QUINTO MISTERIO
INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA
Relato
bíblico
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo (Jn 13, 1)... Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles. Y les dijo: con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer (Lc. 22, 14-15). Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió (Mt 26, 26). Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío (Lc 22, 19). Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. (Mt 26, 27-28). Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío (1 Co 11, 25). Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos (Mt 26, 30). El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día (Jn 6, 54).
Meditación
Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad ‘hasta el extremo’ (Jn13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio" (Juan Pablo II).
Cuando la celebramos con dignidad, salimos de la Eucaristía como transformados. Después de tomar conciencia de nuestras debilidades y dejarnos interpelar por la Palabra de la Buena Noticia; tras adorar el misterio de la fe y alimentarse en común-unión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo..., salimos con la frente despejada, el corazón optimista y la voluntad dispuesta a seguir avanzando. Lo malo es cuando nos contentamos con oír Misa, pasivamente, por pura rutina, por costumbre... (Sebastián Fuster, o.p.)
Plegaria
Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión; te pedimos con concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención (Misal romano)