SENDEROS DE ORACIÓN

6. LA NOSTALGIA DE PLENITUD

"Como suspira la cierva por las fuentes del agua viva, así mi alma tiene sed de ti, Dios mío" (Sal 42,1).

j11.jpg (19554 bytes)Tu nostalgia de plenitud sólo se saciará cuando te sumerjas en el mar del Amor. Cuando te dejas llevar por el impulso del Espíritu verás que en ti, todo tiende a buscar la plenitud del amor. El hilillo de agua que el don de Dios ha hecho nacer en ti, te va conduciendo a vivir en la añoranza del Amor.

Después, a lo largo de la vida, tendrás que reconocer que, en lugar de experimentar la santidad añorada, te limitas a aceptar la realidad de la pobreza que es lo único que tienes en las manos.

Quizás en la primera parte de tu vida te has apoyado en la posibilidad de tu esfuerzo o en la confianza en tu capacidad, o en tu ilusión de trabajar y de vivir por Él en la tarea del Reino. Pero llega un momento en el que descubres que tú sólo puedes presentar tu pobreza, la misma que te llevó a descubrir el hilillo de agua que surgía y manaba dentro de ti.

El Espíritu te hace percibir una insaciable nostalgia de Amor. Y es Él quien pone su riqueza, sus dones y su amor en tus pobres manos convertidas en clamor suplicante desde el silencio.

Tu vida, entonces ya no estará fundada en ti, sino en Él, en sus dones, en la gracia de su Amor. Y aprenderás a salir de la instalación en la mediocridad, en la rutina, y en el entorno anestesiante del cumplir por cumplir.

A pesar de que el reconocimiento de la propia limitación, por momentos, se vuelve en ti un peso que te condiciona, no renuncias a la utopía de las bienaventuranzas. Y con la persistente fuerza del pequeño manantial de agua que mana dentro de ti acepta seguir caminando mientras mantienes tu mirada centrada en el Maestro, comprometiendo tu vida por el Reino.

"Vosotros, pues, hermanos, que compartís una vocación celestial, fijad vuestra mirada en Jesús, enviado de Dios, y gran sacerdote de la fe que profesamos".

Me impresiona fuertemente el objetivo propuesto por el autor de la carta a los Hebreos, y me siento claramente atraído por una nostalgia de Dios que es más fuerte que yo. Intuyo que este pequeño camino, que te invito a iniciar, ha de tener, de manera ineludible, esta doble referencia: por una parte, la clara conciencia de la propia pequeñez; y por otra, la evidencia de la vocación de amor que el Espíritu hace nacer en ti.

Nunca olvides que has de ser claramente consciente del contraste que se dará siempre en tu vida. Sentirás la fuerza y la grandeza de la aspiración que el Amor hace surgir en tu alma. Pero también te reconocerás en tu debilidad y en tu pequeñez. Y en las dificultades de un camino que quizás, cada vez, se hacen más evidentes.

Porque intuirás que se te hace más difícil el silencio. Sabrás lo que buscas y anhelas, y te encontrarás con la poquedad y limitación de los medios con los que cuentas. Pero, el Espíritu siempre sale a tu encuentro ofreciéndote una ocasión inmejorable para encontrarte contigo mismo en el silencio, para dejar fluir el Amor que es lo único que da sentido a tu vida.

En el silencio experimentarás tu pobreza y tus límites, verás que no te es fácil asumir con sencillez tu poquedad ante la más honda realidad de tu corazón y de tu alma, con la grandeza y las posibilidades que Dios pone en tus manos, y la mezquindad y cortedad de miras con las que, probablemente sin darte cuenta, vas permitiendo que se desenvuelva tu devenir diario.

Con la claridad y la luz del don del horizonte inmenso al que puede abrirte el silencio, has de disponer tu espíritu para iniciar esta pequeña senda, en la que se te invitará a renacer con tanta calma, como intensidad.

Ahora, con sencillez y claridad te indicaré los primeros pasos que debes dar. Es importante que seas dócil y disponible en todo lo que hagas.

En esta pequeña senda, no puedes permitirte el lujo de caminar a tu aire. Déjate llevar por el viento del Espíritu. Sé consciente de tus pobrezas, sí, pero no olvides que puedes escuchar dentro de ti la voz interior del Amado.

Una voz clara que tiene un eco especial en tu corazón

Busca el silencio, ten alerta el corazón, calla y contempla. Así encontrarás las pequeñas y milagrosas alegrías de la vida que la gente suele perder cuando se deja envolver por el ruido y la dispersión.

Déjate mecer por el oleaje de la Vida. Verás cómo ese suave oleaje guiará tu barca a entrar en tu casa de dentro.

Aprende la primera lección de esta pequeña senda: todo consiste en descubrir el valor que tiene el simple hecho de estar.

Limítate, sí, a estar en silencio contigo mismo, con el entorno fraterno que habitualmente te rodea, y con Dios:

Él está en ti, tú estás en Él.

Él es en ti y tú eres en Él.

Mira, desde la distancia y libertad que te ofrece el desierto, toda la verdad de tu existencia. Fija fuertemente tus pies en la auténtica tierra de tu vida.

Toma conciencia de su presencia en ti, y de la tuya en Él.

Descubre el arte de dejarte amar.

Para ello, proponte simplemente tener la puerta del alma abierta. O quizás, mejor aún, abandona tu puerta. Vive sin puerta. Ábrete al soplo del viento del Espíritu en ti.

Lee y escucha serenamente el texto completo de Mt 5. Deja que el canto armonioso de las palabras de Jesús vaya envolviendo tu alma. Serénate escuchando cómo resuenan en ti.

Descalza los pies de tu alma, reconociendo la humildad sencilla en la que te mueves, la tierra que han de pisar tus pies cuando entres a vivir en esta pequeña senda.

Piensa que el entorno en el que te hallas ahora, al vivir tu experiencia de silencio, en su sencillez, es como la colina desde la que puedes contemplar el mar del Amor.

El sermón del Monte, cuyo primer capítulo te propongo como entorno espiritual ineludible, es pronunciado por Jesús en la pequeña colina cercana al mar de Galilea: todos le pueden oír, mientras contemplan la serenidad de las aguas del lago.

Jesús habla sentado, todos lo escuchan también sentados en actitud de descanso sereno, es la misma que se te pide a ti.

El tono de su voz es, a la vez, suave y firme. Él se dirige a todos, pero es claro su deseo de llegar al hondón del corazón de cada uno.

Él habla con la convicción de que todos y cada uno de sus oyentes va a entender que aquellas palabras son para él, únicamente para él; reconociendo sin embargo, que las ha pronunciado para todos.

Todos los oyentes tienen la intuición de que Jesús habla con una fuerza de convicción que sólo tiene Él. Y aprenden el gran misterio: para poderlas entender han de mantener los ojos fijos en Jesús. Y el corazón en actitud de amar.

Senderos de silencio

En el lenguaje que usamos habrá unas palabras que se repetirán, casi siempre escritas en letra cursiva. Una de ellas: el camino. Hablaremos de él con la convicción profunda de que ha de constituir un estilo concreto de vida en el que se plasmará tu manera de vivir el Evangelio de Jesús desde la experiencia del desierto en su soledad de comunión y en el silencio que es capacidad de escucha.

Poco a poco, se irán sugiriendo las pautas que lo configuran. Pero ya puedes tener claro que en el camino son esenciales estas actitudes del espíritu: la interiorización, el anonimato, la radicalidad, la contemplación, el silencio, el abandono, la gratuidad, la libertad y sobre todo el amor.

¿Es posible amar? ¿Te crees capaz de amar con un amor especial, único, total y fiel? ¿Sabes amar así? ¿Existe en ti este amor?...

Vive el camino como una ruta de amor y verás que es posible dar una respuesta positiva a cada una de estas preguntas. Sólo hace falta que creas en el amor, que te dejes llevar siempre por él: que sepas buscarlo siempre como alma del camino.

Si estás dispuesto a vivir en el amor, pronto tendrás que reconocer que ya lo recibiste como don del Espíritu. Y vives junto a una fuente inagotable que, como un don suyo muy especial, te va guiando para hacerte entender que es posible vivir un amor que lo comprenda todo, lo espere todo, lo soporte todo... y lo perdone todo (1Co 13). Porque en ti, siempre tiene más fuerza el amor. Aunque, alguna vez, una cierta sensación de desencanto te pueda hacer sentir lo contrario.

Estás entrando en la inmensa pradera del amor. Abandónate en el Amor. Vívelo como el don gratuito que haces de ti mismo. Acepta con gozo que los hermanos, el Señor, la misma vida te hagan percibir el amor de una manera sencilla y, a veces, incluso incomprensible.

Serás capaz de amar, cuando entiendas que el amor ha de ser vivido en una gratuidad total.

Es la oportunidad que el Señor te ofrece de dar y darte en la gratuidad de una ternura sin fin. Eres capaz de amar, sabes amar, existe el amor. Ama sin miedo. Déjate amar sin límites y lo comprobarás.

En tu vida de relación fraterna todo se traducirá en confianza, tolerancia, apertura sencilla al don del hermano, y... siempre en el perdón.

Vivirás en la cordialidad, y generarás distensión en tu entorno. Así convertirás en verdad concreta la sinceridad de tu abandono en el Amor.

Tu palabra amable y bondadosa, y tu gesto relajado y distendido, serán el mejor sacramento de tu abandono confiado.

Para mantenerte en esta actitud espiritual, buscarás espacios y tiempos de gratuidad en los que podrás re-crear la paz de tu alma en los caminos de descanso.

"El que tenga sed y quiera, que venga a beber el agua viva" (Ap 22,17).