MISTERIOS GOZOSOS

1. Anunciación

a) El misterio de la Encarnación del Verbo en el seno de la Virgen María es el principio histórico de la salvación del género humano.

María, la joven doncella de Nazaret, se asustó cuando se le presentó, de parte de Dios, un mensajero, diciéndole que iba a ser Madre del Hijo del Altísimo. Ella extrañó el anuncio de su maternidad, pues no convivía con ningún varón. El mensajero le explica que será Madre por obra del Espíritu Santo, que es Dios, y para Dios nada hay imposible.

La joven ve en aquellas palabras un plan de Dios, que le pide su colaboración. Sin dudarlo, responde: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra".

b) Es una entrega plena al Dios que le habla. Pero una entrega desde la fe, sin ver lo que Dios dispone para Ella en esta obra de salvación. No pone condiciones. Cree y se entrega sin pedir explicaciones. En todos los momentos de su vida, repetirá siempre: "He aquí; hágase".

Como su esposo San José, que también tuvo su Anunciación. José aceptó como esposa a María, sabiendo que iba a tener un hijo por obra del Espíritu Santo. No sabemos si José dijo algo. Según el Evangelista Mateo, calló y se llevó a su casa a la joven María. Calló y obró en consecuencia.

c) Todos los cristianos hemos tenido nuestra "anunciación". ¿Hemos respondido con fe a la llamada? Si hemos dado nuestra respuesta con fe, hemos de ser consecuentes con la entrega. Sin condiciones y sin volver la mirada atrás. (Vicente Forcada Comíns, o.p.)

2. Visitación

a) Al enterarse María por el Mensajero de la situación de su prima Isabel, esposa de Zacarías, se apresura a visitarla, porque ha adivinado que el hijo que espera Isabel tiene algo que ver con el Hijo que Ella espera.

Al llegar a casa de Zacarías y saludar a su prima, Isabel, llena del Espíritu Santo (Lc. 1, 42), exclama "a voz en grito": "Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y ¡dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá" (Lc, 1, 43-45).

b) María responde con la proclamación de la grandeza del Señor, que "ha mirado la pequeñez de su esclava", asegurando que "desde ahora la llamarán dichosa todas las generaciones", porque "el Todopoderoso ha hecho obras grandes en Ella".

c) Si, desde nuestra pequeñez, somos capaces de creer cosas grandes en nosotros y por nosotros, seremos dichosos. (Vicente Forcada Comíns, o.p.)

3. Nacimiento

a) Belén fue la cuna del Rey David. Debía ser la del nuevo Rey de Israel, que sería el Rey del mundo. Allá fueron a empadronarse los nuevos esposos, José y María. Buscaron hospedaje en la ciudad, pero no lo encontraron. Y tuvieron que refugiarse en una cueva de ganado, en las afueras de la ciudad. Allí nació Jesús, el Hijo de Dios, Señor del mundo, pobre entre los más pobres. Nadie sabía nada. Unos ángeles anunciaron a los pastores de la comarca: "Una gran alegría para ellos y para todo el pueblo: que había nacido en Belén el Salvador, el Mesías, el Señor". No lo encontrarían en un palacio, sino "envuelto en pañales y recostado en un pesebre". Así lo encontraron y lo adoraron con gran alegría.

Una estrella nueva guió a unos Magos de Oriente, que lo descubrieron, le obsequiaron con sus presentes y lo adoraron.

b) Extraña, muy extraña, la gran noticia hacía siglos esperada. En Belén nadie sabía nada. En Jerusalén ni el Sumo Sacerdote, ni el Sanedrín, ni los sacerdotes o levitas del Templo, ni los escribas estudiosos de la Ley, ni el Rey Herodes, ni los romanos dominadores tenían la más mínima noticia. Dios, el Mesías esperado, se hizo presente entre los suyos, y los suyos no lo reconocieron.

c) Dios llega sin ruido, sin truenos ni trompetas. Para encontrarlo hay que buscarlo en la sencillez de los pesebres y de los pañales de cada día, en las familias de nuestras ciudades y pueblos. Descubrir en cada hogar cristiano el Belén que alberga a Dios. Descubrirlo y ADORARLO. (Vicente Forcada Comíns, o.p.)

4. Presentación en el Templo

a) A los cuarenta días del nacimiento, todo primogénito varón, según la ley de Moisés, debía ser consagrado al Señor Dios de Israel. José y María, en cumplimiento de esta Ley, llevaron al Primogénito, hijo de María, al Templo, en donde les salió al encuentro un hombre anciano, honrado y piadoso, llamado Simeón, que, movido por el Espíritu Santo, proclamó la alabanza de su Señor Dios, que le había prometido que sus ojos verían la Luz de las Gentes y gloria de su pueblo Israel.

Una mujer también anciana, Ana, acudió al Templo y dando gracias a Dios, hablaba de aquel Niño a todos los que esperaban la salvación de Jerusalén.

b) Simeón los bendijo y dijo a María, la Madre de Jesús: "Mira, éste está puesto para que todos en Israel caigan o se levanten; será una bandera discutida , mientras que a ti una espada te traspasará el corazón; así quedará patente lo que todos piensan".

María empieza a vislumbrar la misión de su Hijo y la suya: una misión de lucha, de dolor y de sangre. Y presiente que a esta lucha y sangre estará Ella unida, por voluntad divina. En aquellos momentos repetiría en su corazón (y tal vez también en sus labios) la entrega del día de la Anunciación: " He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra".

c) Al cristiano se le dice el día de su bautismo que seguir a Cristo es lucha y prepararse a ser signo de contradicción. María nos invita a todos a repetir, con fe y entrega su consagración: "he aquí... Hágase". Sin miedo. (Vicente Forcada Comíns, o.p.)

5. El Niño perdido

a) Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años subieron a las fiestas, como de costumbre, y, cuando éstas terminaron, regresaron a Nazaret, pero el Niño se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. Pensaron que iba en la caravana de galileos que regresaba a su tierra, terminada la Pascua. Terminada la primera jornada de camino se pusieron a buscarlo entre los grupos de parientes y conocidos Y, al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén, y después de buscarlo durante tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

b) Su Madre le dijo: "Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? !Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo. El les contestó: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo tenía que estar en la casa de mi Padre?".

Maria y José sabían que su Hijo debía cumplir con las disposiciones de su Padre. Pero sabían también que una de las disposiciones del Padre era la responsabilidad de velar ellos por la vida de aquel Hijo. De ahí la angustia que ambos sufrieron durante tres días al desconocer su paradero. María, juntamente con José, calló, pero en el fondo de su alma repetiría las palabras de la Anunciación: "He aquí... Hágase".

c) Es el drama moderno de los padres que hoy pierden a sus hijos, o que los ven caminar por caminos distintos de los que ellos les enseñaron. A pesar de las angustias, no los encuentran en el Templo, porque quizá ellos no les enseñaron ese camino cuando eran pequeños. (Vicente Forcada Comíns, o.p.)