LA PAREJA CRISTIANA Y LOS PROBLEMAS DEL DESEO SEXUAL

Por Cosme Puerto Pascual, O. P. (Sexólogo)

 

 

0. INTRODUCCIÓN

0.1. En el pasado los roles sexuales eran fundamentados en las diferencias biológicas únicamente

La gran mayoría de tabúes, falsas creencias y errores que se cometen referidos al tema de la educación de los roles sexuales tienen que ver casi siempre con la confusión originada por mezclar los aspectos biológicos con los socio-culturales. Es cierto que todos nacemos con una determinada adscripción biológica, que irán produciendo un cuerpo de hombre o mujer. Nacer hombre o mujer es un hecho natural, biológico, mientras que a lo que llamamos "ser hombre" o "ser mujer" tiene que ver además, con otros valores y normas asignados socialmente.

Históricamente, se ha pretendido argumentar las diferencias en los comportamientos de hombres y mujeres refiriéndose a las diferencias biológicas y responsabilizando por tanto a la naturaleza de dichas diferencias. Así por ejemplo se dice: la única vocación de la mujer es ser madre; la mujer debe educar a los hijos; a la mujer le corresponde llevar el hogar; las mujeres son afectivas y los varones son racionales; las mujeres no deben tomar la iniciativa sexual; la mujer madre no debe hacer esas cosas feas; eso es de "putas" no de la buena esposa; etc...

0.2. ¿Son dogmas inamovibles los roles de "género"?

Hasta ahora, daba la impresión de que estos roles eran inamovibles, porque, como se suponía que eran biológicos, lo único que se podía hacer era "aguantarse". Las religiones los habían hecho dogmas y cambiarlos era dejar o perder la fe. Los fundamentalismos religiosos para mantener su poder sobre los fieles y poderlos controlar mejor se oponen con todas sus fuerzas al cambio.

Sin embargo, a medida que avanza los estudios, fundamentalmente de a antropología sexual, este supuesto determinismo o dogmatismo biológico de la diferenciación en los roles y comportamientos sexuales pierden fuerza. Si a todo esto unimos la observación de las conductas asociadas a hombres y mujeres en las diferentes sociedades, culturas y religiones aportadas por la antropología, hace pensar que las diferencias se establecen desde lo social y religioso.

Los comportamientos considerados masculinos en algunas religiones y culturas pueden considerarse femeninos en otras, e incluso en una misma sociedad o religión, los valores y normas se van modificando a medida que producen determinados cambios sociales, económicos, demográficos o carencias de vocaciones, etc...

A lo largo de toda las historia del cristianismo, ha habido un gran empeño por catalogar aquellos roles, estereotipos o características que se consideran como propias del género masculino y aquellas otras que deben ser inherentes al femenino, para, una vez etiquetadas, que todos y todas tengamos especial cuidado de no transgredirlas, porque ello supondría la reprobación y condena religiosa. La teología de los géneros se atrincheraba en el natural biológico y no en el natural integral o personal para evitar los cambios y el progreso.

El momento presente nos encontramos con una antropología social que nos impulsa a cambiarlas lo más rápidamente posible para superar las guerra de los sexos y la religión católica que ve en esos cambios la perdida de muchos de sus dogmas y se tenemos el enfrentamiento del orden religioso contra la sociedad secularizada.

La supremacía de la Jerarquía sobre la mujer y el Pueblo de Dios queda instalada. El varón puede regentar los poderes religiosos y las mujeres por tener vagina no. Son los varones los importantes, el que está llamado por Dios a cumplir una gran misión religiosa y social: ser el recio y duro defensor de la fe, el que mantiene la familia, el que lleva la iniciativa sexual, el que dice y dispone de la mujer. Lo mejor para ello es la sumisión de la mujer, cuya dignidad suprema es ser madre, dar hijos al hombre y cumplir con el debito sexual...

0.3. ¿Y de la tarta religiosa del "sexo de género" qué le queda a la mujer?

Pues lógicamente todo lo que el hombre no se ha acogido de ella para comérsela porque no le gustaba o porque no le servía para sus intereses. Lo opuesto, para eso se supone que son el "sexo contrario".

Con ello se instalan los papeles, roles o estereotipos secundarios de las mujeres, que son creadas a partir de una costilla del hombre, el que le da la vida y el que determina lo que debe tomarse de la tarta. El de ser la madre de sus hijos; el que se los cría y educa; el de ser el descanso del guerrero en la cama; la "chacha" que le hace la comida y tiene limpia la casa; la que tienta sexualmente a los hombres para que cometan los pecados de la carne; la tentación de los célibes que con sus artimañas les roba la vocación; las que cuidan y tienen limpias la casa de Dios y no participan ni de las migajas que caen de la mesa del poder religioso...

¡Menuda "guerra la de los géneros religiosos"! Firmar la paz religiosa con los géneros para que las sociedades seculares no sigan perdiendo su fe en Dios por la Iglesia de hoy no es nada fácil. La tarta del poder sexual religioso no va a ser distribuida de otra forma mientras las mujeres no luchen más con un feminismo fuerte en los ámbitos religiosos. La lucha a ser mucho más dura que la mantenida por los no creyentes en el ámbito social y político. Así que parece ser que la cosa viene de largo y va para largo. En este articulo se va a tratar de un trocito de esa tarta mal repartida y por ello perjudica ambos sexos. Si a la mujer buena sólo le corresponde ser buena madre y no ser buena amante, porque eso es de mujeres de mala vida, de "putas".

La experiencia de muchos años escuchando y hablando con mujeres de fe, me han enseñado y cada vez lo compruebo con mayor claridad, al vivir una pareja una vida tan larga como es la actual. El "deseo sexual" de la mujer mientras están enamoradas es muy alto, pero una vez que se pasa el enamoramiento y han llegado a ser madres, desaparece. La mujer católica educada contra la sexualidad y durante años reprimida en la pareja larga no llega al final con un alto deseo sexual como exige la fidelidad de la pareja.

0.4. Tareas propias de cada rol

Una de entre las muchas tareas o mandatos religiosos para el varón: el de ser muy sexual. Mientras la mujer es identificada primariamente por ser madre y hoy además ser una buena profesional. Ya hemos dicho que las tareas o papeles que corresponden a cada sexo los definen cada religión o sociedad desde una cultura. Ahora sólo nos corresponde asignar unas determinadas tareas a cada uno de los sexos. Si la religión le ha señalado e indicado como uno de los papeles importantes el "rol de ser sexuado", "tener deseo sexual siempre" "pene una espada siempre dispuesta a penetrar la vagina" y en él se le educa.

El hombre es un ser muy sexual; es un ser muy activo; tiene muchas necesidades sexuales; él debe llevar siempre la iniciativa; lo sabe todo sin necesidad de educarse, prepararse y aprender; debe seducir a las mujeres... Esto que parece estupendo y genial para los varones y una vida en pareja, es, según lo que yo he podido observar, para muchos de ellos es una pesada carga que no pueden cumplir y para otros lo que les lleva a no respetar a la mujer por no desear vivir este debito con deseo, gusto y agrado. Ya que ella está educada de forma desexuada y para ser una buena madre y no para ser una buena amiga y amante de su esposo. No necesita, ni comprende tantas necesidades del hombre en esta campo sexual una vez que vivido para lo que fue educada sexualmente: ser una buena madre y hoy ser una buena profesional...

Los hombres de hoy reclaman de la mujeres un papel más activo en su vida sexual. Se quejan de su poco deseo sexual una vez pasado el enamoramiento y cumplido su rol de ser madre. Están casados muchos esposos de tener que ser siempre el que dan los primeros pasos, al final te queda una sensación como de mendigo de la sexualidad, de tener que estar siendo el mismo el que pide. Esta mendicidad irá en aumento mientras las mujeres no sean educadas desde niñas en el rol de ser mujeres "sexuadas" y la falta de deseo en una pareja larga aparecerá en ellas. La gente esperamos que nos portemos de una forma dada y olvidamos que ello depende la mayoría de las veces de los roles o estereotipos en los que nos han educado desde que nacemos.

No obstante, varones y mujeres ponen trampas difíciles de evitar en este juego del deseo sexual. El varón tiene permiso para desear y establecer una vida sexual con quien quiera. Cuidado aquí para la mujer porque si hace lo mismo que el hombre, es que es una puta, ninfómana. Así pues no conviene olvidar en este problema, que la mujer no tiene permiso para desear tantas relaciones como quiera y si el mandato de ser una buena madre y ser bien discretita en este aspecto del deseo sexual.

1. EL DESEO SEXUAL ES LA PRIMERA FASE DE LA RESPUESTA SEXUAL HUMANA

1.2. El deseo sexual de muchas mujeres es menor que el del varón y desaparece en la pareja larga

El objetivo principal de este trabajo es buscar y reflexionar sobre las causas de la perdida del deseo sexual de muchísimas mujeres hoy después de un cierto tiempo de casadas. Una de las suposiciones más dañinas que se han impuesto es la que atribuye a la mujer una menor capacidad de deseo sexual en comparación al otro sexo. Nuestra sociedad machista se encargaron muy bien de inculcarnos que el deseo sexual es más imperioso en los varones, y que las mujeres deben de hacer todo lo que sea para complacerlos. Esta creencia, unida a una educación desde el nacimiento de que su identidad primaria es ser madre están en el fondo de la perdida del deseo sexual de la mujer.

Yo pienso y propongo que uno de los motivos principales de que las mujeres creyentes en relaciones de largo plazo tienen menos "deseo sexual espontáneo" que las mujeres apasionadas es que no hay en muchas de esas mujeres, la primaria identificación con la "mujer sexuada" como les ocurre a los hombres. ¿Será que, en el periodo del enamoramiento, las mujeres consiguen vencer la represión sexual a la que son sometidas desde la infancia y, así, mismo no existiendo la identificación de la mujer sexuada internalizada, se permiten tener más fácilmente deseo sexual?. Pienso como sexólogo cristiano que sí.

Ya en la situación de una relación sexual a largo plazo la respuesta sexual femenina parece seguir diferentes caminos. Algunas mujeres experimentan un cambio al cabo de uno o dos años y otras, después de pocos años. El cambio frecuentemente es coincidente con el aumento de las distracciones y de la fatiga asociados con el tener hijos. Estas relaciones monogámicas a largo plazo, sólo ocasionalmente la mujer empieza la experiencia sexual con deseo sexual, moviéndose hacia la excitación, el orgasmo y la resolución. Es un deseo sexual más referido concientemente por hombre jóvenes que por mujeres.

Yo cada vez observo y me convenzo más de que la mayoría de las mujeres en relaciones sexuales a largo plazo tienen menos deseo sexual espontáneo, del tipo de fantasías, pensamientos o necesidad consciente para tener esas relaciones, sin embargo propongo que el motivo básico, es la falta de la identificación primaria con la "mujer sexuada".

En relaciones de larga fecha hay muchos factores diádicos que ayudan al deseo sexual a disminuir, como el desgaste de la relación, la falta de seducción por parte de la pareja, los cambios físicos y la pérdida de atractividad de la pareja, la falta de ambiente favorable, la falta de estimulación adecuada... Todas estas situaciones pueden ser causas del poco deseo sexual de la mujer. Otro punto a ser considerado para mi sugerencia de la falta de la identificación primaria con la "hembra" es que los hombres, estando sometidos a los mismos factores diádicos y si ellos eran sexualmente sanos, su deseo sexual no se vuelve fuertemente disminuido en las relaciones duraderas. ¿Qué motivos hacen que los hombres tengan más deseo que las mujeres en este tipo de relación?.

1.2. La respuesta sexual: ¿un medio o un fin?

Hay dos formas de plantearse la cuestión de la respuesta sexual humana en la vida de la pareja: vivirla como un fin o como un medio.

En la primera opción, lo que más cuenta es el producto final. El terminar, el llegar al orgasmo, el cumplir, el hacérsela, la nota final, etc. Es como plantearse o planificar el viaje de Madrid donde vivo a la Alberca donde nací, como el único objetivo de llegar a la Alberca. Para esto no hay que tener en cuenta el propio viaje, lo único que cuenta es el destino. El mirar el paisaje de ida, la parada en Salamanca, subir a Batuecas no cuenta.

En la segunda opción, respuesta sexual como medio, lo que más cuenta es el aquí y ahora, el cómo me siento yo, aquí y contigo. El producto final de llegar a la Alberca es algo secundario, porque da lo mismo donde se llegue, siempre y cuando el camino sea algo deseado y que resulta agradable. Lo impórtate es disfrutar del paisaje por donde se va pasando y parando y del propio viaje en sí. Lo importante es llegar pasándolo bien en todo momento y descubrir que cada momento que se comparte con el que nos acompaña , el estar haciendo algo desea, sin imposiciones, metas ni limitaciones externas. Tal vez lo bueno es decir a este paso no llegamos por lo bello que es lo que estamos viendo y gozando a gusto los que vamos.

Cuando hablamos de respuesta sexual, hay que distinguir dos cuestiones: es cierto que existe una forma determinada y concreta en la que responde el cuerpo ante determinados estímulos: la respuesta fisiológica. Si bien este proceso del organismo es idéntico en todos los seres humanos, esta respuesta es independiente de la fuente que lo produzca. Los estímulos concretos que hace que se desencadene la respuesta fisiológica son múltiples y personales. Lo que sirve para unas personas no sirve para otras, porque la respuesta sexual esta mediatizada por el rol, estereotipo, educación, sociedad, cultura, religión y las experiencias vividas y, como es obvio, éstas nunca serán idénticas en diferentes personas.

Sin embargo, da la impresión de que a veces se piensa y se exige al otro desde nuestro rol, lo que al otro no le han educado y no puede vivir o sentir. Ya que los seres humanos respondemos o bloqueamos las respuestas desde los roles o modelos en que hemos sido educados o nos han negado o reprimido. El deseo de la mujer no ha sido educado en un rol de amante y por ello desaparece con el tiempo. Debido a lo larga que es la vida en pareja en nuestro tiempo.

1.3. Fase del deseo

Lo ideal de esta fase es, que ambos esposos deseen iniciar el camino de la respuesta sexual. El deseo sexual, popularmente es "hacer el amor", no es más que la sensación de tener ganas o necesidad de tener actividad sexual. Aquí, una vez más, la construcción del error o disparate que tiene mucho que ver con el ser varón o mujer. Una esposa prototipo de algo que tantas veces hemos escuchado, nos decía en la consulta: no puedo entender, por qué mi el esposo siempre tiene ganas.

Aquí no lo tienen fácil los varones, porque si se presupone que siempre están dispuestos, el día que no lo están, son algo así como anormales sexuales. Además el deseo del varón sufre el sambenito de la respuesta inmediata a través de lo físico: al esposo le basta con que llegue del trabajo y bese a su esposa para ponerse a cien en el deseo sexual. Ni siquiera pasa por la imaginación de la esposa que, la aparición de la respuesta sexual requiere otro tipo de circunstancias: momento adecuado, lugar propicio, intimidad, bienestar físico, utilización de métodos anticonceptivos, utilización de métodos preventivos, etc.

Frente a esto, en las mujeres, se supone lo opuesto: sólo desean ser madres, no están nunca estresadas profesionalmente, su deseo es siempre menor, están menos dispuestas, tienen menos relaciones, se masturban menos... Además, despertar el deseo de la mujer se vincula muchas veces exclusivamente a lo sentimental y afectivo: las palabras bonitas, el ambiente acogedor, las velas... El caso es que ni los hombres están siempre dispuestos a desear ni las mujeres tienen siempre tantas exigencias. Llegado el tema del deseo, es inevitable que aparezca la cuestión de la frecuencia y de las ganas. Olvidando habitualmente, que en sexualidad es difícil establecer mínimos y máximos y que cada persona, cada pareja y en cada momento determinado dela vida, puede tener deseos y necesidades diferentes. La norma se construye cada vez, en cada momento concreto y particular. Esa es la regla válida, lo demás son disparates que sólo sirven para complicarnos la vida.

Pero teniendo todo esto en cuenta y procurando no olvidarlo al hablar del deseo. Tu vida dedicada a ayudar la sexualidad de la pareja te enseña, que hoy más que nunca existe un problema que rompe a la pareja actual: la mujer cada vez más pronto y después de haberse comprometido a vivir un compromiso de pareja, le manifiesta al otro esposo, que no tiene deseo sexual y que le sigue amando. Pensando mucho sobre este problema del deseo en la pareja larga: pienso que se debe a una mala identidad sexual de la mujer. La no educación en el rol sexuado, erótico y de mujer amante y no sólo el de madre y buena profesional como hoy sigue haciendo con la mayoría de niñas y mujeres.

1.4. El deseo sexual en la mujer enamorada

En la relaciones a largo plazo, la situación clínica puede ser detectada, cuando la queja es deseo sexual hipoactivo femenino por no haberse identificado en el rol de mujer "sexuada" y buena amante.

Todos sabemos que en el periodo del enamoramiento el deseo sexual de la mujer es muy intenso para ambos sexos. Como el deseo sexual en este tiempo está muy aumentado, ellas no perciben cuanto, solamente en la presencia de él, consiguen erotizarse. Durante el enamoramiento la falta de identificación con la "mujer sexuada" pasa desapercibida. Además la ilusión de llegar a ser madre y hasta lograrlo sigue ocultando, la educación real desexuada en la que se ha identificado. Con el paso del tiempo y la realidad dura de la vida diaria en pareja, aparece el agente desencadenador, promotor y mantenedor de la sexualidad de ella.

En el enamoramiento no hay una diferencia tan importante con relación al apetito sexual entre hombres y mujeres. Queda difícil imaginar un hombre que acepte vivir sin sexo sin un significativo sufrimiento, al contrario de lo que observo en mi experiencia clínica con mujeres. Pienso que hace parte de la identificación primaria de todos los hombres ser hombre, lo que significa ser "viril", "ser sexuado". Los hombres no fueron solamente educados para el rol, fueron impulsados a él. Esta identificación primaria está impregnada de su ser, no hay como negarla. Es muy difícil pensar que un hombre pueda deshacerse de ella. Si la mujer fuera educada en ella desde que nace sería lo mismo que para el hombre.

2. EL DESEO SEXUAL DE LA MUJER A LARGO PLAZO

2.1. Hombres y mujeres son educados aún hoy de manera muy diferente con relación a la sexualidad

Cuando hablamos de sexualidad en un sentido amplio, estamos haciendo referencia también a cómo entendemos el papel que debemos jugar en la vida, según pertenezcamos a uno u otro sexo. Este es un tema muy de actualidad, y que ha producido una gran cantidad de literatura entre los especialistas en esta materia: las diferencias o las similitudes entre lo que llamamos "sexo" y lo que llamamos "genero".

Hombres y mujeres son muy diferentes en muchos aspectos, esto incluye también lo sexual. La formación de la identidad sexual es compleja y su concepto incluye la percepción que la persona hace de sí misma con relación a ser hombre o mujer. La formación de la identidad sexual empieza en los primeros meses de vida y se establece hasta el segundo o como mucho en el tercer año de la vida.

La identidad de las niñas y la mujer se forma a través de la identificación con la figura materna u otras figuras femeninas significativas, pero también a través de la interacción complementaria con la figura paterna, que le da la sensación de ser mujer en contraposición al ser del hombre.

El comportamiento del padre en valorar o no a la madre en el papel de mujer facilita o dificulta la identificación de la hija con la figura materna. Lo más corriente es que desde el tiempo que son niñas, la mujer se identifica mucho más con el rol o papel de madre, que es mucho más valorado que el rol de la mujer "sexuada" o "erótica", o puesto a lo que les pasa a los hombres.

Quizá el reto del futuro en el problema de la perdida y mantenimiento del deseo a lo largo de una vida en pareja tan larga esté en dar una educación a la mujer, que prioridad a la identidad "sexuada" de la mujer y la de pasar a segunda plano el hecho de pertenecer a un "género" y ser capaces priorizar el hecho de ser persona sobre los estereotipos o roles. Cada uno y cada una con unos deseos, unas necesidades, unos sentimientos sexuales, etc., que puedan ser asignados y expresados sin miedo a ser etiquetados porque no existan asignaciones estereotipas de genero.

A veces, las necesidad de cambiar las actuales situaciones discriminatorias sociales y religiosas hace surgir propuestas desde algunos sectores en las que realmente poco cambia, se intenta acercar a las mujeres hacia la sexualidad de los varones considerada tradicionalmente la mejor, perpetuando con ello el predominio de los roles masculinos, competitivos y de prestigio social o religioso.

Una propuesta diferente en el problema de la identidad de los sexos sería aquella en la que los roles o estereotipos sexuales que debemos cultivar fueran el desarrollo integral de las personas, la solidaridad, la cooperación, la comunicación de deseos, el entendimientos de las diferencias, la tolerancia, en definitiva, aquello que nos haga autorealizarnos sexualmente dentro de las diferencias. La ventaja de este modo sexual es que ambas partes, hombres y mujeres, tienen algo que ganar y algo que perder. Pero ganamos todos.

2.2. Mitos y mandatos sexuales en los que es educada

La mujer tierna y dulcemente desde que nace es educada sobre "el eterno femenino"en una serie de roles, mandatos tabúes y falsas creencias. Unidos a la falta de espíritu critico van haciendo suyos y marcan su deseo de vida sexual posterior. Una de las muchas suposiciones y falsas creencias más dañinas para el deseo y relaciones sexuadas de las mujeres es su negación, represión, considerarlo malo, feo, vergonzoso y comparárselo con el hombre en su proceso de identificación sexual.

Estos tabúes y roles siguen en pie en su educación religiosa desde que nacen, a pesar de que ya se ha demostrado científicamente que las mujeres acumulan la misma capacidad y pulsión de deseo sexual que los varones. Las variaciones de su capacidad o potencial de deseo erótico responden básicamente a distintas características histórico-cultural-social-religiosa personales, y no a ser hombre o mujer.

Recordemos algunos de esos tabúes o falsas creencias religiosas: la mujer ha nacido para ser madre; la verdadera y autentica realización de la mujer está en la maternidad fuente de los mayores placeres; si una mujer no es célibe o se casa es una fracasada; la maternidad disminuye el placer sexual.

La sexualidad de la mujer es natural e instintiva y no es objeto de aprendizajes; es la virginidad de la mujer es tesoro de la mujer; sexualmente, la mujer es pasiva y el varón es activo; la sexualidad es mala, fea, vergonzosa pecado; la menstruación es impura y una maldición; con la edad, la sexualidad de la mujer se vuelve vergonzante; la mujer menstruante es impura; con su primera menstruación la niña se hace mujer.

Las posibilidades de sentir placer nacen con una; no se puede aprender el placer sexual; conocer y amar nuestro cuerpo no es importante para el placer; la mujer religiosa no debe gozar; el goce de la mujer es más espiritual que corporal; la mujer es frígida por naturaleza; tomar la iniciativa es cosa del varón; deber de la mujer satisfacer a su compañero; la mujer sólo debe apuntalar el placer del varón; las mujeres tienen menos necesidades eróticas que el varón; la mujer que no goza debe resignarse; las mujeres que se masturban son enfermas y anormales; la mujer que no goza sexualmente debe resignarse.

La mujer que tiene deseos sexuales es una puta o mala mujer; el deseo sexual de la mujer es menor que el del varón; el deseo sexual termina con la menopausia; el deseo sexual se debilita en la menopausia y desaparece en la tercera edad; etc...

2.3. ¿Cuál es la identidad sexual primaria de la mayoría de las mujeres religiosas?

La formación de la identidad sexual primaria es compleja y que su concepto incluye las percepción que la persona hace de sí misma con relación a ser mujer. La formación de la identidad sexual de la mujer empieza en los primeros meses de vida y se establece hasta el segundo o como mucho el tercer año de vida. Simplificando se puede decir que en las niñas ella se forma a través de la identificación con la figura materna u otras figuras femeninas significativas, pero también a través de la interacción complementaria con la figura paterna, que le da la sensación de ser mujer en contraposición al ser hombre. El comportamiento del padre en valorar o no a la madre en el papel de mujer facilita o dificulta la identificación de la hija con la figura materna.

¿Cuál es el significado de ser mujer para la mayoría de las mujeres? ¿A qué roles la educación sexual de la mujer le siguen dando mayor importancia? La identidad de la mujer cristiana desde que nace: es ser madre. El ser madre va marcando su camino educativo y lo van haciendo suyo de tal manera, que marcará la identidad primaria de la mujer a la hora de pensar desear y vivir su sexualidad.

Lo más corriente es desde el tiempo que son niñas, la mujer se identifica mucho más con el rol de madre, que es mucho más valorado que el rol de "mujer sexuada" o "erótica", opuesto a lo que les pasa a los hombres. Los padres no suelen decirles a las hijas que el sexo es maravilloso. Que para un creyente la sexualidad es uno de los regalos más preciados que nos hace Dios para ser felices y hacer felices a los que amamos. Las hijas que escuchan de sus padres, que es fuente de satisfacción, aumenta l autoestima y proporciona mayor unión entre la pareja, encarnan muy bien el rol de buenas amantes de los hombres. Las hijas crecen oyendo a sus padres que el sexo es pecado, suciedad, sufrimiento y las más dichosas por respuesta educativa el silencio. Los padres temen que sus hijas tengan una iniciación sexual precoz y reaccionan de manera a intentar retrasar su vida sexual.

En nuestras sociedades occidentales somos muchas las personas educadas en la cultura judeocristiana, y sentimos la fuerza de las ideas que separan el amor carnal del amor cristiano, el profano del sagrado. Sin duda, hoy en día es necesaria una revisión profunda de la teología de la sexualidad, pues debe elaborarse a partir de todos los nuevos conocimientos que tiene la humanidad.

Lamentablemente la mayor parte de las mujeres cristianas siguen siendo educadas en una mentalidad gnóstica en su actitud hacia la sexualidad y su deseo sexual. Tomar el cuerpo sexuado y el deseo sexual como algo no separado del resto, redituarlo en toda su dimensión humana y divina en la educación identificativa es de capital importancia para el éxito de una pareja larga y fiel. La mujer religiosa se realiza y vive su vida espiritual a través de un deseo sexual corporal y no como algo abstracto: se siente con un cuerpo sexuado y con el se desea la sexualidad.

Ninguna mujer creyente siente que ha deseado sexualmente lo suficiente a la persona que ama. Hasta el último día de la vida se necesita amar y ser amado. Eso es precisamente lo que la mantiene viva sus relaciones sexuadas con el amado. La sexología moderna aporta datos que la antigua teología no conocía para hacer posible esto. Ahora sabemos de la existencia del deseo sexual en la mujer hasta la muerte. El deseo sexual conduce el amor cristiano de la mujer al hombre con el que se ha desposado hasta el final y que debe estar siempre en continuo crecimiento con el cultivo al que debemos someterlo.

El deseo sexual de la mujer bien identificada y sexuada entra y forma parte de su amor cristiano. Su conservación al paso del tiempo debe verse el triunfo de las fuerzas integradoras de la naturaleza. El que el deseo sexual de la persona amada vaya triunfando sobre su crisis y problemáticas con el cultivo y esfuerzo, ninguna mujer debe ve en ello pena, sino alegría. Si la naturaleza hubiera decidido que el deseo sexual sólo es utilizable para procrear y ser madre, la mujer y el varón tendrían ciclos más breves de erotismo, ciclos ajustados temporalmente a la procreación. La naturaleza ha decidido por sí misma dar permiso al deseo de a mujer a una sexualidad más amplia. Pensar de otra forma es caer en ideario maniqueo que atribuye al deseo sexual de los cuerpos algo malo y diabólico.

2.4. La educación en la identidad primaria debe incluir el desear y ser deseada.

La información cristiana que las niñas comienzan a recibir desde el nacimiento de sus padres y educadores esta llena de falsas creencias y mitos. La sexualidad femenina que lleva a muchas mujeres a vivir el deseo sexual en la vida en pareja, esta llena de represiones, inhibiciones, prohibiciones, sentimientos de culpa, de vergüenza y ansiedad. No en vano, uno de los objetivos fundamentales de la educación y terapia sexual es dar una información sana, positiva y desterrar las falsas ideas con todo lo relacionado al sexo y deseo sexual.

Se le hace ver a la mujer que se casa que tiene un potencial sexual de deseo que puede cultivar y desarrollar. Primero ha de ser conciente de su capacidad de deseo sexual, que existe realmente, y que lo puede desenterrar a través de un aprendizaje adecuado, dejando atrás mitos y creencias que sólo la llevan a la confusión, al temor y a la insatisfacción. Sin embargo, cumplir con este objetivo a veces no es tarea fácil, pero el verdadero tratamiento debe comenzar por ahí.

Si bien la mujer puede asumir que el placer sexual es positivo y le pertenece e, incluso, muchas de ellas se deciden a no volver a tener relaciones sexuales cuando no las desean y llegan a sentirse liberadas por ello, la realidad con la que se encuentran es compleja y a veces confusa. Ha estado tan preocupadas por cumplir con un deber impuesto, es decir, la necesidad de excitar y satisfacer al otro miembro de la pareja, que desconocen las capacidades y recursos con los que cuentan para satisfacer sus propias necesidades y deseos sexuales tanto con su pareja como con ellas mismas.

La educación todavía represiva de la Iglesia y la falta de recursos por nuestra cultura machista, con la que se encuentran muchas mujeres a la hora de cultivar, alimentar y desarrollar su propio deseo, no sólo se deriva de la dificultad de encontrar estímulos sexuales o por falta de aprendizaje, sino por la mala identidad primaria recibida, que no las enseño como algo propio de su sexo a aprender a desear y ser deseadas.

Todo esto conduce a muchas mujeres a que estén más preocupadas de excitar el deseo del varón que de excitar su propio deseo sexual hacia su cónyuge. La constante preocupación por la apariencia, por parecer sexy para el esposo y por él, nos explica la falta de recursos para desarrollar sus propios deseos sexuales. De aquí que muchas mujeres teman no ser aceptadas, ser rechazadas o no valer lo suficiente, y, por tanto, no dejarse llevar por sus propios deseos sexuales y pensar más en lo que puede desear más o menos su esposo.

3. CONCLUSIÓN

3.1. En el transcurrir de la vida las mujeres asumen varios roles o estereotipos: el de hija, el de profesional, el de madre y el de abuela: Algunas mujeres creyentes, principalmente en relaciones sexuales esponsales a largo plazo, ejercen los otros roles sin tener a la "mujer sexuada", a la "mujer erótica" internalizada y en este tipo de situación las diferencias con relación a la libido y deseo sexual van a aparecer.

3.2. ¿Por qué muchas mujeres concientemente admiten una motivación no sexual para tener relaciones con el otro miembro de la pareja por ganancias en su vida matrimonial y en función de ellas, deliberadamente aceptan el estímulo sexual? ¿No podrá haber una falta de la identificación primaria con la "mujer sexuada"?. La falta de esta identificación puede ser atribuida a la educción negadora y represora que enseño a las niñas a percibir sexo como algo repulsivo, negativo, feo, vergonzoso y pecaminoso y a hipervalorar el rol de madre y actualmente el rol profesional. Como sexólogo cristiano que soy, pienso que las niñas son programadas por la educación religiosa que reciben para que no tengan la identificación de "mujer sexuada" internalizada y sólo cumplan su destino de madres y buenas profesionales.

3.3. Educar al hombre desde niño en ser "viril" y "ser sexuado". Mientras la educación que dan a la niña y la mujer en una identidad como "ser no sexuado" y "no erótica" es una de las causas principales de la perdida del deseo sexual y la crisis de muchas parejas en un proyecto de pareja, que se alarga y va a seguir alargándose hasta edades muy avanzadas. La identidad de mujer madre y buena profesional en la que hoy se identifica no es suficiente para no perder el deseo sexual con su esposo una vez que logra estos dos roles.

3.4. En este articulo lo principal que busco y sugiero es que se piense sobre ¿cuál es el significado actual de ser mujer dentro del mundo religioso?. Si el significado más importante para la mayoría de las mujeres de fe aún se restringe a "ser madre", a "ser una competente profesional" y no a ser también una "mujer amante" y "mujer sexuada" tal vez sea más fácil entender por que en relaciones de pareja duraderas, las mujeres empiezan una experiencia sexual de un estado de neutralidad sexual, que hace imposible una fidelidad hasta el final y que se transforma en agresividad del esposo contra la esposa.

3.5. Tal vez nuestro papel profesional como educadores y terapeutas cristianos de la sexualidad de las niñas sea pensar sobre esta posibilidad, pues, si tenemos en cuenta el grave problema del poco deseo sexual en el que terminan en su vida de pareja tan larga, tendremos que tratar a las mujeres, para que perciban la sexualidad como algo maravilloso y esencial para la felicidad de sus vidas. Para que ellas puedan aceptar y pasar esta imagen positiva de la sexualidad a sus hijas. De manera, que puedan existir en ellas también, la identidad como mujeres sexuadas y eróticas.

3.6. Desde las aportaciones sexológicas pienso que las niñas son programados para que no tengan la identificación de mujer sexuada internalizada y sólo cumplan su destino. La falta de una buena y clara identificación primaria con la "mujer sexuada" o amante del hombre puede ser atribuida a la educación negadora, represora que enseño a las niñas a percibir el sexo religioso como algo repulsivo, negativo, feo y pecaminoso y a supervalorar el rol de madre y actualmente el de una buena profesional.

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