal romano).