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Por María
Araceli Abós Ara, o.p.
- El
nombre de Jesús repetido una y otra vez en la oración del Rosario hace saltar la gloria
del Resucitado sobre el orante e le irradia hasta en su componente carnal.
- La
Humanidad de Jesucristo posee una divina virtud que alcanza todos los lugares y tiempos.
El Rosario la apresa y la derrama sobre aquellas intenciones a las que vinculamos los
misterios.
- El
esfuerzo de clavar en Dios la mirada y el corazón, que llamamos contemplación, si lo
trasladamos al Rosario, nos hará MIRAR a los misterios y transportar su gracia sanante a
los hombres necesitados que MIREMOS después...
- El
Rosario es: Dios apresable a través de María.
- El
Rosario es un medio de saturarnos de DIVINIDAD, apoyado en el soporte de la oración a
María, la gran ORANTE, ebria de DIVINIDAD.
- Maria
convierte nuestras Avemaría en doxologías. Nosotros decimos: María y Ella repite: Dios.
- La
vida divina que se nos infunde por Cristo en el Rosario, nos la hace llegar María a
través de cada RUEGA POR NOSOTROS.
- La
VIRGEN, en el Rosario, nos alimenta como Madre, de lo merecido por Cristo para nosotros.
- En
el Rosario, al comenzar cada misterio, detengamos la mirada de nuestro espíritu sobre la
mirada que Jesús fija en nosotros. Sus ojos no sólo están llenos de inteligencia y de
bondad, sino que es la mirada misma de Dios, que purifica, que pacifica, que santifica...
- Recemos
cada decena del Rosario, más que reflexionando, comulgando con la gracia del misterio y
viviendo junto a Jesús y María la gracia que representa.
- El
Rosario es la Comunión de la tarde, es la comunión de cualquier momento fuera de, la
Eucaristía. No se trata de Avemarías recitadas piadosamente, es el mismo Jesús
reviviendo en el alma sus momentos históricos, alumbrado nuevamente en el Avemaría.
- El
Rosario es un encadenamiento del amor de María a la Trinidad.
- Los
misterios del Rosario son misterios de vida que no solo la causaron en su momento
histórico, sino que la causan al evocarlos en el rezo.
- Rememorar
los misterios del Salvador es como acudir al árbol para tomar de sus ramas los frutos de
VIDA.
- Jesús
y María en el rosario, no son solo modelos a cuya imagen nos hemos de asemejar, sino
verdaderos modeladores que nos configuran con su propia vida, por el influjo santificador
de su gracia.
- El
Rosario debidamente rezado, nos droga de Jesús, con una progresiva dependencia...
- María
nos va modelando en el Rosario con la misma imagen de Jesús, pues rezarlo no es una mera
escenificación psicológica de los misterio del Hijo, sino una verdadera re-vivencia de
aquellos hechos salvadores.
- Rezar
el Rosario CREYENDO que el misterio contemplado nos impregna de su virtud, es
comulgar con él, pues las virtudes teologales nunca actúan en vano, nunca preguntan sin
respuesta. Cristo esta siempre al alcance de nuestra vida teologal.
- Jesús
nos enseña siempre que creemos, nos ayuda siempre que esperamos, nos visita y nos ama
siempre que le amamos. Cristo viene siempre a nuestro encuentro cuando le buscamos con la
fe y con el amor.
- El
Rosario es, por naturaleza, contrario a la rutina. Por su propia naturaleza es oración
"en espíritu y en verdad".
- El
Rosario, más que razonar: es recibir VIDA; más que meditar: es dejarse impregnar por la
VIDA; más que buscar métodos, es creer que Jesús y María actúan.
- Así
como el que tiene frío y desea calor, se coloca ávidamente bajo los rayos del sol, así
el que tenga ansia de ser vivido por Jesús ha de colocarse mansa y receptivamente bajo el
influjo todopoderoso del rosario.
- El
Rosario es el pan caliente y tierno de la vida del Hijo, repartido a lo largo del día por
la Madre a los pobres hijos pequeños.
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