SENDEROS DE ORACIÓN

¿GOZAR?, ¿SUFRIR?... ¡QUE PARADOJA!

Por Sor Mª Ángeles Calleja, dominica contemplativa

"Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeado por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear" (St 1, 2-4)

ora.jpg (16300 bytes)Desde la gran "balconada" donde el mundo dicta a placer sus reglas de juego y se regodea y reboza en ellas, estas palabras de Santiago son, con mucho, una denuncia a los presupuestos dictados por la llamada "sociedad del bienestar". Un momento, vamos a ver.

¿Cómo es posible que se me diga a mí, que goce de cuántas más contrariedades, fastidios, incomprensiones y un largo etcétera, que tenga a mi alrededor? Acaso, ¿no se trata de una provocadora invitación a zambullirme de lleno en la tan temida y aversiva cruz? ¿He de entenderlo como una broma, o más bien se trata de un mensaje lanzado por alguien que no está en su sano juicio? ¡Por cierto!, mucha tela hay que cortar en esto del "sano juicio", pero dejémoslo para otra ocasión. Sólo apuntar que es muy peligroso quedarse en el continente –lo periférico– de las personas y de las cosas... ¡Grandes sorpresas podemos llevarnos!, pues, son tantas las ocasiones en que nos movemos en los niveles de los tópicos y de los típicos, que en cuanto ahondamos un "pelín", ¡zas!, no hay contenidos, o sea, caza de aire, con la consiguiente desilusión, malestar. Hay que construir sobre roca firme, la arena es movediza y corremos el peligro de "caernos con todo el equipo". Aunque de forma sucinta, ahí queda dicho.

Retomando el tema, volvemos a cuestionar: ¿gozo en la prueba? Pero si a mí, desde el seno social, me han enseñado que para ser feliz, necesito tener, poseer y rendir culto a todo tipo de placer. Aquí hay algo que no me casa, o bien eso de estar alegres en las pruebas es, con todo, un cuento chino, o quizás he de plantearme que el cuento chino es, en el que estoy viviendo yo. En otras palabras: ¿busco y vivo en la Verdad? ¡Atención! al dato.

La pregunta que me hago no es si vivo en mi verdad –subjetividad–, o en la verdad que se me impone desde fuera (verdad social y que no siempre es veraz, pero con todo, yo la asumo, bien porque no soy consciente de su inautenticidad, bien por comodidad, bien por...). Lo que me pregunto es si vivo en la Verdad, con mayúscula. He aquí el quid de la cuestión. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6), nos dirá Jesús. Muchos siglos antes de que la Verdad se hiciera uno de nuestra raza –"La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros" (Jn 1,14)– anunció el profeta Isaías: "Lo vimos despreciado, como varón de dolores a quien se le oculta el rostro" (Is 53,3) La cruz es insoportable de ver y más de padecer con los prismáticos del mundo. Da grima. Mas, como afirmará San Pablo: "Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la locura divina es más sabia que los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que los hombres" (1Co 1, 23-25)

"La locura divina es más sabia que los hombres"..., ¿qué decir?

Necesito preguntar: Padre, no te voy a cuestionar por el para qué de la Cruz, pues se la respuesta, pero sí que te quiero consultar el por qué: ¿Por qué se te ocurrió semejante escenario? ¿No había otro proyecto mejor para que lo llevara a cabo tu Hijo y con Él todos los hombres, sus hermanos? Quiero decir, ¿más cómodo, ligero, atractivo?... "Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación" (Hb 2,10).

Con toda verdad, he de confesar que esa expresión, "juzgó conveniente", me deja fuera de juego. ¡Entiéndase!, no en el sentido de bloqueada, sin salida, desencantada... ¡todo lo contrario!, es como una inyección intravenosa de coraje, esperanza, vitaminas para el camino: "Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti" (1 Re 19,7). Porque si Tú, Padre de todo lo creado, juzgaste conveniente perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de la salvación, es decir, a Jesús, pues no se hable más. ¡Amén! ¡No hay camino mejor!

Dicho esto, ¿tengo yo parte en este asunto que llevamos entre manos?... Escribe San Pablo: "Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman: de aquellos que han sido llamados según su designio. Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos" (Ro 8, 28-29).

El subrayado nos da la clave de vida para cada uno de nosotros. Reproducir significa volver a producir, imitar, copiar. Es decir, entramos de lleno, con voz activa y voto en el Proyecto salvífico del Padre: "Sepultados con El en el Bautismo, con El también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios" (Col 2,12).

Visto el panorama que tenemos, ¿habrá que lanzarse de lleno a la caza y captura del sufrimiento, o tal vez se trate de poner en marcha el mecanismo del deseo de desearlo?... Ni lo uno ni lo otro. Es mucho más sencillo. Se trata de aceptarlo, asumirlo, acogerlo, no cerrándole la puerta de nuestro salón interior, cuando quiera entrar, o de hecho ya está dentro, pero nos rebelamos torpemente de esta nuestra realidad, siendo motivo de que no le podamos dar una respuesta plausible y oportuna: "No seáis como caballos y mulos, cuyo brío hay que domar con freno y brida, si no, no puedes acercarte" (Sal 31,9)

El sufrimiento "bien llevado" es un gran pedagogo, una gran escuela de madurez humana: "Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus justos mandamientos" (Sal 118,72) Al respecto, dirá el Hermano Rafael: "Si el mundo supiera cuánto se aprende a los pies de la Cruz... Yo no sé nada, o por lo menos, muy poquitas cosas; pero es ahí donde las he aprendido".

En la misma línea se expresa Pedro en su Primera Carta: "Rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas, a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado al fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo" (1P 1,6-7)

Al respecto, es machacona la Palabra de Dios, incluso podríamos afirmar que es provocadora a nuestra naturaleza cómoda, la cual, echa pestes y huye a toda prisa de todo aquello que represente malestar, que comporte dolor y esto es así porque "cierto que ninguna corrección es de momento agradable, sino penosa; pero luego produce fruto apetecible de justicia a los ejercitados en ella. Por tanto, levantad las manos caídas y las rodillas entumecidas, y enderezad para vuestros pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se descoyunte, sino más bien se cure" (Hb 12,11-13).

¡Cuidado! con pasar de puntillas este último texto, con el pretexto de que eso de las rodillas entumecidas no va con uno, por aquello que no tiene descalcificación, ni artritis, ni reuma y un sin fin de dolencias asociadas al cuadro presentado; porque todos –no nos traigamos a engaño–, en menor o mayor medida, la vida la andamos renqueando, es decir, con movimientos torpes, pesados, por no patear los caminos idóneos, sino los complicados y tortuosos. ¿Será éste uno de los motivos de que desde hace algunos años, haya habido un incremento en los gabinetes sicológicos?

En conjunto, no nos debe asustar ni entristecer esta sensible repugnancia al sufrimiento, que como bien apunta la carta a los Hebreos es per se desagradable y penosa. Mas hace una matización muy importante y que nos puede dar luz y abrir una ventana al Norte: la corrección es desagradable al principio. Y ocurre aquí como en todo. Lo que al principio cobra altos tributos, se torna con el tiempo en algo más llevadero y fácil, por la ejercitación a que nos somete: "No se debería evitar el bloqueo. Es el predecesor psíquico de toda comprensión real. Una aceptación objetiva del bloqueo es la clave para la comprensión de toda cualidad en todo esfuerzo" (Pirsig)

Visto como está el patio, ¿qué hacer?... Cabe enarbolar el estandarte de la esperanza, virtud a desarrollar en todo hombre, máxime el cristiano, cuya vida ha de estar orientada a "tener fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia, y está sentado a la diestra del trono de Dios. Fijaos en aquel que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcáis faltos de ánimo" (Hb 12,2-3). Luchar contra ese desfallecimiento que, como inquilino molesto, pueda instalarse como tónica en nuestra vida, pudiendo ocurrir que nos sitúe en un laberinto, si no le damos una respuesta correcta.

Llegados a este punto, me siento en la necesidad de reformular la pregunta que fue lanzada al principio: Padre, no te voy a cuestionar por el para qué de la Cruz, pues se la respuesta, pero sí que te quiero consultar el por qué. ¿Por qué se te ocurrió semejante escenario? ¿No había otro proyecto mejor para que lo llevara a cabo tu Hijo y con Él todos los hombres, sus hermanos? Quiero decir, ¿más cómodo, ligero, atractivo?

"Dejar obrar a Dios es, precisamente, no hacer nada en contra de lo que existe, no atentar nada contra la existencia, sino aceptar todo el misterio, con amor y piedad, tal como se nos ofrece, en paciencia y respeto. Porque la existencia es un gran misterio. ¿Por qué todas estas estrellas? ¿Por qué en medio del cielo ese río inmenso de estrellas que nadie ha podido contar jamás? ¿Y por qué estamos en este barco? ¿Para qué este mundo? Todo es misterio. Pero podemos decir sí a todo esto y aceptar crecer junto a todo. Y no solo al lado, o enfrente, sino unidos, formando un todo armónico, como miembros de un mismo cuerpo" (Eloy Leclerc)

"No hacer nada en contra de lo que existe, no atentar nada contra la existencia, sino aceptar todo el misterio, con amor y piedad, tal como se nos ofrece, en paciencia y respeto. Porque la existencia es un gran misterio". Acaso, ¿no fue ésta la actitud del Señor, durante toda su vida en la Tierra? "Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna" (Hb 5,7-9).

Posiblemente, y con toda legitimidad, balbuceemos posibles respuestas a ese "¿por qué?" Algunas serán acertadas; otras, en cambio, erradas. Mas lo que sí podemos argumentar es que el sufrimiento puede venir desde dos vertientes distintas, pero que a su vez, se complementan:

1. Desde uno mismo. Lo llamaríamos sufrimiento endógeno.

2. Impuesto desde el exterior al sujeto. Lo llamaríamos sufrimiento exógeno.

Una cosa es evidente: venga de donde venga el sufrimiento, se le puede dar una respuesta cargada de esperanza: "Así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó él (Jesús) de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida, sometidos a esclavitud" (Hb 2, 14-15). La respuesta es de Jesús, el Cristo, el cual nos dijo: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20); y es esta palabra, la que nos confirma en nuestro esfuerzo por caminar en clave de vida (libertad), en contraposición a una clave de muerte (el miedo a la muerte, no sólo física, sino de cualquier tipo, somete al hombre a esclavitud). Hecha esta pequeña precisión, podríamos entrar a trapo y preguntarnos con toda verdad:

· ¿Cuál o cuáles son las fuentes de mis sufrimientos?

· ¿Qué es aquello que me esclaviza y que no deja mi corazón –lo más íntimo a mí mism@– en entera libertad, tal como Dios lo pensó y creó?

Vamos a intentar lidiar la corrida que se nos presenta, desde la plaza, sin barreras ni parapetos, con un cartel muy sugerente, pero desde un realismo atronador, sabiendo que alguna que otra asta se nos va a clavar en lo hondo de eso que llamamos el ego. Lo dicho, para avanzar en la cartelera que se nos propone, es, desde la plaza, como mejor veremos nuestros toros. Podemos comenzar por :

Afán de poder

"Jesús los llamó a los discípulos y les dijo: "Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20,25-28)

Envidia

¡Cuán corrosiva y destructiva es! Los Sabios del A.T. escribe: "envidia y malhumor acortan los días" (Si 30,24). "He visto que todo afán y todo éxito en una obra excita la envidia de unos hacia otros. También esto es vanidad y atrapar vientos" (Qo 4,4). "La muerte entró en el mundo por envidia del diablo, y la experimentan sus secuaces" (Sb 2,24).

Y en el N.T.: "Cada fiesta Pilato les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato. Subió la gente y se puso a pedir lo que les solía conceder. Pilato les contestó: "¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? –pues se daba cuenta de que los sumos sacerdotes le habían entregado por envidia–" (Mc 15, 6-10). Y Santiago: "Si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad" (St 3, 14-16)

Búsqueda de honores

"Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo Jesús una parábola: Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: Deja el sitio a éste, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado" (Lc 14, 7-11)

Orgullo

"¿Quién es el que te distingue? ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?" (1 Co 4,7)

Sentirse superior

A algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador! Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado" (Lc 18, 9-14).

No compartir lo que somos y tenemos

"Que cada cual con el don recibido, se ponga al servicio de los demás" (1 P 4,10). "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con obras y según la verdad" (1 Jn 3, 17-18).

No conjugar la vida en clave de HOY

"Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal" (Mt 6, 25-34).

Amar al prójimo/ Amarse así mismo

"Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, ¡mirad no vayáis a destruiros mutuamente!" (Ga 5, 14-15).

Alejar la tristeza

"No te abandones a la tristeza ni te atormentes con tus pensamientos. La alegría de corazón es vida para el hombre, y la felicidad le alarga los días. Distrae tu alma y consuela tu corazón, aparta de ti la tristeza, pues la tristeza ha perdido a muchos, de ella no se saca ningún provecho. Envidia y malhumor acortan los días, las preocupaciones producen vejez prematura" (Si 30, 21-24)

Presumir de ser sabio

"¿Hasta cuándo, inexpertos, amaréis la inexperiencia y vosotros, arrogantes, disfrutaréis con la arrogancia, y vosotros, necios, odiaréis el saber?" (Pr 1,22). "El hijo sabio acepta la corrección paterna, el arrogante no hace caso a reprimendas" (Pr 13,1)

Avaricia

"Yahvé dijo a Moisés: «Mira, haré llover pan del cielo para vosotros; el pueblo saldrá cada día a recoger la ración cotidiana; así lo pondré a prueba, a ver si sigue mi ley o no (...) Moisés les dijo: «Que nadie guarde nada para mañana.» Mas no obedecieron a Moisés, y algunos guardaron algo para el día siguiente; pero se llenó de gusanos y se pudrió; y Moisés se irritó contra ellos" (Ex 16, 4.19-20).

Calumnias

"Al que difama a su prójimo en secreto, a ése lo aniquilaré; ojo altanero y corazón hinchado no los soportaré" (Sal 101,5). "Guarda del mal tu lengua, tus labios de la mentira; huye del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella" (Sal 33, 14-15).

Vivir en la mentira

Puede ser consecuencia de varias situaciones: 1.- Vivir en la mentira porque no se conoce la verdad: "Cultivasteis maldad, cosecháis iniquidad, coméis fruto de mentira"(Os 10,13). "No seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error" (Ef 4, 14). 2.- Vivir en la mentira, porque aunque se conoce la verdad, resulta más cómoda la primera opción: "Se aferran a la mentira rehúsan convertirse" (Jr 8,5).3.- Vivir en la mentira, porque un@ vive en "su verdad", aunque la identifican con la verdad: "Y me dijo Yahvé: «Mentira profetizan esos profetas en mi nombre. Yo no los he enviado ni dado instrucciones, ni les he hablado" (Jr 14,14). "Si alguno se cree religioso, pero no pone freno a su lengua, sino que engaña a su propio corazón, su religión es vana" (St 1,26)

*******

¿Qué tal? ¿Ha habido embestidas? Si así ha sido... buena señal. La esperanza nos tendrá alegres en medio de éstas y otras contrariedades y hará que con trabajo y tesón, alcemos nuestras manos, a veces caídas por el desaliento; hará que se robustezcan nuestras rodillas entumecidas por la vida fácil y cómoda, que lejos de proporcionarnos felicidad, nos sumerge en la vaciedad y el hastío. Es cuestión de enderezar nuestros caminos tortuosos, para que así no nos hagamos daño, al querer transitar lo que de por sí es intransitable y dañino –de ahí el dolor–. Y esto, no se va a realizar por arte de magia, sin un ápice de entrenamiento y, por ello, de fatiga. Todo lo que vale, cuesta y aquí también hay coste, pero la recompensa es hartamente sustanciosa: "Si os mantenéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8, 31-32).¿Por qué Padre?... "Lo juzgó conveniente".

Pues, eso... "Apechugar" con nuestra cruz cotidiana, la del día, sin hacer literatura ni llevarla a la imprenta, desde la Verdad, porque: "Nosotros hemos de gloriarnos sino en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo: en Él está nuestra salvación, vida y resurrección. Él nos ha salvado y libertado" (Ga 6,14).