SENDEROS DE ORACIÓN

1. LA PARÁBOLA DEL AGUA

j71.jpg (15800 bytes)Era un hilillo de agua venida de la montaña, engendrada en la inmensidad de sus hondas entrañas, por el deshielo de las nieves de las cumbres, tan pequeño, tan pequeño era el pobre hilillo de agua... que le quedaban grandes los nombres altivos como: manantial, fuente, arroyo, incluso le sobraba el de "riachuelo".

Pero él seguía manando silencioso y fiel, ofreciendo al caminante la posibilidad de colmar su sed. Ni las piedras, ni la espesa tierra podían impedir que fluyera con su humilde fuerza: serenamente vigorosa. Nadie podía impedir que siguiera corriendo y regando las orillas del camino con su frescor de vida.

Su fuerza no estaba en la grandiosidad o poderío de su caudal, sino en la sencilla y audaz constancia de su entrega.

Siempre se abría paso, porque venía de las entrañas de la tierra. Alguien diría que tenía su origen en el corazón de Dios.

Así es todo don del Espíritu en ti... como el hilillo de agua.

Sé consciente de su fuerza. Acoge el don de Dios en ti. Vive en el amor, ahora expresado en el silencio y en la ternura que pones en cada uno de tus pasos. Acalla tu corazón: céntralo en Dios y vive en Él: tu presencia silenciosa en Jesús será tu mejor oración.

Recuerda a María en Nazaret: en el sencillo y humilde silencio de toda su vida, se prepara para dar el "sí" al proyecto de Amor de Dios para ella. Su vida envuelta de silencio es como el hilillo de agua de nuestra parábola: apenas aparece, se mueve silencioso, sin hacerse sentir, pero va generando vida por donde pasa.

Harás tu camino junto al lago de Galilea: en silencio, en adoración, en abandono... en la gozosa alabanza de quien acoge el proyecto de Dios. Es el canto armonioso de una alabanza sin fin.

Te invito a entrar en una experiencia de silencio. Escucha los latidos de tu propio corazón. Abre tus oídos hasta llegar a captar el correr del río de la vida. Atiende la voz que viene del alma de la tierra y percibirás el clamor de los pobres. Porque tú, en tu silencio, no pretendes aislarte en actitud prescindente. Vives en comunión de amor.

Desde tu experiencia de Jesús, vivida en la serenidad del silencio, contagiarás en el mundo la fuerza de esta "agua viva", que te ha transformado a ti...Y lo harás con el vigor y la constancia persistente del hilillo de agua.

"Discípulo fiel!
Para encontrar al Amado,
no vayas al jardín
rebosante de flores;
no vayas allí.
Dentro de ti mismo
está el jardín de las flores.
Siéntate sobre los pétalos
de las mil flores de loto,
y contempla allí
la Infinita Belleza".

(Kabir, Poeta místico indio, 1440-1518).