SENDEROS DE ORACIÓN

ESTÁS NADANDO EN SU MAR, O EN OTROS MARES
DIEZ CRITERIOS DE DISCERNIMIENTO

"¡Si soy una pobre y débil esposa de Jesucristo!
Estoy con paz.
El mar del amor de Dios me invita a sumergirme en sus profundidades,
pero a veces no sé si ciertamente estoy nadando en él o en otros mares.
Dudo, dudo de mí misma,
pero siento una llamada fuerte a ser mujer de Dios,
enamorada y seducida por este Amor
que lo pide todo de mí.
Pero, a la vez, palpo mi pequeñez, y mis inconsistencias.
Tú, suplícale a Él que me tome por completo.
Sólo el Amor, Amor, Amor..."
(Testimonio anónimo)

El reconocimiento pleno de la propia pobreza. El ser absolutamente consciente de ella. La clara convicción de que todo lo que vives en Él, es un don de su Amor gratuito, total, plenificante. El aceptar tu pobreza y la limitación de tu camino sin que te inquiete.La necesidad interior ineludible de vivir en una fidelidad única a un amor que percibes que es único: el suyo para ti y el tuyo para Él. Reconocerás que todo amor tiene en Él su fuente y su raíz. Lo que Él te ha dado en amor, lo que Él te ha hecho sentir al vivir en el deseo de amar, te ha de llevar a un amor tan totalizante como desasido. Cuando amas a "alguien", lo amas de verdad, a fondo, como un don pleno de tu vida, pero sabes que es un amor vivido desde la gran libertad interior que te da el experimentar la donoridad de la luz de su amor.La fidelidad al amor de Jesús en ti ha sido derramado abundantemente en tu propio corazón. Gracias a Él, y gracias a su amor eres capaz de amar... y de darte en un amor inagotable, porque nace en la fuente de su corazón. Recuerda la parábola del hilillo de agua.La alegría gozosa y desasida de todo atisbo de egoísmo. La sencillez a la hora de dejarte amar. La transparencia de tu vida a la hora de ser sacramento del Amor, en los más sencillos gestos de tu vida.El deseo sincero de dar amor, de comunicar el amor, de ser testigo vivo del Amor, para todos cuantos te rodean. Y la necesidad de concretar este amor de una manera profunda, pero comprometida y palpable en sus manifestaciones.El vivirlo todo desde la íntima convicción de que quieres responder a esta invitación que Él constantemente te hace cuando te pide que le pongas como sello sobre tu corazón, sobre tu frente y sobre tu vida, ya que te ha sido dado experimentar que el Amor es más fuerte que la muerte.La paz de alma con la que asumes y sufres todas las contrariedades de la vida. El gozo y la seguridad que te da el ver el signo de tu consagración, puesto sobre el altar en el que Él se inmola.El reconocer que crece en ti la necesidad de dar y de darte sólo por amor, un amor gratuito y total, con una predilección manifiesta por los más desamparados.El mantenerte en la ternura del amor tanto cuando lo sientes, como cuando no lo sientes. El ser capaz de abandonarte en la oscuridad más total de tu alma. Incluso cuando te parezca sentir que Dios te ha olvidado.

La convicción de que siempre tiene más fuerza el amor y el aceptar que la fuerza del amor pueda más que tú. Aunque Él te conceda comprobar que, en el amor, no hay ni vencedores ni vencidos, sino sólo personas que están dispuestas a darlo todo y a renunciar a todo, con tal de poder vivir en la plenitud del don del Espíritu.