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"De noche te deseo con toda el alma,
y suspiro por ti en el fondo del corazón" (Is 26,9)
"El centinela responde:
'El amanecer está cerca, pero aún es de noche'" (Is 21,2)
"Vosotros lo amáis sin haberlo visto, y ahora, sin verlo creéis en Él. Y experimentáis un gozo tan grande que no hay palabras para expresarlo, ya que habéis alcanzado la meta de vuestra fe: la salvación" (1 Pe 1,8-9)"Una sola Palabra tenía Dios para decirnos,
y esta Palabra es Jesucristo,
y Dios la pronuncia en el eterno silencio.
Y es en el silencio donde ha de ser
escuchada por el alma".
(Juan de la Cruz)
¡Tantas veces Dios te habla en el silencio oscuro de la noche!... Por esto lo buscas en el silencio. El silencio y la noche son hermanos. Como también lo son la noche y la oscuridad de la búsqueda de Dios en fe.Por esto aceptas con paz que Él permita que tu alma, tantas veces, se mueva en la oscuridad de la noche. En el silencio añoras su Palabra. En el silencio vives a la espera del Amor. En la noche lo buscas a la luz de la fe, con el aliento de la esperanza en el Amor, aunque sea entre las sombras de la duda y la desolación. El deseo de Dios, tu única nostalgia, lo mantienes más vivo aún, si cabe, en la nostalgia del silencio de tu alma. Y Él, a veces, permite que la noche se haga sentir en tu vida.Sabes que la noche es tiempo de salvación. En la oscuridad de la noche Dios pronuncia su Palabra. La oscuridad de la noche es siempre dolorosa, nunca resulta gratificante, aunque, vivida en fe, sabes que es fecunda.Te cuesta aceptar no "ver" a Dios, no "sentirlo". ¡Tantas veces en la vida has de caminar con la única luz de la fe!... ¡Tantas veces tu oración se ha de alimentar en el simple, puro y desnudo acto de fe!...Tú también podrías decir que rezas porque no lo ves. Cuando ya lo veas, no rezarás, mantendrás tu mirada fija en Jesús y gozarás contemplándolo. Será, en palabras del salmo, como el despertar de un sueño: "Cuando despierte, te contemplaré hasta saciarme" (Sal 17,15). Pero ahora tu súplica podría ser la que expresaba una joven orante con este pequeño poema:
"Desnuda el alma tengo,
y mi herida al descubierto.
Sólo el roce de tus labios, Amor,
y un 'te amo' susurrado al corazón,
bastaría que Tú quisieras tocar hoy, con tu dedo, mi dolor:
La noche sería día,
y el gemido,
canción de amor".
Dios siempre te prueba, cuando le buscas sinceramente, con etapas de oscuridad y de noche, situaciones de aridez y de sequedad, alejado del "sentir". Hasta llegas a pensar que Dios se ha escondido. Y haces tuyas aquellas palabras del salmo: "Las lágrimas son mi pan de noche y de día, mientras todos me preguntan: 'Dónde está tu Dios?'" (Sal 42,4).Dios permite que en más de una ocasión vivas situaciones de noche oscura en las que no sientes nada:
Cuando te cuesta entender los caminos por los que Él quiere que te muevas.Cuando las mediaciones humanas perece que no transparentan para ti la voluntad de Dios.Cuando en tu vida entregada en la opción por Jesús has de vivir situaciones en las que te cuesta descubrir que, en ellas, pueda estar Dios.Cuando no ves claro el futuro de tu camino, y la creciente increencia de la sociedad en la que vives te lleva a la desolación y al desconcierto.Cuando en tu entorno no ves, en los hermanos, una nostalgia sincera de Dios, y se pierden energías en pequeñas batallas.Cuando te parece que en tu entorno no se vive en la clara conciencia del paso de la brisa del Espíritu a la puerta de vuestra misma tienda.Cuando en lugar de vivir en la comunión que nace de la presencia de la Trinidad entre los hermanos, se pierde el tiempo en divagaciones sin sentido.Cuando tienes la impresión de que no creces en Él, y tu amor queda reducido, tantas veces a una entrega mediocre.Cuando ves que cuesta animar a los hermanos, y contribuir a dar vida a la fraternidad que te acoge, trabajando para llevarla a una entrega ilusionada al Amor, en una donación sin límites por el Señor y por el Evangelio del Reino, y por los predilectos de Jesús: los marginados y "los que no cuentan"... y se desgasta la vida en pequeñeces.Cuando ves que en tu entorno no se vive en la fe clara y luminosa de la presencia de Cristo Resucitado entre los hermanos, y no se hace más evidente el abandono confiado en la fuerza de su resurrección.Cuando ves que se acepta la mediocridad de un camino, en el que el objetivo máximo parece estar en el "ir tirando".Cuando en la oración compartida entre los hermanos no se percibe la claridad de la presencia viva del Espíritu del "fuego" y del "viento" que ora en vosotros.Cuando te das cuenta que los años van pasando, y no alcanzas a vivir plenamente en Cristo, dejándote transformar por Él.Cuando descubres que pesa más la inercia del camino, que la fuerza transformadora de la acción del Espíritu en ti y entre tus hermanos.Cuando ves que el envejecimiento de las comunidades eclesiales te conducirá a una vida que, aparentemente, tiene comprometido su futuro. Cuando vives en la insatisfacción espiritual de reconocer que no das todo lo que Él, la Iglesia y los hermanos pueden esperar de ti.Cuando te parece que Dios no se manifiesta en tu tiempo y en tu historia, o no sabes leer las cartas que Él va dejando en tu camino.Cuando no vives a María como modelo de entrega a Dios...Cuando entre los hermanos no se vibra intensamente con la Iglesia y por la Iglesia, y se diluye la fuerza de la comunión eclesial.
Cuando te puede parecer que se enfría el carisma ferviente de quienes deseaban una vida intensamente fiel, y no se vive ni con la intensidad, ni con el amor y la audacia el deseo de seguir radicalmente a Jesús.
Ya sabes que la noche es tiempo de salvación. En el silencio de la noche Dios siempre pronuncia su Palabra.
La llamada de Dios a Samuel
"Servía el niño Samuel a Yahvé a las órdenes de Elí; en aquel tiempo era rara la Palabra de Yahvé, y no eran corrientes las visiones. Cierto día estaba Elí acostado en su habitación -sus ojos iban debilitándose y ya no podía ver- no estaba aún apagada la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el santuario de Yahvé, donde se encontraba el arca de Dios. Llamó Yahvé: '¡Samuel, Samuel'!. Él respondió. 'Aquí estoy, porque me has llamado'. Pero Elí le contestó: 'Yo no te he llamado, vuélvete a acostar'. Él se fue y se acostó.
Volvió a llamar Yahvé: ¡'Samuel, Samuel!'. Se levanto Samuel y fue donde Elí diciendo: 'Aquí estoy, porque me has llamado'. Elí le respondió. 'Yo no te he llamado, vuélvete a acostar'. Aún no conocía Samuel a Yahvé, pues no le había sido revelada la Palabra de Yahvé. Por tercera vez llamó Yahvéh a Samuel y fue donde Elí diciendo: 'Aquí estoy porque me has llamado'. Comprendió entonces Elí que era Yahvé quien llamaba al niño, y dijo a Samuel: 'Vete y acuéstate, y si te llaman dirás. 'Habla Yahvé, que tu siervo escucha!'. Samuel se fue y se acostó en su sitio.
Vino Yahvéh, se paró y llamó como las veces anteriores: '¡Samuel, Samuel!' Respondió Samuel: 'Habla, Señor, que tu siervo escucha'(1 S 3,1-10)
Un tiempo de Dios único
Hermano, hermana:
En la noche Dios habla, y llama: te llama. Dios permite que vivas situaciones de oscuridad y de noche. Dios prueba la fidelidad de la entrega en la aridez del desierto, y en la percepción aparente del sinsentido de la vida. Estás viviendo un tiempo de Dios único e irrepetible. Se te pide una disponibilidad total y una confianza plena.El silencio abrirá el oído de tu corazón, buscarás con sinceridad a Dios y hablarás siempre con lengua de discípulo.Pero Dios, en estos tiempos en los que la noche parece más evidente, quiere hablarte y llamarte; quiere que escuches y que respondas decididamente a su voz y a su Palabra que te llama y te invita, te seduce y te enamora, te espera y quiere hacerte ver que necesita tu respuesta.Vive en el silencio. Calla a ti mismo, calla a tus cosas, acalla tus pensamientos. Que todo tu ser calle ante su presencia de Amor.
Escucha, atiende, espera. Él quiere hablarte al corazón y recordar el amor primero, ahora, sí, ahora... en el desierto de la noche. Es Él, el que te pregunta como a Pedro: 'Me amas?' (Jn 21,15). Él espera tu respuesta decidida y consecuente: 'Daré mi vida por ti' (Jn 13,37).
Es Él quien quiere que le digas con el alma, con todo el amor de tu alma: 'Te seguiré, Señor, a donde quiera que vayas' (Mt 8,19). Es el Señor que espera, desde el silencio de tu alma, y desde la aceptación de las dificultades propias de tu caminar en la noche, le digas y le respondas: 'Señor, yo estaré siempre contigo, porque tú me has tomado con tu mano derecha' (Sal 73,23).
Vive en la espera confiada de Samuel que siempre responde: 'Aquí estoy, porque me has llamado', 'Habla, Señor, que tu siervo escucha'. Él quiere que imites a María en la larga espera del silencio de Nazaret, en la que se preparaba para una disponibilidad total. Quiere que la imites en su respuesta de fidelidad disponible: 'Aquí está la esclava del Señor, que se haga en mi según tu Palabra'.Porque ahora, que es de noche, hacen falta más que nunca almas dispuestas a responder al Señor con una generosidad sin límite y sin reservas de ninguna clase.Dios espera de ti una entrega incondicional. Dios quiere la ofrenda total de tu amor. El Espíritu de Dios te irá llevando a la oblación total. Es el ofrecimiento pleno con Cristo, Víctima Pascual. No puedes esperar más. Dile un 'sí' ilimitado al Señor, y con Él y como Él un 'sí' incondicional a la voluntad del Padre.Hace muchos años que buscas al Señor, comprometido en una opción clara y decidida por Él. Ahora, cuando es de noche, se te puede pedir una actitud consecuente y fiel.Haz de tu vida el don de tu amor absoluto. Abandónate en las manos del Padre y no pongas límite alguno a tu amor. Deja que El vuelque en ti todo su Amor. Busca ardorosamente el rostro de Cristo. Ansía unirte a Él en su entrega ilimitada a la voluntad del Padre.No añores tiempos pasados. No vuelvas tu mirada hacia atrás. Con decisión, con amor, con entrega ten la audacia de abrir caminos de luz en la sinceridad y en la verdad de una vida de entrega.Sé estímulo y sacramento para tus hermanos de una donación total por amor. Dalo todo. Date del todo. No te reserves nada.Entregaste la vida al Señor. Es el momento de hacer realidad sincera tu entrega. Tenlo muy claro: Ya no es tu vida. Es su vida. Es vida para los hermanos, para la Humanidad y para la Iglesia.Vive en la ofrenda silenciosa de cada día. Sé fiel en las pequeñas cosas. Mantén una vida de fidelidad en respuesta al Amor. Porque la oscuridad de la noche se combate con la luz. Vive en la luz de quien sabe amar y perdonar, aunque cueste. Vive en la luz de quien se mantiene en la perseverancia de comenzar una y otra vez.Sé luz con el testimonio silencioso de una vida sacrificada, abandonada, humilde y escondida, fiel.Como consagrado por el bautismo y el Don del Espíritu Santo, has de ser el primero en comprometerte a un seguimiento total de Jesús. Como un hermano o una hermana más, desde la humildad de tu deseo de servir y de amar, has de preceder a todos en la magnanimidad y comprensión y en el estímulo de tu entrega. Como seguidor de Jesús te mantendrás en la humildad de un segundo plano, como María, pero como ella abierta al Espíritu, en el gozo del don de Dios.Sé luz con la generosidad gozosa de quien lo da todo por amor, sin esperar nada a cambio. Habla de Él con la elocuencia silenciosa de tu vida. Proclama las grandezas del Señor con el gozo y la alegría que vives en lo más hondo de tu alma. Vive en la alabanza confiada y serás luz. Vive en el abandono silencioso y proclamarás la luz. Vive la ofrenda diaria de tu vida en la eucaristía y te convertirás en luz. Acércate al sagrario, donde Él siempre está y siempre te espera. Búscalo en el camino de cada día.Mira la Estrella. Invoca a María.Ten la seguridad de que la noche es tiempo de crecimiento en esperanza. No te dejes llevar por el pesimismo. Ábrete al amor, siempre sorprendente de Dios. Grita el optimismo de la fe y de la confianza en el Amor. Ábrete a lo imprevisible del Amor de Dios. Recuerda siempre que el Amor de Jesús por ti es insuperable. Siembra semillas de esperanza en la presencia de Dios que habla en el corazón de la noche.Ahora, más que nunca, has de estar atento a la voz de Dios al susurro de su Palabra. Él te habla en el silencio. No le dejes solo en su entrega en la cruz. Que no te escandalice la cruz, abrázate a ella, es la cruz de Cristo, es la cruz de los hermanos, es la cruz de los enfermos: Es tu cruz.Vive en el gozo de Cristo Resucitado y a la luz de su Palabra. En oración serena y sincera pregúntate qué es lo que te pide el Señor. ¿Qué estás dispuesto a hacer por El?... ¿Qué quieres que Él haga en ti?...
En todo caso, abandónate confiadamente al Amor. El Amor es Él. El Amor es la luz. No vas a permitir que la noche del desánimo o de la poca esperanza te invada. Porque en Él tienes el Amor sin límites. Es la luz sin fin del Amor: de un Dios que es Amor.
Ora serenamente. Déjate llevar por la paz de saberte en el Amor del Señor. Vive en la confianza de quien lo espera todo de Él. Responde generosamente a lo que Él espera de ti. |