SENDEROS DE ORACIÓN

¿ES SENCILLO ORAR?

j20.jpg (16009 bytes)No pudieron los discípulos escoger mejor pedagogo. Ellos veían con frecuencia a Jesús retirarse al monte, escabullirse de la multitud que le apretujaba, para orar, para "estar" con su Padre. Porque Jesús ellos lo percibían hablando con su Padre era un bloque de oración. Y se sentían atraídos. Le querían, y como el amor tiende a la imitación, querían saber... ¿cómo ora, qué le dice, qué hace, qué le responde...? Largas horas con su Padre... debían dar para mucho... Estaban como intrigados. Todavía Jesús no les había explicado aquello de "el que me ha visto a Mí, ha visto al Padre" (Jn 14, 9)

"Señor, enséñanos a orar... Y El les dijo: Cuando oréis decid: PADRE..." (Lc 11,1-2)¡Qué sencillo!... Y es que complicamos la oración, hacemos de ella un problema, cuando sólo es una cuestión de amor, situada en el campo de la gratuidad. Porque quien ama lo tiene todo pensado, dicho y hecho con sólo amar.¿No tiene más valor expresivo y, sobre todo, afectivo, un beso a la madre que un tratado sobre la maternidad?... ¿Y no será más efectivo destapar la herida, que cansarse en buscar palabras para encarecer su gravedad?... Complicamos la oración. Y Jesús insiste: "Cuando oréis decid PADRE... ABBÁ..., que es como decir "papá", "papaíto", que a eso equivale el ABBÁ en labios de Jesús.Los salmos son una preciosa oferta de oración, donde tienen cabida todas la necesidades, todas las angustias, todas las alegrías..., y también la confianza:

— "Tú, Yahvé, eres un cobijo para mí..."

"A quien confía en Yahvé el amor le envuelve..." (Sal 31)

— "Y Tú, Yahvé, no contengas tus ternuras para mí, que tu amor y tu verdad incesantes me guíen... "

"Yo soy pobre y desdichado, pero el Señor piensa en mí" (Sal 39)

"Yo sé que Dios está por mí, en Dios confío y no temo..." (Sal 55).

Complicamos la oración... Más sencillez, quizás. El camino de la oración lo puede seguir un niño, un pobre, un enfermo, un pecador...: es sólo mostrarse ante Dios como se es y como se está. Su misericordia acoge todo: nuestro cansancio o nuestra euforia de un momento, nuestras distracciones y nuestros fervores..., porque "el camino de la oración cruza las arenas de nuestra nada para adentrarse en las aguas sin fondo de Dios".Complicamos la oración...j21.jpg (15025 bytes)Orar desde nuestra radical pobreza. Frecuentemente buscamos "técnicas", "métodos", libros que lo expliquen... ¡Hay decenas de miles, con títulos hermosos y sugestivos para todos los gustos... Pero no oran los métodos, sino el corazón. Jesús lo dijo bien claro a los discípulos: "Cuando oréis, no digáis muchas palabras..., porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis, antes que se lo pidáis... " (Mt 6, 7)Orar es dejarse mirar, dejar acariciar el alma por el suave tacto de su mano..., ¡aunque no se note! Porque su mano, por muy ligera y misteriosamente que roce la vida, ésta queda impregnada, embalsamada por ese "algo " de Dios que contagian quienes se dejan tocar.Sencillez en nuestra oración, en nuestro contacto con Dios.Dios puede ser amado, pero no pensado. Dios es ciertamente misterio, pero no problema... Dios puede apresarnos, atraernos con fuerza arrolladora siempre que nuestra libertad nos deje arrojarnos en sus brazos... Su amor ahonda hasta el fondo de nuestra pobreza, de nuestra más inconfesable miseria... "Si pudiéramos vernos desnudas las almas, nos tendríamos una inmensa piedad..." (M. de Unamuno)La oración es una búsqueda incansable. Y encontrarle es buscarle siempre con las manos vacías... ¡Las manos vacías...! Las manos que ejercen sobre la misericordia de Dios una imantación, un vértigo irresistible... Él se vuelca donde nada ni nadie ocupa su lugar... Y es que Dios no se encuentra infaliblemente al término de nuestro esfuerzo como algo conquistado, sino como "Alguien" que nos visita gratuita o graciosamente."Mi Señor y mi Dios, quítame todo lo que me impide llegar a Ti..., dame todo lo que me aproxima a Ti..., tómame a mí y dame a Ti" (N. De Flüe).La búsqueda incesante es donde florece el deseo. Deseo que pasa por la aceptación de la ausencia, por la falta, a veces, de seguridad y de evidencia.Por el camino de la oración se accede a una soledad, que es como la confesión de una "presencia ausente"..., porque en la oración no estamos en el campo de lo tangible, de lo evidente, sino del riesgo... Muchas veces "el modo de presencia de Dios es su ausencia sentida... La ausencia real trágica sería no sentirla..." (L. A. Schökel), es decir, que no doliera la ausencia sería la señal de que ha claudicado el deseo, la búsqueda, el hambre de Dios, de estar con El.

"Se querellaba el amigo
de no sentir tu Presencia...
Tú le dijiste: " Mi ausencia
¿no estaba acaso contigo ? (J. Mª Pemán)

Complicamos la oración... ¡ es todo más sencillo... !

Copio —para terminar— del "Diario íntimo" de D. Miguel de Unamuno:

"Felices aquellos que... rara vez se forman idea de su Señor, porque viven en El y no lo piensan, sino que lo VIVEN... Viven a Dios que es más que pensarlo, sentirlo o quererlo...Su oración no es algo que se destaca y separa de sus demás actos, no necesitan recogerse para hacerla, porque SU VIDA TODA ES ORACIÓN, ORAN VIVIENDO..., y por fin mueren como muere la claridad del día al venir la noche, yendo a brillar en otra región...

¡Santa sencillez! Una vez perdida, no se recobra".

 

 

Por Sor Ana María Primo Yúfera, dominica contemplativa.