SENDEROS DE ORACIÓN

PRESENTACIÓN

 Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: ¡Señor, enséñanos a orar! (Lc 11,1)

¿Cabría comenzar preguntando el por qué de la petición de este discípulo? Cabría, desde luego. Cuando alguien pide ser enseñado en algo por alguien, es obvio que éste reconoce que no sabe de aquello en lo que pide ser instruido; o bien, se da cuenta, que sabiendo algo sobre lo que se trata, necesita seguir aprendiendo. En definitiva, es situarse ante la realidad de uno mismo.

Durante algún tiempo, y si Dios no lo remedia, voy a compartir con vosotros, alguna que otra meditación acerca de lo contemplado (mirado, considerado) a la luz del ÚNICO MAESTRO: "Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar Rabbí, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos... Uno sólo es vuestro Instructor: el Cristo" (Mt 23, 8.10).

Este mirar, considerar, es lo que se suele denominar ORACIÓN CONTEMPLATIVA, que en definitiva, no es otra cosa que "Contemplar y dar a los demás lo contemplado" (Santo Tomás de Aquino). Es por ello, que haciendo gala al título que encabeza esta presentación, desde ya no nos vamos a traer a engaño, pensando que a lo largo de estos días, vamos a ofrecer una serie de métodos, técnicas, fórmulas o modos de cómo "hacer oración" o cómo "hacer mejor la oración", porque entre otras cosas, la oración no se hace, como si se tratase de una construcción –del tipo que sea– o de una receta gastronómica .

Decía Santa Teresa de Jesús que la oración es "tratar de amistad con Aquel que sabemos que nos ama", actuando en lo más íntimo del hombre y transformándolo, haciendo que aflore lo que verdaderamente es: un ser humano: "Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo" (2 Co 5,17).

Todos los temas que vamos a tratar, en menor o mayor medida, salpican nuestro vivir de cada día. Todo depende –como siempre– de la respuesta que demos desde la oración a cuestiones tan vitales como son: la verdad, felicidad, libertad, autoestima, sufrimiento, prepotencia, responsabilidad para con el hermano...

Mi deseo es conjugar la vida en Presente, lo cual, implica dinamismo, respuesta de camino, lejos de posturas estáticas, perfectas y por ello, acabadas. Este planteamiento de vida nos conduce a lo que en su día, Pedro Casaldáliga formuló de forma tan concisa como hermosa: "Relativizar lo relativo y absolutizar al Absoluto"

Así pues, con "zapatillas de andar por casa", es decir, sin pretensiones de altos vuelos discursivos, pero sí con honradez y veracidad para con uno mismo –lo cual es equivalente a "comprar" la entrada para padecer ciertas incomodidades, pues con bastante inmediatez vamos a ser desinstalados de nuestros apoltronamientos en las formas, estilos, hábitos de vida–, vamos a dejar que Jesús nos interpele, nos ponga en la "picota" de lo que no es de justicia ni de "recibo" para con uno mismo ni para con el otro, porque no lo es para con Nuestro Dios. De ahí, que en la mayoría de las ocasiones, no nos encajen las piezas de nuestro puzzle, porque están los elementos "fuera de madre".

Llegados a este punto, varias cuestiones de fondo merodean en el ambiente:

· Oración... ¿Qué significa para mí?...

· ¿Creo que sé orar?...

· Si es así: ¿cuáles son los indicativos para afirmarlo?...

· ¿Pienso que no sé orar?...

· ¿En qué me baso para hacer semejante "confesión"?...

Apuntaría una más, considerando que es la cuestión clave a plantearnos: ¿Me identifico con el discípulo que directamente le dice a Jesús: "Señor, enséñanos a orar"?Si el deseo de ser enseñados por el Maestro no es nuestro punto de partida, de camino, de llegada... todo será en vano. Nos pasará como a los turistas de la parábola de la vida, contada por Toni de Mello. Dice así:

"Un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración... Y así siguen hasta el final del viaje".

Lo dicho: no es cuestión de grandes discursos: "Y, al orar, no charléis mucho (...) porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo" (Mt 6, 7-8); tampoco es cuestión de "hacer", sino más bien de "dejarse hacer" –lo cual, ya es mucho hacer por nuestra parte–, pues sólo así llegaremos a ser lo que cada uno está llamado a ser: "Los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Jn 4, 23). Y ¿cómo será esto, si me entreno más en el "hacer" que en el "dejarme hacer"?... Jesús nos responde: "Si os mantenéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" ( Jn 8, 31-32).Así pues, dejemos que nos descorran las cortinas de nuestro autobús interior. Se trata de escuchar, que no es lo mismo que oír. La escucha implica aplicar el oído a aquello que se me dice, es decir, atender –ser un receptor activo–, mientras que en el oír, se da una actitud pasiva por mi parte.¿A qué hora nos citamos?... Cualquier hora del día es buena para aprender a "volar". En nuestro cada hoy, todo se centra en el deseo permanente de querer crecer en lo que cada uno de nosotros estamos llamados a ser. ¿Cómo?... Deja que te cuenten la verdad. ¿Quién?... El que es la Verdad: JESUCRISTO.

Por hoy, te dejo con un pensamiento de Thomas Merton, palabras que supuestamente dijo cuando fue interrogado por la Gestapo: "Si quieres saber quién soy, no me preguntes dónde vivo, o lo que me gusta comer o cómo me peino, pregúntame más bien por lo que vivo, detalladamente, y pregúntame si lo que pienso es dedicarme a vivir plenamente aquello para lo que quiero vivir".