MISTERIOS DOLOROSOS.

1. La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní

a) Después de cenar en Jerusalén, Jesús con sus discípulos, exceptuado Judas el Iscariote, se retiraron al huerto de los olivos, en Getsemaní, a donde iba Jesús muchas veces a orar.

Allí les señala el sitio en donde deben esperarle, y con tres de ellos, Pedro, Santiago y su hermano Juan, se distancia de los ocho restantes como un tiro de piedra, se postra en tierra y comienza a orar, con una oración angustiosa, inquieta, tensa. Los tres discípulos le oyen decir con palabras angustiadas: "Abbá (Padre), si es posible, pase de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya"..

Estaba reviviendo el camino de su Pasión, que iba a comenzar poco después. Y llegó a sudar gotas de sangre, que rodaron sobre el suelo.

En el entretanto llegó Judas con un tropel de gente, con machetes y palos para prenderlo como si fuera un facineroso de cuidado. Lo prendieron y maniataron y lo condujeron a la casa del sumo Sacerdote Caifás. Los discípulos huyeron. Aunque Pedro lo seguía de lejos y llegó al atrio de las casa de Caifás, en donde le negó tres veces.

b) Jesús era humano y por eso le abatía el dolor que iba a sufrir en su cuerpo. Pero no se acobardó ni echó atrás, ni opuso resistencia alguna a lo que hacían con Él. "Hágase tu voluntad, Padre, y no la mía".. Y la voluntad del Padre era que la vida humana de Cristo terminara en la Cruz. La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní no fue rechazar la Pasión sino aceptar generosamente la voluntad del Padre.

c) A los seres humanos, aun a los cristianos, nos asusta el dolor que no podemos eludir. No nos puede extrañar, pues también le asustó a Cristo. No nos debe preocupar la angustia, cuando es un dolor querido por el Padre: "¡Hágase tu voluntad, no la mía!" (Vicente Forcada Comíns, o.p.)

 

2. La flagelación de Jesús

 

a) La flagelación era un tormento cruel que se aplicaba a los facinerosos más reacios y más dignos de tormentos por los crímenes más detestables. A los ciudadanos romanos no se les podía azotar, aunque se les probaran los crímenes. Jesús no era ciudadano romano. Y nadie pudo probar que había cometido delito alguno. El Procurador Romano, Poncio Pilato, que le juzgó, declaró públicamente que no encontraba en Él ningún delito. A pesar de ello, mandó que le aplicaran el castigo.

Despojado de sus vestiduras, Jesús fue azotado por expertos especializados en flagelar, con látigos que le hicieron derramar sangre por todo su cuerpo. Muchos condenados no podían resistir el tormento y, ordinariamente, se desmayaban, y había algunos que morían durante el suplicio. Jesús no se desmayó ni murió en el tormento. Pero debió quedar muy mal parado de la prueba, porque Pilato, que estaba convencido de su inocencia, pensó que los que le acusaban se moverían a compasión y le pedirían el perdón para el acusado. Se lo presentó, diciendo: "He aquí al hombre". Pero los judíos insistieron en que fuera llevado a la Cruz.

b) Jesús fue castigado con la flagelación inocentemente, pero en este hecho se reflejó que muchos inocentes serían azotados también inocentemente por el hambre y la pobreza en todo el mundo a través de los siglos. El gran flagelo de la humanidad hoy, a principios del siglo XXI, es el hambre y la pobreza, que deriva en enfermedades epidémicas que arraigan en zonas inmensas de la tierra. Muchos millones de seres humanos, entre ellos muchos niños, mueren de hambre y de enfermedad cada año.

c) Si la humanidad del llamado "primer mundo" tuviera conciencia de lo que significa no tener alimento que llevar a la boca y de los azotes cruentos que sufren muchos millones de seres del llamado "tercer mundo", probablemente haría algo para evitarles esos golpes de látigo, que no sirven de nada para nadie. Es cuestión de pensar que la historia del mundo da muchas vueltas. Y tal vez algún día llegue la hora de la escasez a quienes hoy nadan en la abundancia. (Vicente Forcada Comíns, o.p.)

3. Coronación de espinas

a) "Los soldados del Gobernador llevaron a Jesús a la residencia y reunieron alrededor de Él toda la compañía. Lo desnudaron y le echaron encima un manto escarlata; después trenzaron una corona de espinos y se la pusieron en la cabeza, y en la mano derecha una caña. Doblando la rodilla ante Él, le decían de burla: "¡Salud, Rey de los judíos!". Le escupían, le quitaron la caña y le pegaban en la cabeza. Terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y se lo llevaron para crucificarlo". (Mt., 27, 27-31).

La viveza de los detalles de esta burla es hiriente. Los soldados del Gobernador se aburrían. Entonces pensaron en montar toda una farsa para divertirse a costa de Jesús. Algunos de ellos escucharon la declaración de Jesús ante Piloto, afirmando que era Rey. Por eso idearon dotarle de atributos reales: la corona real (que era de espinos cuyas púas penetraban en la carne de su cabeza); le echaron sobre los hombros un manto color de púrpura, que usaban muchos reyes, y una caña en la mano como cetro real. Y le pegaban en la cabeza, coronada de espinas, haciendo penetrar las espinas en la carne.

b) Jesús nada dijo durante toda esta escena burlesca. Sabía que los soldados eran unos "mandados", que no sabían lo que hacían. Los que sabían lo que hacían eran los fariseos, que se ocultaban tras las carcajadas de los soldados. Él, que era Dios, sabía aguantar las bromas de tos ignorantes que buscaban diversión a costa del sufrimiento de un inocente. Como aguanta las bromas de muchos seres humanos que blasfeman contra Él, o que atropellan injustamente a sus hermanos.

c) Dios no descarga sus rayos de venganza contra los que se burlan de Él. A pesar de ello, les concede gratuitamente todos los dones de la naturaleza que da a los justos, les da el oxígeno que respiran y el sol que cada dio los alumbra. (Vicente Forcada Comíns, o.p.)

4. Jesús carga con la Cruz, camino del Calvario

a) Jesús, "llevando a cuestas su Cruz, subió para el lugar llamado "Calavera" (en arameo "Gólgota")". El trayecto no era demasiado largo, pero el peso de la Cruz y el agotamiento físico del condenado tras los tormentos de toda la noche y, sobre todo después de la flagelación, hacían temer que le fallaran las fuerzas. La Tradición lo vio caer tres veces por el suelo, obligado a seguir adelante a fuerza de golpes. Por eso, los soldados obligaron a un tal Simón de Cirene a llevar la Cruz de Jesús hasta el Gólgota.

San Lucas anota en su Evangelio que un grupo de mujeres le seguía por la vía dolorosa, golpeándose el pecho y lamentándose por Él (Lc, 23, 28). Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: "Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad, mejor, por vosotras y por vuestros hijos".

b) La Tradición ha notado el hecho del encuentro de su Madre en este camino del Vía Crucis. Es el momento en que la Virgen vería con claridad el sentido de la profecía del anciano Simeón sobre la espada de dolor que atravesaba su alma. De ella iba a manar la vida de su Hijo para todos sus hermanos, que, por ello, serían hijos suyos.

c) Simón el Cireneo fue el ejemplar parabólico que ofreció Jesús al mundo para cumplir la exigencia de seguirle. "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su Cruz (que es la mía) y sígame" (Lc. 9, 23).

En tiempos pasados se concebía la Cruz sólo como medio individual de mortificarse a sí mismo. Hoy concebimos la Cruz más como instrumento social de no mortificar a los demás. Ayer se pensaba sobre todo en cargar con la propia Cruz. Hoy se debe pensar más que nada en ayudar a los demás a llevar su Cruz. (Vicente Forcada Comíns, o.p.)

5. Jesús es crucificado y muere en la Cruz

a) A media mañana de aquel viernes crucificaron a Jesús de Nazaret en la colina, a las afueras de la Ciudad Santa, en presencia de su Madre, estando presente el joven Juan y unas pocas mujeres de las que le seguían. De lejos miraban muchos curiosos, entre los cuales estarían algunos de los Apóstoles.

Lo primero que dijo Jesús después de su crucifixión fue una palabra de perdón para los que lo crucificaron. Se dirigió a su Padre y le pidió: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23, 34).

b) Crucificaron con Él a dos malhechores. Uno le apostrofaba y le invitaba a que se salvara a sí mismo y a ellos. El otro, admitiendo sus culpas, le pedía: "Acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino". Jesús le dijo: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc 23, 41-43).

La Madre de Jesús quedaba muy sola en el mundo. Jesús pensó en Ella y le dio por hijo a Juan, y a Juan se la dio por Madre, y en Juan se la dio por Madre a toda la humanidad.

c) Los dos gestos del amor de caridad que Él había predicado le llevaron a compartir al Padre y a la Madre con sus hermanos. Compartió el Padre con el ladrón arrepentido concediéndole el perdón. Compartió la Madre dándonosla por Madre nuestra. Ella acoge siempre nuestro amor filial como si fuera el de Jesús. Ella nos dice siempre a todos sus hijos: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2, 5). (Vicente Forcada Comíns, o.p.)