SENDEROS DE ORACIÓN

8. ORANDO LA PALABRA

Con el libro de la Palabra en las manos ora serenamente. Ora en su Presencia. Vive tus tiempos de adoración en la comunión explícita con los hermanos.

Has de sentir que todo lo que hagas para caminar hacia la verdad revertirá positivamente en la humanidad y en la Iglesia, y también en tu comunidad.

Al encontrarte con su Palabra recuerda que es viva y eficaz, más penetrante que una espada de dos filos (Hb 4,12; Ap 1,16 y 2,12).

Te invito a orar dos episodios de la vida de Pedro, el Apóstol de la sinceridad. Léelos con calma, dejándolos remansar en tu alma ante la presencia de Jesús en ti.

Reconoce la contradicción, que tú también puedes experimentar, y más cuando lees juntos los dos textos que recuerdan momentos clave de la historia de la relación de amor y fidelidad de Pedro. Te será así más fácil sentirte pobre, al comprobar tus propias incoherencias. Y la posibilidad de sumergirte con ellas en el mar del Amor. En tu pobreza te has de mover siempre en la verdad. Pobre, sí, pero, plenamente abierto al viento de su Amor.

Tu Lectio divina tendrá hoy como centro de atención dos textos "paralelos" del Evangelio de Juan:

- Las negaciones de Pedro: 18, 12-27
- La triple confesión de un amor sincero: 21,15-17.

Te sugiero esta sencilla ruta oracional:

· Invoca al Espíritu desde tu silencio y en la realidad de tu tierra.
Lee atenta y serenamente los textos que te propongo.
En silencio interioriza, rumia, deja resonar la Palabra en ti.
Adéntrate en el sentido de cada una de las frases que lees.
Relaciona los textos leídos con otros que puedan acudir a tu memoria.
Actualiza el sentido de lo que lees, viéndolo reflejado en tu vida.
Relee el texto, verbalízalo, toma conciencia de que es una palabra de Dios-Amor para ti.
Dialoga con Él a partir de lo que te dice. Hazlo desde el silencio orante.
Respóndele desde tu corazón pobre que se siente interpelado por la palabra.
Busca una súplica, una pequeña oración, una frase de un salmo que te sirva para dar tu respuesta al don que Él te hace por medio de la Palabra.
Calla. Adora. Ama.
¡Volverás a la vida transformado por su Palabra!

"... a los pobres los tenéis siempre con vosotros"Hay un episodio de la vida de Jesús, ocurrido en Betania, que me parece especialmente significativo por su singularidad, y también por su tan evidente como misteriosa ternura. La lectura de los dos textos evangélicos que lo relatan: Mt 26,6-13 y Mc 14,3-9 sorprende también, porque puede resultar extraño que Jesús permita ser objeto de un gesto tan singular, tan criticable por el entorno farisaico que lo perseguía, y lo justifique con unas palabras tan categóricas. Hay una tercera transcripción en Lucas, el "evangelista de los pobres y de la misericordia", que le da otro sentido. Como más adelante veremos.Veamos la descripción de Marcos:

"Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el Leproso. Mientras estaba a la mesa, se acercó una mujer que traía una pequeña jarra de alabastro llena de un perfume de nardo purismo y muy costoso. La mujer rompió la jarrita y vació el perfume sobre la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados: ‘De qué sirve derramar así este perfume. Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios y dar el dinero a los pobres’. Y la censuraban.

Pero Jesús dijo: ‘Dejadla!. Por qué la molestáis?. Ha hecho conmigo una buena acción. A los pobres los tenéis siempre con vosotros y les podéis hacer el bien siempre que queráis: en cambio a mi no siempre me tendréis. Esta mujer ha hecho conmigo lo que podía hacer, se ha anticipado a ungir mi cuerpo preparándolo para la sepultura.

Os aseguro que, cuando el evangelio sea anunciado por todo el mundo, también recordarán a esta mujer y hablarán de lo que acaba de hacer’" (Mc 14,3-9).

El sentido de un camino oracionalTu relación con el Señor Jesús, desde tu opción plena por Él, enamorado del Amor, te ha de llevar a una entrega total en ternura, con un amor único y especial, exclusivo, que te mueva a vivir siempre en un trato íntimo y asiduo con Él, con el corazón no dividido. A Él le darás todo lo que eres y lo que tienes. Tu cuerpo y tu alma, tu pasado, tu presente y tu futuro, todo lo que sientes y todo lo que intuyes. Todo le pertenece, porque lo recibiste como un don de su Amor. Estás entrando en un camino que lo unificará todo en Él, Cristo Jesús: tu Amor, tu Señor. Sólo Él justificará tu existencia. Él es para ti el absoluto, el Todo que da sentido a tu vida. Por ello necesitas encontrarte con Él en un ambiente de soledad y silencio, que te facilite acogerlo con todo el amor de tu alma y te permita vivir sólo para Él..., porque tú sabes bien que "a los pobres los tienes siempre contigo".Desde tu amor a Él, y desde tu donación en el amor y en la ternura por Él, te entregarás a los hermanos. Tú, en tu vocación, lo harás desde una dedicación al pobre, manteniéndote con fidelidad a María, Madre de los pobres, como gesto de una ternura infinita, que nace de la finitud y a veces mezquindad de tu propio corazón. Descubrirás que no eres tú quien "rompe la pequeña jarra y vuelca totalmente el tarro de perfume sobre la cabeza de Jesús".Es el Espíritu quien te lleva a descubrir el valor del "sólo Él"... Sólo Jesús como opción central de tu vida. Porque en Él vives una donación total por Amor.El Espíritu te hace reconocer que a los pobres los tienes siempre contigo..., pero que a Él, exclusivamente a Él... no. Es el Espíritu el que te abre los ojos para que veas que todo lo que haces en tu amor único y exclusivo, en virginidad de corazón, por el Señor, te prepara y te ayuda a darte del todo a los hermanos más pobres y necesitados.Es el Espíritu quien te hace entender que con tu gesto de inmensa ternura estás uniéndote a su muerte y a su resurrección: "esta mujer se ha anticipando ungiendo mi cuerpo para la sepultura".El Espíritu te hace experimentar que, si te abandonas a su acción en ti, siempre tendrá más fuerza el Amor. Siempre habrá en ti un lugar para la ternura.Es el Espíritu, finalmente, el que te ayuda a ver el sentido que tienen estos días vividos en la soledad y en el silencio, a "solas con el Todo-Solo".Ten muy claro que has de vivir con gran intensidad en tu mente, en tu corazón y en tu vida estas claras convicciones:

· Tu vida de opción por Jesús te lleva a afirmar el "sólo Dios", como el elemento esencial de tu camino. Sólo Él, sólo su Amor, sólo su palabra. Nadie más... nada más. Él es el centro. Sólo Él, el amor-primordial. Sólo Él, la fuente de tu ternura.

· Tu compromiso coherente con el evangelio del Reino te hará ver que este "sólo Él", no es ni "egoísta" ni excluyente. Todo lo contrario es para ti la fuente del "manantial de amor" que da sentido a tu donación total y absoluta a los hermanos. Desde Él llegarás a todos y encontrarás la fuerza que necesitas para darlo todo y darte del todo... en una ofrenda total.

· El frasco de perfume de nardo purísimo, valorado en trescientos denarios (el sueldo de un año en la época de Jesús), que se rompe significa una donación única y exclusiva, irrepetible, que implica tu vida con todo lo que tienes y todo lo que eres.

· El amor, tu amor, el Amor... sólo se da una vez. Sólo tiene sentido cuando se da totalmente, sin límites, sin condiciones. Todo lo demás nacerá de este Amor que ha sido derramado en ti como una fuente inagotable.

· "A los pobres los tenéis siempre con vosotros y les podéis hacer el bien siempre que queráis". No hay oposición entre el amor al Señor y el amor a los pobres. Tampoco la hay entre la atención a Dios y la apertura al hermano. Son dos rostros distintos de un único Amor. Cada cosa tiene su tiempo. Y todo cabe en quien está abierto a amar sin límites.

· Él, Jesús, tu Señor, tu Amor, y tu Vida... sólo por Él lo dejaste todo, requiere una donación única que, no sólo no quitará nada de tu dedicación a los demás, sino que le dará el sentido auténtico. Lo harás por Él. Con la fuerza que te viene de Él, con el amor que nace en Él.

· Él te pide una dedicación única y exclusiva, aunque, ahora, sea sólo por un tiempo: sólo para Él. A Él volcarás todo tu amor y toda tu ternura, el perfume de lo más bello que hay en tu corazón y en tu vida, en ti. Con esta dedicación vivirás el signo del absoluto de Dios en tu existencia.

· En esta ternura total de la que haces una donación exclusiva por Amor, encontrarás el sentido pleno de tu vida. Dejando fluir el manantial del Amor en ti, verás que puedes entrar en un camino nuevo, apto para ti que te sabes pequeño y pobre, consciente de tu fragilidad, y de tus deseos de vivir a fondo respirando con fuerza para llenar tus pulmones del aire de la Vida.

· Aceptando una apertura total al don del Espíritu en ti.

"Nunca estoy sola. Cristo está aquí, siempre orando en mí, y yo orando con Él"(Sor Elisabeth de la Trinité)

"... es de notar que el Verbo Hijo de Dios,
juntamente con el Padre y el Espíritu Santo,
esencial y presencialmente está escondido
en el íntimo ser del alma".

(San Juan de la Cruz)

Él está en tu habitación más íntima: un lugar en el corazón, un templo en tu alma. "Manteniendo tu mirada fija en Jesús". Viviendo en el corazón de María. En plena comunión con los hermanos: una comunión querida, deseada y conscientemente mantenida.El camino interior de silencio te ha de llevar al corazón de Dios, y a vivir en la experiencia del Dios-Amor-Comunión que mora en ti. En Él aprenderás a amar, y a dejarte amar. Y en ese amor, podrás experimentar directamente a Dios.Siempre has podido desear este "sentir", "ver", "tocar" o "experimentar" a Dios, de una manera íntima, sensible. Pero si te acercas a la vida de los apóstoles y de los discípulos "de primera hora", descubrirás que hay otras maneras de "ver, sentir, tocar" que no siempre están vinculadas a los sentidos. Con ellos, aceptando ser aprendiz de discípulo, te acercarás a la humanidad de Cristo, escucharás su palabra que te hablará del amor del Padre.Después, con Jesús ya resucitado, con la plenitud del Don en Pentecostés, descubrirás al Espíritu que es "Señor y dador de Vida". Y el Señor, plenamente hombre e Hijo de Dios, te llevará al encuentro con el Padre y el Espíritu Santo. Entrarás entonces a vivir en la comunión de amor en Trinidad que te habita.Como discípulo comprometido, desde tu opción por Jesús, en el anuncio del Reino, pasarás de la experiencia de Amor en Dios, a la urgencia por comunicarlo y darlo a los hermanos.La ruta del silencio te guiará hacia el corazón de la vida, allí escucharás el clamor profundo del hermano. Es el grito de la mirada de quien, desde su experiencia de limitación, llama a tu puerta para que tú acojas su misterio, escuches la palabra de su vida, y le ofrezcas tu mano amiga para compartir su lucha y su camino.Mientras derramas el perfume de nardo purísimo de tu ternura sobre la cabeza de Jesús, no olvidarás a los pobres, ni a los enfermos, ni a los pequeños de este mundo.Reconocerás también que tú no buscarías el rostro de Cristo en la oración si no hubieras sentido ya su mirada posarse en ti, y no lo hubieras descubierto a Él mismo presente y vivo en tu propia casa. Te sabrás habitado por Él. Y, desde esta presencia en tu interior, podrás reconocer su manifestación en la vida, en el camino de los hombres con los que te sentirás especialmente solidario, en un compromiso fraterno que nace del amor.El camino del silencio te ha de llevar a encontrar en tu misma alma "esa habitación más íntima" de la que habla Jesús. Mt 6,6. Hacia esta ermita del corazón te guiará su luz y su verdad. Porque es el lugar de su monte santo. Es su morada (Sal 42).Has de buscarla, y cuando la halles reconocerás que, para ti, es la tienda del encuentro. Es el ámbito donde tú puedes ser siempre tú, porque Él te acoge en tu "ser", y tú vives en la humilde y sincera hospitalidad de tu corazón abierto al "otro". Es el "arca" de tu misterio. Es el refugio inviolable a las miradas superficiales o curiosas. Es aquí donde oyes su voz, y escuchas el eco de su Presencia.No le pidas que se deje "sentir en ti". Déjale ser en ti lo que es: Dios... y basta!, como decía San Francisco de Asís.Cuando Dios Padre Creador te pregunte: ¿Dónde estás? (Gn 3,9), podrá encontrarte en "tu lugar": porque verá que llegaste a El recorriendo este camino de dentro.Es la tierra en la que escuchas que ahora "es el tiempo del amor". Es el final del camino de todo lo que haces cuando te propones vivir "hacia dentro". Es el comienzo de la ruta por la que tú te abres al hermano y te comunicas con él con una mirada, una palabra y un gesto que nacen de dentro.¿Cómo encontrar esta habitación más íntima?... ¿Cómo derramar desde ella el perfume de tu ternura sobre la cabeza de Jesús?... Vive en el silencio. Aprende a callar. Mira, admira, adora y ama. Renuncia a las prisas precipitadas. Asume dentro de ti todo lo que sientes, todo lo que sufres y lo que te alegra, todo lo que te ofrece la vida. Descubre la necesidad de dejarte mecer por su oleaje. Comprende que para vivir sólo necesitas amar, sentir, sufrir, ser vulnerable, dar, darte, ofrecer a Dios y al hermano lo mejor de ti mismo. La fuerza que necesitas para ello sólo la puedes encontrar en las "paredes" luminosas de esta "habitación más íntima"... llena del Amor, y abierta a los hermanos.Aprende a escuchar el corazón de la vida. Te encarnarás en ella y te enseñará a escuchar tu propio corazón.Busca espacios de silencio... aprende a "guardar la Palabra" en tu corazón, como María. Ella te enseñará también a "guardar" palabras, miradas, sentimientos, gestos y hechos que vienen de la vida y que te lastiman o te re-crean, te llenan de gozo y de paz o... te duelen y oprimen. Verás que, si todo lo vives sinceramente desde dentro, encontrarás en esa habitación más íntima del corazón un lugar para la libertad, para ser tú mismo, para "salir" siempre hacia la vida, desde la paz y la seguridad que te da el saber que ofreces y das lo que tienes, y más aún, lo que eres. ¡Te das tú!. Porque ofreces y das lo que nace dentro de ti en la libertad que hay dentro de tu casa. ¿Hay acaso algo que condiciona la libertad interior de tu casa de dentro?. En ésa, tu casa, sólo se pueden respirar aires de libertad, si quieres que fluya el manantial del amor.Aquí en esta habitación interior vives siempre en la escuela del silencio. En ella te preparas intensamente para vivir el proceso sosegado del aprendizaje de la oración interior que te lleva a mirar, admirar, escuchar, contemplar, adorar. Porque la casa de tu alma es siempre una casa habitada, fuente de comunión. Está Él. Están los hermanos. Estás tú. Tienen un lugar privilegiado los pobres.Encontrarás ésta, tu casa, cuando sigas el consejo de Clara de Asís: "Mírate cada día en el espejo de la pobreza, la humildad y la caridad de Cristo, y observa en él tu rostro".Piensa, sin embargo, que no has de buscar en este "lugar del corazón" ni una manera de huir, ni un refugio donde esconderte. Que cuando Dios Creador y Padre te pregunte: ¿Dónde está tu hermano? (Gn 4,9), nunca tengas que responderle que no lo sabes, porque lo olvidaste. O te acostumbraste a vivir en una prescindencia de los que te rodean. Porque tu casa de dentro, esta casa en la que Él quiere habitar, ha de ser un espacio para el amor y la comunión. Y una tierra de paso, también de siembra de semillas de vida. Es una tierra donde se cruzan y se encuentran los caminos. Recordando siempre que es a mitad de camino donde se encuentran los amigos.Tu casa de dentro es una tienda del encuentro, siempre dispuesta a acoger. Es un lugar para la comunión, donde se crea y re-crea el amor. Es una fuente de amor, porque es ahí, dentro de ti, donde vive el Amor. Allí se perdona todo, se comprende todo, se espera todo (1Cor 13). Es la casa en la que la confianza lo ilumina todo. Es el "corazón" de tu alma, allí nace el manantial que te da vida... Allí vive Él: tu luz, tu verdad, tu vida. La razón que estimula y da sentido a tu donación por los demás. Lo encontraste ya en la lucha y en el camino de la tierra. Incluso lo llegaste a "ver" en uno de estos días duros en los que escuchas la "noche". Porque la tienes como única compañera de camino.Él salió a tu encuentro en la Palabra. Lo reconoces presente en los hermanos, especialmente en los más pequeños y pobres, en los excluidos y olvidados, los enfermos y las personas solas. En los del "montón", donde Él también está.Lo has adorado presente en la liturgia y en la eucaristía: vivificando la Iglesia. Lo "ves" también en la asamblea de los hermanos en la que "dos o tres reunidos en su nombre" (Mt 18,20) lo invocan, después de haberlo escuchado en su Palabra. Lo has reconocido al final del camino de Emaús, cuando sentados a la mesa, le "viste" partir el pan con sus manos marcadas aún con la herida luminosa de los clavos, que lo ataron a la cruz.Lo has visto dando fuerza a quienes entregan el amor y la vida comprometidos en la lucha y en la ayuda por los que más sufren, aquellos ninguneados de la sociedad.Lo viste escondido en el rostro del hermano que acude a ti con su mano tendida o su mirada expectante. Porque ya sabes que donde hay una cruz, siempre está Él.Y ahora lo reconoces vivo y presente en ti, haciéndote escuchar el susurro suave de su voz, como Elías (1Re 19,12).En este lugar íntimo de tu alma y de tu vida, y en ti, es amor y entrega, lucha y paz. Porque Él es tu paz. Esa paz que te hace fuerte, no agresivo, para la lucha. Es la serenidad del alma que te lleva a testificar el Amor. Él es tu amor y tu ternura.En Él está el manantial de amor con el que te acercas a los hermanos y construyes comunidad.Lo ves en ti como la fuente de tu serenidad y de tu amor. Es tu seguridad y tu confianza. Él sosiega tu alma. Y sabes que Él siempre está, nunca se ausenta, nunca te deja: es el siempre fiel.Cuando experimentas su fidelidad, y la vives en este rincón de tu alma en el que tú eres más tú, y Él puede ser más Él en ti. Cuando te apoyas en esa fidelidad, verás que ya nada ni nadie te podrá perturbar. Por ello quieres vivir tus tiempos con la exclusividad de un amor y una ternura que sólo Él hace nacer en ti. Si lo encuentras aquí, dentro de ti, ya no lo podrás perder, ni te podrás perder.Él es en ti como el paisaje interior sereno, de bosque denso, o de prado interminable lleno de verdor que te invita a respirar. Te recrea y renueva tu fe en la vida.Él es en ti como la sima que acoge el oleaje estruendoso del mar para abrazarlo y remansarlo en la gruta del silencio.Él es en ti como el atardecer de tonos enrojecidos de fuego en el cielo, que purifica el día que acaba, a la espera del amanecer suave en luz de la vida que comienza.Él es en ti el aire fresco que reconforta tu fe en la vida, y tu ánimo disponible para volver a caminar, para amar con una fuerza nueva.Él es para ti invitación a entrar y a salir, sin dejar de ser "tú", sin alejarte olvidadizo o prescindente de "tu casa".Él es el susurro suave de palabras nacidas del silencio que te animan a entrar para "encontrarte", y a salir para "ser encuentro".Entra dentro de ti. Sí, entra en tu "habitación más íntima". Vive en Él: renueva tu capacidad de amar, con ello crecerá tu capacidad de acogida. Verás que es posible "dejarte amar", porque el arte de "dejarte amar" es tan bueno como el pan de cada día. Porque en este lugar íntimo de tu corazón todo se da y se vive en una gratuidad total.Es todo tan sencillo como el sonreír, tan exigente como el llorar, tan plenificante como el reconocer que eres capaz de amar, tan comprometedor como la exigencia de amar en verdad, desde dentro.

Ten la paciencia y la constancia de mantenerte en el paso transformante y decidido del silencio. Te conducirá al corazón de tu alma. Allí donde siempre es posible el amor. Porque mantienes la mirada de tu corazón centrada en Jesús. Porque vives en el corazón de la Iglesia.

Senderos de silencio

"Te busqué, corrí... Te encontré" (Ct 3)

"Ahora, te contemplaré hasta saciarme" (Sal 17)

Pocas cosas tendrás que decir y explicar, para transmitir esta vivencia interior, en el devenir de tu quehacer diario entre los hermanos. Bastará comprobar la serenidad de tu mirada, la sencillez con la que hablas: sin querer imponerte, con la fuerza de tu voz o la impetuosidad de tus gestos.Se podrá ver también en tu disponibilidad para servir a los hermanos en el Amor. La verdad de tu experiencia interior, siempre se podrá comprobar en la transparencia de tu silencio.Lo buscaste... corriste... lo encontraste... y lo das a conocer en la paz y la simplicidad de las cosas más pequeñas. De nada sirve que te creas en plena contemplación, si después no se ve en tus actitudes de vida.Es imprescindible para ello que dejes renacer en ti el manantial de agua viva que Dios hace nacer en tus propias entrañas, en Cristo Jesús, cuyo rostro es tu única patria.

Mantienes los ojos fijos en Él, mientras en el hondón de tu alma no dejas de expresar tu profundo deseo de Dios. Comprobarás que no hay como la plenitud que viene de Él. Sólo Él es el Todo que llena tu vaciedad y tu pequeñez.