|
|
Buenas noches, Señor.
Déjame, en esta hora de calma, expansionar mis sentimientos y hablarte al corazón. Ayúdame a callar y a escucharte. Entremos, Señor, en intimidad, en calor de amistad...
Enséñame esta noche a comprender, en tu presencia, que el silencio es la señal de que me mantengo en el amor...
Déjame ir contando, con sed de Ti, con hambre de infinitud, tu VIDA oculta en mi alma. Porque es en esa zona profunda, en los grandes surcos del silencio, donde brota esa capacidad de amor que compendia la vida toda.
Enséñame, en esta hora de quietud, cara a cara contigo, la consagración de mi vida en la paz de este abundante ocio.
Dame el verdadero amor al silencio, Señor. Ése que sólo viven quienes sienten respeto y amor a la palabra. Que sepa yo, sea en noche oscura, sea en la tenue claridad de las estrellas, sea en pleno día, intuir el rumor de " la fonte que mana y corre..."
Despierta en mí, Señor, la santa inquietud de que tengo que buscarte en todo momento y en cada circunstancia, de que has de ser mi único y mi TODO, de que has de bastarme... Que mi vida solo tenga cadencias de Ti, direcciones rectas hacia Ti, toda ella esté empapada de Ti...
Acucia esta hambre incontenible de tu Vida en mí y ayúdame a comprender porqué, queriéndote tanto, vivo presa de mí tantas veces...
Toma mi mano. Ayúdame a ir a Ti para que en Ti me encuentre de veras.
Haz incorruptible mi corazón para que mi mirada atraviese lo que me quiera desviar de Ti. Y lo mismo que mi instinto defiende mi vida humana, haz que lo más íntimo de mi ser se levante contra todo lo que quiera separarme de Ti.
Yo vivo en Ti, parezcas como quieras... Trátame a tu gusto..., pero no me dejes nunca en otras manos...
Enséñame a tratar contigo. Enséñame la veneración y la confianza, el arrepentimiento y el amor, la serenidad y el anhelo.
La serenidad..., esa actitud del espíritu en que la pasión cobra hondura. La pasión que abre cierto aislamiento en torno al alma.
Da serenidad a mi pasión para que sepa yo mantenerla tan al fondo, que sólo pueda llegar a ella quien de verdad me ame. Y dime, Señor, el secreto de amar mucho para que el amor no se revele sino cuando sea necesario... Amar profundamente para saber encauzarlo cuando y como Tú quieres.
No dejes mi corazón sujeto a tantas cosas, a tantos vaivenes... No dejes que fácilmente te deje escapar a mis pensamientos...
Pero a pesar de todo, Señor, y a pesar mío, yo te presiento en todo, porque en Ti encuentro la respuesta a todas mis preguntas.
Tú eres mi Dios. Santidad, pureza, bondad, rectitud, nobleza..., son nombres que te pertenecen casi exclusivamente a Ti. Enséñame a copiar tus amables y divinas facciones en mis propias entrañas... Enséñame a conocer el misterio de tu sublimidad... Que yo entienda, de una vez para siempre, que mi ser llega a su plenitud al perderse en Ti.
Dame, Dios mío, ojos capaces de ver a Jesucristo. Oídos que comprendan sus palabras... Y un corazón que sea tocado por tu Corazón y quede limpio a su contacto... Toma mi mano y ponla suavemente, confiadamente, en la tuya... Hazme sentir lo que significa CREER, entregarme a Ti y comenzar cada día la novedad sorprendente de tu voluntad en mi vida.
Y cuando note ¡házmelo notar siempre, Señor! que me enredo en el tiempo, dame la fidelidad que se obstina, a pesar de tantas experiencias torpes, y la confianza de que siempre, aunque parezca que todo falla, me das la oportunidad de volver a empezar..., y ¡ME ESPERAS!
Líbrame del pecado del orgullo. Enséñame a entender quién eres y quien soy... o, mejor, quién no soy. Dame visión clara, mente equilibrada, devoción y sabiduría. Dame fuerza para resistir al desaliento.Dame ilusión para emprender cada día la tarea de amar sin medida...Y, GRACIAS, Señor, por escucharme...
¡Buenas noches, Señor!
Por Sor Ana María Primo Yúfera, dominica contemplativa. |