SENDEROS DE ORACIÓN

7. LA PARÁBOLA DEL VUELO DEL ÁGUILA

j11.jpg (19554 bytes)Acostumbro visitar a una ermitaña amiga que tiene su ermita en un paraje encumbrado, silencioso y solitario, único, de la sierra del Montsant. Es vasto y bello el horizonte que se divisa desde la ermita de Sant Pau. Parece que unas águilas tienen su nido cerca de aquel sencillo y pobre lugar de silencio y oración.

Algún día de cielo claro y suave brisa que llega del mar, que se contempla a lo lejos, se puede disfrutar del espectáculo añadido del vuelo de las águilas. Las puedes ver serenas, y dejándose llevar por el viento, en un viaje en el que apenas han de mover las alas. Aquellas aves, en la sabiduría que les enseñó la madre naturaleza, se dejan mecer por el viento; para ello se limitan a acogerlo con sus alas totalmente desplegadas.

Desde la roca, desde la que observo, no alcanzo a verlo, pero sé que el vuelo de las águilas no es totalmente gratuito. Vuelan para ver. Y lo hacen serenamente, para poder mirar con atención, desde la distancia. Porque además de sus inmensas alas, el Creador les dotó de unos ojos que les permiten alcanzar la visión más lejana en el conjunto de las aves del cielo. Para las águilas es un descanso la serenidad con la que surcan la inmensidad del azur, dejándose llevar por la fuerza del viento, pero con sus ojos vivos y penetrantes, únicos, van observando dónde pueden encontrar el alimento.

Su volar es sereno, sí. Pero la mirada es aguda y de largo alcance: fija, silenciosa, y persistente.

La altura les permite ver la auténtica perspectiva del entorno en el que viven.
La capacidad y precisión de su mirada les lleva a captar el más ínfimo detalle.
Vuelan y miran...!.
Y es hermoso constatar la serenidad de su vuelo, y su mirada aguda y penetrante.

La realidad de tu pequeño camino

En esta pequeña ruta, con la humildad del pajarillo débil y la audacia del corazón potente de ave de altos cielos, deberías tener ante tus ojos el vuelo del águila que no te costará imaginar.

Estás en un lugar privilegiado, como para "volar" en plena gratuidad, dejándote llevar por el viento del Espíritu. La casa que te acoge es amplia, protectora, sencilla: envuelve tu silencio y facilita tu oración.

La serenidad ha de inundar tu alma. Se te ha invitado a serenar los sentimientos, la memoria, y la imaginación, arrancando del corazón los resentimientos que te anclan en el pasado y te impedirían volar.

La lectura de las primeras palabras del Sermón del Monte, te ha ido situando en un cielo nuevo, y en un nuevo horizonte en Dios. Vas entrando en ese silencio de cielo que te ayuda a conocer el corazón de tu tierra. Estás en condiciones de ir dejando que el Espíritu no sólo te conceda volar serenamente, alentado, ahora, por su fuerza; sino de que te haga el don de la gracia para poder ver la realidad de tu propia vida, llegando a alcanzar hasta sus más mínimos detalles.

No olvides que estás en el camino, es la ruta evangélica de los pobres y pequeños de este mundo.

Libremente, en tu opción por Jesús, has escogido ser pobre de alma, en coherencia con tu compromiso de seguir a Cristo pobre, entre los pobres, benévolo y humilde de corazón (Mt 11,29). Y el pobre ha de cuidar el detalle, no por perfeccionismo, sino por amor.

El pobre vive en la confianza, pero necesita vivir también de la verdad.
El pobre ha de conocer claramente lo que tiene y lo que es, para saber bien con qué cuenta.
El pobre de las bienaventuranzas evangélicas ha de moverse siempre en el aire concreto de la pequeña tierra.

Si quieres seguir a Jesús, deja que su Amor te lleve y te conduzca. Pero tú, muévete siempre en ámbitos de sinceridad.

El amor, tu amor, ha de afrontar frecuentemente el desafío de la verdad, para no permitir que tus propias incoherencias desvirtúen su fuerza.

Ten la audacia del águila a la hora de lanzarte a la hermosa aventura de la fe confiada y el amor entregado.

Cree en el amor. Convéncete de que es posible amar.

Y en el amor sigue a Jesús, que por la autenticidad de su obediencia al Padre llega a la realidad concreta de una entrega total por Amor. Él te conducirá a vivirlo desde la verdad.

Reconoce tus incoherencias. Asume con sencillez las que puedas percibir en los hermanos. Acepta, ahora, la pobreza de tus primeros pasos. Vive en la disponibilidad de corazón con la que María se mantuvo en el devenir oculto y aparentemente insignificante de Nazareth

Por esto, como segundo paso de esta ruta inicial de silencio, te invito a recorrer tu propia vida, para conocer la verdad de tu tierra. Hazlo con la serenidad y la amplitud del vuelo del águila. Después ya la verás a la luz de la Palabra de Dios. Pero no olvides que, aunque tú, desde la roca en la que estás sentado, no lo llegues a ver, lo más importante del águila no está sólo en la inmensidad de sus alas, sino en la precisión de sus ojos.

Te propongo una serie de preguntas para que las puedas orar desde la humilde sencillez de tu silencio.

Ora con paz. No te dejes llevar por el desánimo. No busques la respuesta rápida. Permítele a Él que te vaya guiando. Déjate mecer por el viento del Espíritu, que orientará tu vuelo. Estás en el cielo de Dios, y vives en la pequeña tierra en la que Él te ha sembrado.

Pronto verás que el conjunto de preguntas que se te ofrecen no son cuestiones para responder. Son, más bien, preguntas para orar ante Él. O, mejor aún, preguntas para escuchar.

La voz interior del Amado y la autenticidad de tu pobreza

En el ambiente sereno de silencio que estás viviendo, mientras caminas hacia el aprendizaje del estar contigo mismo, con Dios, en plena comunión con los hermanos, es el momento de entrar de lleno en lo que ha de ser una experiencia oracional única. La vivirás con la serenidad que siempre percibes cuando estás en su Presencia amándole.

Reconoce la verdad de tu amor, y sé sincero a la hora de aceptar las limitaciones con las que tantas veces lo envuelves y desfiguras o mancillas.

No puedes olvidar que el Espíritu está pasando a la puerta de tu casa.

De momento, en un silencio oracional remansado propónte orar estas preguntas, o escúchalas, sin olvidar que, como un auténtico pobre te has de mover sólo en la transparencia sencilla de la tierra que pisan tus pies.

El sentido de unas preguntas: ¿Seré capaz de acoger su voz y su Palabra?...

· ¿Qué es lo que me puede hacer pensar hoy que mi opción por Cristo Jesús es radical, inmediata, incondicional, ilimitada y significativa, y siempre llena de un amor creciente, ilusionado y comprometido?... ¿Lo manifiesto en la vida?...

· ¿Lo "oigo" en mi propio llanto?...

· ¿Lo presiento en el gozo de mi ilusión de vivir?...

· ¿Soy audaz a la hora de amar y dejarme amar?...

· ¿Vivo en un amor comprometido?...

· ¿Lo vivo enamorado?...

· ¿Qué es lo que manifiesta y da autenticidad al amor pleno en mi seguimiento de Cristo?...

· ¿En qué hechos y en qué actitudes de mi vida se expresa este amor que me mueve a entregarme sin límites?...

· ¿Cómo se ve en mi vida de cada día?...

· ¿Volvería a escoger este camino concreto en el que me vivo?...

· ¿Qué cambiaría en mi manera de vivirlo?...

· ¿Qué haría para ayudarlo a vivir?...

· ¿Lo podría contagiar?...

· ¿Qué actitudes de mi vida debilitan y quitan fuerza a mi deseo de seguir a Jesús, entregándome en un abandono pleno y total en las manos del Padre, y en una disponibilidad de servicio y de donación a los hermanos en el mundo concreto en el que vivo, como núcleo transformador de la sociedad?...

· ¿Busco mantenerme en la sencillez de quien quiere ser voluntariamente uno de tantos?...

· ¿Vivo una experiencia profunda de Jesús en la oración, como alma que da sentido y crecimiento a mi opción de vida por Él y por el Reino en mi misión evangelizadora entre los pobres de este mundo?...

· ¿Puedo decir que sólo su amor me hace feliz?... ¿Cómo lo vivo en el día a día?...

· ¿Presiento que me dejo llevar por el viento del Espíritu?...

· ¿Soy audaz a la hora de dejarme transformar por el Amor?...

· ¿Mi experiencia de Jesús, tal como la vivo hoy, es fundante y transformante?...

· ¿Crece mi experiencia orante de Él y de la fuerza de su Palabra en mí, dimensión esencial en mi vocación, o me mantengo en unos niveles mínimos de simple cumplimiento de un deber?...

· ¿El conjunto de mi vida, en su coherencia y sus incoherencias, puede ser anuncio evangelizador?...

· ¿Mi oración, nuestra oración eclesial y fraterna, es compromiso de vida transformante o "anestesia" conformista y tranquilizante en la que el objetivo está en el deber cumplido rutinariamente?...

· ¿Cuando tengo una oportunidad, disfruto al poderme reencontrar con lo que quiero sea el sentido más profundo de toda mi existencia?...

· ¿Me compromete, me estimula y me interpela vivir mi opción preferencial por Jesús en plena comunión con mis hermanos, los presentes aquí y los del entorno habitual en el que me muevo?...

· ¿Amo, de verdad, a todos y cada uno de mis hermanos, en el amor de Jesús?...

· ¿Alguno se puede sentir excluido, o menos-valorado por mí?...

· ¿Puedo ser causa de sufrimiento para alguien?...

· ¿Vivo un planteamiento espiritual de "mantenimiento" o de crecimiento en mi opción por Jesús, y por el Evangelio del Reino, con el que me siento comprometido desde el momento en el que me supe elegido por Él y seducido por su mirada?...

· ¿Qué hago por sus predilectos que son los enfermos, los pobres, los excluidos, los ninguneados y los menospreciados de este mundo?...

¿Cómo vivo mi opción de ser "anuncio" del evangelio del amor de Jesús por los más pobres y los pequeños en el amplio campo de la evangelización?...

· ¿Me sé y me siento en el corazón de la Iglesia?...

· ¿Creo firmemente que la vida de opción por Jesús, institucional o carismática tiene futuro?...

· ¿Asumo el riesgo y la oportunidad del momento presente?...

· ¿Me comprometo personalmente a construir este futuro?...

· ¿Mi vida de opción por Jesús es creíble?...

· ¿Soy consciente de que el futuro inmediato de la fe en Jesús en el mundo de hoy, también depende de mí, y de la transparencia y claridad de mi opción por Él?...

· ¿Estoy dispuesto a entregarme por algo o por Alguien hasta el final, y del todo?...

· ¿Estoy decidido a convertir este momento de mi vida en una respuesta fundante al Amor?...

· ¿Estoy dispuesto a gastarme y desgastarme en la constancia paciente de la siembra evangelizadora en mi pequeña vida de cada día?...

· ¿Soy feliz?... ¿Puedo decir que sólo su Amor me hace feliz?...

Senderos de silencio

Serenamente, con la paz y con la calma que viene de la brisa del Espíritu que pasa junto a tu casa: Ora y contempla, adora y ama.No te negativices, permitiendo que ninguno de los interrogantes te desasosiegue.

Mira tu vida ante el espejo de la ley perfecta, la de la libertad (St 1,25).
Sé feliz con lo que tienes y con lo que Él te da.
Acepta lo que recibes de los hermanos y de la vida.

Eres libremente pobre de alma.
Recuerda, sí , el vuelo audaz del águila.

¿Puedes ser signo de su Amor?...
Busca crecer para poder dar.
Pero plantea tu vida desde el realismo de lo concreto que tienes.
Valora tu presente y pregúntate qué puede opinar Él.

¿Qué opinarían los hermanos que ven cómo te mueves en el devenir diario?...
Y ten paz... no añores cimas alejadas e inalcanzables.
Vive agradecido por el pequeño paso que puedes dar cada día, en este camino evangélico de los pequeños que iniciaste.

Quiero proponerte unas pautas sencillas:

· Trabaja alrededor del cráter que te comunica con el abismo de tu pobreza, ten paz a la hora de reconocer tu fragilidad y tus límites.

· Vuelve a casa: reencuéntrate con tus orígenes. Revive el amor primero. Recuerda dónde estabas cuando "conociste" al Señor.

· Lleva tu cuerpo "a casa". Integra todo lo que constituye tu vida en tu camino de búsqueda de Dios. Vive en el gozo de reconocer que tu cuerpo es el puente de comunicación con los hermanos y con la vida. Acepta que, alguna vez, te dé la impresión de que te limita. Pero tu cuerpo es parte esencial de tu ser y de tu persona.

· No olvides nunca que lentamente estás haciendo camino hacia la "tierra prometida", es la "tierra nueva que buscas" de la "pradera del amor".

· Busca siempre dónde está Dios y qué es lo que Él quiere de ti.

· Ama desde lo más profundo de tu ser.

· Deja que, en este lugar profundo de tu ser, Él inicie y realice la transformación de tu vida haciendo nacer en tus propias entrañas el agua nueva que te dará vida.

Vivirás en el silencio, y le podrás decir al Señor: No hay más que silencio, entre tu vida y la mía, sólo la música callada de Amor.Irás descubriendo que, orando, tu súplica se simplifica mucho. Acabas en lo esencial.Las palabras se reducen, y crece la comunión-identidad con el Amor. Porque tu pasado, tu presente y tu futuro están en Él. En este sendero de silencio tendrás la ocasión de interiorizar que el Padre, por medio de Jesús, y en el Espíritu, nos quiere, y te quiere, tal y como eres, desde la eternidad con un Amor que no tiene ni tendrá jamás medida. Eternamente fiel, totalmente misericordioso y gratuito, independiente de tu respuesta, de tu mayor o menor bondad.Es el Amor expresado en Cristo Crucificado y Resucitado.

Hasta que llegues a comprender que la única forma de vida evangélica es vivir y amar desde este Amor, y con este Amor aceptar que Él te lave los pies a ti. Sin esta aceptación es imposible seguir a Jesús y vivir el programa del Reino predicado por Él.