LOS MITOS EN LA SEXUALIDAD CÉLIBE

Por Cosme Puerto Pascual, o.p. (sexólogo)

0. INTRODUCCIÓN

0.1. Los mitos ensombrecen la sexualidad del célibe

Los mitos sexuales del pasado y presente dominan al candidato que elige un proyecto de vida sexual célibe, proponiendo como objetivos deseos neuróticos y narcisistas, en vez de necesidades a la medida del nueva vocación elegida. El trabajo de sus educadores y orientadores es ayudarle a comprender que el descuido de la educación sexual significa exponerle a una mayor vulnerabilidad y fracaso o hacia una vida de culpabilidad y de angustia que, al aparecer en el futuro bajo forma de malestar psíquico, afectivo, depresión o pánico, puede comprometer seriamente el proyecto futuro de su vida elegida.

La sexualidad del candidato a una vida célibe esta rodeada de una mentalidad de prejuicios y temores que ha predominado durante siglos de una cultura anticientífica y que puede representar un grave obstáculo a una libre elección y expresión de su vida sexual. todavía hoy situada dentro del mito, del tabú, que la enferma casi desde sus orígenes. Hoy sigue siendo el voto más olvidado y el que menos nos interpela a pesar de reconocer que tenemos derecho a una sana y positiva educación. Se ha escrito mucho en el pasado sobre como no vivirla y los problemas donde se ha caído al vivirla, de nuestra obsesión por ella, pero no se ha reflexionado casi nada del cómo vivirla por medios positivos y sanos. Por ello, los célibes de hoy se preguntan hoy cada vez más, si su opción es posible, viable, saludable e íntegra.

En este articulo examinaremos los principales mitos o falsas creencias que se refieren a la comprensión o vivencia dela sexualidad del célibe y las causas que aún hoy en día impiden su normal comprensión y vivencia en su normal actividad diaria, preservar, restablecer y promover la sensualidad y la sexualidad de su propio estado de vida.

La presencia de mitos religiosos y sociales o de mistificaciones cuyos orígenes se pierden en un pasado muy lejano, pero que influyen en la mente y vida del célibe. Es muy importante entender en qué medida la existencia de prejuicios con referencia al célibe pueden condicionar su sexualidad y la imagen que ellos mismos tienen de ella. Sin hablar del peligro de volverse, algún día, víctimas de esos mismos prejuicios.

Estos mitos, falsas creencias o mensajes falsos, han sido en su mayoría aprendidos de una manera bastante inconsciente en los primeros años de ese tipo de vida, sin una buena educación sexual y un sentido crítico profundo. Los captamos y los aprendemos desde la más tierna infancia en el hogar, otros se nos trasmiten en la educación religiosa represiva, que al no impartirnos una sana y prudente educación para tener un juicio crítico ante los que escuchamos y nos dicen en este campo, demás de los medios de comunicación actuales que nos trasmiten otros nuevos.

Mostramos una gran inercia a pensar, sentir y actuar como lo hemos hecho toda la vida, lo cual es fruto de un hábito o una atracción de lo familiar, lo conocido y el temor a lo desconocido. Repetidos y repetimos las mismas reacciones sexuales, nos convertimos en obedientes herederos de nosotros mismos. Mientras tenemos una idea fija o nos aferramos a alguna manera habitual de hacer las cosas no podemos apreciarlas en su sano y verdadero sentido, pues descartamos todo lo que no coincide con nuestra ideas previas.

No hay que olvidar que los mitos sobre la sexualidad célibe afectan mucho más a ellos que a otros estados de vida. Muchos de ellos tienden a ignorar lo que los demás opinan de ellos. La tentativa de desmitificar los mitos perjudiciales relacionados con la sexualidad de los célibes es loable. La necesidad de crear una imagen positiva que sustituya los estigmas del pasado, nos ayuda a superar el riesgo de desalentar la investigación de los problemas reales que caracterizan la vida sexual de este estado de vida.

0.2. ¿Qué religión, cultura o sociedad no tiene mitos sexuales?.

Los mitos del celibato forman el telar donde se teje la estructura del gran tapiz de la sexualidad célibe. Cuando comencé a estudiar este proyecto de vida sexual me di cuenta de que, al igual que cada cultura o sociedad tiene sus mitos que la configuran, de igual manera existen en la vida célibe, como sexualidad de minorías que es, "mitos" que tienen incidencia en todos individuos que la viven. Cada célibe re-crea sus propios mitos a partir de los mitos religiosos del cristianismo. Una cosa es la narración del mito, y otra cómo cada cual lo percibe, desarrolla e integra para su vida.

Los mitos celibatarios hace referencia, sobre todo, a los orígenes, a los antecedentes de la estructura sexual célibe. Como si tratara de narraciones de los antiguos dioses. Los mitos de la sexualidad célibe tienen algo de valor reconocido aunque no se hable, están en la mente de todas las personas religiosas y tienen un halo de misterio. No hace falta una gran narración, bastan unos pocos comentarios sobre una historia, un personaje o incluso ciertos silencios-lo no hablado- para su elaboración.

Los mitos de la sexualidad célibe, al igual que los diversos titos culturales o sociales, reflejan problemas internos muy profundos que tienen una resonancia para nuestra vida sexual. Hay muchas elaboraciones míticas sobre la sexualidad célibataria que me he encontrado en relación con la manera de fundamentar, concebir, vivir o con lo normativo de este tipo de vida.

En los mitos aparecen arquetipos, personajes prototípicos universales de los que aprendemos diferentes modelos comportamentales y nos inspiran sentimientos religiosos diversos. Hay algo que nos atrae de esas historias y de esos personajes célibes; ejemplos que nos producen una atracción emocional y que constituyen la fuente de nuestra llamada a ese tipo de vida. Esos elementos sexuales se incluyen dentro del escenario mental y volitivo formando parte de nuestra personalidad como elementos que nos seducen, por lo que, de una u otra forma aparecen también reflejados en nuestra vida sexual.

0.3. La necesidad del célibe de desaprender lo mal aprendido.

Pero, ¿ podemos dejar esas falsas creencias o mitos sexuales ? ¿ Hay alternativas a estas reacciones automatizadas que nos han convertido dentro de la vida célibe en un robot y dirigen cada uno de nuestros actos sexuales ? Los hábitos, son nuestros más encarnizados amigos o enemigos. Ya que nos conducen de forma espontánea a pensar y realizar esa realidad. Pero si son una falsa creencia se convierten en una trampa, ya que lejos de entrenarnos en el manejo y conocimiento sano de la sexualidad, nos impele siempre a conductas de huida y evitación de la sana realidad sexual.

Un hábito no se puede extinguir de golpe pero si estamos dispuestos a pensar correctamente, el hábito pierde progresivamente su poder. Para lograr y entrenarnos en nuestra libertad sexual conviene no olvidar la necesidad de ser conscientes de nuestros mitos o falsas creencias sexuales para poderlas superar. Conviene conocerlas aceptar como parte del instrumental necesario para superarlas. Además de contar con una sana idea como alternativa a la falsa creencia o mito. Es probable que algunos mitos de la sexualidad célibe te resulten familiares, pero sería conveniente que analizaras cómo te defiendes de esos mitos en tu vida consagrada.

Los mitos descritos son sólo algunos de los más importantes acerca de la sexualidad célibe y por su influjo en ella. Hemos visto que ni los teólogos son inmunes a las falsas creencias, dado que muchos de ellos se sienten incómodos al hablar de la sexualidad célibe en su vida y con las demás personas con las que trabajan. Las actitudes llenas de prejuicios de algunos teólogos que descuidan, en la investigación teológica el hablar de estos temas, son una de las causas principales del limitado compromiso con las personas que han abrazo este tipo de sexualidad. No obstante los progresos logrados en lo que es una sexualidad sana y positiva y el tratamiento de los problemas sexuales, la práctica teológica actual se basa muy a menudo en una deficiente información y formación científica en este campo del saber, que prevé el conocimiento de la sexología en estas personas, quedándose en un conocimiento muchas veces anticientífico y anecdótico de la sexualidad, o en una actitud nihilista y pecaminosa.

Todo este conjunto de mentalidades, prejuicios y temores que han predominado tanto tiempo puede representar un grave obstáculo a una consciente, libre y comprometida sexualidad célibe hoy.

0.3. ¿Qué busco al estudiar los mitos de la sexualidad célibe?.

Los mitos sexuales son formas parciales, sencillas y inocentes de explicar lo que es difícil, complejo de entender. No suelen ser falsos por lo que dicen sino por lo que dejan de decir, desde donde se coloca y entiende mal lo que dicen. Hablar y explicar la complejidad de la vida sexual célibe no es nada fácil y menos encontrarnos con lo sexual que está dentro de nosotros.

¿Verdad o mito? Verdad. Un pensamiento que responde a la realidad de la sexualidad célibe. Sexualidad que merece la pena ser revisada y estudiada con espíritu crítico. Con la esperanza de acercarme más a ella, escribo este articulo. Mi propósito es denunciar algunos de los múltiples mitos sexuales relativos a ella y que nos acompañan en nuestra vida. Y sobre todo tratar de revisarlo. Sé que mi deseo de que desaparezcan es una utopía, pero no el evolucionen como los signos de los tiempos. No es fácil lograr este propósito, pero es muy importante intentarlo. No olvidando que en la medida que desaparecen los antiguos surgen otros nuevos. Todos los campos de la cultura generan muchos mitos, pero ninguno tan rico en ideas falsas, cuentos y leyendas como la sexualidad célibe.

Los mitos son verdaderos prejuicios transmitidos de un célibe a otro y que jamás cuestionamos. Falsas creencias que han usado la ciencia, la política y la religión para atemorizar, culpabilizar y en el fondo para dominar. Enquistados en nuestra religión, impusieron casi como único método de educación sexual la desinformación y la represión. Aceptar los mitos sexuales trasmitidos por múltiples medios religiosos y sociales pueden tener más influencia sobre las actitudes y el comportamiento sexual que lo que podemos sospechar. Escuchar a ciertas personas religiosas en reuniones y leer ciertos libros religiosos, me ha permitido descubrir hasta que punto estas leyendas forman parte del pensamiento religioso y social masivo.

Los mitos sexuales son responsable de numerosas frustraciones y fracasos en la sexualidad célibe. La falta de formación y la ignorancia en este campo aún ocupa gran parte del territorio que le corresponde a una sana y positiva educación sexual. Felizmente, a mucho célibes jóvenes ya no le da vergüenza confesar que ansía una vida sexual sana y positiva en su estado de vida: sabe que integración y la armonía sexual es indispensable para vivir su vida afectivo sexual célibe con el que sueña.

Además de ser casi ignorada la sexualidad célibe por los falsos planeamientos del pasado y su falta de actualización a la gran revolución sexual presente, por si esto no fuera suficiente, las cosas se complican todavía más por la multitud de mitos que creó la cultura pasada y presente, que vienen a perjudicarla con efectos muy negativos para los que la vivimos la sexualidad célibe. A la fuerza tenía que escribir un capítulo de este libro a los mitos, que repercuten en no poder valorar, comprender y entender esta nueva forma de vida sexual. Además es que la gran mayoría de los mitos, errores y disparates que se encuentran en muchas personas nos llevan a rastrear hasta lo que cada persona entiende que es la sexualidad.

1. ¿QUÉ INTENTAMOS CON LOS MITOS DE LA SEXUALDIAD CÉLIBE?.

Estos mitos, o "mensajes", han sido en su mayoría aprendidos de una manera inconsciente, a menudo desde los primeros días de nuestra vida. Los captamos a través de conversaciones oídas en el hogar como de pasada; entre nuestro grupo de amistades; y, directa o indirectamente, a través de las figuras de autoridad; de nuestro nuestras comunidades religiosas; en nuestro intento de conocer la sexualidad célibe, de los medios de comunicación y de la literatura...

1.1. ¿Qué entendemos por mitos de la sexualidad célibe?.

Si la sexualidad comienza en la mente, la guerra también comienza en ese sentido y es donde debemos construir y lograr la paz. Educando esta capacidad de discernimiento que todos tenemos, nos permite poder separar el trigo de la cizaña, que crecen juntos y no pueden arrancarse sin peligro de malograr los dos. Debemos saber y poder discernir con prudencia para irse quedando con lo correcto y dejar lo incorrecto. Es desde este propósito y no desde el interés de convencer desde donde usaremos los conceptos de falsas creencias, falsedades, mitos.

Los célibes a causa de la falta de una sana, integral y evolutiva educación sexual tienen en sus mentes entablada una guerra de pensamientos entre lo bueno y lo malo, entre lo lícito y lo ilícito, entre lo lujurioso y no lujurioso que les quita la paz para un crecimiento de la sexualidad dentro de su proyecto de vida en la creatividad y en el cambio en vez de la destrucción. Sin una mente educada en el discernimiento de nuestros pensamientos sexuales y sin una voluntad que pueda controlar para elegir libremente entre todo lo que nos dicen y nos decimos en este campo no podemos lograr nuestro proyecto de vida célibe.

No es la sexualidad la que nos perturba nuestra vida célibe, sino nuestra filosofía o manera de concebirla y pensar sobre ella. Nuestra experiencia de ella influye su interpretación. El poder del pensamiento sexual es una espada de doble filo, según el uso que le demos. Durante la infancia cuando nos educan o más tarde cuando nos autoeducamos, su uso requiere un aprendizaje y no siempre es correcto. Lo que si es claro es la existencia de una relación proporcional entre nuestro bienestar sexual, y el uso de nuestra capacidad para discernir y dirigir nuestros pensamientos. Así comprobaremos que nuestras sanas o falsas creencias sexuales, no sólo influyen, sino que determinan la calidad de nuestra paz sexual.

Lo que obviamente no nos enseñan durante nuestra educación al ingresar en la vida religiosa es que existen en el ser humano una dimensión natural que es la de escucharse y conducirse a sí mismo, para lo cual es imprescindible detectar los mitos, falsas creencias o ideas preconcebidas o juicios de valor sexual falsos. Una vez introducido el disquete con toda la información en el ordenador cerebral no solemos plantearnos las cosas aprendidas incorrectas nunca más, y nuestras reacciones en este campo se manifiestan de forma automática al margen de nuestra voluntad, proviniendo más de una costumbre que de una libre elección desde una idea sana.

Entendemos por mitos, falsas creencias todo aquello que nos decimos, consciente o inconscientemente, que es destructivo para nosotros o para la comunidad en que vivimos, y que no es verificable en la realidad sexual. Somos racionales cuando nuestro pensamientos nos ayudan a nosotros y a la comunidad; cuando estamos en contacto con la realidad sexual y no la negamos, cuando somos lógicos y flexibles.

Conviene que consideremos aquí algunos de estos mitos que más influyen en comprender mal este tipo de vida sexual, porque son los que delinean el panorama para comprender la sexualidad del celibato. Tienen una importancia mayor que cualquier otro mito cultural, porque constituyen la base de nuestro tipo de vida sexual deformando su comprensión y su vivencia con falsas creencias. Desgraciadamente muchos célibes de manera inconsciente apoyan en ellos su vida sexual, impidiéndoles comprender, vivir y expresar su sexualidad de manera real por no saber claro lo que era.

1.2. Los mitos con sus representaciones arquetípicas nos muestran formas de comportamiento de nuestra sexualidad célibe.

En las mitologías de las religiones existen figuras arquetípicas. Los mitos célibes con sus representaciones arquetípicas nos muestran formas de comportamiento sexual para nuestra vida sexual cotidiana. Representan la virginidad, la castidad, la puraza, la sexualidad célibe... Las representaciones arquetípicas son figuras universales con las que nos identificamos en determinados momentos o periodos de nuestra vida sexual. A veces adoptamos un arquetipo, a veces varios a un mismo tiempo.

Los modelos religiosos, Jesús, nuestros fundadores, los santos son vividos como figuras que tenemos más próximas, nuestro modelo de vínculo amoroso a partir del cual captamos toda una serie de mensajes explícitos e implícitos.

La figura de Jesús, nuestros padres, familiares célibes, sacerdotes, los santos fundadores y sus reglas son en la religión católica los primeros modelos o modelos bases. Son nuestros primeros modelos sexuales de los que aprendemos lo que es ser mujer o varón casto o célibe, por qué es importante-o no- serlo, la actitud frente al cuerpo sexuado y sexual, cómo se mantiene un vínculo en la convivencia, qué se hace para ser bueno o malo, para mantener la atención y el contacto afectivo en nuestra vida célibe. Además de estas figuras, existen también otras que complementan, refuerzan o contrarrestan los modelos de las primeras figuras célibes de nuestra vida.

Una parte de las características de nuestra sexualidad célibe y nuestro guión de vida sexual se estructura mediante identificaciones con los modelos de las estas figuras sexuales, por el contenido afectivo y de vinculo que conllevan. La identificación se manifiesta bien por la copia de ese modelo o características del mismo Porque es el modelo que más nos atrae, más adoramos.

1.3. ¿Qué hacer con nuestros prejuicios, generalmente llamados verdades de fe, absolutas?.

Un solo camino someterlos análisis y a la crítica; cotejarlos con otras formas de pensar de personas tan sensatas y honestas como nos sentimos nosotros. Debemos abandonar la postura de creer saberlo todo en este campo. Creer que somos los únicos dueños y portadores de la verdad sexual absoluta. Abrirse con humildad a lo que otros piensan y opinan en este campo. Abrirse a la investigación y ponernos a buscar la verdad sexual, sintiendo que la buscamos porque no la tenemos.

Buscar la verdad sexual con la conciencia de que nunca la encontraremos del todo, en forma plena; buscarla y respetar la búsqueda sincera de los otros: esa es la base para algo que se llama tolerancia, una virtud social casi desconocida. La intolerancia sexual no es sino la resultante lógica del convencimiento de ser los dueños de la verdad. Y si hay un terreno donde la intolerancia religiosa sentó sus reales fue en el campo de la sexualidad humana. Justamente donde más debe reinar la comprensión, el respeto, la libertad y el amor.

Son muchas las ideas o falsas creencias irracionales que a nivel popular o religioso se manifiestan de muchas maneras y en muchas versiones. Todas nos desconectan de la sana realidad sexual, todas implican esfuerzo corporal, todas encubren exigencias. Los mitos que vamos a describir son sólo algunos de los más importantes acerca de la sexualidad célibe. Ni los célibes son inmunes a las falsas creencias, dado que muchos de ellos se sienten incómodos al hablar de su sexualidad con las personas con las que viven en su vida cotidiana.

Conviene que consideremos aquí algunos de estos mitos, porque son los que delinean el panorama para comprender la sexualidad célibe. Tienen una importancia e influencia muy grande, porque constituyen la base de un mundo de fantasía sexual que no pueden hacer nunca realidad. Desgraciadamente, muchos célibes, no entienden realmente esto y se conducen, casi siempre de manera inconsciente, como si ese mundo de fantasías fuese real. Y, cuando queda claro que no lo son, les influye muy negativamente en su sexualidad célibe.

1.4. ¿Qué es la sexualidad célibe?.

La vida célibe ha estado encarcelada por la interpretación de la Iglesia que reducía la sexualidad a la genitalidad reproductora. El concilio Vaticano II comenzó a abrir las puertas que impedían entender lo más importante de la sexualidad para el célibe. Nuestra cultura occidental la valora sobre todo como una capacidad relacional, un dinamismo de apertura, comunión y creatividad. Timothy Radclife nos dice que es el gran sacramento de comunión con el otro del s. XX en una carta que nos dirigió a la orden dominicana.

Hoy nuestra sociedad tiene asegurada la reproducción y el problema es la falta de medios para alimentar a tantos niños y personas que mueren de hambre en el mundo. Occidente no ve la necesidad acuciante de que los poderes sociales y religiosos centren y reduzcan los fines de la sexualidad a la mera reproducción. Desde las nuevas perspectivas, la sexualidad está abierta a una gama de experiencias humanas y religiosas y se convierte en un modo de estar en el mundo y de encuentro y relación. La genitalidad procreadora y placentera, no son más que unas dimensiones de las muchas que tiene la sexualidad. El mismo Concilio Vaticano II nos define el matrimonio como una comunidad de vida y amor.

Las capacidades relacionales de la sexualidad no pueden ni deben reducirse a las meramente genitales y mucho menos a la hora de estudiar la sexualidad del célibe cristiano. Dado que la sexualidad abarca a toda la persona y puede expresarse a través de todas las formas de comunicación que ella posee. La genital no es más que una más y no siempre ni la más placentera ni las más necesaria para crecer y realizarse como personas. La sexualidad célibe tiene que ver con la sexualidad humana y con el amor. Por lo tanto no puede menos de verse afectado por esa valoración más rica y amplia generalizada ya por toda la sociedad y pensamiento actual. Ampliación que proporciona a la sexualidad célibe una dimensión amorosa y afectiva que va más de acuerdo con el evangelio de Jesús.

La vida célibe no es supresión, ni represión de la sexualidad humana. La sexualidad nos define en lo que somos, es creada por Dios y se encarna en un cuerpo sexuado. Este dinamismo de la persona contiene verdades profundas sobre quienes somos, como nos tenemos que relacionar y qué necesitamos. El simple hecho de suprimirla, reprimirla o negarla nos lleva a ser personas enfermas y espiritualmente a personas muertas. Necesitamos vivirla de otra forma de las muchas que tiene y una de ellas es la célibe.

El evangelio nos ofrece a través de la vida de Cristo otra forma de vivirla. El pensamiento antropológico sexual nos habla hoy de otras formas de vivirla y una de ellas es la sexualidad célibe. Tenemos que abrirnos a la diversidad en un mundo que se abre a la globalidad. Los cristianos hoy necesitamos hablar al mundo contemporáneo de esta forma célibe de vivirla. En la antropología son muchas y muy variadas las formas en las que se puede vivir y amar.

La sexualidad célibe es una nueva forma de vivirla y expresarla. Por eso es tan impactante la vida sexual de Cristo en una sociedad que sólo justificaba la manera reproductora de vivirla. Les enseño que había otra forma de vivirla sin despreciar y marginar a quien no se reproducía y abriendo nuevos horizontes de libertad. La sexualidad célibe cristiana es una nueva manera de vivir nuestro modo de ser hombres y mujeres y la manera de encontrarnos y expresarnos con los demás. Es una nueva manera de amor a Dios y a los hermanos. La relación e intimidad es más profunda que la manifestada por el sexo genital y eso es lo que intenta significar la vida sexual célibe al hombre de hoy.

2.4. Algunos piensan que por no tener relaciones genitales son célibes.

Algunos pensadores actuales indican que una visión positiva del celibato se ha visto perjudicada por su estrecha vinculación con el poder de la institución de la Iglesia y con la vocación religiosa. Tal vez algunas de estas indicaciones sean razonables, no siempre la Iglesia ha hablado y dejado hablar positivamente de la sexualidad de esta forma de vida. Además los movimientos más decididos a favor de abolirlo están dentro de sus filas por obligarlo a vivir por ley y no con libertad para ser sacerdote como hacen otras iglesias cristianas. En esta materia crece una corriente cada vez mayor que no quiere nada que ver con las religiones organizadas y la manera de hablar de este tema. Yo considero muy positiva esta corriente, ya que nos ofrece la posibilidad de estudiar y ver este tema desde otros puntos de vista que no sean los religiosos de los que estamos muy necesitados.

Estas corrientes sexualmente se consideran mejor preparadas e informadas y con una libertad para decir desde el ámbito científico todo lo que creen necesario. Piensan que los célibes religiosos del pasado eran gente represiva y negativa contra la sexualidad, se educaban en una gran frialdad de corazón para defenderse de los peligros, inhibidos en la relaciones intersexuales, reprimían los impulsos sexuales más que integrarlos en su persona y proyecto de vida para permitirles expresar de un modo saludable y natural.

El celibato, al asociarse con la religión, pasa a ser visto solo en su lado negativo, como privación de la propia sexualidad por voluntad propia, como algo necesario para otros proyectos de vida, como un medio para regentar el poder religioso. Dan la impresión de ser unos fanáticos religiosos, gente muy peligrosa y extraña. Para ver el lado positivo que tiene para el hombre no religioso debemos separarlo de la religión. En vez de destacar su doctrina religiosa represiva, su peso de obligatoriedad, debemos preocuparnos por las razones positivas que se experimentan en él sin el peso de religiones, filosofías y códigos morales que consideran el acto sexual malo.

Hoy las culturas occidentales cada vez que creen menos en Dios y vincular este modo de vida sexual a esas creencias sólo trae enemigos contra el celibato defendido hasta hora por ellos. En nuestros tiempos hemos pasado a considerar la sexualidad, en sí, como algo positivo, sublime, casi una experiencia religiosa como la ofrecían las religiones orientales, un derecho de toda persona y el celibato ofrecido por la religión todavía no ha llegado a ser visto desde una sexualidad positiva sino con muchas mezclas muy represivas y negativas.

En lo profundo de todas estas críticas contra el celibato religioso pesan formas de vivirlo que son no tienen nada que ver con la vida célibe de Jesús. Ya en sus tiempos El tuvo que condenar como negativas muchas de las religiosidades de su tiempo por convertir a las personas que las vivían en puros fariseos, que los llamó sepulcros blanqueados.

Ciertas abstinencias de la sexualidad en personas religiosas o no religiosas son pura enfermedad sexual, inhibiciones educativas, miedos al sexo opuesto, obsesivos, vergüenzas al propio cuerpo por faltas de autoestima…Por eso quiero lo verlo como una manera más de las múltiples que existen de expresar y vivir la sexualidad en positivo. La abstinencia de sexualidad genital para mi es una forma de hablar mi ser sexuado, de lograr la autoestima corporal, de afirmar mi identidad sexual, de realizarme y madurar como persona, de relacionarme con ellas para amar y lograr gran intimidad, para tratarla e igualdad y no como una forma de poder por tener pene y penetrarlas…El no elegir la virginidad por motivos correctos, hacerlo por presiones del tipo que sean, por ejercicio de autodominio, rechazo del contacto humano, establecer autonomía persona, por asco al contacto físico, por miedo amar…convierten esta forma de vida sexual en algo que no tiene nada que ver con el autentico celibato. Lo que indica que no tener relaciones sexuales genitales no es igual a una vida en celibato cristiano de seguimiento a cristo.

2. ENUMERACIÓN DE ALGUNOS DE ELLOS:

2.1. Sexualidad, genitalidad y reproducción es lo mismo.

Mucha gente cree que tienen sexualidad para reproducirse y punto final. Esta falsa creencia comporta no pocas preguntas y problemas. Imaginemos a una persona que todavía no tenga hijos. Que pensar de los niños y ancianos, cuando no pueden reproducirse, no existe sexualidad. Tampoco tienen sexualidad aquellas personas que deciden tener relaciones sexuales con personas del mismo sexo, con las que evidentemente, no pueden reproducirse.

Si la sexualidad sólo cumple la función de la reproducción, ¿por qué los seres humanos tenemos un gran número de contactos sexuales que nunca van a terminar en embarazo?. Esta cuestión se hace claramente manifiesta con la aparición de los métodos anticonceptivos; con ellos queda tirado por tierra el mito de equiparar sexualidad y reproducción; parece claro que la sexualidad también tiene que ver con otras cosas: la comunicación, la relación, el placer...

No olvidemos los célibes que descubren la dimensión de la sexualidad es algo casi tan grande como descubrir que uno es persona. Ahí es dónde y cuándo se descubre el gran regalo que tenemos. Pero cuidado, porque en este punto no está todo ganado. Se puede superar el mito de "sexualidad igual a reproducción", pero puede quedar un rescoldo que hace identificar la sexualidad con lo genital, con el "ahí abajo".

Para muchos célibes reducir parece ser la clave. Yo les pregunto: ¿Para qué y por qué?. Si sólo es para reproducirnos, la gente cada vez se reproduce menos y por ello las tachamos de egoístas. ¿Qué pensar de un celibato no reproductivo en nuestro mundo?. Lo cierto es que la reproducción es un significado más, pero no el único.

2.2. Idealización de la sexualidad matrimonial.

El matrimonio ha pasado de ser valorado como inferior y fuente de pecados sexuales frente a la vida superior del celibato a un presente donde la sexualidad matrimonial es la única fuente de felicidad humana. El no casarse es como estar considerado como un bicho raro y anormal. La sexualidad genital no es el pegamento mágico que une a las parejas en uniones estables, duraderas y felices. Sin embargo , todas las evidencias nos indican lo contrario que la genitalidad no mantiene unidas a las parejas, insistimos en creer que es así…o deseamos creerlo. Todos los años se publican nuevos manuales de asesoramiento sexual, indicándonos cómo podemos alcanzar orgasmos maravillosos con nuestra pareja.

Todos soñamos con nuestra necesidad de hablar de la sexualidad y una relación sexual satisfactoria como parte de ese ideal. Pero cuanto más importante se considere la sexualidad genital dentro d e esas relaciones esponsales, menos probable es que perdure y sea feliz

Cuando una pareja casada imagina que el sexo tiene mucha importancia en su vida, puede culpar por las profundas insatisfacciones al aspecto sexual de la relación, en vez de buscar la verdadera causa del problema. Las parejas casadas de la actualidad esperan demasiado del sexo, por eso se sienten desilusionadas y llenas de desconcierto cuando la vida sexual deja de ser excitante. Al principio parece que jamás nos cansaremos el uno del otro, pero pronto nos damos cuenta de que la genitalidad no tiene nada que ver con el amor y que desintegrado de él se convierte rápidamente en costumbre, algo que se hace porque siempre ha formado parte de ese proyecto y puede llegar a hacerse a la larga insoportable. Lejos de liberar a las parejas, las torna mutuamente en dependientes.

La sexualidad en la vida en pareja no puede ser un remedio para todos los problemas y una cura mágica para el aburrimiento, pues no es posible curar un profundo malestar afectivo, relacional o comunicativo mediante una sexualidad genital. La genitalidad matrimonial no tarda mucho en convertirse con facilidad en hábito. Si uno se acostumbre a incluirlo en la rutina diaria puede echarlo de menos cuando no lo tiene. Muchísimas parejas mantienen el contacto físico por pura adicción, mas que por una expresión afectiva total.

A casi todas las parejas casadas se les ha enseñado que el hecho de proporcionar satisfacción sexual a su cónyuge constituye la más íntima aportación que pueden también que el aspecto sexual del amor es limitado y saben por experiencia que el mejor de todos los orgasmos posibles no origina satisfacción cinco minutos más tarde. Algunas llegan entonces a contemplar el sexo con un ojo más equilibrado, como una clase de juego y placer, pero no como la base del desarrollo en el matrimonio.

2.3. Coitocentrismo.

Para la mayoría de las personas casadas la sexualidad es coito. Los hombres no se consideran a sí mismos verdaderos hombres si no desean el coito. La pura verdad es que muchas mujeres, es justamente eso lo que piensan, por lo que los temores de los hombres no son del todo infundado. Por desgracia, la mayoría de los hombres centran la expresión sexual en él, en lugar de otras formas de expresarla, comprenderla y sentirla.

El coito ha cargado con una enorme peso en la sexualidad humana, hasta tal punto, como hemos visto, que un hombre cree que la sexualidad no es más que eso. La sexualidad célibe al ser explicada se ha centrado también en la renuncia coital y reproducción. La mayoría de los hombres y las mujeres serían sexualmente felices si no se les inculcase que el coito es, en cierto modo, obligatorio. Claro que lo contrario implica otro tipo de educación donde hay que enseñarles a ver qué otra cosa podrían hacer.

La mitificación del acto coital genital nos lleva al que lo vive y al que renuncia a él a poner unas expectativas tan altas que luego no obtenemos al vivirlo y nos lleva a la desilusión y muchas veces a la depresión por el vacío que nos deja. A los que renuncian a él le crea la convicción de una renuncia y sacrificio total, cosa que no es así.

El coito es un acto más y al principio es la primera piedra de un largo y costoso aprendizaje de uno de los caminos o fuente de placer, no exento de muchos problemas y dificultades que con un gran amor hay que ir superando. Es un acto de amor físico , neutro en sí, y que cada uno lo llena se significado subjetivo que deseemos en cada memento que lo vivimos. Podemos dotar al acto físico sexual de las emociones que nos plazcan, pero no debemos olvidar que esa unión física de los cuerpos nunca pueda dar la plena felicidad sí nosotros no contribuimos a ella. Las prostitutas serían las personas más felices de ser así.

El religioso tendrá que tener muy presente los efectos negativos de este mito en su vida sexual y las presiones que debe superar por vivir en un mundo medios de comunicación muy potentes y con presiones que a veces nos impiden ser libres. Cuanto más nos impulsan a pensar en ello la televisión y el cine más se estimula la producción de hormonas sexuales llenando de tensiones nuestra sexualidad célibe, ya que no debemos olvidar por las explicaciones de nuestra sexuación las interacciones constantes entre la mente y el cuerpo.

2.4. El mito del paraíso perdido.

Cada estado de vida tiene sus propias dificultades e inconvenientes. La sexualidad celibataria implica, como otras opciones, una dosis de frustración porque dice no a la genitalidad. Lo importante es que cada uno descubra su vocación y cómo vivirla. Ningún célibe puede ser maduro y equilibrado si no fuera capaz psicológicamente de hacer feliz a otra persona en el matrimonio.

Desgraciadamente suele suceder en la psicología de las personas la idealización de situaciones que no se disfrutan y que podrían haberse disfrutado. El hombre es un ser que tiende siempre a buscar la felicidad, la fijación del ser humano siempre va en la línea de tratar de vivir una existencia exenta de problemas y dificultades, el hombre no quiere pactar con las dificultades cotidianas de la existencia y trata buscar un lugar que no existe en ningún lugar, valga la redundancia.

Es, por tanto muy normal que se empiecen -cuando surgen los problemas y la persona se ve sumida en la desesperación- a idealizar situaciones que no fueron, pero a lo mejor podrían haber sido. Así veremos que en un célibe fracasado, comenzará a idealizar la vida en pareja, como el lugar donde podría haber soslayado y resuelto todos los problemas que ahora tiene. De la misma manera, en un matrimonio mediocre o roto, se comienza a idealizar lo agradable que habría sido la vida sacerdotal o religiosa y que también ahí hubieran solucionado sus problemas. Surge entonces el inevitable "me equivoqué", cuando en la mayoría de las ocasiones no hubo tal error.

Empero, hay que indicar que esta idealización prolifera más en la vida célibe que en la del casado, porque el casado siempre que surgen problemas es más fácil que piense en la alternativa con otra mujer o con haberse quedado soltero. Pero el célibe suele suceder lo contrario, ante los problemas afectivos, cuando contrasta fatigosamente el hambre de ciertas experiencias, su amargura soterrada, cree que la solución hubiera estado en no renunciar a algo que desconoce por completo, y que, curiosamente, aconseja desde el confesionario a las parejas en su vida conyugal. ¡qué paradoja!, No hay que idealizar situaciones ni estados, porque todos tienen sus pros y sus contras.

2.5. El mito genital.

La sexualidad del pasado estaba fundamentada y centrada en los genitales. El pene es lo único que necesita un hombre para procrear y en él ha ido focalizado su placer sexual. Por eso el hombre vive todavía inmerso en una cultura falocrática que ya no tiene sentido.

A la mitificación ha contribuido también el ser definido el celibato en el pasado como contraposición del matrimonio y hasta llego a definirse como no casado. La sexualidad matrimonial en el pasado era reducida a genitalidad, heterosexual, reproductora, hijos, ósea, meter pene en vagina de mujer. De donde nacía un celibato que no era más que abstención genital, con lo cual el mito genital también era defendido por estos. Los que creen en la sexualidad célibe saben que está relacionada más con su vivencia integrada en un proyecto de vida, con un amor oblativo, que les da fuerzas, con el sentido de identidad personal, de independencia, la propia determinación, la creatividad, el tiempo y la energía a mejorar su vida y su trabajo, los cuales no les permiten las actividades genitales convencionales. Además la sexualidad célibe consagrada se ve como un proyecto de expresión y vivencia de un amor total a Dios y a los hermanos y para que no llegue a exclusivizarse prescinde de las actividades genitales.

El celibato entendido como la decisión de no participar en actos genitales, es una innegable declaración de guerra sexual, aunque esto pueda parecer para muchos una herejía. Cuando en algunos foros sexológicos les digo que estoy escribiendo un libro sobre el celibato me miran como si fuera un hombre de otro planeta y no como uno más de ellos, que les pone el pene en crisis. Sin embargo entre ellos es frecuente decir que vivimos en una época de consumistas sexuales. Ya no digamos como aumentan en estos foros la llamada de atención sobre las dependencias y adicciones genitales en la actualidad.

En el pasado se consideraba que los célibes, sobre todo mujeres, que no aceptaban las condiciones del mito genital de su época, perturbaban el orden social. En la actualidad levanta la sospecha de una patología sexual.

Si el celibato se puede considerar y hablar como una forma de sexualidad, aunque la sexualidad que viven los célibes no se puede describir como actividad genital, entonces se ha producido un cambio en lo que hoy hay que entender por celibato no creador del mito genital.

2.6. La genitalidad es obligatoria.

Hoy muchas mujeres se ven presionadas a perder su virginidad física para no ser consideradas anormales. Hemos pasado de un extremo al otro en este campo. No conviene olvidar; que no necesitamos la expresión de nuestra genitalidad tal como necesitamos el comer, beber y dormir; podemos vivir muy bien sin él, si así lo decidimos libremente. No hay ninguna base biológica bajo la creencia de que las energías genitales, si no se las utiliza debidamente, se volverán contra sí mismas, provocando un desequilibrio mental y físico. Tampoco hay pruebas de que exista un impulso bioquímico que se vaya acumulando y necesite ser liberado de tanto en tanto para conservar la salud.

Está claro que la genitalidad no interesa hoy en día tanto como nos hacen creer. Se ha descubierto que las personas responden a la actividad sexual según lo que se les haya enseñado acerca de la genitalidad. La genitalidad es una respuesta aprendida, aunque las nuevas enseñanzas estén sustituyendo a las antiguas lecciones. Hoy necesitamos aceptar y comenzar a vivir la oportunidad de valorar nuestra propia sexualidad a la luz de los propios deseos y objetivos de vida. Hasta ahora se nos va diciendo lo que tenemos que pensar y hacer de nuestra genitalidad y va siendo hora de hacer lo que deseamos con ella y para ello hay que aprender a integrarla para ser dueño de ella.

La presión que nos obliga a entregarnos a actividades genitales, a experimentar orgasmos y a afirmar que solo disfrutamos con todo eso. El dilema social más difícil que se plantea actualmente es el de la presión social que nos obliga a mantener relaciones sexuales incluso cuando no se desean mantenerlas. La presión proviene de todos los ámbitos sociales de la vida, de los expertos, como de todos los que buscan respaldo para sus propias actividades genitales. No podemos emanciparnos genitalmente si primero no nos emancipamos personalmente.

No hay ninguna base biológica bajo la creencia de que las energías sexuales, si no se las utiliza debidamente, se volverán contra si mismas, provocando un desquicio mental y físico. Tampoco hay pruebas de que exista un impulso bioquímico que se vaya acumulando y necesite ser liberado de tanto e tanto para conservar la salud.

Hoy se está llegando a dar por sentado y demostrado que los seres humanos poseemos algo llamado sexualidad y que es un impulso instintivo e innato del que no podemos prescindir ni en caso de desearlo. Lo que implica no ser libros y condenados a la esclavitud de nuestra genitalidad. Más aún: quienes parecen carecer de esta capacidad son considerados enfermos, apestados, deficientes… Lo que nos lleva a pensar que todo tipo de vida posible que desee prescindir de la sexualidad se la considere como algo antinatural y peligroso.

De un pasado mítico represivo estamos pasando a un mito actual que nos afirma que el único camino sano y adecuado para realizarnos y madurar como personas es una existencia genital activa y variada. Hoy propongo consciente de no ser comprendido por muchos, que no es preciso ser genitales, como tampoco es necesario ser castos si no lo deseamos así. Sólo propongo no olvidar o tener en cuenta, de que la castidad, no necesariamente como compromiso definitivo y para siempre, sino como alternativa en ciertos momentos a una promiscuidad genital, presenta muchas más ventajas y puede hacer más felices a muchas personas. Tampoco esta mal, que frente a una genitalidad obligatoria e impuesta de manera que no nos deja ser libre por la presión ambiental, pensemos que un celibato para siempre es posible y desmonta el mito de una genitalidad obligatoria de nuestra cultura.

2.7. La genitalidad es el único medio para alcanzar la intimidad.

Nuestra cultura a través de los medios de comunicación como fruto del erotismo que los dominan da por sentado que tener relaciones genitales lo más pronto posible es sano y que solo estas relaciones nos proporcionan intimidad con otra persona. La palabra "intimidad" en nuestros ambientes ha llegado a ser casi sinónimo de relaciones sexuales genitales, hasta el punto de que hablar de relaciones íntimas nos referimos al sexo físico.

La verdadera intimidad entre dos seres humanos no necesariamente se relaciona con la genitalidad. Tampoco se puede decir que la unión física se relacione con la intimidad. Una vida de amistad, de afecto hacia el otro no es lo mismo que un encuentro genital con otro. Este último esta a disposición de toda persona que quiera pagarlas a una prostituta y las afectivas requieren un amor en nada vinculado con la genitalidad la mayoría de las veces. Casi siempre que la genitalidad sea la base exclusiva de una relación significa que ninguna de las dos partes sientan respeto por la otra sino más bien la consideran un objeto para usar y dejar.

No existe un vinculo necesario entre sexualidad genital y verdadera intimidad. Confundir intimidad con acto coital genital trae muchos problemas para la misma intimidad. Aunque el acto genital no lleve, por sí solo, a la intimidad emocional, muchos piensan que es realmente imposible lograr una verdadera intimidad amorosa sin expresar físicamente nuestros poderosos sentimientos afectivos.

La necesidad de la intimidad física la necesitamos sobre todo cuando no hemos madurado del todo, mientras conservamos vestigios de nuestras dependencias afectiva d la infancia. Cuando no hemos aprendido amar nuestros cuerpos y necesitamos de la dependencia del otro para lograr cosa hoy muy frecuente en una cultura que enseña a despreciar el cuerpo más que amarle.

Los que buscan la intimidad en unas relaciones de amor físico se verán defraudados por buscarla por un camino equivocado. El acto genital sólo nunca puede establecer una verdadera intimidad con otra persona. La relación genital no puede ser una cura mágica contra la soledad y el aburrimiento.

2.8. La sexualidad es algo natural e instintivo que no se puede controlar.

Son muchas las personas que se preguntan si el conocimiento sexual sirve para algo y que creen que todo es cuestión de conocimiento natural e instintivo. Por instinto se entiende todo comportamiento automático y repetitivo, razón por la cual resulta muy difícil hablar de instintos puros en los seres humanos.

Es habitual pensar que hacer el amor es algo espontáneo y natural. En realidad lo que es espontáneo es el deseo. La relación sexual es en sí un arte y, como tal, puede mejorarse. Por otra parte, recientemente se descubrió que las regiones del cerebro relacionadas con el comportamiento sexual dependen en gran parte de la capacidad de aprendizaje y de la inteligencia. Esto acabó definitivamente con el mito que reduce todo lo sexual al campo animal-instintivo. Además el cerebro del ser humano es el más complicado de todas las especies. Por eso nuestra sexualidad está estructurada y modelada por el aprendizaje. El mismo organismo Mundial de la Salud, por su parte, afirma que la ignorancia y no el conocimiento de los temas sexuales es la causa del infortunio sexual.

No es la mejor palabra para aplicarla a algo tan poco rígido como es el comportamiento humano en materia sexual. Las personas civilizadas tienen que aprender a realizar el acto sexual. Lo que es un instinto es el impulso de aprenderlo y, a menudo, la actividad que proporcionaría satisfacción no está en modo alguno claramente predeterminada.

La sexualidad está biológicamente determinada y es socialmente adquirida. El punto de vista biológico contrasta con el punto de vista ambiental. Los determinantes socioculturales de la sexualidad sustituyen a los biológicos. La actividad sexual no es biológica o instintiva, sino de carácter social. La sexualidades, en realidad, aquel particular aspecto del desarrollo humano en el que el triunfo del nivel sociocultural sobre el biológico es completo. Y, de hecho, hay numerosas situaciones sociales en las que la reducción e incluso la eliminación de la actividad sexual se leva a cabo por parte de poblaciones muy dispares de varones y hembras biológicamente normales.

Una persona no esta gobernada por el cuerpo ni por la mente, sino por una interacción mutua entre ambos basada en procesos evolutivos. Está claro que hay una base biológica que es la responsable de las diferencias que se registran en el ámbito sexual.

Podemos pensar que las respuestas biológicas de la sexualidad humana no es tan rígida o fija como otras respuestas biológicas y que, en su flexibilidad, pueden sufrir más fácilmente la influencia de los factores sociológicos. Los efectos del ambiente sobre el aprendizaje pueden ampliarse al campo de la fisiología. A medida que cambia la experiencia intelectual, también lo hace la fisiología y viceversa.

A medida que van evolucionando nuestras ideas y actividades en relación con el sexo, lo hacen también nuestras respuestas fisiológicas. Lo que el propio cuerpo desee en calidad de experiencia satisfactoria puede convertirse en algo más sutil, más delicado, menos específico y con menos carácter de necesidad. Se ha demostrado que la genitalidad resulta menos interesante para las personas que están más plenamente desarrolladas en todas las demás áreas.

Una de las falsas ideas que impide educarnos de manera sana en el campo sexual es la falsa creencia de una sexualidad instintiva y no controlable por nuestra mente y voluntad. Es cierto que nuestra sexualidad es algo natural en el sentido de que todas nuestras experiencias se dan en nuestro cuerpo; sin embargo, raramente nuestra sexualidad es autentica; muy al contrario, nos emocionamos y sentimos de idéntica manera a como lo hemos hecho siempre: quien ha aprendido que su vulva es fea y sucia sentirá desprecio, asco, etc., hacia una parte muy intima de sí misma hasta que no localice y cambie su "chip mental" y elija calificar sus genitales con calificativos amables y realistas. Nuestra sexualidad es, en general, tan poco natural como muchos de nuestros pensamientos.

2.9. El mito del célibe desexuado o asexuado o "paz de los sentidos". El angelismo sexual.

Se refiere al logro con el paso de los años de una sexualidad célibe asexuada y feliz por parte de estas personas que conseguirían, por fin, liberarse de las preocupaciones relativas al sexo y las pasiones. La experiencia de mi vida célibe es la principal causa que manifiesto para refutar esta falsa creencia, no existe una década en la que no se encuentren grupos con sujetos sexualmente activos.

Ante todo el criterio en la vida debe ser la normalidad. Del mismo modo en la sexualidad célibe todo fracaso en el intento no es sistemáticamente pecado. Hay que tener clara que nuestras fuerzas no residen del todo en nosotros mismos, que la voluntad no es omnipotente para dominar de inmediato los deseos sexuales incontrolados. De modo que en este aspecto conviene manifestarse con tranquilidad, sabiendo que es Dios quien nos apoya y que no quiere el fracaso de su proyecto, que es el nuestro.

Si hablamos con claridad para muchos célibes viven la sexualidad problemáticamente. Si me atengo a los hechos, puedo decir que para muchos no existe propiamente la sexualidad. No es un tema de conversación en nuestras comunidades; no podemos, de todas maneras, ignorar que ha habido mucha literatura teológica sobre el voto de virginidad, pero ha sido siempre obra de hombres y no de mujeres, que generalmente han abordado el asunto de forma excesivamente idealista. . A lo mucho que llegan algunos es a una tibia fraternidad que incluso desatienden al cuerpo. Cuando se desprecia el cuerpo y se ignora la sexualidad llega a caerse en una soledad colectiva y organizada capaz de arrasarlo todo. Tienen la creencia que nunca pueden enamorarse y en caso de ocurrir tiene que superar por si mismos y solos el problema. Es muy difícil encontrar un interlocutor válido a quien confiarle nuestras emociones y hacer que comprenda estas situaciones.

Claro que es necesario subrayar cuál es el sentido de este voto, cuánta es su hermosura, pero hay que hablar y reflexionar lo más clara y concretamente posible de las dificultades y problemas al vivirla en nuestra vida real . Lo único que le ha preocupado a algunos científicos, aparentemente preocupados por el dolor de las religiosas han sido los casos morbosos y menos frecuentes de lesbianismo. Las célibes se han preocupado más que del su modo concreto de vivir la sexualidad dentro de su consagración de la esencia del voto de virginidad, contemplado más como una utopía que como realidad practicable aun dentro de los problemas de cada historia concreta. Sería muy necesario e importante, aunque sólo fuera a tientas, traducir todas las cuestiones teóricas a su visión concreta.

2.10. El mito de lo puro e impuro.

La nociones de pureza e impureza entraron a saco en el dominio de la sexualidad, provocando la aparición de fortísimos tabúes que han determinado el comportamiento de generaciones de célibes y que, camuflados, persisten actualmente. Relacionados con la impureza solo voy a mencionar tres: la menstruación, semen y pasividad sexual de la mujer.

El miedo a la mujer, la impureza de la menstruación o del parto, la trascendencia del semen, el horror a la pasividad femenina no son más que falsos mitos o creencias. Falsas creencias que han dejado una huella muy fuerte en la sexualidad célibe y que están tardando mucho en desaparecer del todo. La pasividad sexual en que es educada todavía muchas mujeres cristianas las empuja a una vida célibe por falsos motivos. Que cuando la descubren a lo largo de la vida religiosa es una de los motivos que aducen para abandonar este estado de vida.

Lo malo de estas falsas creencias no es haberse equivocado en el pasado religioso, sino los creyentes que se encasquillan en la equivocación, elaborar sistemas de inmunización y negarse a la autocrítica. Lo malo sucede cuando esas ideas son mantenidas todavía por modernos formadores religiosos que ya deberían saber cómo son las cosas en realidad. Todos estos tabúes se han mantenido hasta nuestros días, por ser la abstinencia la mejor salvaguarda contra todo esto, ya que creen que atenúa las necesidades genitales de la mujer, que las hace más dóciles y sumisas al hombre y da un numero mayor de vocaciones célibes.

2.11. La pureza cultural.

La pureza cultual ha sido otra de las grandes motivaciones que ha influido en esta incompatibilidad del paso entre sexualidad y virginidad ya que manchaba y alejaba por ello de lo sagrado y de la divinidad. Incluso entre los cristianos, la unión coital conyugal en determinados días de fiesta o de comunión, llegó a considerarse pecaminosa hasta tiempos muy recientes. Estas y otras muchísimas razones pesan sobre esta falta de valoración sobre la sexualidad del célibe en su vida.

La ley judía contenía todo un catalogo de prescripciones relativas a la limpieza. Inicialmente dichas prescripciones respondía a motivos higiénicos, pero esta justificación fue desapareciendo en el trascurso de la historia. Las prescripciones se convirtieron en ritos y normas de conducta inflexibles, cuya significación inicial resultaba ya irreconocible. El impuro debía apartarse de los demás. Asimismo se le excluía de la participación en las acciones del culto, admitiéndosele de nuevo sólo en el caso de que se hubiese efectuado la purificación legal.

Debido al desconocimiento de los motivos primitivos, surgió la idea de que la impureza era castigo que Dios imponía por pecados secretos de los que el mismo interesado no tenía tal vez conciencia. En consecuencia, lo que en un principio tenía perfectamente sentido como medida de higiene, posteriormente se interpretó como impureza cúltica, suponiéndose que la causa d la misma era un fallo moral.

Los judeocristianos llevaron sus ideas de impureza al pensamiento cristiano primitivo, lo cual tuvo como consecuencia que, por ejemplo, en la antigua Iglesia se llegara a discutir si, durante la menstruación, una mujer podía recibir o no la Eucaristía. El cristianismo conservó también durante mucho tiempo vestigios de esta corriente, vestigios que sólo han podido ser superados después de un largo proceso.

2.12. La virginidad física un tesoro para la mujer.

La idea de que la virgen no conoce el deseo hasta su iniciación sexual y de que es el varón el que despierta su sensibilidad, es otro mito falocrático y con muy poca base. La joven puede haber experimentado sensaciones eróticas antes, sin que ningún pene se introdujera en su vagina. El mito parece subrayar la dependencia del sexo femenino respecto del masculino. Y muchas mujeres contribuyen a sostenerlo.

En cuanto al famoso himen, existe la creencia de que toda mujer que lo conserve intacto es virgen y que la mejor prueba de ello es que la penetración del pene sea dificultosa, haga sangrar y le cause dolor a la mujer. Pues bien,, resulta que una mujer puede tener una activa vida sexual y un himen intacto o, por el contrario, que una muchacha virgen no lo tenga intacto. El himen es un pliegue de tejido conjuntivo que cierra parcialmente la vagina; puede ser flexible y no romperse hasta depuse de numerosas relaciones. En otros casos, puede ser que haya abierto en el trascurso de una actividad deportiva violenta. Existen incluso casos de embarazo en mujeres con el himen intacto. En algunas sociedades las recién casadas tenían que demostrar su virginidad en l anoche de bodas.

Lo cierto es que ni los mismos médicos pueden comprobar si una mujer tuvo relaciones sexuales en el pasado, tenga o no himen. Como se habrá observado, la salvaguarda de la membrana tiene poco sentido, y argumentos tales como el de la integridad moral a favor de la virginidad suelen esconder un problema de poca estima hacia sí misma. También el miedo a hacer frente a situaciones culturales puede provocar un excesivo fanatismo, aunque la sociedad cada vez presiona menos al respecto. Se puede decir que ahora es un cuestión de elección personal cómo, cuándo y dónde iniciarse en la sexualidad.

2.13. La menstruación es una impureza.

Nuestros antepasados trasmitieron a las mujeres ideas falsas, inhibiciones y traumatismos sobre la menstruación. Durante varias generaciones pareció quedar claro que la regla era un fenómeno de impuro y sucio del que era mejor no hacer alarde en público. La niña ya es una mujer hacia brillar miradas compasivas sobre la desafortunada mujer en cierne, que empezaba a odiar su propio cuerpo aun antes de conocerlo.

El sentido de sangre impura tiene que ver con un total desconocimiento del fenómeno menstrual, ya que la sangre de la regla es el resultado de la exfoliación uterina y es absolutamente estéril. La fama de suciedad es, obviamente, subjetiva. Es probable que el olor de la sangre menstrual ayude a provocar la aversión hacia ella; pero el olor no parece más que cuando la sangre sale del útero y entra en contacto con el oxigeno del aire y las bacterias que residen en la vagina. La transpiración también sería inodora sin las bacterias que se encuentran en la piel

¿De donde proviene la sangre menstrual? Esta pregunta no tiene una respuesta misteriosa sino científica: proviene del útero, órgano encargado de dirigir las elaboración del embrión. Todos los meses el útero se prepara para esta función. Su mucosa interna se modifica, se enriquece con estrógenos y progesterona con vistas a un eventual embarazo, formándose así una rica mucosa donde anidar el óvulo fecundado.

La menstruación ha hecho que muchas mujeres se sientan impuras, sucias y en algunos lugares eran segregadas y golpeadas si pasaban a presencia de los varones. De todas estas imposiciones le hicieron creer que la menstruación tenía lago de sucio, bastante vergonzoso. No se les enseño claramente, todo lo que era y representaba para la mujer. Por ello, debe ser vivida con naturalidad, con seguridad, sin evitar su mención cuando llegue el caso. Por eso, debemos educar a la mujer célibe para que cambien su actitud mental hacia esta manifestación fisiológica para que la esperen con buena disposición y se sientan orgullosas por ella.

2.14. La sexualidad en sí misma es peligrosa.

La gente no pone empeño en cultivar su vida sexual por muchas razones. En primer lugar existe en nuestra cultura el poderoso y omnipresente mito según el cual la sexualidad por sí misma es peligrosa, corrompe la mente, debilita el carácter, destruye la calidad moral y espiritual de la persona, o consume la energía necesaria para logros culturales elevados. Aunque todo esto dista mucho de ser cierto.

No obstante, un número sorprendente de célibes, incluso de personas, consideran la sexualidad en sí inherentemente peligrosa para su salud mental y física. Ni la sexualidad en general ni sus modos de vida particulares tienen efecto físico negativo alguno. Sin embargo, muchas gente, cree todo lo contrario.

Vivir la sexualidad de nuestro estado de vida proporciona una amplia gema de sustanciales beneficios para nuestra salud física y mental. Todas las investigaciones que se van realizando constatan de manera fiable que cuando la vida sexual de una persona no es satisfactoria dentro de su proyecto de vida , su calidad de vida también se resiente.

Nuestra sexualidad es parte esencial de nosotros, tan fundamental como las emociones, el intelecto o la personalidad. Cuando la enterramos y reprimimos, amputamos una parte importante de nosotros mismos. Uno de los prerrequisitos para la que sea beneficiosa es aceptar que somos seres sexuados y sexuales y premiar y cultivar la sexualidad de nuestro estado de vida. Tener una vida sexual satisfactoria en el camino elegido es de una importancia decisiva para cada religioso.

Las actitudes represivas y negativas hacia nuestra propia sexualidad o el temor a ella, pueden hacer que los célibes sean poco sinceros con respecto a sus deseos, o que practiquen la sexualidad de otros estados de vida de una manera subrepticia, vergonzante o incluso compulsiva, sin reconocer en su interior lo que están haciendo. Descuidad la sexualidad de uno mismo y excluirla de nuestra vida supone perderse los numerosas funciones y beneficio que tiene esa forma particular de vivirla.

Dados todos los efectos beneficiosos que reporta la vivencia de este dinamismo para nuestra realización personal en nuestra propia vocación, parece ilógico que los célibes no inviertan energía y dedicación para, en primer lugar, hacer todo lo necesario a fin de entablar una relaciones afectivas sexuales no genitales y, en segundo lugar, para cultivarla practicándola con regularidad. Sin embargo muchos célibes no lo hacen y gastan su fuerzas en reprimirla hasta que a veces salta su psiquismo en profundas neurosis o compensaciones de todo tipo. La más frecuente un activismo agotador y estresante.

2.15. El mito de una integración plena

Nadie posee la garantía de una integración, armonía y equilibrio acabado, pleno y definitivo en el terreno sexual. Ni el celibato más logrado, ni la comunidad religiosa más integrada tienen asegurado por siempre su equilibrio y estabilidad afectivo-sexual. Poca dimensiones de la vida poseen, efectivamente, una determinación tal en el conjunto de nuestras experiencias vitales.

Alcanzar la plena integración, equilibrio y madurez en este conjunto de fuerzas que constituyen la sexualidad se presenta como una de las aspiraciones más importantes en el proyecto de toda vida célibe. Asunto, desde luego, nada fácil, y en el que, además, suelen intervenir toda una serie de equívocos y mitos de carácter ideológico que vienen a dificultar aún más la tarea integrativa de la sexualidad.

Quizás habría que recordar que el concepto de integración plena es suficientemente ambiguo y relativo a la vez. La integración plena, en efecto, no deja de ser un ideal nunca plenamente alcanzado; ideal que, por otra parte, se presta a acoger en si toda una serie de fantasías de omnipotencia de carácter no realista o adolescente. Nadie alcanza plenamente la integración total de su mundo afectivo-sexual. Frente a él se erigirán siempre toda una serie de defensas, mejor o peor logradas; y la plena integración será, por tanto, relativa tan sólo a la mejor o peor articulación que se haya podido alcanzar entre las defensas y la pulsión sexual. Elementos de carácter neurótico y parafílico pasan siempre a formar parte, en mayor o menor medida, de nuestra organización libidinal. Aceptar esa impregnación de elementos parafilicos, junto con sus inevitables conflictos, podría señalar también en determinados momentos como criterio para evaluar la plena integración de nuestra sexualidad célibe.

Existe en efecto, cierto peligro de sustituir los cánones de santidad por los de plena integración sexual, para venir a caer en las mismas trampas, que en otros momentos abundaban por los ámbitos de las ascética y la espiritualidad celibataria.

A todo lo dicho abría que añadir las inevitables conexiones inconscientes que la sexualidad posee, que la convierte en una realidad tan trascendente que en cierto modo desborda al religioso. Es una realidad muy difícil de integrarla en la libertad, se nos escapa a todos un poco de las manos, nos tiene ella a nosotros más que nosotros a ella. De ahí que se presente siempre en nuestras vidas como un dinamismo amenazante en sus demandas y al mismo tiempo como una realidad que parece prometer una felicidad suprema. La fascinación y el temor caminan con ella. Su carácter desbordante y amenazador contribuye a que todos sintamos la necesidad de reprimirla, de defendernos de ella.

2.16. El mito de la libertad sexual.

La película de los "Soñadores" es un buen motivo para hablar de un sueño más que una realidad. En la década de los sesenta llega a nuestra sociedad la conquista de las libertades civiles recién conquistadas. La libertad sexual era una consecuencia de todas las demás. La libertad sexual saltó a la vida individual y colectiva como un nuevo dios, que prometía y ofrecía todos los bienes hasta ahora negados y reprimidos por los poderes del pasado. Los "soñadores" de la nueva libertad podían permitirse todo lo prohibido en el campo sexual hasta entonces. El desprecio y desprestigio de la sexualidad célibe, la virginidad física se convirtió en un desprestigio para las jóvenes y el perderla en algo obligatorio. Para vivirla, da lo mismo que se haga pareja homosexual o heterosexual, en matrimonio o en pareja de hecho. No importa que con ella se traiga o no un hijo al mundo. Lo importante es tomar medidas para que no pierdas tu salud y no se la quites al otro. La homosexualidad, el lesbianismo, la masturbación, el coito prematrimonial, las variaciones, las parafílias..., todo lo que a ti te apetezca y si hay acuerdo mutuo es realizable.

El principio de si ambos lo desean y están de mutuo acuerdo, por qué no. Esta mentalidad fue creciendo y hoy se hace la norma de la mayoría. La posibilidad de disfrutar de completa libertad sexual sin limites, se ha convertido en la meta de nuestros jóvenes y cada vez más de los mayores. Ante todo esto que nos ofrece la película los "soñadores", la pregunta que me surge es: ¿Hemos logrado la libertad soñada? ¿Hoy somos más libres en nuestras relaciones sexuales?.

Lo difícil y meritorio que no ha traído la primera revolución sexual ha sido encontrar un punto medio en el que seamos capaces de permitir la libre expresión del sexo sin contravenir los límites que nuestro propio código ético-sexual nos marque. No es sana la represión de la sexualidad, pero tampoco es aceptable su permisividad y expresión descontrolada. Ninguna nos ha traído la tan desea y cacareada libertad sexual.

2.17. Si aceptamos caricias no podemos negarnos al coito.

Mucho hay que cambiar aún en la mentalidad media del varón y de la mujer occidentales para distinguir con claridad la gran cantidad de sobreentendidos que dañan las relaciones hasta el punto de que, llegado el momento, ambos se sientan resentidos e ignoran cómo ha ocurrido eso.

Tanto las relaciones de pareja, las de amistad, como las esporádicas, la mujer se ve sometida a una serie de reglas del mejor estilo tradicional, que la obligan a comportarse como una persona esquizofrénica, debiendo separar un íntimo sentir del uso que hace de su cuerpo.

Así, ocurre con frecuencia que, por el hecho natural de aceptar unos mimos y caricias, o acaso unos masajes cuando se encuentra en tensión, la mujer debe consentir sin remedio en continuar hasta llegar al coito. Pobres varones, parece que pensamos, no pueden contenerse. Esta actitud, además de encerrar una débil autoestima, denuncia una subvaloración de la capacidad de control que tiene el varón sobre sus instintos.

Las mujeres, al igual que los varones, sólo que ellos lo tienen muy oculto, somos especialmente sensibles a las caricias. Las necesitamos para sentirnos realmente bien, queridas y mimadas. Queremos caricias por sí mismas, sin otra finalidad que exclusivo disfrute. Entonces, a partir de este reconocimiento, de hacerlo consciente, podremos considerarlo con el varón. Lógicamente, el varón puede sentirse incómodo, pues está acostumbrado a que la mujer nunca lo cuestione sexualmente. Lo interesante es que se dé cuenta de que no es un cuestionamiento, sino una búsqueda en común del placer. Un reconocimiento de la individualidad de la mujer, que no es espejo del varón. Lo indudable es que se puede, sin daño alguno, vivir la caricia y la ternura sin tener que terminar siempre en coito. Esto hace de las relaciones sexuales afectivas no genitales algo muy necesario para todos.

2.18. La sexualidad es cosa de dos

La sexualidad sólo se vive con personas de sexo opuesto. ¿No será que confundimos sexualidad con conductas sexuales?. Muchos confunden sexualidad con heterosexualidad y hace de ella una sinonimia. Nos preguntamos entonces que pasa con las personas homosexuales, con la autosexualidad y obtenemos por respuesta: lo de esa gente es anormal, es una perversión, o en el mejor de los casos deben tener un problema de genes, de hormonas o algo así.

"Yo no he tenido sexualidad porque todavía no lo he hecho". Las personas que piensan de ese modo la están valorando y reduciendo la sexualidad a genitalidad. Se están refiriendo al coito. Consideran al coito como única salida de la sexualidad humana. Luego veremos que estas mismas personas son las que terminan por convertir el coito en una única meta. Se pasan parte de su vida sexual esperando que les den permiso para llegar a él y otra parte intentando llegar a esa meta. Mientras tanto su propia sexualidad va pasando desapercibida a su lado.

Para vivir este concepto de sexualidad hacen falta dos personas reales. Pero no hacen falta dos personas para disfrutar del placer sexual. Qué sería de las personas que no tienen pareja. Plantear la sexualidad como una cuestión exclusiva de pareja heterosexual significa casi siempre dejar al margen a los niños, personas viudas, solteras, homosexuales, célibes...

Si el sexo y la sexualidad es algo que impregna toda nuestra persona y vida, ya que somos personas sexuadas lo queramos o no, es evidente que ésta existe desde que se nace hasta que se muere. ¿No será que la sexualidad se expresa de formas diferentes a lo largo de la vida, y que, cuando hablamos de ella como "algo solo relacionado con la pareja", no estamos refiriendo de nuevo exclusivamente a un determinado tipo o modo de expresión sexual?.

2.19. La vivencia de la genitalidad es igual a buena salud

Hoy en día, el mito genital, ofrece a los consumidores capitalistas y consumistas la idea de que las actividades genitales son buenas para la salud, gratificantes emocionalmente. El mito funciona de distintas maneras sobre las mentes de hombres y mujeres de forma que este colect5ivo esté abierto a coerciones genitales y comerciales. Una de las formas en la promoción de las actividades genitales como uno de los ingredientes esenciales de los modelos de belleza y de adelgazamiento.

En nuestra sociedad actual una persona que decida tomar la decisión de ser célibe implica dudar de su salud sexual. Comienzan a pensar que son personas perturbadas y comienzan a tratarlas como enfermas. Abandonar su actividad genital para mejorar su bienestar psicológico no es comprensible. Cuando se llega a la noción falsa de que "buena salud" contemplada a través de las relaciones genitales, uno se pregunta: si el concepto de actividad genital implica buena salud. El hecho de no satisfacer los deseos genitales rara vez se considera como saludable. Se percibe como una actitud represiva, y por esta razón, el celibato voluntario se contempla y se trata como si fuera una enfermedad.

Lo que nos mueve a preguntarnos: ¿son necesarias las relaciones genitales para gozar de buena salud?. Ya que son muchas personas por unas causas y por otras las que no las tienen. Lo que indicaría que la mayor parte de su vida son enfermos al no tenerlas. Cosa que no pueden comprobar y demostrar. Tal vez hoy padecen más enfermedades los genitalmente activos y promiscuos.

La no actividad genital, es uno de los dogmas, del mito de la sexualidad reducida a genitalidad. Hoy día los sexólogos en educación, terapia y medios de comunicación, afirman inequívocamente que es normal el tener relaciones genitales, que son saludables y que la gente debe disfrutar de su genitalidad. Yo también suscribo esto sin lugar a dudas. Pero no todo el mundo que tiene relaciones genitales recibe una ferviente gratificación, en caso de no recibirla los defensores del mito no hacen concesiones en este punto. A la mayoría de los que no las viven y de los que las viven y no gozan según ellos por no haber concesiones se van salvando pocos. La gente no interesada debe ser tratada.

La creencia actual consiste en que la satisfacción continua y regular de las necesidades genitales es un signo significativo de buen estado físico y que la perdida de libido o abstinencia se debe considerar como un problema médico. Olvida que quizás la sexualidad celibataria que produce en el cuerpo un estado de calma, paz y bienestar, tanto físico como psíquico, sea una amenaza menor para la salud que las actividades genitales. Sin embargo, esta línea de pensamiento las suprimen todos los que suscriben este mito de la salud. Olvidando que reciente estudios científicos, relacionados con la naturaleza de producción de hormonas y de sus efectos en el cuerpo, se sugiere que las actividades genitales pueden originar tensión nerviosa y nociva para la salud física.

2.20. La ilusión del placer genital como único medio de alcanzar la felicidad duradera.

Muchas personas creen que la genitalidad es el único medio de alcanzar la felicidad de la vida y se pasan años buscando la felicidad duradera en los encuentros genitales. No hay nada más triste que la soledad del buscador genital que sigue buscando la liberación personal en una serie de encuentros genitales promiscuos. En esta pauta fija de comportamiento, siempre se registra una sensación de futilidad, de no ir a ninguna parte.

A veces olvidamos que el hecho de ser genital es una opción. En realidad, no hay necesidad de ser genital por o que respecta a la fisiología humana. Si una persona lo es, bien, y si no, también. Lo más probable es que el deseo genital se calme. A diferencia del hambre, la sed y el anhelo de intimidad, la satisfacción genital física es mucho menos necesaria de lo que se imagina.

Los seres humanos no son genitales por naturaleza, pero optan a serlo. La genitalidad es un impulso natural, pero el papel que desempeña en una vida y la importancia que usted le atribuye., es una cuestión de opción libre. Todos estamos sometidos a una acusada influencia al hacer la opción genital. Y el motivo de que casi todos nosotros decidamos ser lo más genitales posibles posible se debe a que nos han enseñado que la genitalidad es el camino que conduce a la satisfacción personal. Se trata de uno de los mitos más demoledores acerca de la genitalidad: el hecho de que pueda haber una satisfacción permanente a nivel genital.

Por intenso que sea el placer genital que uno experimente o que su pareja experimente, la genitalidad no produce satisfacción. Y, si se desea algo más permanente en la expresión del amor y una persona ni siquiera lo experimente, es posible que el acto genital produzca insatisfacción e incluso tristeza.

El deseo de crecimiento y progreso constituye realmente una parte fundamental de la vida de toda persona. Todos por mucho que disfrutemos de una realidad tendemos a querer y buscar más. El progreso en algunas cosas es ilimitado. Pero la genitalidad es finita. Y es importante valorar nuestro deseo de progresar a la luz de lo que es posible. En cada uno delos actos genitales se puede alcanzar un determinado limite: sólo existe un número determinado de posiciones. La genitalidad se limita realmente a unos criterios de actuación física. Y, sin embargo, aunque no impongamos a la genitalidad estos límites, la genitalidad, al igual que otras experiencias finitas, exige unos logros progresivos para que pueda seguir resultando agradable. Tenemos que pensar que nuestras experiencias genitales son cada vez mejores, tanto si éstas las vivimos con una sola persona como si lo hacemos con una serie de personas. Sin este progreso, la genitalidad parece perder su valor.

2.21. No tocar a otras personas a menos que vayamos a mantener relaciones genitales con ella

Este mito a propósito de la tactilidad interpersonal o contacto es, por lo menos tan grande como lo ha sido el tabú genital a través de los tiempos. Hoy parece que hemos superado el mito de la genitalidad, pero aún no hemos superado el mito del contacto. Esta falsa creencia es muy dañina para poder comprender la sexualidad célibe desde una sexualidad positiva y no como negación de ella. La misma Iglesia es responsable de la cultura del no contacto por negar la sexualidad positiva en el pasado ha sido causa de que este mito este presente y perjudicando a la vida del célibe.

Los expertos en comportamiento humano han descubierto que el contacto es una de las más fundamentales indicaciones del amor y de ausencia de hostilidad. Y, sin embargo, muchas personas se ven privadas de la experiencia de contacto hasta tal punto que no logran aprender a expresar la emoción a través del tacto. La carencia de contacto comienza muy temprano en el ser humano, pero sobre todo al llegar a la pubertad para hacerse endémico a lo largo del proceso evolutivo del ser humano por miedo a la genitalidad.

El temor al contacto ha contribuido a crear el mito más socialmente perturbador de la disfunción sexual. Sin embargo, hay muchas personas que puede actuar bien desde el punto de vista genital, pero que evitan el contacto. Se trata de un síntoma, no de disfunción sexual, sino disfunción de la intimidad.

En la cultura cristiana occidental la genitalidad es uno de los únicos medios que permiten a las personas tocar y ser tocadas. A menudo el deseo de mantener relaciones genitales se confunde con el deseo de ser tocado. Muchísimas veces, lo único que queremos es un poco de contacto corporal de lo más leve.

Hoy crece la toma de conciencia de la necesidad de una educación sexual en la escuela. Pero es ignorada por completo la educación en materia de amor. Todos los padres dedican todos los medios necesarios para educar y desarrollar la inteligencia racional mientras que la emocional es olvidada como nos recuerda Goleman. El evangelio de Jesús es claro en que el amor es lo principal y primero, sin embargo es muy difícil que el criterio del uso de los anticonceptivos sea el amor frente al egoísmo.

Todavía siguen predominando los motivos biológicos. Se ignora por completo la educación en materia de amor por unos y otros. Ya va siendo hora de que a la vez que se plantea la necesidad de una educación sexual en la escuela, se plantee la cuestión de si resulta apropiado impartir una educación además en el amor. Si las personas recibieran una educación en el amor, la genitalidad y sexualidad se enseñarían como modos posibles de expresar esta fundamental necesidad humana de amar.

Aprendemos a amar a través del amor de que somos objeto al nacer. El amor es tan necesario como el aire y agua que bebemos. Nadie a muerto por necesidad de genitalidad, por desdichado que se pueda sentir. Pero por necesidad de amor al nacer, expresado por medio de la ternura, caricia, tacto, los índices de mortalidad infantil se elevan significativamente.

Uno de los síntomas más importantes en nuestra cultura de evitar el amor expresado a través del tacto, caricia es la aversión a la proximidad física y al contacto directo con otras personas. En nuestra cultura, a menudo se considera más impropio tocar a otras personas de manera no sexual que mantener relaciones genitales. Ello se debe a que, en general, no tocamos a otras personas a menos que vayamos a mantener relaciones genitales con ellas.

2..22. La verdadera y autentica realización de la mujer está en la maternidad, fuente de los mayores placeres.

Antes de tratar este mito, debemos recordar que lo que vamos a decir no se opone a la maternidad, sino que propone un nuevo ejercicio de ella, con madres conscientes, responsables, que planifican embarazos, que tienen hijos deseados y que cuentan para la crianza y educación con la activa participación del padre.

Desde que la niña empieza a jugar queda establecido que su vocación primordial, básica, casi excluyente, es la maternidad. Y aunque es verdad que en los últimos años y en parte por la influencia de la televisión las cosas están empezando a cambiar, todavía se le envía a la mujercita con particular insistencia el mensaje de que si le gusta ser mamá es más normal y buena. Ése es el mandato que han recibido durante siglos las mujeres: la verdadera, la autentica realización está en la maternidad, fuente de los mayores placeres. No importaba que una mujer fuera insatisfecha, o muy desdichada en su matrimonio, o muy ignorante, siempre que tuviera muchos hijos y dedicara su vida y sus energías a atenderlos.

Este mito falaz obligó a muchas, muchísimas mujeres a tener hijos que no deseaban y les prohibió desplegar su potencial en otras direcciones llevaba implícito, como una verdad absoluta, que la mujer, una vez que se convierte en madre, deja de existir por sí misma y sólo lo hace en función de sus hijos. La consagración a la familia tendrá que se plena e incondicional. Poco importaban las vocaciones ahogadas, los talentos malversados, la salud destruida...Por su puesto, si la mujer tenía hijas, ni les quedaba otra posibilidad que repetir fielmente ese modelo materno marcado por una sociedad machista que seguía sosteniendo la supremacía absoluta del varón de la especia humana.

Hoy las mujeres se están dando cuenta de que nuestro valor como personas es igual que el de los varones y que tienen el derecho a la misma liberad y las mismas oportunidades. Hoy estamos comenzando a advertir que, si bien la maternidad deseada puede hacer que nos sintamos muy felices y realizadas, no es verdad que tenga que ser siempre y en todos los casos la mayor satisfacción y la única realización para las mujeres.

Las mujeres hoy conocen la enorme satisfacción de seguir una vocación personal, el grato sabor de la independencia al cobrar un sueldo por su trabajo. Pueden vivir a fondo como varón una militancia en donde se sientan realizadas y les de la posibilidad de ser agentes de cambio, de dedicarse a una causa que consideren justa y noble. Que sólo serán felices si son honestas consigo mismas y despeguen al máximo su potencial intelectual, afectivo y creativo.

2.23. Las mujeres un demonio para los célibes

El mito de la mujer considerada como un ser peligroso para el hombre no deja de ser antiquísimo. S. Agustín, que vivió antes de su conversión con una amante y había tenido muchos problemas para controlar su lujuria, ha sido uno de los que más ha pesado en el pasado celibatario en este sentido. Después de volver al seno de la iglesia, se sintió acuciado por la culpa y asqueado ante el deseo sexual, renunció al mismo, adoptó una vida de celibato e impuso sus ideas a los demás. Escribió que no conocía nada que "hiciera descender la mente masculina de las alturas más que las caricias femeninas y la unión de los cuerpos". La procreación con tales tentadoras debía realizarse mediante un acto genital carente de pasión y con un único objetivo. Todavía hoy para algunos es la mujer sólo una Eva seductora, peor aún como la serpiente del paraíso. Todo ello se inspira en una visión que violenta el designio de Dios y que rebaja el amor que de él brota a pura seducción y pecado.

Toda esta manera de pensar negativa fue pasando a la doctrina de la Iglesia y todavía sigue influyendo en las personas espirituales. Estas tradiciones cristianas iniciales han marcado las pautas de los siglos siguientes en el cristianismo de Occidente. El cinturón de castidad de la Edad Media era un mecanismo que se extendía entre las piernas de la mujer de adelante hacia atrás. Que otorgaba a los esposos el poder de cerrar bajo llave a sus esposas, como propiedad de ellos. La reforma protestante en esto fue una gran revolución sexual, ya que los reformistas llegaron a la conclusión de que la sexualidad dentro del matrimonio era permisible no sólo para la procreación, sino también para aligerar y aliviar las preocupaciones y tristezas de los asuntos domésticos o para mostrar cariño el uno por el otro.

Como es natural, a los hombres se les consideraba más racionales y capaces de controlar sus pasiones que a las mujeres, a quienes los sacerdotes reprendían por vestir de forma indebida y tentar a los hombres. Los crímenes sexuales los cometían los dos, normalmente un hombre y una mujer, pera era habitual que procesaran y castigaran a la mujer. Se esperaba que las mujeres virtuosas adoptaran la modestia, personalizaran la pureza y carecieran de deseo sexual. Su lugar estaba en casa con los hijos, sobre un pedestal de inocencia, protegiendo la decencia y la posición social de la familia. Consentía la sexualidad con su esposo para procrear, pero si su esposo era un alma decente la sometía a sus impulsos animales con la menor frecuencia posible. Por desconcertante que parezca esto en la actualidad, muchas mujeres aceptaron fácilmente la idea de que ellas carecían de pasión sexual, ya fuera por presión social, por ignorancia o por ambos motivos. La mayoría de las mujeres reprimía su sexualidad hasta tal punto que la mayor parte de los hombres y algunas mujeres consideraban la prostitución como un mal necesario que permitía que el varón diera rienda suelta a su lujuria de forma natural.

2.25. Los célibes no deben expresar sentimientos de ternura con el otro

La mayoría de los consagrados reprimen su rico mundo de sentimientos, ya que albergan la idea de que sólo deberían exteriorizar una estrecha banda de emociones para no perder el control. La ternura, la suavidad, la vulnerabilidad, temor, compasión…son vistos como peligros más que como la mejor manera de desarrollar la rica capacidad de sentimientos que él debe expresar a través de ese estado de vida.

Esto los pone en la tentación de sucumbir y perder su proyecto de vida o irlos matando para que no le pongan en crisis su vocación. Se olvidan que son el cuerpo tierno y cariñoso del Dios encarnado para que lo sientan los hombres que se acercan a nuestra vida con esta necesidad.

En parte debido a que la sexualidad es un ámbito secreto de nuestras vidas, sobre todo en una cultura religiosa que ha hecho que todo esto parezca pecaminoso, furtivo y prohibido, y debido a que enseña a estas personas desde que ingresan a negar sus sentimientos a no hablar de sexualidad con sus amigos y de las emociones pueden llegar a ser un auténtico problema, incluso para muchos célibes a quienes les resulta bastante fácil comunicarse en otros aspectos. Como consecuencia de ello, la cuestión se relega hasta que lo que empezó siendo un pequeño problema se convierte en un duro campo de batalla en el que no desean entrar a pesar de tenerlo muy problematizado.

Necesitamos sentarnos entre nosotros a hablar mucho más en nuestras reuniones de la sexualidad y sus emociones, hay que ser, desde luego, honestos, pero hay que recordar que todos tenemos un límite respecto a lo que podemos encajar y de lo que nos resulta imposible de pasar sin poner en crisis nuestro estado de vida. Casi todos los aspectos relativos a la sexualidad y a las emociones son campo abonado para opiniones distintas. Al fin y al cabo, pocas verdades absolutas hay por lo al religioso comportamiento se refiere. No se pueden dar normas validas para todos y prohibiciones claras de lo permitido y no permitido en este campo, a no ser la honradez con uno mismo y con Dios.

Muchos ansiosos por sentirse muy amados y deseados, o quizá por expresar ciertos sentimientos de Ternura, se hallan anímicamente tan afectados por su educación celibataria que lo reprimen todo en medio de grandes tensiones para ellos y para los que viven a su alrededor o deciden abandonar su vida por la de pareja para poder expresar sin miedos y de forma realizado estos sentimientos.

4. CONCLUSIONES

4.1. En este artículo he querido reflejar que nuestras opiniones sobre la sexualidad del célibe se rigen más por mitos, falsas creencias y por actitudes negativas fruto de ellos, que por los conocimientos científicos que aporta la sexología sobre esta sexualidad de minorías.

4.2. Con este análisis de algunos de los múltiples mitos que existen e influyen en la comprensión negativa de la sexualidad célibe, he intentado aclarar lo negativos que son para una actitud positiva y una comprensión verdadera de este tipo de vida sexual.

4.3. En general, nuestras actitudes y comportamientos sexuales están moldeados principalmente por los mitos sociales, culturales y religiosos, que por los efectos de los factores biológicos, sin embargo, no somos conscientes de ello.

4.4. Observamos que existe una idea predominante en la religión católica y la cultura occidental de que el propósito de la actividad sexual debe ser la reproducción. En la cultura taoísta fomentaba activamente el acto sexual no sólo para la procreación, sino también para conseguir el crecimiento y armonía espirituales. El celibato hoy necesita superar esas falsedades si quiere ser entendida como una forma de vida más de vivir la sexualidad humana.

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