ORÍGENES DEL ROSARIO

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Por Vicente Forcada Comíns, o.p.

Mucho se ha escrito sobre este punto. La tradición, desde el siglo XIII, atribuye su fundación a Santo Domingo de Guzmán, el Patriarca de la Orden de Predicadores y su Fundador. Los Papas, al menos tres del siglo XIII lo atestiguan: Inocencio IV (1254), Alejandro IV (1258) y Urbano IV (1261). Este último, asegura que "por el Rosario vienen al pueblo cristiano bienes a diario".

Que el fundador fuera Santo Domingo, como afirma el canto popular: "Viva María, viva el Rosario; viva Santo Domingo que lo ha fundado", no lo dicen, ni el Proceso de canonización, ni las Leyendas y Crónicas contemporáneas del Santo. Pero, aunque no tengamos datos positivos y fehacientes del hecho, sin embargo, tenemos datos de situación personal y ambiental sobre el Santo castellano de Caleruega (Burgos), que hacen viable esta atribución.

En primer lugar, la devoción personal de Domingo de Guzmán hacia la Santísima Virgen. Abundan los testimonios en el Proceso, y más en las Crónicas y Leyendas, sobre los favores de la Madre de Dios para con el Santo y para con su Orden de Predicadores.

Un segundo dato, muy positivo, es que Fray Domingo predicó en las regiones del Mediodía de Francia, en las que los Albigenses sembraban sus doctrinas, ganando para su causa muchos cristianos poco formados en la doctrina cristiana. Estos herejes, de ascendencia maniquea, predicaban contra de la humanidad de Jesucristo y en contra de su Madre.

Fray Domingo de Guzmán, que tenía que contradecirles con el Evangelio en la mano, y puesto que muchos de aquellos campesinos no sabían leer, se valdría en su predicación del recuerdo de los misterios de Jesús y de su Madre. Era el núcleo de su predicación: fijar en las mentes de aquellos ingenuos cristianos los misterios plásticos de la Redención y para ello estableció esta forma de orar: recurrir a la Madre, recordando escenas concretas de la vida de Jesús y de María. Era como una confesión de fe cristiana, al alcance de los más sencillos. Así nacería el Rosario. Su promotor entusiasta, un Canónigo más de Osma, llamado Domingo de Guzmán.