SENDEROS DE ORACIÓN

¡AL ASFALTO!... ¿DE QUÉ?

"El rey Antíoco, en su recorrido por la región alta, tuvo noticia de que había una ciudad en Persia, famosa por sus riquezas, su plata y su oro... Allá se fue con intención de tomar la ciudad y entrar a saco en ella. Pero no lo consiguió... Todavía se hallaba en Persia, cuando llegó un mensajero anunciándole la derrota de las tropas enviadas a la tierra de Judá... Ante tales noticias, quedó el rey consternado, presa de intensa agitación y cayó en cama enfermo de pesadumbre por no haberle salido las cosas como él quisiera. Muchos días permaneció allí, renovándosele sin cesar la profunda tristeza, hasta que sintió que se iba a morir. Hizo venir entonces a todos sus amigos y les dijo: "Huye el sueño de mis ojos y mi corazón desfallece de ansiedad. Me decía a mí mismo: ¿Por qué he llegado a este extremo de aflicción y me encuentro en tan gran tribulación, siendo así que he sido bueno y amado en mi gobierno? Pero ahora caigo en cuenta de los males que hice a Jerusalén, cuando me llevé los objetos de plata y oro que en ella había y envié gente para exterminar sin motivo a los habitantes de Judá. Reconozco que por esta causa me han sobrevenido los males presentes y muero de inmensa pesadumbre en tierra extraña" (1 Mac 6, 1.3.5.8-13)El rey Antíoco "recibía el epíteto real de epífanes (que se manifiesta con esplendor) denotando con ello la pretensión del rey de ser la manifestación terrestre de Zeus".Desde ya, sería interesante plantearnos con toda la verdad -que aguante nuestro cuerpo- la siguiente pregunta: Mi corazón, ¿es recinto donde se gestan y asientan posturas antiocanas?... Y en el caso de dar una respuesta positiva: ¿Hasta que punto soy consciente de éstas?...También pudiera ocurrir, que nunca hasta ahora te habías parado a pensarlo. Si es así, buen momento es éste, para dar cauce a la meditación. Sea lo que sea, una cosa es obvia: actuar contra natura desencadena estados de agitación y ansiedad: "Huye el sueño de mis ojos y mi corazón desfallece de ansiedad".Insistimos: nos encontramos en momento favorable. Como siempre, dos alternativas se le presentan al hombre y hay que elegir:1. La criatura muerde el polvo (cae al suelo por el peso del infortunio) y con ello reconoce su ser contingente, finito, siendo derribada ante sus ojos la proyección endiosada que se había hecho de sí misma. Visiona su mal hacer, dando por ello un paso sobre el hecho de justificar sus malas conductas. Esto lo vemos muy claro en el texto que nos ocupa: Antíoco se cuestiona el por qué de su malestar, no lo entiende, siendo que su gestión para con su pueblo había sido buena. Mas, he aquí que llega un momento -como nos suele pasar a todos- que se deja de romanticismos y es entonces cuando reconoce las injusticias y abominaciones cometidas contra los hombres.2. Frente a la mala actuación se ofrece una justificación, siendo ésta, congelador para la posibilidad de crecer en la verdad, de trabajar las zonas erróneas de nuestra conducta y con ello, bloquea la manifestación de la verdadera criatura que toda persona lleva en lo más íntimo a ella.El esquema se repite siempre: así somos de originales. La persona ante la zozobra que vive, se cuestiona el por qué de su sufrimiento y es posible que recurra a tiempos pasados, siendo éstos, resortes de autocompasión. Así, dice el rey Antíoco: "Yo que era feliz y querido cuando era poderoso"... ¿Has experimentado esta vivencia en alguna etapa de tu vida, o quizás todavía no la has vivido pero la quisieras experimentar? ¿Acaso no te has sentido feliz cuando has sido valorado por tu familia, amigos, en el trabajo, por tu pareja y un largo etcétera?... Y, cuando como dice el refranero popular, se le ha dado "la vuelta a la tortilla" en lo tocante a la estimación de los demás para contigo, ¿qué te ha pasado?, ¿cómo te has sentido? Realmente, hay que tener mucho dominio sobre "la tierra de uno", porque de lo contrario y ante tales situaciones, lo más normal es que dejemos entrada libre para que otros señoreen nuestra vida y con ello, ser "carne de cañón" para los flujos y reflujos anímicos.No obstante, estamos reflexionando en torno a la prepotencia que puede, o de hecho, genera nuestro corazón y que lejos de lo que muchos podrían pensar, no constituye el eje fundamental en el que nos debamos parar. El quid de la cuestión se centra en el siguiente planteamiento: ¿Soy consciente de mi prepotencia?... De serlo, ¿quiero buscar una respuesta de sanación a ésta? He aquí el punto crucial.Antíoco hizo un buen camino de discernimiento, mas ocurrió que en el momento nuclear, se dejó vencer por una culpa condenatoria: "Muero de inmensa pesadumbre en tierra extraña" (v.13)¿Y tú? ¿Dejas que la culpa te aplaste, que el desánimo -ante tu realidad- se siente en el mejor sillón de tu vida, pensando que todo es inútil, que no tienes remedio? ¡Lejos de ti semejante actitud!

Echemos a cuenta de culpa liberadora, esa que viendo nuestra realidad tal cual es, nos permite que la pesadumbre se torne en alegría y que en nuestro cada hoy, vayamos ganando terreno en aquello de señorear nuestra tierra, o sea, nuestro mundo interior.