SENDEROS DE ORACIÓN

3. SEÑOR, ME ABRIRAS LOS LABIOS

j73.jpg (10142 bytes)Siento que el Espíritu del Señor Jesús me invita a "entrar" espiritualmente en un sendero interior, que pueda ayudar a los hermanos y hermanas que, con sencillez, reconocen su humildad y se sienten y saben pequeños y pobres.

En el espíritu del salmo 131, "sin ambicionar grandezas", pero con la audacia de quien se siente llamado por el Señor, a un seguimiento total y decidido, con amor, en un camino interior, sencillo, pobre y anónimo, intuyo claramente que el Espíritu me mueve a "entrar" a conocer sus caminos, acogiendo la fuerza del hilillo de agua, que me alienta a recorrerlos.

Él quiere que lo haga, para descubrir y ayudar a descubrir, las actitudes que nos servirán para encontrarnos con Él, en una oración contemplativa, silenciosa, y serena: que llegue a formar parte de nuestro ser, hasta convertirse en la misma respiración de nuestra propia alma.

De modo que, además de intentar orar, nos bastaría para ello aprender a gritar el "Padre nuestro", desde el hondón de nuestra vida, como enseñó el Señor, este pequeño camino nos mostrará cómo alcanzar esa oración interior que el mismo Jesús transmite a sus seguidores en el sermón del Monte: Mt 6.

Hasta llegar a comprender experiencialmente que la oración sólo es interior en verdad, cuando transforma toda la vida.

El Señor me hace entender que este camino es para todos aquellos que quieren vivir en el

seguimiento sincero y fiel de Jesús, manteniendo nuestra mirada fija en Él y permaneciendo en el corazón de la Iglesia, cada uno en respuesta al carisma que el Espíritu ha engendrado en su propia alma.

Este pequeño camino ha de servir también para todos los que nos movemos en una vida corriente, anónima, de trabajo y de servicio, de idas y venidas, con la necesidad y la urgencia de ser contemplativos en la acción, y orantes en la vida, mientras permitimos que el don del Espíritu nos vaya transformando y convirtiendo en testigos de su Amor.

En la relación fraterna y en el compromiso evangélico con los pequeños y pobres de este mundo, te sentirás uno más de esa inmensa humanidad que busca y anhela una vida nueva, en el sufrimiento, el desconcierto y la desolación. Asumiendo que en nuestro mundo crece la increencia, y se prescinde de Dios, relegándolo a la esfera de lo privado.

Sin ocultarte, buscarás estar "metido en la vida", y "escondido" como la levadura en la masa de pan (Mt 13,33)

En tu caminar silencioso por las sendas de la vida, podrás comprobar que la fuerza del Amor crea en ti un corazón nuevo, capaz de amar y de vivir, movido siempre por un impulso interior de Amor, que sientes que no es tuyo, es el Espíritu quien lo hace nacer en ti.

Te abandonarás en las manos del Padre, permanecerás fiel, en el mismo silencio que inunda el corazón de María. Sentirás intensamente la atracción de Jesús, la seducción de su mirada y la fascinación por su persona.

Y una fuerza, que nace de dentro, el agua del Espíritu de Jesús en la que fuiste sumergido en el bautismo, te llevará a vivir en plenitud una opción por Él, que descubres va cambiando toda tu existencia.

Sin abandonar tu lugar en la Iglesia, sentirás que te has de disponer a entrar en una pequeña senda que, en realidad, en tu experiencia personal, pronto reconocerás que abre tu vida, al horizonte sin fin de la pradera del amor.