NIVELES DE LENGUAJES

DE LA SEXUALIDAD CRISTIANA

Por Cosme Puerto Pascual, o.p. (sexólogo)

 

 

INTRODUCCIÓN

El nuevo sexo débil

En la nueva sociedad y cultura sexual es evidente que el calificativo de sexo fuerte aplicado al hombre esta dejando de tener sentido, excepto en lo relativo a la fuerza muscular y en la agresividad de género. Poco a poco las vivencias y experiencias sexuales le van indicando al varón que los demás aspectos de nuestras capacidades, y en especial la sexualidad no genital, son semejantes. Y respecto a la sexualidad que más necesitamos para entendernos los sexos, la relación afectivo-sexual, está claro que las diferencias que puedan existir no son de género sino individuales. Tampoco está de más recordarle al hombre machista y sexista que la tan careada necesidad y mayor frecuencia de la sexualidad genital, la mujer activa la está poniendo en una dura crisis de difícil solución si no cambia la manera de pensar de varones y hembras. La mujer moderna que ha superado la pasividad genital en que era educada, se lo pone muy difícil al hombre en cuanto a actividad genital y sexual.

No es positivo para él, y menos para entenderse hoy con la mujer, el seguir considerándose el sexo fuerte, ya que esa creencia sólo sirve para acentuar la inseguridad y los problemas relacionales y sexuales del hombre contemporáneo. El modelo genital del pasado está en derribo y no es bueno para el hombre inteligente y sexual el seguir manteniendo el calificativo de sexo fuerte aplicado a sus necesidades sexuales.

La mujer, el sexo fuerte

En mis años jóvenes un jesuita muy famoso por sus libros y charlas a los jóvenes del nacional catolicismo nos sorprendió con una obra titulada: "Un sexo llamado débil". El cine español de esa misma época puso de moda entre los españoles que deseábamos superar algunas de las enseñanzas sexuales de tan desdichada etapa la frase: "No hay mujeres frías sino hombres inexpertos". Frase que sigue circulando en la actualidad con idéntica vigencia y que presume de haber optado por una actitud científica y sexológica.

La diferencia entre el pasado y la actualidad es que antes se la tomaba como un comentario de chascarrillo y hoy evidencia una doliente realidad: la creciente realidad de muchos varones para satisfacer sexualmente al otro miembro de su pareja. Desde que la obra el "Vínculo del placer" de Masters y Johnson nos aportara el dato científico del cuerpo de la mujer con capacidad multiorgásmica, el hombre actual no levanta cabeza como sexo fuerte y ni la ayuda de la Viagra mejora su fama en cuanto buen amante de la mujer.

Y, en este sentido, las tornas se cambian y la categorización sexual de la mujer como sexo fuerte no es más que la constatación social del fenómeno generalizado del cruce de apetencias que se está produciendo desde que la mujer ha conquistado su libertad sexual. Libertad lograda y conseguida por la mujer moderna no sin la cruel y dura guerra de los sexos que están sembrando los noticiarios de los medios de comunicación de muertes diarias. Libertad sexual conseguida por mujeres fortalecidas en constante esfuerzo y tan dura guerra, para que los integrismos y fundamentalismos religiosos la quieran parar echando de nuevo la culpa a la sierva del hombre, que necesita y busca la libertad para superar una esclavitud de siglos.

Hace medio siglo, cuando la mujer estaba al servicio del placer del pene, del hombre machista y sexista, era difícil que el hombre religioso se sintiera incompetente, pero desde entonces, debido a la igualación de roles sociales y, sobre todo, gracias a la libertad que puso en sus manos la revolución sexual con los anticonceptivos hormonales para disociar amor y reproducción, las mujeres han ido desarrollando su capacidad de disfrute y gozo sexual, hasta irse convirtiendo en el sexo fuerte actual.

¿Qué le impide al hombre aceptar la verdad?

Jesús nos indica que sólo la verdad es fuente de libertad. Todavía hoy en el campo sexual siguen vigentes muchas creencias erróneas en el campo de la sexualidad a pesar del estudio científico del sexo y de la sexualidad. Los hombres de hoy en su inmensa mayoría siguen pensando y sintiendo que no necesitan educación sexual. Que la educación sexual es cosa de niños y no de mayores. Que ellos lo saben todo en este campo y que son un manantial de sabiduría y experiencia. Pocos mitos hacen tanto daño al "sexo fuerte", tal vez porque es la mejor tapadera que impide que salga a la luz su debilidad.

Son muchas las falsas creencias erróneas que siguen vigentes sobre la sexualidad masculina y femenina. Sin embargo la mayoría de ellas no tienen más base que la otorgada por la tradición y la lectura machista que por falta de educación de los hombres siguen haciendo de la sexualidad en clave machista y sexista. Cierto que hombres y mujeres tenemos características que nos hacen distintos en una serie de aspectos sexuales, pero somos más semejantes en nuestras necesidades que diferentes. La educación que creemos no necesitar y que no acudimos a ella para encontrar soluciones positivas, nos enseña y quiere que entendamos que debemos utilizar esas diferencias para compenetrarnos y complementarnos, en lugar de utilizarlas para enfrentarnos los sexos y declararnos la guerra.

La crisis de la cultura genital falocrática

La firma de la paz, que exige el amor o la continuación de la guerra falocrática de los sexos, la tienen el hombre y la mujer perdida. La continuación de la guerra son la muerte y en especial de las mujeres. Pero muertes que matan como decía Jesús sus cuerpos, pero que pueden matar sus almas, sus ideas, la necesidad de su verdadera vida sexual, que una vez encontrada les impulsa a morir por lograrla.

El proceso de la evolución sexual femenina durante los últimos sesenta años últimos ha pasado de la vagina-madre subordinada al varón y con una sexualidad orientada a la procreación, a la vagina-persona que decide autónomamente la maternidad y disfruta del amor sexual libremente. Si el pene circuncidado de Jesús presume de algo es de esterilidad genital para lograr la fecundidad afectivo-sexual que exigía la construcción del Reino de Dios. Relaciones afectivo-sexuales inclusivas, no exclusivas como las de pareja, para optar por la manera de vivir la sexualidad, que más necesitaba el Reino de Dios. Ha sido William Reich, a pesar de ser ateo, el que se arriesgó a decir que Jesús ha sido la persona de Occidente con una sexualidad más rica y equilibrada.

El hombre debe ser consciente de sus limitaciones y aceptar que, mientras él pierde facultades genitales, la mujer las está ganando. Ya sé que esto echa por tierra las bases sobre las que se asienta la cultura falocrática, pero es una evidencia científica incontestable y, como tal, no queda más remedio que aceptarla y aprender a llevarla bien. La gran diferencia entre la maduración masculina y femenina es que mientras las mujeres a los cuarenta años alcanzan el cenit, los hombres hace ya veinte que están perdiendo vigor.

Los hombres deben ser conscientes de que un modelo genital y su estancamiento en él se convierte en su gran problema. En la práctica sucede y ocurre que una pareja con quince o veinte años de convivencia genital puede pasar, desde el punto de vista de la apetencia genital, de una primera fase, en la que el hombre se queja de la poca disposición de la mujer ante su deseo de lenguaje genital, a otra en la que es la mujer la que se lamenta de la poco apetencia del lenguaje genital y sexual del hombre.

La guerra del pene el hombre la tiene perdida.

En la guerra actual de las mujeres contra el pene, como propone una obra de teatro de actualidad: "diálogo entre vaginas". Donde las vaginas se quejan amargamente de ser esclavas de lo que quiera hacer con ellas un pene incontrolado debe ser tenida en cuenta por el hombre. El pene en nuestra cultura deja de ser la única forma de poder, de placer, de encuentro, de comunicación y de expresión afectiva... El hombre no debe olvidar el hecho de que la conducta se adquiere y ello no se opone a que tenga un carácter espontáneo y a veces irresistible. Pero que la lucha de los géneros le exige volver a aprender otras formas de comunicarse o expresarse con él. Hoy para comunicarse y relacionarse con una mujer sexuada en igualdad debe hacer grandes cambios y por tanto nuevos aprendizajes para corregir lo anterior.

Una vez adquirida o aprendida un tipo de respuesta sexual se arraiga profundamente y se manifiesta como si emanara de lo más íntimo de la persona sexuada. No por aprendido es superficial, fácilmente controlable o modificable a voluntad. Las frecuentísimas estimulaciones del pene en el hombre son simplemente el resultado del hecho de que cualquier varón, si no ha sido condicionado por una estimulación dada y recibida, es capaz de excitarse ante cualquier estímulo adecuado, incluyendo los estímulos autoeróticos. Es decir, son conductas normales. Aunque socialmente no aprobadas.

La mujer debe entender al hombre actual con el que comparte su vida en pareja, que casi siempre reaccione de una forma coitocéntrica. Ya que una vez adquirida o aprendida la respuesta erótica de esa forma, por condicionamiento u otro proceso de aprendizaje se convierte en una conducta irresistible y espontánea.

Una de las preocupaciones más frecuentes e importantes para el hombre en la actualidad se refiere a la corrección del mito peneano. Los hombres de hoy debemos tener en cuenta la necesidad de cambio y de un nuevo aprendizaje para firmar la paz de los sexos. Las mujeres deben tomar conciencia del hecho de que casi todos los hombres, al menos en nuestra cultura, son peneanos. Todos los hombres sienten esta necesidad porque las aprenden como naturales y espontáneas.

1. APRENDIZAJES DEL "ARTE DE AMAR" PARA SER BUENOS AMANTES SEXUALES

El lenguaje sexual que necesitamos y entendemos casi todos

En nuestra cultura, el amor es el estímulo que usan la mayoría de las mujeres para que su relación sexual sea gozosa y realizadora. El amor es causa y efecto de la relación sexual cuando se logra la armonía sexual y la satisfacción de ambos. A su vez un lenguaje sexual no satisfactorio para una de las partes o para ambos sujetos destruye el lazo de atracción, de unión o al menos da a la actividad sexual un significado muy diferente para el sujeto insatisfecho.

Una relación afectivo-sexual donde un gran deseo se encuentra frecuentemente con un obstáculo para su satisfacción es una relación que produce vacío, hastío, odio y desamor hacia el causante de la frustración. De ahí la necesidad e importancia de que la relación afectivo-sexual sea plenamente satisfactoria para ambos participantes y no solamente para uno de ellos. Una buena relación afectivo-sexual tiene como resultado el avivar la necesidad de una nueva fusión personal y el amor entre ellos. De aquí la importancia de saber expresar, vivir y sentir una buena relación amorosa, pues como resultado de ella cada uno de los amantes se sienten amados, deseados, apoyados y satisfechos.

Como fruto más deseado de esa fusión afectivo sexual es que vuelva a llevarse a cabo porque hace muy felices a ambos. Se afianzan en la unión, se fortalecen afectivamente para superar las dificultades que vayan surgiendo y se liman las asperezas que en toda pareja existen. No es lo mismo compartir los goces y problemas entre dos personas indiferentes o mutuamente frustrantes, que entre dos compañeros que mutuamente se aman en la satisfacción y se satisfacen en el amor y en su expresión genital.

En la satisfacción de la relación afectivo-sexual es esencial; si uno de los amantes falla en el logro de una relación gozosa por falta de conocimientos adecuados para realizarla, puede destruir la unión. La mujer puede destruirla por excesivo pudor, por vergüenza, por inhibiciones, miedos, ideas falsas respecto de la sexualidad, desilusionando al hombre, frustrándolo o limitando su propio gozo. La mujer en nuestra sociedad, no logra muchas veces el placer debido a los prejuicios psico-sociales que la inhiben y por la misma razón impide la plena satisfacción del varón. El hombre que no contiene sus exigencias genitales, que no espera a que su mujer esté preparada para el acto coital, a que esté excitada, sino que quiere hacer de una vez el acto para satisfacerse genitalmente, puede dar a la mujer la impresión de que la está tratando de una manera brutal o que está usando la vagina para masturbase él.

La necesidad de una buena relación afectivo-sexual

Una positiva y sana relación afectivo sexual es la que produce la máxima satisfacción en todos los aspectos del lenguaje sexual y un acrecentamiento o mantenimiento de la afectividad mutua. Es aquélla en la que cada uno se entrega sin egoísmo, en la que cada uno se satisface a sí mismo, al mismo tiempo que satisface enteramente al otro. No existe integración armónica entre dos personas en su respuesta sexual, cuando el hombre o la mujer sienten frustrados sus apetencias y deseos por la frialdad sexual, la rigidez o la falta de flexibilidad y adaptación para una buena relación de parte del otro. Armonía sexual es acoplamiento, satisfacción, complementación mutua y donde cada uno da y recibe del otro lo que demanda y necesita en reciprocidad afectiva.

En nuestra cultura, el hombre es muy posesivo y agresivo y frecuentemente quiere el coito de inmediato. Desatendiendo las diferencias de la sexualidad femenina, se comporta, en muchos casos, de tal modo que prácticamente comete actos de violación. El coito y el pene se convierten para él en casi la única forma de vivir y gozar de la sexualidad en la pareja. Siempre que toca o acaricia a una mujer suele ser para terminar en lo genital. Esta manera sexual de ser del hombre, va creando en la mujer una defensa cada vez más profunda y clara para evitar que se acerque a ella. Sintiendo una necesidad muy grande de ese contacto para sentirse amada y dichosa, pero que si no lo niega a pesar de necesitarlo, sólo termina en pene y coito.

Afortunadamente, un número de hombres cada vez mayor abandona este paradigma sexual y abren su sexualidad a un dialogo reciproco de hombres y mujeres donde cada uno dé y reciba lo que busca y necesita del otro. La pareja sexual debe crear las condiciones para lograr esta armonía afectivo-sexual, para que ambos lleguen a encontrar lo que realmente puedan sentir teniendo en cuenta sus peculiaridades. También debemos tener en cuenta que algunas mujeres, cada vez en número mayor, han aprendido a reaccionar sensorial y sexualmente desde el principio. Por eso entre los miembros de la pareja debe haber comunicación para aprender las peculiaridades de la sexualidad de cada uno. Para que las relaciones afectivo-sexuales sean apropiadas y obtengan la máxima armonía en cuanto a la satisfacción, actuando con plena libertad y desembarazándose de actitudes negativas o peyorativas acerca del juego amoroso.

En las sanas, positivas, realizadoras y gozosas relaciones afectivo-sexuales son fundamentales, el como se viven las primeras veces y la primera vez es de capital importancia, puede que la pareja viva unida muchos años y que tenga muchos hijos, pero en la primera relación afectivo-genital puede terminarse el matrimonio, como institución basada en la unión psico-afectiva, si el hombre se comporta de una manera brutal, de una manera que desconoce el condicionamiento de la sexualidad femenina en para la mujer, una relación de dolor, de angustia, pues si ella se siente tratada de una manera brutal, puede desarrollar perturbaciones emotivo-sexuales y acabar así de una vez con la armonía sexual. Es importantísimo que en la primera relación haya consideraciones especiales, porque la mayoría de los casos los dos están con miedo, son inexpertos, están ansiosos, etc.

La mayoría de las mujeres dependen más de la seducción, estimulación afectiva. También aman y dependen de lo táctil, pero varían mucho más que los hombres en el tipo de estímulos táctiles o en las partes del cuerpo en las que prefieren ser estimuladas. Es necesario e importantísimo que las primeras relaciones no sean de tipo táctil genital, sino éstas se den después de otros estímulos predominantemente afectivos y táctiles en otras partes del cuerpo, dado su signo sexual amoroso en nuestra cultura. El juego afectivo-sexual debe progresar de lo afectivo a lo sensorial y finalmente a lo genital y que el hombre no olvide que no siempre debe terminar el guión en pene y coito.

¿Puede limitarse el lenguaje sexual al coito?

El guión afectivo-sexual cultural suele incluir modelos, papeles o roles de comportamiento que no necesariamente cuadran en las relaciones sexuales más deseadas y buscadas por las mujeres actuales. Cada una de las personas sexuadas tiene capacidades, necesidades y estilos de vida sexual diferentes. El hecho de que hayamos aprendido e interiorizado el guión sexual cultural hace que presentemos resistencia a nuevas ideas, a explorar nuestro propio modelo de sexualidad corporal entre las muchísimas posibles, es necesario explorar nuestro cuerpo para aprender cuáles son sus posibilidades sensoriales y, además, para aprender a darnos gozos fuera de los guiones rígidos y orientados hacia metas como la penetración y el coito.

Lo más importante para las relaciones afectivo-sexuales gozosas y constructivas es la actitud de comunicación y la necesidad de explorarse dedicándose mucho tiempo entre el hombre y la mujer. Limitar el leguaje sexual al coito y penetración es caminar a marcha forzada hacia la rutina y la falta de placer en la mujer. El hombre lo suele buscar como meta imprescindible, pero debe entender las necesidades y exigencias del cuerpo de la mujer, que dice a voces que una sexualidad no puede limitarse al coito sin entrar rápidamente en crisis. Por eso la importancia del juego sexual que enriquece la unión, la fusión y el amor de ambos esposos ya que sin esto termina todo tarde o temprano en una gran frustración. Hace el lenguaje sexual muy aburrido y va perdiendo su sentido de satisfacción. La limitación de este lenguaje a unos pocos actos o formas lo hace insoportable para la mujer, que comenzará a sentirse tratada como un objeto por el hombre y buscará la huida de ella o todo tipo de disculpas para convencer al hombre de que no tiene deseo de ello.

No conviene olvidar sobre todo al hombre, que la satisfacción genital de la mujer es un componente muy subjetivo y que depende más de su componente afectivo que del tacto y otros procesos fisiológicos. De modo, siendo éstos iguales prácticamente en todas las ocasiones, excepto en algunas variaciones de intensidad, la satisfacción personal no es siempre la misma. El placer del coito también puede ir seguido de una insatisfacción, como sentimiento de frustración, culpabilidad, ira, tristeza, etc. El coito, aun sin placer y orgasmo, puede producir grandes satisfacciones a una mujer por su significado afectivo.

Es muy frecuente en los hombres el error de creer que el mayor placer sexual de la mujer y el medio de obtener el orgasmo es la penetración vaginal por el pene con los consiguientes movimientos pélvicos. La realidad es, que además de existir amor entre ellos, la mujer necesita principalmente estímulos manuales por todo el cuerpo y durante mucho tiempo y esta es la mejor manera de que obtenga el orgasmo.

Los hombres que estimulan las zonas erógenas de la mujer y en especial el clítoris hasta lograr una buena estimulación sexual en la mujer sin llegar hasta el final con la creencia que debe pasar al coito, con frecuencia produce un funesto sentimiento de frustración en la mujer. Las mujeres necesitan estimulación continua, no interrumpida y en la mayoría de las mujeres el pene no es el mejor estimulante.

¿Qué funciones, significados y objetivos tiene el lenguaje sexual?

El ejercicio de la sexualidad humana es una necesidad fisiológica con grandes funciones, significados y repercusiones en la satisfacción personal, en el sentimiento de bienestar, en la autorrealización, en los sentimientos afectivos interpersonales... En las relaciones interpersonales sexuales podemos identificar múltiples funciones: encuentro, comunicación, relación, reproducción, amor, tacto, ternura, caricia, placer, orgasmo, unión, etc. Las relaciones más buscadas y deseadas en nuestra sociedad son la reproductiva, afectiva, placentera, unitiva, lúdica...

La relación sexual que busca la descarga fisiológica y principalmente un placer físico o genital. Es el caso de la relación con una persona que nos ofrece la oportunidad, aunque no se tiene o se siente hacia ella una especial atracción, ni nos une ningún tipo de afectividad. Las que se tienen no por motivos genitales, sino para satisfacer nuestro ego de conquista, recibir afirmaciones sobre la masculinidad o feminidad, ofender, agredir, etc.

A veces la relación con una prostituta con búsqueda de objetivos machistas, que no da la esposa. La mujer que lo hace por interés económico u otras relaciones genitales en las que el hombre explota la sexualidad de las mujeres. Las relaciones recreativas que se hace entre dos personas que se atraen mutuamente, que gustan de divertirse sexualmente sin ningún compromiso afectivo y sin elementos de explotación extraños.

 

 

¿QUÉ MITOS APRENDIDOS TENEMOS QUE TENER EN CUENTA A LA HORA DE VIVIR EL LENGUAJE AFECTIVO DE LA SEXUALIDAD?

Los hombres y mujeres de nuestra cultura nos han metido o hemos aprendido de la calle muchas falsedades del sexo y de la sexualidad. A la hora de hablar de los niveles de expresión de la sexualidad humana, estos mitos deben ser muy tenidos en cuenta. Enumeramos algunos de ellos:

El sexo no hay que aprenderlo

Para una expresión afectivo sexual gozosa la gente de nuestra cultura occidental encuentra con frecuencia muchas limitaciones y obstáculos nacidos del proceso de socialización y la interiorización de normas negativas y restrictivas. Uno de esos obstáculos o mitos es que para el sexo no hay que prepararse o no hay que estudiarlo para entenderlo, que el "instinto" se encarga de todo. Y cualquiera que se cree hombre cree que sabe todo lo que se puede saber sobre el sexo.

Para lograr aprender los niveles afectivos sexuales de una relación satisfactoria y expandir las posibilidades de autorrealización sexual es necesario "desaprender" y volver a "aprender" aprender muchas cosas que nos impiden vivirla de forma sana y realizadora. Desaprender falsas concepciones adquiridas en el proceso de culturización o socialización de nuestra educación por los padres y por la calle. La educación sexual familiar y escolar se olvidó de mencionar los órganos sexuales o no mostró ningún interés en prestarles atención, mientras sí enseñó a embellecer la cara o a desarrollar los músculos y nos enseño a andar.

Obviamente aprendimos que los órganos genitales o eran sucios, o vergonzoso, o no se usaban, o no necesitaban de cuidado, ni de practicas. A las mujeres no les enseñaron a desarrollar sus áreas sensoriales corporales. No es raro, pues, que la mujer tenga a veces dificultad para aceptar positiva y alegremente su genitalidad y que el hombre desconozca las posibilidades del placer fuera del uso de su pene.

El mito del hombre-macho

En dos generaciones hemos pasado del modelo subordinado al modelo simétrico. Del hombre activo y la mujer pasiva a la libre interacción entre dos personas que se eligen recíprocamente para satisfacer sus respectivas necesidades afectivas y sexuales. Y los cambios, cuando son tan radicales, dejan muchas muertes en el campo de batalla. En este caso el gran sacrificado, el gran perdedor ha sido el mito del hombre macho, entendiendo por tal el hombre que mide su capacidad sexual por el numero de erecciones y coitos que puede mantener, independientemente de que éstos puedan resultar un lenguaje afectivo sexual rico y placentero para su pareja.

Los hombres no deben olvidar hoy en día que una cosa es disfrutar con la pareja y otra muy distinta disfrutar en pareja. Gozar genitalmente es fácil, lo que ya resulta más difícil es gozar haciendo gozar. Y eso es lo que deberán aprender las parejas que pretendan vivir en un clima de calidad afectivo-sexual suficiente como para que su vínculo no se deteriore por frustración, incompatibilidad o falta de satisfacción.

El pene es como una espada siempre dispuesto a entrar

El mito de que siempre tenemos que lograr una erección, algunas veces nos llena de tanta ansiedad que el endurecimiento del pene se bloquea por completo. ¿Por qué no una relación afectivo-sexual sin erección? La erección solo es necesaria para procrear y poco más. Pero no indispensable para unas relaciones afectivo-sexuales muy agradables y gozosas. La afectividad no necesita al pene para expresarse de la forma más correcta y gozosa. La erección y su no control si es origen de muchos problemas para que el hombre pueda ser un buen amante. El coito es sólo uno de los lenguajes o maneras de obtener el gozo sexual, o una de las muchas técnicas que se pueden usar para expresar el lenguaje sexual. Pero no es la más fácil y desde luego para muchas mujeres es totalmente insatisfactoria.

La mujer es pasiva sexualmente

Uno de los mitos que más daño ha causado a las mujeres se debe al rol de la pasividad sexual. El que las mujeres deben ser receptivas, pasivas, esperar a que el hombre las prepare, las excite y les produzca el orgasmo, o que simplemente se deben prestar para la satisfacción coital.

Y este mito sigue diciendo que la mujer no debe ser sexual o que de hecho tiene menos interés en el sexo y en el orgasmo que el hombre, que su interés es exclusivamente sentimental. Es cierto que hay algún fundamento para esta interpretación, pero la mujer que experimenta el orgasmo se interesa por el sexo. La falta de interés nace, o del condicionamiento negativo cultural, o por la pretensión de producir el orgasmo solo mediante el coito; en resumidas cuentas, que si no se interesa por el orgasmo, es por la dificultad de lograrlo por técnicas inadecuadas.

La mujer es lenta y se demora para llegar al orgasmo. Sí, lo es en muchos casos, pero por falta de estimulación, ya que con estimulación adecuada llega rápidamente al orgasmo.

El deseo incontrolable del hombre

El museo machista de los mitos tiene colecciones muy machistas y poco apreciables y deseables para ser deseadas y compradas por las usuarias femeninas. El hombre tampoco debería pagar por el grandes cantidades de tiempo y dinero. El satisfacerse rápidamente, el que no pueda pararse o retenerse para contemplar la belleza de una sexualidad positiva y sana, le conduce al empobrecimiento del placer compartido y a una eyaculación precoz. El hombre que no puede evitar, ni demorar, ni retener su polución, no puede tildarse de que es mucho más sexual que la mujer. Yo diría que ni de genital ante su compañera, dado el condicionamiento cultural, esto puede ser cierto, pero no tiene que ser necesariamente así y menos si va en busca del placer. Esta manera de funcionar sólo le da migajas de la mesa del rico Epulón del erotismo. La mujer probablemente tiene mucha más capacidad sexual y genital que el hombre. Ciertamente, ella es capaz de tener orgasmos múltiples y actividades sexuales continuas con o sin orgasmo.

La preocupación por el tamaño del pene

El hombre al centrar la sexualidad en los genitales le lleva a vivir en una posición de competición y no de iguales en la sexualidad. De ahí que el tamaña del pene o potencia de los genitales sean vividos subjetivamente como factor de éxito. Se fantasea el éxito social de otros bienes, como pueden ser las mujeres. En relación con éstas existe las fantasías de que las mujeres quedan seducidas por el varón con pene de grandes proporciones o de grandes habilidades genitales, o el temor de no dar la talla.

Hemos creído que el tamaño del pene es importante para el leguaje afectivo-sexual y para el placer o para la ejecución efectiva del coito, tanto el hombre como de la mujer. Ni el largo, ni el ancho del pene tienen nada que ver con la capacidad de sentir placer sexual ni realizar un coito. Creemos erróneamente que las mujeres se excitan tanto con ver los genitales del hombre, como los hombres viendo los de las mujeres, así como también que el sexo se encuentra en los genitales. La sensibilidad excitante, con repercusiones genitales, está extendida por todo el cuerpo. Son muchas las zonas excitantes del cuerpo masculino, como el femenino, que tienen una extraordinaria sensibilidad por su contextura fisiológica y, por lo tanto, una gran capacidad de excitarnos. Todo el cuerpo de ambos sexos es una gran zona erógena y el cerebro humano es la gran zona erógena y no el pene o vagina.

Además cada individuo, por herencia o por condicionamiento, dispone de otras zonas eróticas en diferentes partes de cu cuerpo, lo que hace que una zona será erógena dependiendo de su mayor sensibilidad por su contextura fisiológica y, por lo tanto, una gran capacidad de excitarnos. El cerebro a través del aprendizaje y cultura tiene que dar contenido erótico a objetos, prendas, colores y un largo etc. Además a veces aparecen sitios que resultan excitantes y que antes no lo eran.

La única relación afectivo-sexual completa del hombre es el coito y el orgasmo

La sexualidad masculina no está limitada ni concentrada en los genitales. El modelo reproductivo nos ha hecho creer que lo masculino es ir a la carga directamente y que el pene es lo único sexual que tenemos. Otra falsa idea es que el hombre debe ser la parte activa, el encargado de dar orgasmos a la mujer y que no puede ser receptivo. Con este mito el hombre se priva de los placeres de ser estimulado, acariciado, y explorado. Que el coito y el orgasmo son la única manera masculina, completa, natural y saludable de tener una relación sexual o que al menos así debe terminar todo acto sexual, en un mito condicionador y limitante de nuestra cultura.

El modelo juego sexual-coito-orgasmo-masculino-fin, es el modelo pasado reproductivo, y no corresponde al sexo recreativo o de comunicación afectivo-sexual interpersonal. Un mito particularmente machista es el de la aritmética del sexo: lo que importa es cuantos coitos, eyaculaciones se pueden lograr en una noche, cuánto tiempo dura la erección y llegar al objetivo final. Más bien debemos dedicarnos al goce, al intercambio sin metas indispensables, sin modelos establecidos, dejando al amor y creatividad que enriquezcan nuestras posibilidades afectivo-sexuales.

El mito del orgasmo simultaneo

La tiranía del orgasmo se parece a la del coito. Hay hombres que exigen un orgasmo de la mujer para sentirse hombres o amados o satisfechos, y lo exigen de sí mismos para sentirse masculinos y satisfechos. El orgasmo es fantástico. La sensación más agradable de nuestras posibilidades sensoriales, pero cuando se convierte en un deber, en una norma de ejecución es limitante y empobrecedor.

Este mito crea expectativas difíciles de lograr, coloca la relación en la falsa perspectiva del hombre, produciéndole el orgasmo a la mujer y eliminando la mejor perspectiva de dar y recibir mutuamente. La mejor manera de desaprovechar lo que tenemos es desear lo que no podemos tener. Eso es lo que les ocurre a las parejas que se frustran sexualmente porque asocian satisfacción sexual a la obtención del orgasmo simultáneo, cuando éste es un placer posible, pero no fácilmente asequible. Para no crear falsas expectativas ni defraudaciones innecesarias debe quedar claro que el orgasmo simultaneo no puede tomarse como referente general de la satisfacción afectivo-sexual, por la sencilla razón de que estaríamos induciendo a la mayoría de las parejas a considerare que su sexualidad es insatisfactoria o incompleta.

La valoración del orgasmo simultáneo puede resultar contraproducente tanto para quienes lo logran con esfuerzo como para quienes no lo obtienen. Quienes disfrutan, después de esforzarse para conseguirlo, corren el peligro de quedar defraudados porque quizá el placer alcanzado no compense el esfuerzo realizado. Y quienes no lo consiguen, a pesar de intentarlo, pueden caer en el error de mitificarlo y considerar que sin él su sexualidad es incompleta.

La falsedad de las falsedades machistas

De las falsedades que han enseñado y aprendido la mujer del machismo hay una que ha sido especialmente funesta para ambos. Consiste en la glorificación del coito como la fuente máxima y única de placer sexual. Que la mujer debía obtener el orgasmo a través del coito y si no, era infantil, frígida o asexual. Esta creencia se originó en la concepción reproductora de la sexualidad.

El sexo era en esa concepción para procrear, para eso se necesita el coito ordinariamente, luego el coito debía de ser la única fuente de placer, y el hombre con su supremacía y su papel de director de la obra de teatro debía darle el placer y el orgasmo. El coito, es decir el pene del hombre y nada más que el pene, debía ser la fuente del placer y de todo lo demás. La vagina según esta obra de teatro era el órgano sexual por excelencia de la mujer. El clítoris de mujer era cortado o educastrado en sus mentes a través de una educación sexista. Pero a todo esto se le añadió la autoridad de la concepción freudiana del orgasmo vaginal como el maduro y normal.

3. NIVELES DE LA SEXUALIDAD PARA SER BUENOS AMANTES

Los hombres y mujeres de hoy que caminan al mañana de una sexualidad afectiva en la reciprocidad igualitaria

Toda relación sexual cristiana implica amor. En las últimas décadas de nuestra cultura occidental se va extendiendo la aceptación y la práctica de una sexualidad exclusivamente lúdica y recreativa, fuera y dentro de la pareja afectiva estable. Dado el énfasis en el supuesto fin reproductor como único fin de la sexualidad, nuestra cultura cristiana todavía censura la sexualidad del fin amoroso si no va unido a la procreación.

Los hombres del primer mundo estamos situados en una zona privilegiada del planeta al iniciar la andadura del nuevo milenio. Los avances tecnológicos avanzan a toda prisa, a una velocidad muy difícil de seguir y de hacerlos una vida más gozosa y confortable. Pero a su vez y tal vez por ello, también somos los que padecemos una mayor crisis de valores y nuestra vida en pareja se rompe como el vidrio más frágil.

No es lo mismo gozar de bienestar, que traducirlo en un gozo mutuo que nos haga a todos un poco más felices y eróticos. Seguimos casándonos y optando por una vida célibe como en el pasado, pero no terminamos de aprender y saber vivir una sexualidad gozosa en armonía amorosa mutua. La vida sexual de la pareja está en crisis, la vida del célibe está en crisis, El sistema educativo está en crisis y tal vez el sentido común, el menos común de los sentidos está en crisis, porque nos quejamos de la situación actual de la sexualidad sin hacer nada por resolverla.

Yo hace tiempo que no creo en otra revolución sexual que la interior de cada individuo, ni en más integración sexual que la propia, nuestra armonía sexual con nuestra persona y con la de los otros es fruto del esfuerzo propio. Lo que simplemente deseo indicar es que cada uno empiece a trabajar por su propia sexualidad para mejorar su núcleo básico, luego el de los demás y el de los distintos proyectos sexuales. Los individuos o más exactamente las personas son las que están en mejores condiciones de construir su propia felicidad y, a través de ella, contribuir al bienestar general. Ya que si funciona la sexualidad de la persona es más fácil que funcione la sexualidad de la pareja y de la vida célibe y de la armonía de ambos estados de vida sexual se facilita la de familia, vida social y de la Iglesia.

Pero el lenguaje afectivo-sexual interpersonal esta en crisis es porque las mujeres no aceptan el esquema sexual del pasado y todavía no hemos sido capaces de inventar un nuevo modelo de relaciones afectivo- sexual de género dentro de la Iglesia. Éste es el desencuentro emocional que estamos padeciendo y el problema que debemos resolver entre todos.

Los cristianos no debemos olvidar e ignorar que nuestras mujeres no quieren estar a disposición de los hombres sino disfrutar en reciprocidad y igualdad con ellosl. Los hombres son los que más deben dar gracias y alegrarse de ello. Somos los hombres, si tenemos un poco de inteligencia, los que más nos beneficiamos de este cambio que nos piden. Pero como los hombres no hemos aprendido a relacionarnos, en condiciones de igualdad y reciprocidad, con las mujeres, las relaciones simétricas nos vienen grandes y eso provoca nuestra desorientación. Antes, cuando la mujer era sumisa y obediente el hombre era potente, pero desde que la mujer ha adquirido protagonismo sexual el hombre empieza a tener fantasmas de incompetencia y problemas sexuales y la pareja se hace añicos.

Antes, cuando el placer sexual era sinónimo de orgasmo masculino el hombre se sentía seguro, pero desde que la presión de la reivindicación femenina ha hecho que ese placer sea cosa de dos, de saber hablar el mismo lenguaje y ponerse en el mismo nivel de expresión sexual, los hombres empiezan a sentir el displacer del miedo a no saber dar placer afectivo-sexual. Nos preguntamos los hombres a donde nos conduce el parapetarnos en un placer genital rápido y de descargas hormonales y espermáticas en una mujer que ha ascendido a la igualdad: la guerra de los sexos la tenemos perdida los hombres y la Iglesia.

La situación de desencuentro se da entre el modelo sexual masculino que las mujeres ya no aceptan y un modelo sexual femenino que los hombres todavía no hemos aprendido para hablar y expresarnos mediante él. Entre ello se mueve un colectivo de personas cristianas desorientadas que, con buena voluntad e intención y desigual fortuna, están creando, por ensayo-error, el nuevo modelo de la sexualidad a lograr en el nuevo milenio para firmar la paz entre los sexos.

Hacia el segundo lenguaje sexual para aprenderlo y hablarlo en nuestros estados de vida sexual

La vuelta a la represión del pasado es la única puerta abierta que ven ciertos integrismos religiosos del mundo actual. Caer en la tentación del etnocentrismo sexual es la tentación fácil para los fundamentalismos y nihilismos religiosos. Yo creo que el arrancar y evitar las cizaña para que crezca el trigo no es una solución madura y responsable. Los dos crecen tan juntos que las raíces de ambos están interrelacionadas entre una y otro. No es posible esta solución sin matar la sexualidad, que ha sido creada por Dios y se ha encarnado en ella como una realidad buena en sí misma. Reprimirla, no vivirla nos va conduciendo a su muerte, nos convierte en unas personas desexuadas o neutras, que no tiene nada que ver con la obra de Dios.

Creo que el fruto más preciado de la madurez personal no debe significar negación, represión o permisión del dinamismo sexual. De esa forma, el dinamismo evolutivo de la sexualidad no crece y se desarrolla. Pero también opino que difícilmente puede considerarse maduro quien sólo obedece al principio de placer sexual. Ser maduro en el campo sexual es saber armonizar el dinamismo sexual con la razón y lo que nos gusta con lo que nos conviene. Y en el plano concreto de la sexualidad ser muy maduro es saber discriminar qué cosas de las que nos gustan debemos permitirnos y qué cosas no nos gustan porque creemos que no deben gustarnos. Cuando detectemos estas últimas estaremos descubriendo los prejuicios sexuales y entonces bastará con revisar el código para adaptarlo a unos lenguajes que armonicen mejor nuestra naturaleza sexual y que, por tanto, puedan darnos congruencia y lo que buscamos hallarlo.

Una vida sana, positiva, evolutiva y gratificante empieza por una educación y aprendizaje sobre los lenguajes de la expresión sexual, aunque no está de más la búsqueda y conquista de una pareja en que ambos estén de acuerdo en ello, para que desde su acoplamiento, armonía y congruencia respectiva y bajo el supuesto de que sus valores sexuales sean compatibles afronten la asignatura de aprender y hablar los mismos lenguajes sexuales conforme avanzan en su vida sexual en pareja y necesitan cambiar para crecer y no terminar en la rutina.

Cada etapa o edad de la vida tiene unos paisajes y matices sexuales que ver y experimentar

Es cierto que con el aprendizaje y los años perdemos facultades genitales pero también es cierto que ganamos habilidades afectivo-sexuales. Por eso, al contrario de lo que opinan algunos, soy de los que consideran que la sexualidad, no la subparte genital, con la edad madura aunque empiece a ser menos frecuente, no por ello tiene que ser menos gratificante y tener menos calidad. Yo creo que sigue el camino del buen vino y aumenta en calidad y placer.

Las personas que llevan mucho tiempo en el aprendizaje y andadura del camino sexual, las describen como más sosegada, más placida, menos apasionada y a ritmo más parecido entre ambos sexos, que durante la juventud. Que los buenos amantes valoran esta forma de más positiva desde el punto de vista afectivo. La experiencia enseña y nos quiere decir, que a medida que pasan los años, disminuye tal vez la frecuencia pero aumenta la necesidad de cariño, tacto, caricia, ternura y verdadero amor.

La juventud es la edad de la química, de la pasión, del enamoramiento ciego, de la necesidad genital, de la pulsión irrefrenable, de las tensiones y descargas hormonales, de la necesidad del contacto físico..., en una palabra del lenguaje primario o genital. La edad adulta, la del compromiso afectivo, de la fidelidad al rico mundo de las emociones y la resolución de conflictos como el cruce de apetencias y distintas crisis de la convivencia y acoplamiento afectivo-sexual. Y cuando las personas consiguen superar esas fases, comienzan a instalarse en el camino del logro de la integración, del acoplamiento, de la armonía y placidez sexual en la que a medida que disminuye el deseo y la potencia genital se va supliendo con la necesidad de la sexualidad afectiva, de su aprendizaje, de su desarrollo y la experiencia que va surgiendo.

Asimilar la calidad de la vida sexual con la necesidad, la frecuencia, la falta de control y la pasión genital es un error típico de los malos amantes y de los que no asimilan su declive genital. El modelo falocrático nos ha enseñado y nos tiene acostumbrados a la competición, a la necesidad aditiva de lo genital y a la valoración cuantitativa que esas formas de ver las cosas abarca incluso a la intimidad y nos hace creer que todo lo que no sea gozar genitalmente e intensamente debe ser considerado insuficiente y no válido, cuando en realidad cada etapa de la vida sexual puede ser la mejor a condición de que aceptemos que el concepto de lo mejor varía con los años. Y de la misma manera que no podemos pedir a un joven que actúe como si tuviera 60 años, las personas de esa edad tampoco deben pretender mantener las prestaciones sexuales de su juventud.

La sexualidad humana sabe compensar las facultades que perdemos con lo que debemos y podemos vivir en ese campo. La experiencia asexual enseña a las personas de edad, que a medida que menguan nuestras capacidades genitales son también menores sus necesidades o exigencias impulsivas. Pero las compensa con creces si las aprendemos y cultivamos con el desarrollo de una sexualidad afectivo-sexual que no tiene fin en su deseo y desarrollo. Si aceptamos esta exigencia y evidencia afectivo-sexual de nuestro desarrollo y crecimiento y no pedimos a esas edades los frutos que no puede dar, las personas pueden gozar de una sexualidad ligeramente declinante en lo genital, en una sexualidad que necesita y nos aporta el segundo lenguaje de la sexualidad.

¿Cuáles son los lenguajes afectivo-sexuales?

Una buena relación afectivo-sexual, es la que produce la máxima satisfacción que se necesita y se puede vivir en ese momento y un acrecentamiento o mantenimiento de la afectividad mutua, es aquella en la que ambos se dan cuenta del lenguaje sexual que pueden hablar y necesitan. La que busca como fin una unión afectiva y mantiene y desarrolla la unión afectiva.

Los cambios que la edad produce en la reacción genital y sexual de los dividuos requieren ciertas adaptaciones en la pareja afectiva, que nos va indicando el desarrollo psicosexual del individuo. Vamos pasando de unas necesidades genitales captativas a unas necesidades sexuales oblativas y lo mismo en cuanto a nuestras necesidades eróticas. Vale la pena insistir en la necesidad de mantener una vida sexual activa por los beneficios que aporta. Pero habría que preguntarse sobre: ¿que lenguaje necesitamos? ¿qué lenguaje podemos expresar para vivirla?.

Los cambios de la edad hacen el hombre y a la mujer más similares en sus necesidades y lenguajes sexuales alrededor de los 40 años, de modo que, sabiendo aceptar cono naturales y manejando apropiadamente los cambios de ambos miembros de la pareja, pueden crecer y gozar más de su relación sexual. El saber vivir de acuerdo con la realidad evolutiva del individuo y no soñando en el modelo fantástico creado por el machismo adolescente, es factor decisivo para crecer y mantener una vida afectivo-sexual activa y placentera. De lo contrario los amantes se niegan a querer desear llegar a los setenta por verse negativamente afectados.

Es importante tener en cuenta que no hay edades fijas para los cambios. Esos suceden en diferentes etapas de la vida de los diferentes individuos, y no todos los hombres pasan por todos los cambios. Para gozar de la sexualidad de la pareja afectiva o fuera de ella, para ser buenos amantes y evitar el peligro de la rutina, que amenaza a todas las parejas, es necesario aprender a hablar el tercer lenguaje lo antes posible. El abandonar el contacto físico, las caricias, la expresión física del afecto, renunciar a la sexualidad en edades avanzadas se debe a estar cerrados al primer lenguaje o no haber aprendido a abrirse al tercero.

Cualquier proyecto cristiano de educación en el campo sexual, solamente es posible en la perspectiva del amor. El dinamismo de toda sexualidad cristiana está claramente orientada al dialogo de amor y al amor a uno mismo. Ya que el cristiano debe amar al otro como se ama a sí mismo. Pero el amor a uno y al otro puede realizarse a diversos niveles. No sólo a nivel de realizaciones "sexuales-genitales", sino también a niveles de relaciones "sexuales-no-genitales".

El primer lenguaje: "nivel de globalidad"

Se basa, busca y aprecia la corporeidad y la persona en todo su globalidad en el hombre y la mujer. Este lenguaje esta fundamentado en un concepto integral de la sexualidad. Implica una cosmovisión del rompecabezas de la sexualidad donde entren todos y cada uno de sus elementos en una unidad e integridad armoniosa y equilibrada. Es la concepción holística de la sexualidad. Este modo totalizador de percibir y comprender la sexualidad humana es la que da origen y estimula la visión y el trabajo interdisciplinario.

Esta concepción de la sexualidad parte de una visión antropológica unitaria, holística, totalizadora. Se origina y esta centrada en la persona considerada como realidad única e indivisible. Unidad integrada en sí misma. No tiene dico o tricotomías, es una totalidad en la cual podemos considerar aspectos genitales, corporales, psíquicos, afectivos y espirituales, pero no deben ser separados ni son independientes. Es una perspectiva integradora, sintetizadora de la pluralidad de aspectos y factores que componen precisamente a la sexualidad global.

Esta sexualidad esta en permanente devenir y autoconocimiento, en permanente apertura y diálogo a través de sus lenguajes, ya que somos una persona sexuada. La sexualidad no es ni un aspecto, ni una parte, ni un impulso o pulsión, ni un instinto: Impregna toda la persona, cualifica toda la persona, no solo en su cuerpo o en determinados órganos. La sexualidad es un modo de ser persona y de expresarnos como tales.

La sexualidad humana, si bien surge de lo biológico como un impulso o pulsión, es abierta, flexible, se aprende. No está determinada por ciclos, los medios, las formas de expresión, los lenguajes, la satisfacción, se pueden conseguir de múltiples modos. Es posible la separación de los lenguajes sexuales, sus formas de expresarla debido a que la sexualidad es cultura y esta regulada, condicionada, estimulada, por la sociedad en que se expresa.

Este primer lenguaje sexual se caracteriza por "la totalidad", "globalidad" y, presuponen y desarrollan la plena donación personal, reciprocidad y intimidad única y total. Que están llamadas a la unión y fusión en el campo genital- psico-afectivo pleno.

Notas o características más sobresalientes del lenguaje global de la sexualidad:

Todo hombre y mujer tienen derecho a la aceptación, reconocimiento, apropiación, amor y sexualidad de todo su cuerpo y las posibilidades de vivir y cultivar todos los lenguajes que tiene.

Es un lenguaje que abarca todas las dimensiones de la sexualidad, las integra y mantiene en un adecuado equilibrio y armonía.

La mayoría de hombres y mujeres no han desarrollado esta capacidad de globalidad sexual y sus relaciones sexuales no pueden expresarse y sentirse en su totalidad.

Presupone una concepción integral del hecho sexual.

Participa toda la persona y todo el cuerpo.

Implica todas las expresiones sexuales y genitales.

La sexualidad es más que un puro impulso genital irreprimible.

La caricia sexual sensual incluye toda la sensualidad corporal y las representaciones mentales.

Participan todos los sentidos y no queda fuera ninguno de ellos.

Nunca se puede prescindir de la totalidad sexual sino únicamente de alguna de sus partes y siempre que se haga debe ser por una causa positiva.

Se dirige y orienta al amor, placer y orgasmo integral.

Es el lenguaje más personalizador, humanizador y realizador de la persona.

Este lenguaje presupone y esta muy unido a la sensualidad integral.

La integración, autocontrol y la libertad ante la propia genitalidad es condición imprescindible para poderlo vivir y cultivar.

Este lenguaje se basa y busca al varón y a la mujer en su totalidad personal.

El acento, la finalidad recae sobre los componentes afectivo-sexuales no genitales de la sexualidad humana, pero sin dejar fuera o introducir siempre y como fin lo genital.

Presupone un gran conocimiento y manejo del mundo de los sentimientos, de los afectos y de su inmensa riqueza relacional.

Una de las características más relevantes que se aprecian en este lenguaje sexual es su corporalidad integral o global.

Algunas mujeres han desarrollado más en su educación rólica esta capacidad del lenguaje sexual y la libertad para poderlo vivir y hacer realidad en sus vidas.

Se basa en la gran sensibilidad de toda la persona y del cuerpo como una gran zona erógena, que tiene difuminada por todo él de una manera difusa.

Se siente y goza por todo el cuerpo mediante el tacto, las caricias... produciéndose en los que lo viven una percepción de globalidad. Difundiéndose las sensaciones físicas y psíquicas a partir de una zona por toda la globalidad personal.

Se siente a nivel de sensación como una cierta anestesia genital, porque las personas que buscan prioritariamente este lenguaje sexual, no han primado el desarrollo genital sobre el sexual.

Son personas acostumbras a lo sensual sobre lo sexual y genital y por ello gozan más y con todos los sentidos cuando la viven o expresan.

La mirada hacia el otro/a es totalizadora, percepción sexual globalizadora, se percibe como un conjunto más que unas partes genitales separadas del todo.

La sensación del primer lenguaje sexual esta difundida por todo el cuerpo y es suave y amplio en extensión.

Es una sensación placentera que se difunde por toda la persona, aunque parta de un punto concreto, y como una piedra que cae en el agua va extendiéndose por toda la superficie, como si todo él se energizara, se abriera.

La sexualidad del lenguaje global y de contacto, no tienen por qué hacer surgir ningún deseo genital, de penetración, ni de coito, ni de llegar al orgasmo.

Este lenguaje busca y siente el placer por el placer, y no se requiere la descarga habitual del componente genital.

La energía que produce se redistribuye, como si se tomara y se soltara por todos los poros de la piel.

La sensación placentera que produce puede ser descrita como ilimitada, interminable, se desea que no tenga fin.

Exige mucho el escuchar a nuestro cuerpo, el no hacer, el recibir, tocar, acariciar, el contacto con otra piel, pero también el placer de dar.

No se reduce y tiene poco que ver con lo sexual-genital. No se toca para excitar, sino para estar bien y sentirse bien, muchas personas se bloquean a la hora de vivirlo porque intuyen que muchos lo viven con la finalidad genital.

Exige la educación de nuestro cuerpo para contactar físicamente o recibir tacto o caricia sin desear o presuponer una relación genital como fin.

Los participantes buscan y se sienten más atraídos o seducidos por la totalidad que por una parte u órgano de la persona.

La predominancia de este lenguaje no presupone el perder el potencial genital, sino ampliarlo a otras dimensiones, favoreciendo un encuentro más pleno y total.

En cuanto al gozo todo el cuerpo es una superficie erótica, no existiendo puntos que necesaria y mecánicamente desencadenen la satisfacción.

Para aprender ha hablarlo o cultivarlo, debe evitarse las caricias directas de los genitales, ya que desarrollado el todo es más fácil integrar en él la parte genital.

Este lenguaje es muy aconsejable a las personas casadas, estresadas y sus beneficios saludables son inmensos.

El deseo sexual en la mayoría de las ocasiones no tiene el deseo de descarga y sobre todo en la mujer, sino de sensualizarse, de vivir el placer de todo el cuerpo y de la persona.

En el proceso de enamoramiento es entre el hombre y la mujer es cuando mejor viven y sienten a la otra persona como un todo.

En el hombre adulto el trabajar la globalidad sexual reprimida o no desarrollada, y poder sentir el cuerpo desde la globalidad, supone todo un cambio de percepción de sí mismo en sus posibilidades relaciónales, afectivas y sexuales.

Camina hacia el encuentro y la fusión total con el otro y su experiencia es la mejor parábola para entender la unión y fusión del creyente con su Dios.

El goce sexual global está muy mediatizado por los sentidos. Una mayor apertura a nuestra sensualidad y a los sentidos favorecerá nuestro propio placer integral en los encuentros interpersonales.

Hay muchas formas de tocar, palpar, rozar, acariciar y amasar, que se diferencian en el grado de acercamiento sexual y emocional, e intensidad de presión y que no tienen que ver con lo genital sino con el contacto global.

Finalmente, nuestra mirada como mujeres y varones, depende mucho de la mirada de los demás y también de que nuestra mirada haya sido educada en una mirada personal y oblativa del otro y no centrada en lo genital o corporal como valor pornográfico.

Se basa en una ética integral de la sexualidad sana y positiva, que abarca todas las dimensiones o instancias, las mantiene en una adecuada integración y armonía personal.

El segundo lenguaje: "sexual-genital"

El concepto de sexualidad es reducido a pura genitalidad, se olvidan y no se desarrollan las demás instancias o elementos de la sexualidad. Es una sexualidad básicamente genitalista, porque los mensajes y sensaciones recibidos y producidos han focalizado su atención en esa parte del cuerpo.

El paso de la infancia a la pubertad permite ir descubriendo ocasionalmente unas sensaciones más intensas y placenteras en los órganos genitales y los púberes tienden a reproducirlas voluntariamente de forma autónoma o a través de juegos de contacto o exploratorios. Los púberes varones tienen la ventaja del pene a verlo y tocarlo para orinar para descubrirlo y fijarse en ellos con más facilidad que las chicas.

Las sensaciones corporales genitales, al no enseñarse a autocontrolar e integrar en las sensaciones placenteras globales, van poco a poco priorizándose en detrimento de las sensaciones corporales globales. El padre y la madre al ir creciendo van dejándolos de tocarlos, de acariciarlos corporalmente y por otra, la presión social a través del cultura machista refuerza la genitalidad sobre la sexualidad global a través de mensajes directos e indirectos de los medios de comunicación y de los amigos.

La sexualidad del hombre es básicamente genitalista, porque los mensajes recibidos han focalizado su atención en esa parte del cuerpo. Esta basado en un concepto de la sexualidad reducido a la subparte somática del cuerpo, a una concepción de la sexualidad reducida y centralizada en la genitalidad. La genitalidad es considerada la sexualidad "normal" y sana. Desarrollándose y cultivándose las sensaciones genitales como objeto prioritario. Centrándose tanto a nivel mental, de fantasías y del cuerpo en la genitalidad. El varón al llegar la pubertad la descubre y la desarrolla como forma principal de vivirla, quedándose muchos fijados en ella de forma aditiva para el resto de sus vidas se queda fijado en una costumbre o adicción masturbatoria y que le plantea muchos problemas para acceder y aprender el segundo lenguaje. Llevándoles a vivir el encuentro intersexual con la mujer desde una posición de superioridad no de igualdad.

Notas o características que predominan en este lenguaje sexual:

Las necesidades físicas o genitales de la sexualidad están supervaloradas e infradesarrolladas, no es inusual encontrarse con una preocupación excesiva por los aspectos genitales de la sexualidad y ello puede llevar a comportamientos destructivos e inútiles por no ser necesidades principales y esenciales como las afectivo-sexuales.

Este lenguaje presupone una percepción de la sexualidad centrada en la genitalidad.

Concierne y está unido muy particularmente a la capacidad de procrear.

La coital, penetrativa, una más y no la única y exclusiva.

Los hombres han desarrollado en exceso este lenguaje y muchos están fijados, son adictos a él, perjudicando y explotando a la mujer.

La focalización genital ha inhibido en gran medida el desarrollo de lo afectivo-sexual.

La priorización genital se concreta en la dificultad que tenemos para contactar físicamente o recibir una caricia sin desear o presuponer una relación genital como fin único.

Presupone una gran dificultad para integrar el mundo afectivo-emocional en nuestros acercamientos globales y sexuales no genitales.

Este lenguaje se caracteriza por la escasez y limitación de caricias a tan solo algunas partes del cuerpo.

Participa predominantemente la zona genital y los senos.

La sobrevaloración de estas zonas da lugar en hombres y mujeres a numerosas distorsiones y mitos sobre los mismos.

Se centra en pene, vagina, penetración y coito.

Estas relaciones suelen buscarse y vivir como un fin en sí mismo.

El pene es vivido como un medio de descarga y con cierta tendencia a la compulsibidad.

La manipulación excesiva del pene conduce a tensiones y emociones no específicamente afectivo-sexuales.

La vagina se convierte en pasiva y receptora.

Es una manera más de expresarla, pero no la más placentera.

Son unas relaciones muy exclusivas y buscan el propio ego.

Desintegradas de las afectivo-sexuales cosifican mucho a la mujer y son poco realizadoras y humanizadoras de la persona.

Cansan, agotan y se necesitan un periodo de recuperación.

Se puede prescindir de ellas por muchas razones.

Se centra su búsqueda predominantemente en las zonas genitales del cuerpo con el olvido de la sensibilidad de otras zonas.

Predomina en él el elemento captativo de la afectividad y del placer sexual.

La acentuación de lo masculino en nuestra sociedad y cultura mantiene y refuerza este lenguaje reduccionista y sexista al dar más valor a los genitales frente a la totalidad de la persona.

Tienen poder y valor prioritario en la autoestima corporal en el mundo masculino.

Los hombres centran su reconocimiento personal y social en este lenguaje genital y en la identificación con ellos.

Suele ser muy impulsivo, imperioso, rápido, impositivo y agresivo, dejando con frecuencia insatisfecho a uno de los participantes.

Sus exigencias suelen ser tan rápidas que busca más el silencio que la comunicación mutua.

Parece reducirse a una descarga de tensiones espermáticas y hormonales.

La forma como se tocan y acarician es muy pobre, breve, rápida, monótona, repetitiva, poco explorativa y creativa.

Tiene un poder aditivo muy grande y no es fácil obtener el autocontrol de él para escuchar las necesidades del otro, suele ser poco considera con el otro.

Es mítico en el varón, el logro de la erección, coito y orgasmo físico.

La relación coital busca terminar cuanto antes y dejar dormir sin continuar las cosas.

Busca prioritariamente terminar en el orgasmo físico o incluso se puede fingir para terminar cuando antes.

El hombre no ve importante, ni busca la satisfacción de su compañera sino el excitarse cuanto antes y su propio goce o descarga.

Los hombres buscan en él cumplir con su papel rólico de dador de placer genital y sentirse viriles.

Esta lleno de promesas que no suelen llegar a lograse o cumplirse en el campo placentero la mayoría de las veces.

Cuando el apasionamiento decrece, surge indiferencia hacia el otro.

Una vez logrado se despreocupa del otro, no es agradecido y se despreocupa de seguir amando al otro.

Su búsqueda se centraliza en el placer físico, genital y es muy amante de las técnicas.

El peligro de la habituación y la rutina pesan sobre él.

Su gratificación física es tan rápida y efímera, que deja una experiencia de uso del otro.

La educación machista lo ha educado, cultivado, desarrollado y justificado en los varones en exceso.

Su escasez y limitación de tacto, ternura, caricia, emociones... es una de sus notas más claras en él.

El trato que busca el varón con la mujer es de objeto genital y no como sujeto o persona.

Cuando no va unido al otro se vivencia como algo impuesto, no se entiende, no se comparte y donde no existe comunicación entre los participantes.

La sensación genital del primer lenguaje es aguda y está concentrada en una zona que se carga fuertemente de tensión.

La actividad genital sola carece de la capacidad de sacar a la persona de sí misma para llevarla al "otro", capacidad que constituye la dimensión trascendente de la sexualidad.

El leguaje genital alcanza su verdadero potencial al integrarse en el afectivo-sexual.

El tercer lenguaje: "el afectivo-sexual"

Este lenguaje lo podíamos llamar el "sexual-espiritual". Ya que es el propio de un proyecto o camino sexual de seguimiento a Cristo, como es la sexualidad del célibe. Algunos autores de la vida espiritual o religiosa la llaman sexualidad afectiva-espiritual, suele estar mezclada con un cierto placer y ser un fin en sí misma. Esta tan unida y cercana al componente genital de la sexualidad que puede conducir o terminar fácilmente en ellos. Un hombre y una mujer pueden ser amigos verdaderos a nivel encuentro, relaciones interpersonales, física y respetuosamente, viviendo una profunda intimidad sin manipularse mutuamente y tratarse como objetos genitales. No olvidemos que el órgano principal de la sexualidad es el cerebro, por eso la claridad en las intenciones de uno y otro son de importancia capital en este tipo de relación afectivo-sexual.

La mayor dificultad para entender y comprender este nivel de lenguaje es que la sexualidad humana y la genitalidad, o experiencia genital se han identificado. La sexualidad, según este punto de vista, es la actividad genital explícita o los actos que llevan a ella. Sin embargo, la sexualidad es una vivencia y experiencia humana mucho más amplia que la mera genitalidad.

La sexualidad humana es una capacidad afectiva y relacional, un dinamismo de apertura, encuentro, comunicación y creatividad con el otro. Desde esta perspectiva, la sexualidad está implicada en un mundo relacional y afectivo más amplio y rico que el genital. La genitalidad y la procreación, no es más que un aspecto o subparte de la sexualidad global o integral. Las capacidades afectivas y relacionales de la sexualidad no son meramente genitales, sino también afectivas y psíquicas. Dado que la sexualidad abarca una amplia gama de capacidades del ser sexual, su maduración concierne también a la capacidad afectiva y relacional, no meramente a la capacidad del elemento genital. Si muchísimas personas se quedan en la vivencia de lo puramente genital, no se puede ignorar, que otras se proponen como objetivo prioritario renunciar a lo genital para plenificar lo afectivo y relacional. Esto implica un modo de sentirnos, experimentarnos, relacionarnos, manifestarnos y comportarnos diferente y menos frecuente que los otros.

El hombre y la mujer las viven en sus relaciones recíprocas y diarias bajo el signo del amor que no es de origen ni de naturaleza genital, sino entretejido de respeto, estima, cariño, ternura, ayuda mutua, amistad dialogo u donación de sí mismo al otro.

Notas o características más importantes de este lenguaje afectivo sexual:

La sexualidad es el fundamento tanto fisiológico como psicológico de nuestra capacidad de amar.

Este nivel tiene que ver con la instancia o componente afectivo de la sexualidad.

La sexualidad incluye la capacidad de relacionarse con los demás con calor emocional, compasión y ternura. Estas cualidades están enraizadas en la sexualidad y son expresiones auténticas de la misma. Sin embargo, no son específicamente genitales en cuanto a su naturaleza o su aspecto central.

Las expresiones propias de este lenguaje son las expresiones procedentes del afecto y del amor de amistad.

El lenguaje afectivo-sexual es la disposición a dar y recibir expresiones de profundo calor, afecto, y ternura.

Su misión su finalidad esencial es enseñarnos a amar, que es una tarea que dura toda la vida y da pleno sentido a los miembros de la pareja cuando lo genital desaparece.

La integración de la genitalidad en la sexualidad y afectividad es la capacidad de ir más allá de uno mismo mediante un lenguaje de relaciones afectivo-sexual cálido y profundo, de un modo que respete el amor propio y del otro.

La calidez emocional, la compasión, la ternura, la comprensión, la delicadeza... son cualidades humanas enraizadas en el lenguaje afectivo-sexual y son expresiones de él y sin embargo no son específicamente genitales en cuanto a su naturaleza y raíz.

La necesidad de amar y ser amado, de dar y recibir amor, no se satisface única y sólo gracias al lenguaje genital en los seres humanos, sino que es el leguaje afectivo-sexual de la relación amorosa el que da sentido a la sexualidad genital.

Las cualidades del lenguaje afectivo-sexual no genital están infradesarrolladas e infravaloradas.

La necesidad de contacto afectivo-sexual a lo largo de toda nuestra vida es esencial, ya que forma parte de nuestro equilibrio emocional y psicofísico. A través del contacto podemos experimentar amor, protección, relajación, deseo, miedo, etc., e igualmente podemos manifestarnos.

El lenguaje afectivo-sexual establece un vínculo entre la sexualidad y el desarrollo espiritual.

La exigencia de este lenguaje consiste en aprender a amar de un modo distinto del propio que implican las relaciones genitales.

Muchas mujeres han desarrollado y cultivado más libremente que el hombre este lenguaje y se sienten explotadas y cosificadas por el lenguaje genital del hombre.

Los que desean vivir este nivel de lenguaje sin implicar el genital deben evitar la confusión respecto de los límites en las relaciones concretas.

El leguaje sexual-afectivo hace referencia a los sentimientos, emociones, estados de ánimo que avanzan hacia alguna forma de intimidad o la incorporan.

La intención es el factor que determina si la sexualidad afectiva es un fin en sí misma o un medio del comportamiento genital.

Su objetivo principal es vivir, expresar y llenar o satisfacer las necesidades afectivas de la otra persona.

Al principio para aprender a desarrollarla exige abstenerse de tener un comportamiento genital y del comportamiento afectivo que conducen a la genitalidad.

Su aprendizaje, cultivo y desarrollo no están exentos de errores afectivo-sexuales-genitales.

Vivir sin lenguaje genital no es vivir sin lenguaje afectivo-sexual.

El lenguaje sexual afectivo tiene múltiples y variadas expresiones: aceptación, a acogida, apoyo, consuelo, alegría, signos de afecto, abrazos, besos, gestos cariñosos, miradas, cariño...

La amistad suele ser la puerta más importante para acceder a este lenguaje sexual.

La mayoría de las personas se despreocupan por el cultivo y desarrollo de este lenguaje afectivo-sexual.

La diferencia de este lenguaje entre la vida célibe y la pareja se debe a que las expresiones de la primera son de amor inclusivo y las segundas exclusivas. Se traducen en una vinculación abierta y en la renuncia a la posesión.

La ubicación de la energía afectivo-sexual y el centro de atención son distintos en la vida en pareja y en celibato.

La relación afectivo-sexual es más profunda y da más sentido a la vida sexual compartida que la genital.

Este nivel afectivo-sexual-no-genital nos desafía a célibes y miembros mayores de la pareja a mejorar nuestro nivel relacional de la sexualidad

Este nivel del lenguaje sexual tiene valor por sí mismo y no precisa de la genitalidad.

Puede florecer sin la dimensión genital o cuando va acompañado de él, le humaniza y personaliza.

Este lenguaje sexual no puede menos de verse afectado por la interpretación y vivencia de la sexualidad global.

Su objetivo prioritario esta relacionado con el desarrollo y la práctica de nuestra capacidad de amar que busca el amor pleno en la donación total.

Participa en ella predominantemente el dinamismo o energía afectiva de la persona.

El amor sensual es su gran fundamento para hacerlas realidad.

En el caso del célibe tiene como objetivo la integración en el amor, a pesar de los errores, del componente sexual y genital.

Presuponen una cierta madurez afectiva en el individuo por ser su base un amor oblativo.

Se orientan como fin a lograr un amor de amistad intima y a las manifestaciones de afecto interpersonales, que pretenden una vida relacional más profunda de las personas, sin que termine en una amistad exclusiva.

Esta dimensión afectiva y amorosa de la sexualidad está muy unida, en cuanto a la dificultad de ser vivido por la mayoría, a la interpretación biologicista, legalista y mecanicista de la sexualidad en el pasado cultural.

Su alimento principal es un rico placer sensual no genitalizado.

Suelen prescindir de un amor en pareja y en los creyentes son la base de una sexualidad célibe.

Presupone un gran desarrollo del componente oblativo del amor, preocupándose mucho por las necesidades afectivas y eróticas del otro.

Esta forma de lenguaje se favorece a través del contacto afectivo-corporal global, por ello es el más propio de las personas mayores y de edad.

Suele ser propio de las personas que aprecian más, lo que se llamamos relación afectivo-sexual, que la relación genital o coital.

Solamente el proyecto célibe deja fuera lo genital de este lenguaje siempre para plenificar lo afectivo-sexual de su amor inclusivo por la construcción del Reino de Dios en su mundo de relaciones interpersonales.

A nivel de intención buscan más la vivencia, desarrollo y cultivo del mundo afectivo, que por los aspectos físicos o genitales.

Necesita e implica para vivirlo superar las dificultades de integrar el mundo emocional en sus acercamientos intersexuales.

El desarrollo de la inteligencia emocional en hombres y mujeres, que les capacita para la comprensión, la acogida, comunicación, escucha, ternura, caricia...

Presupone un gran conocimiento y desarrollo de la inteligencia emocional de la persona.

Además de ser propio de la sexualidad célibe, también es muy característica de las personas mayores o cuando no hay o disminuyen las tensiones genitales,

Producen una gran atracción aquellas relaciones afectivo-sexuales relacionadas con los sentimientos, los afectos y que suponen un placer general no centralizado en lo genital en los participantes.

Presupone y exige una educación de nuestro cuerpo para contactar físicamente o recibir tacto o caricia sin desear terminar en lo genital como único fin.

El contacto afectivo-sexual, no tiene por qué hacer surgir ningún deseo genital, ni de masturbación, ni de penetración/coito, ni tampoco ese tipo de fantasías.

Si en este tipo de lenguaje surge un deseo genital, es porque existía un deseo previo o porque se tenía ya una cierta carga o predisposición.

El hombre que vive este tercer lenguaje, puede replantearse sin angustia el fantasma de la impotencia: el cuerpo goza de muchas maneras, el pene no tiene porqué reproducir respuestas automáticas.

La caricia afectivo-sexual no se focalíza en los genitales, sino que es más extensa. Puede darnos mucho placer y utilizarse especialmente cuando estamos estresados, cansados, fatigados, física e emocionalmente.

Las relaciones afectivo-sexuales se caracterizan por la amistad, la equidad, la igualdad, el respeto mutuo, la reciprocidad, la compasión y la integración de los niveles del lenguaje sexual.

 

CONCLUSIÓN

1. La satisfacción afectivo sexual se produce cuando todo va bien. Cuando los lenguajes sexuales además de culminar en el gozo han permitido que ambos se sientan acoplados, armónicos, satisfechos y competentes en el arte del gozo. Por el contrario nos sentimos sexualmente frustrados cada vez que se defrauda nuestra expectativa de placer o vemos rechazas, incomprendidas y desatendidas nuestras iniciativas sexuales-afectivas.

2. La defraudación de la expectativa afectivo-sexual placentera, puede aparecer en todas y cada una de las variables de la manifestación sexual siempre que una de las partes no encuentra reciprocidad o siente limitada su expresividad sexual. Hay frustración en la iniciativa cuando no es correspondida. Hay frustración en la frecuencia cuando uno tiene que aguantar las ganas para no ser rechazado. Y hay frustración en los rituales cuando la gente reprime lo que quiere hacer porque sabe que no va a ser aceptado.

3. Las frustraciones afectivo-sexuales, además de producir congestión pélvica, irritabilidad y mal humor, es una de las causas más importantes de la inhibición del sexo genital femenino, y un factor de primer orden en la génesis de muchos fracasos de acoplamientos y armonía afectivo-sexual.

4. Y la falta de placer coital no se corrige por el numero de coitos que se practican sino por la satisfacción que éstos son capaces de procurar. Un problema cada vez más frecuente es compaginar lenguajes armónicos con hombres que no dominan su erección y necesitan el coito de inmediato. Imaginar lo que ocurre entre una mujer anorgásmica, pasiva y un eyaculador precoz no es muy difícil de entender. Cuanto más se empeñen en copular para satisfacerse más se frustra ella y más se acompleja él. Porque, al contrario de lo que pueda parecer, la eyaculación precoz no se resuelve incrementando los coitos sino entendiendo por qué se produce y realizando la correspondiente consulta terapéutica.

5. El acoplamiento sexual placentero y gozoso no depende sólo del antes y el durante sino que necesita el después. Y la forma de vivir ese después encierra diferencias de género tan notables que la variable del lenguaje afectivo-sexual posplacer es la que polariza mayor número de quejas femeninas, incluso entre parejas acopladas y armónicas. Cuando termina o acaba se levanta se va a lavar, a echar un pitillo rápidamente y vuelve y se pone a dormir. Las quejas afectivas femeninas del posludio siempre están relacionadas con el lenguaje afectivo sobre el comportamiento masculino, una lógica que conviene conocer si realmente aspiramos a aprender y vivir el lenguaje de los afectos para que funcione bien el genital.

6. La mayoría de las mujeres asocian la sexualidad con la afectividad, por tanto aunque haya concluido el acto coital es compatible que deseen mantener el calor afectivo. Las mujeres no tienen apenas periodo refractario después de alcanzar el gozo compartido, por lo tanto es natural que aunque estén satisfechas quieran prolongar el tacto, las caricias, la ternura y el lenguaje de los ricos afectos. Los hombres en estos momentos no deben confundir expresión afectiva con demanda genital o coital.