REVOLUCIÓN EPISTEMOLÓGICA DE LA SEXOLOGÍA Y SU REPERCUSIÓN EN LA TEOLOGÍA ESPIRITUAL.

Por Cosme Puerto Pascual, o.p. (Sexólogo)

 

INTRODUCCIÓN

Hoy la teología y la sexología científica se enfrentan al problema de definir conceptos claros y evitar la confusión reinante en este campo.

La sexología, como disciplina científica, surge no sólo como una necesidad sino también como una realidad. El estudio de la sexualidad humana ha seguido mucho tiempo un camino donde lo real no fue lo que debió haberse pensado sino lo que se quiso creer. La teología cristiana de la sexualidad ha caído en este falsedad en una mayor profundidad. Ha sido así como se fundamentó todo supuesto conocimiento estructurado sobre una base falsa o mítica, que ha obstaculizado el conocimiento verdadero y un lenguaje correcto. De este modo, lo que debió ser un conocimiento científico se trasformó en una opinión o falsa creencia sexual que, arduamente defendida por muchos considerados teólogos y sexólogos de su época, no dejó paso al verdadero conocimiento científico, que es el saber que poseemos por haber buscado la verdad con juicio crítico.

Ha sido así como la llamada sexología, lo mismo que la teología se convirtieron en manuales de opiniones, que en gran parte siguen vigentes hasta que los que creyeron que el desconocimiento de la verdad no solamente era deshonesto sino también perjudicial para las personas, la Iglesia y sociedad. La sexología como ciencia autónoma comenzó a mediados del siglo pasado a plantearse preguntas que poco a poco fueron contestadas dando paso al verdadero espíritu científico actual y ese mismo camino debe hacer la teología del sexo para que sea creíble al hombre del nuevo milenio.

Una de las causas del fracaso de la educación sexual en España es la ausencia de un lenguaje científico y bien clarificado. El lenguaje sexual, que ha hizo naciendo poco a poco a través de s. XX, se esta usando no con la finalidad por la que se creo sino con el contenido de los viejos contenidos de antaño. La falta de educación sexual científica y formal de los educadores encargados de impartirla en nuestro centros ha producido una gran crisis en esta asignatura optativa.

El hecho de considerarla una práctica multidisciplinaria ha provocado que cada disciplina del área científica se dispute una parte de ella y siga usando su lenguaje tradicional. Lenguaje que tiene muy poco que ver con el que se ha creado por la sexología científica al aceptarse como ciencia autónoma y este malestar sigue en aumento en el momento presente. Creando un profundo malestar y que para mi esta perjudicando a que la asignatura pendiente del pasado, se convierta en asignatura pendiente del presente donde se imparte.

Creo como sexólogo que el estudio y la enseñanza de esta ciencia merece una revisión de sus conceptos principales. Uno de los ejemplos más claros de lo que intento de expresar se da en el campo de la teología cristiana al hablar de sexualidad. Ha cogido el lenguaje creado por la sexología científica para seguir explicando los antiguo contenidos de antaño. Creando en el campo de la enseñanza y evangelización del hombre de hoy una gran confusión, una negación a la educación sexual y un abandono en muchos de una fe, que no le ofrece un concepto sano de sexualidad para crecer dentro de ella.

Necesidad de redefinir los conceptos básicos en sexología. Mi intención al escribir estas paginas es cumplir con una necesidad prioritaria en el campo de la sexología científica, que es clarificar los conceptos que continuamente usamos con distintos contenidos y que está perjudicando a la ciencia y creando confusión a las personas. Me voy a centrar en tres conceptos básicos: "sexo", "genitalidad" y dejar para otro la palabra "sexualidad".

El estudio teológico de la sexualidad humana merece una revisión del lenguaje que usan en el campo moral y espiritual.

La teología cristiana de la sexualidad necesita del aporte de otras ciencias. Si la sexología como ciencia necesita y estar abierta y buscar y recibir aporte de otras ciencias, la construcción de una ética teológica de la sexualidad mucho más. Pero el que la sexología reciba este aporte no significa que no tenga campo propio, lo mismo que ocurre a la moral sexual cristiana. No es posible que la teología moral cristiana pueda construir una ética sexual ignorando los aportes de la ciencias de hoy y los contenidos de sus conceptos. La teología de hoy debe aprender a usar y traducir el lenguaje científico sexológico y a través de él hablarle de la sexualidad cristiana con los contenidos evangélicos.

La teología de hoy debe usar un lenguaje comprensible por ese hombre que desea evangelizar. Que sea científico y claro sin dar lugar a según das lecturas, pero que respete el contenido científico académico y que no lo niegue. La teología tiene mucho que aprender de la sexología y la sexología no debe cerrarse a las aportaciones de la trascendencia que le ofrece la Religión.

¿Qué me ha aportado la visión holística o integral como sexólogo cristiano actualizando el lenguaje?

Me ha dado una visión de la sexualidad mucho más amplia y rica, que la recibida por la teología cristiana. Pero a su vez esta visión más amplia y compleja me ha permitido hacer una nueva lectura del Evangelio y desde ella comprobar una nueva visión de la sexualidad cristiana. Visión que no niega nada de lo que dijo Jesús sino todo lo contrario, lo hace más comprensible y explicable para el hombre de hoy que tengo el deber de evangelizar en este campo por la importancia que tiene para él y la comunidad de fe.

Esta concepción totalizadora de la sexualidad humana, me aporta una nueva y más rica valoración de este dinamismo de mi persona. Que a su vez a sido una de las causas principales que me ha hecho escapar del estrecho campo de la relación coital, de una sexualidad meramente reproductora, de un genitalismo erótico que domina mi cultura y considerar a la sexualidad como una dimensión existencial. Dimensión que me define como persona sexuada, sexual y erótica. Por ello puedo decir a la sociedad de hoy, que la sexualidad placer es superior a la genitalidad placer,"hacerlo con amor" es superior a "hacer el amor", destacando la importancia que el amor tiene en la vida sexual de la persona y del cristiano, ya que su presencia humaniza la genitalidad y la sexualidad.

La teología no debe sentirse mal por tener que pedir ayuda en el campo de la sexualidad a otras ciencias. La necesidad de pedir ayuda a otras ciencias humanas se debe a que la dimensión sexual no se puede considerar desde sólo un ángulo teológico ya que es un objeto de estudio pluridisciplinar. Solamente la teología puede valorarla correctamente si se la considera desde distintos puntos de vista, además el teológico es uno más, pero el único. El resultado final presupone el logro de un concepto muy complejo y implica la conjunción de todos ellos.

ALCANCE DE LA PALABRA "SEXO"

La tarea de despejar el campo de la teología sexual nos obliga a aclarar y delimitar el alcance de cada termino que utilizamos y llegar a una firme conclusión respecto del significado de cada uno de ellos. Muchos de los términos utilizados en la teología sexual definen deficientemente y, a veces, ambiguamente conceptos que más tarde son mal usados e incorrectamente interpretados. Esto esta provocando confusión, abandono de la fe y criticas muy duras a la Iglesia católica. Definir un término no significa considerarse dueños de la verdad, sino proponer que cuando ese termino sea usado se lo entienda y se le acuerde la misma interpretación. En consecuencia, lograr acuerdo en cuanto al significado de los términos de uso corriente en el campo de la teología de la sexualidad ayudaría grandemente a evitar confusiones y malos entendidos.

Precisamente el sexo, su presencia ubicua y desbordante estuvo en todos los debates actuales sobre educación sexual. Todo el mundo da la impresión de entenderlo perfectamente y lo que se deriva de él. Es el protagonista y, al mismo tiempo, el relegado: el invitado de piedra, una fantasía. O, más propiamente, un fantasma ignorado y despreciado. ¿Y qué hacer con él en la teología actual?. Se habla de sexo, pero no se habla de él, se habla de muchas cosas, se hablan de partes de él, pero no del todo que es.

¿Pero podremos los cristianos, al fin hablar del sexo con sosiego y de forma inteligible en este siglo XXI que ahora empieza sin miedo a ser condenados y apoyados en que lo único necesario es buscar la verdad para ser libres?. El sexo en teología ha sido considerado como el pecado, lo prohibido o el tabú, lo condenado y hoy la excusa o la obsesión para todos los debates. La metafísica moderna, nos dice, que nos define como personas sexuadas. Da pie a todo, se prestó a todo. Todos los caminos de la sexología moderna comienzan en él y terminan en él. ¿Pero qué era, qué es el sexo hoy? ¿de que se habla cuando se habla de sexo? O mejor, ¿de qué no se habla? Porque en el campo de la teología cristiana un debate a fondo sobre la noción de sexo –su historia, su construcción, su identidad, sus peripecias- es aparcada una y otra vez debido, a sus complejidades pero más bien es por miedo tener que cambiar casi todo. No era y no es para la teología actual una cuestión simple y el miedo a ser condenado, lo condena a su falta de clarificación y todo lo que ello implica en el mundo cristiano presente.

Ya que la teología actual no puede caminar y menos evangelizar al mundo científico europeo sin participar en ello. Esto suele suceder con los vocablos que más frecuentemente usamos en este campo como son: sexo y sexualidad.

1.1. La etimología de la palabra "sexo"

En nuestra propia civilización la palabra "sexus" fue un invento de los romanos y probablemente proviene del latín: "sexus" o "secare", cortar, dividir. Durante siglos el término se refirió exclusivamente al género. Lo mismo se puede decir del sustantivo inglés "sex" que apareció por primera vez en una traducción de la Biblia latina realizada en 1382, para describir la selección hecha por Noé del sexo masculino y femenino de cada animal. La palabra no significaba más que género o tipo. Fue en el siglo XVIII cuando el sustantivo "sexo" y el adjetivo "sexual" comenzaron a incluir en su definición el concepto de reproducción junto con el género.

El diccionario dice que es la "condición orgánica que distingue al macho de la hembra", Sirlin, en su Diccionario de sexología lo define como el "hecho o particularidad de ser varón o hembra". Braier, en su Diccionario Enciclopédico de Medicina dice: "conjunto de caracteres que diferencian al macho de la hembra". Enciclopedia Didáctica de la Sexualidad de C. Paris, tiene diversos significados la palabra sexo. En primer lugar, designa la pertenencia de un individuo de género masculino o femenino. Pero también se refiere a los órganos genitales que distinguen al macho de la Hembra, Asimismo se utiliza como sinónimo de sexualidad.

¿Qué es lo que llama la atención de estas definiciones? Que se enfatizan términos como "diferencia", cualidad, factor de separación. El sexo es propio de plantas, animales y humanos, es el carácter diferencial de lo masculino y femenino, del macho y la hembra. Con el sexo se nace, y está determinado orgánicamente.

1.2. Los niveles de la sexuación

La sexología científica nos habla de niveles o diferentes formas de sexo. Los podíamos englobar en dos apartados.

Niveles biológicos

El niño es dotado por la naturaleza con unos rasgos biológicos sexuales dimórficos, es decir, diferentes según el sexo al que se pertenece. El proceso, universalmente consistente, por el cual el ser humano llega a sentir, a asumir los rasgos y a ser de un sexo o de otro, es complejo y está sujeto a la ocurrencia de ciertos fenómenos a partir de una primera posibilidad siempre femenina. Según el principio de Adán, al que se refiere Money para diferenciar a un ser como masculino, siempre se necesita añadir algo al ser básico que es femenino. En varios periodos críticos el nuevo ser debe recibir ciertas influencias para tornarse masculino, de lo contrario será femenino.

Sexo celular: es paradójico que la actividad sexuada, siendo una actividad inherente a cada vida personal y a la especie humana toda, y siendo ejercida por imperiosa necesidad de supervivencia, sea tan poco conocida en muchos de sus aspectos. Estamos en los umbrales del conocimiento biológico que sitúa la sexualidad en el nivel celular. La unidad más pequeña de un ser vivo, que puede existir y reproducirse conservando sus características. La primera célula del ser humano esta formada por la suma de dos medias células llamadas gametos. El gameto masculino llamado espermatozoide y el gameto femenino llamado óvulo y al unirse en el momento de la fecundación forman el primer nivel la sexuación de la persona. De ella parte la determinación inicial del sexo. La evolución del dimorfismo sexual se asemeja a una carrera de relevos. El primer determinante es el factor genético y ya va en esta primera célula. Las características somáticas y psíquicas de todo individuo están encerradas en el núcleo de cada una de sus células.

Sexo genético o cromosómico: el para sexual puede ser XX para la mujer y XY para el varón. Zwang lo llama sexo genético, pues X e Y son "gonosomas" frente a los 44 "autosomas" no sexuales. En 1959 se descubrió que el cromosoma Y determina la masculinidad de la célula, y desde esa fecha se viene buscando el gen IDF o Factor Determinante del testículos p gen masculino. En 1990, científicos británicos detectaron un gen en una región del cromosoma Y que desata la cadena de sucesos que hace que el embrión, hacia las seis semanas, se diferencie, hacia la masculinidad.

Sexo gonádico: resulta de la diferenciación de la gónada primitiva en ovario y testículo.

Sexo hormonal: está determinando por la producción hormonal de la gónada: andrógenos del testículo y hormonas femeninas del ovario. De él dependen los sexos siguientes.

Sexo cromatínico: en las células somáticas de la mujeres el núcleo posee un corpúsculo particular junto a su pared interna, es el X dormido, ausente en las células masculinas.

Sexo gonadofórico o genitales internos: depende de los canales vectores que utilicen las gónadas en su línea hormonal: canales de Wolf en el hombre (que se transforman en conductos deferentes y epidídimo) y canales de Muller en la mujer (que se transforman en trompas y útero.

Sexo genital externo: es el sexo del estado civil, declarado en el nacimiento a la vista de los órganos genitales: vulva hendida o pene prominente encima del escroto.

Sexo sistema nervioso central: En la conjunción de variables biológicas y sociales, el sistema nervioso constituye el eslabón crucial de la cadena. Esto es así porque no hay conducta sin sistema nervioso y las variables socioculturales inciden en el organismo, incluso como estímulos con significado, porque el sistema nervioso existe. De aquí la importancia de los estudios sobre diferenciación sexual del sistema nervioso para entender la conducta sexual.

Sexo hipotalámico: esta determinado por el tipo de hormonas que estimulan la secreción de las gónadas; esa producción es continua en el hombre y cíclica en la mujer. De él depende en parte la conducta sexual.

Sexo somático: corresponde al aspecto particular del conjunto del cuerpo: estatura, peso, pilosidad, todos los caracteres sexuales secundarios que proporcionan la diferenciación sexual morfológica, completa tras la pubertad.

Sexo óseo: se establece por radiografías, pues los huesos planos como el iliaco son más delgados en las mujeres; y clínicamente los de los varones son más largos y gruesos.

Sexo gamético: hace referencia a la producción de espermatozoides o de óvulos coronando la maduración sexual somática por el acceso a la fecundidad. En las gónadas, los gametos sufren la reducción cromática que divide en dos el número de cromosomas individuales. El hombre por poseer gomosomas asimétricos es el que fabrica los gametos (espermatozoides X e Y) responsables del sexo genético del nuevo ser humano fruto de la fecundación.

Sexo puberal: corresponde a la tardía maduración sexual del organismo humano, que le dota finalmente de las capacidades anatómicas y fisiológicas necesarias para la reproducción. La madurez genital se alcanza en los últimos años del segundo decenio; pero para llegar al estado adulto verdadero son precisos algunos años complementarios de maduración que implica la integración de las nuevas características aportadas por la pubertad.

Niveles de género

Cuando el niño nace, no sabe que él es él, no tiene la más mínima idea de que es una persona, un ser distinto del mundo físico que lo rodea. No tiene conciencia de que existe y, por consiguiente, tampoco tiene conciencia alguna del sexo. Poco a poco el niño va descubriendo que él es un ser que tiene un yo propio distinto al de los demás, que tiene un ser físico separado y distinto al ser físico de los otros y de los objetos que lo rodean.

Sexo jurídico o legal: es el de inscripción en los registros legales.

Sexo del vestido: deriva del anterior.

Sexo asignado o sexo de crianza: es lo que Money llama el sexo asignado por la actitud de los padres, que responden a la señal del sexo genital con un comportamiento de diferenciación dimórfica que refuerza la identidad de género del nuevo. Determina el modo en que se educará al niño, según las pautas de la educación familiar y escolar.

Sexo psíquico: además de ser varón o hembra desde un punto de vista somático, el hombre y la mujer lo son también desde un punto de vista psíquico. La mujer se conoce y se siente como mujer y tiene preferencias sexuales por varones y, viceversa, el hombre tiene identidad de género masculino y preferencia sexual por las mujeres. Mientras que la identidad sexual se establece precozmente, desde la primera infancia, las preferencias sexuales se manifiestan más tarde, de manera clara en la pubertad.

Sexo educativo: la educación sexual no es saber como son los órganos copulatorios y cómo se usan, sino cómo se relacionan las fuerzas sexuales con el comportamiento de los valores humanos. No podemos evitar la difusión de la pornografía y menos aún la libertad de la imaginación personal. Sólo hay una forma de evitar al niño y joven se ahoguen teniendo el mar vecino, enseñando a nadar. Y no podemos evitar ni el mar, ni la pornografía que nos rodea.

Sexo aprendizaje: influencias del aprendizaje en la identidad de género del célibe.Nuestro sentido de la masculinidad y feminidad no se basa exclusivamente en condiciones biológicas. La teoría del aprendizaje social sugiere que nuestra identificación con los roles masculino o femenino, o una combinación de estos, es producto principalmente de los modelos y las influencias sociales y culturales a los que estamos expuestos durante nuestro desarrollo temprano.

Sexo social: la sociedad civil suele referirse a un sexo social, a una de las dos categorías, hombre o mujer, constituida por las sociedades u en las que son ubicados los individuos desde su nacimiento según el aspecto de sus órganos genitales externos. Esta ubicación se formaliza por medio de la concesión por la seguridad social de un numero de identificación que el individuo conserva toda su vida. Es la cualidad o conjunto de cualidades de la persona sexuada que condiciona y hasta determina comportamientos distintos en cada caso, según el patrón que una determinada sociedad, por una serie de factores, asigna al sexo masculino o al femenino. El comportamiento, palabra y acciones que manifiesta el grado de conformidad de la persona en su expresión social, con lo que la sociedad propia considera adecuado el sexo de asignación. Según el grado de conformidad con las pautas sociales respectivas será considerado masculino, femenino o ambivalente. El que indica o prescribe cómo debe comportarse un varón o una mujer. Son los papeles que se esperan que desempeñe en la familia, en la sociedad donde vive.

Sexo cultural: el obvio que los sexos poseen un substrato biológico, pero no es menos cierto que le queda modulado, matizado y personalizado por la interacción entre el individuo como ser psico-biológico-cultural. Incluso, conductas biológicas que creían inamovibles como podía ser en la mujer la aparición de la primera y la última menstruación en datos estadísticos medios, se ha visto como se han ido modificando a favor de una mayor amplitud entre ambos momentos. Así pues, es evidente que aunque exista cierta mediación biológica y fisiológica en los sexos, la misma queda configurada en los sujetos en cuanto a los estímulos sexuales que le atraen, rechaza o desea, por factores culturales. Por un lado, en nuestra cultura existe un modelo de relación entre los sexos o "cultura sexual" que es el paradigma.

Sexo de deseo: nacemos sexuados, pero nos hacemos sexualmente adultos. Mi sexualidad masculina o femenina, es un modo de ser que adquiero, que aprendo; me lleva a asumir determinadas actitudes, modos de pensar, juzgar, actuar. Se refiere a la capacidad de orientación sexual de ser atraído por sujetos y objetos sexuales de unas características anatómicas o de otras. La necesidad de trato y actividad sexual con los otros. La sexualidad si bien surge de las raíces biológicas del ser humano, es abierta, flexible, se aprende, la satisfacción se puede conseguir de múltiples modos: se aprende y se puede frustrar; se puede anticipar por la imaginación y el deseo; los truncan las inhibiciones, las disfunciones, las parafílias...

Sexo imaginativo-fantasmático: el conjunto de imágenes o fantasmas de las que vive el hombre y la mujer, de las que calcan sus comportamientos sexuales. Son imágenes eróticas que crean la mayoría de las personas en su mente mientras se estimulan para vivir la respuesta sexual. Las fantasías pertenecen al mundo de la imaginación, que es la habilidad de crear una idea o imagen mental y tiene múltiples funciones.

Sexo axiológico: es el sistema sexual de valores, que incluye todas las consideraciones del momento, lugar, estado de ánimo, las palabras que se usan, los gestos que se hacen, las mil y una pequeñas señales que, con o sin mediación del lenguaje, se envían un hombre y una mujer. La forma de ver el mundo, la vida, las cosas en uno y otro sexo. El modo de buscar justificaciones a los propios comportamientos masculinos o femeninos. El sistema de valores que cada uno tiene y desde los cuales intenta vivir y relacionarse con los otros seres sexuales.

Sexo religioso: en las personas religiosas no podemos olvidar, en el proceso de su sexuación, un elemento que tiene para ellos una gran importancia y que debe ser analizado aparte. Me refiero al influjo de la religión en la sexuación de la persona. La religión marca la sexuación de una persona de un modo muy profundo, crea pautas o normas de educación, aprendizajes y vivencias propias, que marcan muy profundamente y de las cuales van a depender mucho sus comportamientos con respecto al sexo y sexualidad. Olvidar este elemento en nuestra sexuación lo creo muy grave pues es el que explica la forma célibe de vivirla.

Sexo de identidad de género: "experiencia privada, del papel de género" Money. "sentimiento íntimo de pertenencia a uno de los dos sexos o ambivalencia" Giraldo Neira. Este elemento hace referencia explícita al aspecto subjetivo y relacional intrapsíquico, cómo asume cada individuo su sexo, qué tipo de relación establece con su cuerpo, cómo siente suya cierta identidad sexual y la ve reconocida también por los otros. Por lo que concierne a este componente puede no haber sintonía o no haber sintonía total entre sexo biológico y percepción de la identidad sexuada subjetiva. Algunos autores distinguen entre identidad del género, que se desarrolla en los dos, tres primeros años de la vida, y consiste en la mayor o menor convicción de la persona de pertenece a un sexo de genero concreto, e identidad unida a comportamientos acerca del papel del sexo o papel del genero: los primeros se refieren a la conducta sexuada verdadera y propia, los segundos se refieren a los comportamientos con connotaciones masculinas o femeninas, es decir a las vivencias sexuales

2. ¿A dónde ha conducido el planteamiento de la igualdad y diferenciación de los sexos?

Estas páginas tratan de plantear fundamentalmente y de concienciar de la confusión existente sobre este concepto analizar un poco su historia y intentar la llamada de la necesidad de aclararlos por todo lo que se juega en ello el ser humano. La cuestión central nos lleva a la fundamental: ¿de qué hablamos exactamente cuando hablamos de sexo?. Entendemos que esto no es sólo un beneficio para la misma noción de sexo sino esas realidades cercanas o derivadas de ella. La sexología científica al tratar de definirlo abre definitivamente un universo distinto que es el que aquí nos ocupa.

Esta disputa nos ha conducido a la novedad de hacer pensable y aceptar por vez primera en la historia la condición de la mujer como persona al mismo nivel del hombre. Y como efecto más importante, replantearse la condición de los dos sexos. A partir de ahí el fenómeno sexual no corresponde ya prioritariamente a lo que los sujetos hace para reproducirse, sino al proceso mediante el cual éstos se hacen sujetos sexuados, o sea sujetos de uno u otro sexo.

Las consecuencias no se ha hecho esperar. El concepto de sexuación que da cuenta de este hacerse sexuado como resultado de una historia que comienza en la fecundación y termina con la muerte. Proceso que se convierte en troncal e imprescindible en la sexología científica y yo opino que en la teología como quicio articulador de los problemas de las personas sexuadas. Pero los resultados de esta transformación epistemológica, la primera y más grande revolución sexual moderna con la que el pensamiento cristiano debe dialogar. El lenguaje teológico del pasado no dice nada al sexólogo actual o lo que dice es negado por no ser entendido o decir lo contrario de lo que desea decir.

 

2.1 El uso del termino "sexo" es una sinonimia genitalidad, reproducción, heterosexualidad, placer sexual, hacer el amor...

El sexo a lo largo de la historia, ha venido soportando sobre sí el peso de un exceso de moral. Pero aquí no nos interesa el exceso de moral sino el más notorio defecto de epistemología. O sea, la confusión de los conceptos, lo que ha impedido hacer una correcta moral teológica. Está claro que lo que se ha logrado con ese predominio de la moral ha sino culpabilizarlo, llenarlo de pecados, vergüenzas y desintegrarlo de la teología espiritual en lugar de estudiarlo y conocerlo como corresponde como corresponde a un concepto que nos define y nos aporta una riqueza invalorable. Ningún cambio teológico y moral ofrecerá nada nuevo si primero no se clarifican correctamente los conceptos: la teología espiritual y moral necesitan una epistemología a toda urgencia. O sea, definir claramente los conceptos para poder hablar de pecados.

La historia y la ciencia sexológica nos dicen con toda claridad que el planteamiento inteligible y razonable no es que el sexo sea explicado por la genitalidad, por la reproducción, heterosexualidad, placer y el amor, sino justamente a la inversa: son estas últimas realidades las que se explican por el sexo.

El vocabulario común, el uso en los grandes titulares, se ha quedado estancado y anquilosado, reducido a unas cuantas palabras, tales como el sustantivo sexo y el adjetivo sexual, o el que, dilatando éstos, se ha generalizado como sexualidad. Y, en todo caso, estas palabras siempre con un significado circunscrito directa o indirectamente al área o zona de los genital reproductora o erótica, cuando el sexo es mucho más rico y complejo como realidad integral. Reducirlo a estas partes es quedarse sin conceptos y sin palabras para entenderlo, explicarlo y comprenderlo. Si el lenguaje nos ayuda a expresar y pensar, no es extraño que ante la ausencia de un vocabulario, se vean afectados no sólo la expresión sino también el pensamiento. La carencia de lenguaje y de vocabulario trae, a su vez, la ausencia de conceptos. Y así sucesivamente en un circulo sin fin. Es cierto que el sexo puede ser sentido, vivido, pero también necesita ser pensado como objeto de estudio y conocimiento, como realidad inteligible. Los conceptos son los instrumentos y recursos de que disponemos para hacernos con esta realidad lo mismo que con otras.

En nuestra cultura el sexo es un concepto. Y como tal, pensable y razonable. Y si el sexo hoy no es ignorado, sino estudiado y conocido, sería preciso articularlo de manera que pueda ser explicado y entendido con una cierta precisión que permita su desarrollo, como sucede con otros conceptos y así podamos pensar, hablar y entendernos de manera científica y razonable.

La sexología nos dice que todos los sujetos con sexuados. Todos, sin excepción. Y aquí se presenta la necesidad de una primera aclaración. Se ha extendido un concepto de sexo como sujeto de frases: "El sexo es algo natural"; "el sexo es un derecho"; "el sexo es divertido"; "el sexo ya no es tabú"; "es sexo es comunicación"; "el sexo es amor"; "el sexo ya no es pecado"; "hacer el sexo"; "la primera vez que se hace el sexo";"cuantas veces practicas el sexo al mes"... son expresiones que han llegado a ser corrientes en la divulgación general y por lo tanto en el habla. ¿De qué hablamos hoy cuando hablamos de ese sexo como sujeto?. Si nos referimos a los genitales, eso no es el sujeto sino los órganos genitales. O su uso, su puesta en ejercicio.

La divulgación nos ha acostumbrado a hablar de sexo como algo que se practica, algo que se tiene, algo que se hace. La sexología nos obliga, por rigor de su episteme, a hablar de otra manera. El sexo del que se habla, el de los grandes titulares, se refiere a un concepto que corresponde poco, o solo en parte a su episteme. El "sexo" como clave epistemológica, nos introduce en el campo explicativo del hecho de los sexos y agrupa el estudio de una serie de niveles, elementos, fenómenos conectados entre sí y esa conexión, esa relación, nos hace comprensible el todo y lo hace explicable, razonable y comprensible.

Los grandes titulares nos han acostumbrado al planteamiento de una serie de aspectos o niveles del sexo, pero no del todo, de los sujetos. Así se habla mucho de aspectos genitales, teológicos, morales, sociales, psicológicos, afectivos, etc. Estos aspectos del sexo ha sólido ofrecer un gran abanico de temas, problemas y preocupaciones. Pero han ocultado el rompecabezas del todo donde tiene lugar y pueden ser colocados y comprendidos correctamente. Se dice que el sexo es pluridisciplinar porque su estudio admite los datos de muchas disciplinas y de muchas profesiones. Y todas ilustran y ayudan a comprender subpates y particularidades del todo inagotable, como ocurre en cualquier otro fenómenos en el campo del conocimiento.

Pero resulta hoy muy difícil deshacer ese enredo para poder explicarnos que no podemos hablar de sexo sino de sujetos sexuados y como tales sujetos sexuados. Frente a esa forma de ver partes o subpartes del todo sexual, el desarrollo de la Sexología ha ofrecido, especialmente a finales de siglo XX, la otra perspectiva de la espisteme del "sexo". La de los sujetos sexuados, la total y la integral, a la que poco a poco fueron llevándonos los descubrimientos parciales. Esta otra forma de ver no parte de los aspectos, subpartes o elementos sino del mismo fenómeno del sujeto integral, que son los sexos. El sexo de los sujetos y, concretamente de los mismos sujetos sexuados. No se trata, pues, tanto de los llamados y consabidos aspectos, sean estos genitales, biológicos, o de genero del sexo, cuanto de los mismos sujetos que se hacen, se viven, se siente y se expresan a través de esos y otros aspectos. La espisteme del "sexo" conduce, pues, a la cuestión troncal de la sexuación de los sujetos.

El proceso de la sexuación biográfica de los sujetos, no ofrece datos puros, sino gamas de indican la dirección de uno u otro en su polo de extremismo; o si se prefiere, de ambos en un continuo. Ninguno de los dos es un sexo perfecto o por entero. Ninguno delos dos sexos se vale por sí mismo y sin el otro. Ninguno de los dos es referencial en solitario. Ninguno delos dos por separado da cuenta del concepto que los engloba. Todo lo parcial esta englobado por la complejidad del todo del rompecabezas de los "sexos".

2.2 ¿Por qué no usar la palabra: "los sexos"

Recuperar la totalidad para colocar las partes, los elementos, los aspectos de la estructura integral y compleja del marco conceptual del sexo, me parece una tarea urgente para entender, comprender y reflexionar sobre lo que hoy entendemos por sexo. Ello nos llevaría al replanteamiento del concepto de sexo desde el plural los "sexos". El concepto de los "sexos" en plural frente al ambiguo y equivoco sexo en singular de tanto éxito en el campo de la divulgación y que lo lleva a los genitales y lo reduce a las expresiones con ellos, olvidando al cerebro y al todo sexuado de la persona en todos sus extractos.

El proceso de sexuación como diseño de uno y otro sexo no es neto sino Inter.. De forma que la realidad sexual es siempre, de hecho, intersexual. O sea de uno y otro sexo. Sería más interesante, pues, la intersexualidad como clave que da cuenta de la realidad que un sexo lleva del otro y viceversa. Porque ninguno de los dos se hace por separado ni de forma independiente. Uno de los núcleos más importantes de la sexología actual es la identidad sexual, hecho poco considerado y que se ha relegado a favor de otros menos importantes.

Si unimos, pues, la Historia de las ideas con las nociones básicas de la gramática y de la sexología que surgirá de ese movimiento, el resultado es que, en términos modernos, no se puede hablar de sexo, entendido en el sentido antiguo, como sinónimo de genitalidad, más o menos disfrazado, sino en clara referencia a la innovación ya histórica de los sexos y sólo desde la cual tiene sentido su singular: el sexo de uno u otro, o de cada uno delos dos.

El sujeto moderno es un sujeto sexuado. O, dicho de otro modo: la condición sexuada ha entrado en el núcleo mismo de los sujetos. El pensamiento teológico actual, cualquiera que este sea, no puede entenderse sin tener en cuenta este acontecimiento. A la moral teológica le corresponde nombrarlo con toda claridad y fuera de vaguedades, aparte de ser una decencia histórica, resulta imprescindible cuando se trata de hacer un balance para seguir hacia delante.

Incorporar el concepto de sexuación ha equivalido a situar el nuevo concepto de sexo y aclarar equívocos heredados del sistema antigua. Ha contribuido a desarrollar las consecuencias de la riqueza que encierra el concepto moderno de sexo para la composición y desarrollo de los sujetos, dentro de los cuales, el proyecto principal es contribuir a su configuración como tales sujetos. Hacerse sexuados masculinos o femeninos, y vivirse como tales es una dimensión de tal envergadura que asombra constatar cómo se ha obviado con las reducciones que aún siguen vigentes.

3. ¿Qué entendemos por "sexo"?

Entenderíamos por sexo todo aquello que en la dimensión sexuada de la persona corresponde a lo biológico y al genero. La suma de las estructuras biológicas y de genero conforman la totalidad. El separar la estructuras biológicas por una parte y la del genero por otras, nos conducen a un nuevo dualismos como el del alma y cuerpo. Nos lleva hablar de roles biológicos: que serían los comportamientos basados en las diferencias biológicas. Y los roles de genero: que serían los comportamientos psico-socio-culturales creados por el hombre y que se asignan diferencialmente a hombres y mujeres. Para superar esta nuevo dualismo algunos autores hablan del sistema de sexo-genero: que es la unidad en la que se enlazan en conjunto estructurado y unitario los roles sexuales y los roles de genero en la persona sexuada.

Las estructuras biológicas de sexo son muy variadas, podemos recordar algunas de las más importantes: la celular, la cromosómatica, la cromatínica, la gonadal, la hormonal, los genitales internos, los externos, el sistema nervioso central, el eje hipotalámico-hipofisario, el púberal, el morfológico, el gamético... En el pasado sólo se tenía en cuenta el de genitales externos y por él se daba la identidad total de la persona. Por ello cuando usamos la palabra "sexo", la mayoría de las personas entienden genitales externos. Olvidando que son un nivel más de la persona sexuada, ni es el más importante y por tanto hablar de sexo o sexualidad es hablar de penes y vagínas, olvidando que el nivel cerebral es el más importante.

Las estructuras del genero sexuantes de la persona son muchas: el sexo de asignación, el educativo, el de aprendizaje, el imaginativo, el deseo, social, cultural, axiológico, religioso, la identidad de genero... La metodología holística nos enseña a comprender, estudiar y ver el sexo como un todo y no como uno de sus niveles o estructuras. El todo es lo importante y dentro del rompecabezas del sexo cada nivel, estructura o parte tiene su lugar.

3.1 ¿Cómo definirlo como todo?

El sexo son los niveles, elementos, componentes, cualidades o estructuras biológicas, psicológicas, afectivas, sociales, culturales, axiológicas y religiosas que van formando y estructurando a través de un largo proceso que dura toda la vida, las diferencias entre hombre y mujer, que aceptamos y nos identificamos con ellas en lo más profundo de nuestro ser con gozo y alegría o la ambivalencia.

El sexo biológico y de genero forman un todo unitario con todos las estructuras, que se unen y entrelazan en el ser sexual en un conjunto estructurado formando un todo para hacernos la persona sexuada que es cada uno. Ese proceso es la historia de la persona sexuada de cada individuo. Antes era lo somático y dentro lo somático, lo genital. Ahora es el conjunto de los elementos el todo.

Sexuación es el proceso que nos va haciendo las personas sexuadas que somos. Sexuado es lo que va surgiendo del proceso de la sexuación. La función de los sexos es la identificación de genero que nos da el sentimiento intimo, profundo y unitario de ser uno mismo hombre, mujer o intersexo.

4. ¿QUÉ DEBERÍA ENTENDERSE POR "GENITALIDAD"?

4.1 La "genitalidad" no es una sinonimia de sexualidad.

Muchas personas lo usan como una sinonimia de la sexualidad. Los cierto es que la genitalidad forma parte de la sexualidad humana, pero no la define. El termino genitalidad se define como el uso de los genitales. La genitalidad es una subparte de la parte somática de la sexualidad humana dentro de la visión holística. Nuestra cultura por el peso del pasado suele considerarla como la función y la manera de expresar la sexualidad más completa. Olvidándose que es una más y que de no buscar la reproducción no tendrá porque terminarse siempre en ella. Algunos la llaman el acto completo de la sexualidad.

4.2 Algunas características que diferencian a la genitalidad de la sexualidad:

La genitalidad es una subparte de la parte somática de la sexualidad de la persona.

La genitalidad es una de las múltiples funciones de la sexualidad.

La genitalidad es un aspecto muy importante desde la función fecundativa.

La genitalidad está subordinada a la sexualidad, pero nunca al revés.

La renuncia a la genitalidad no exige una renuncia al todo sexual.

La genitalidad es una forma concreta de vivir la sexualidad, pero no es la única.

La genitalidad alcanza su expresión máxima integrada en la totalidad de la sexualidad.

Vivir la sexualidad exclusivamente en su función genital sería una negación del carácter total dela la sexualidad. Etc.

4.3 La genitalidad es una fase del desarrollo psicosexual.

La genitalidad es una etapa a la que deberá llegar el individuo en su desarrollo psicosexual. Esta etapa genital también se conoce como organización de las pulsiones sexuales parciales baja la primacía de las zonas genitales y señala una meta de nuestro desarrollo sexual.

Hay una gran diferencia entre la "primacía de los genitales", que presupone la utilización preferencial, predominante y exclusiva de ellos, y "primacía genital", que define una etapa evolutiva a la que deberá llegar el individuo en su desarrollo psicosexual. En algunos casos el individuo utiliza los genitales sin haber podido alcanzar la madurez de la función genital. Los estadios anteriores a esta madurez se llaman "pregenitales".

Por todo esto debería entenderse por genitalidad a la etapa del desarrollo psicosexual caracterizada por la organización de la sexualidad bajo la primacía genital. Corresponde a la expresión adulta de la sexualidad en sus contenidos psicoemocionales y en la utilización de los genitales como elementos primarios en el logro del placer sexual y de unión y comunicación de la pareja.

4.4 Sexualidad humana y sexualidad animal

La confusión y la sinonimia de genitalidad con sexualidad ha creado la tendencia a homologar la sexualidad humana con la del animal y, como lógica consecuencia, considerarla como un instinto a nuestra sexualidad. Dicha tendencia está más generalizada de lo que podría suponerse y tiende a desvirtuar la realidad, por lo que creo que es uno de los puntos que merece la pena ser revisado detenidamente.

La sexualidad humana no posee elemento alguno de los que caracteriza al instinto, por lo cual es un error hablar de instinto sexual en la sexualidad humana. La estructura animal está centrada en lo biológico y anclada instintivamente. La sexualidad biológica en el hombre se hace mente y por tanto educación sexual. La sexualidad es un aprendizaje que dura todo la vida y va pasando por diferentes paisajes.

En el extracto psicológico, la sexualidad, como componente de la dimensión sexual humana, impregna tanto el plano consciente como el inconsciente. En lo que corresponde al consciente puedo presentirla y referirme a ella. En el plano inconsciente sé que no tengo noticias directas de ella pero puedo reconocer a través de un recurso (el proceso terapéutico) que una parte de mi sexualidad está allí, reprimida y confinada a ese plano.

La sexualidad en el hombre es una necesidad básica, pero creo que no deberíamos considerarla un instinto. Ya es hora que reconozcamos y aceptemos de una vez por todas que la sexualidad humana no tiene nada de instintiva. Si fuera instintiva es una perdida de tiempo hablar delo derecho y necesidad de una educación sexual. Mucho menos de integración y control por la voluntad activa de la persona. El concepto de instintiva desvaloriza la condición de ser persona y no debemos olvidar que la estructura humana está muy alejada de la animal y que la condición de ser humano nos obliga a considerar a esa energía vital en forma particular.

CONCLUSIONES:

"Sexo"es una de las palabras más utilizadas de nuestro tiempo. Con significados equívocos en su mayor parte. Es el ingrediente indispensable de toda publicidad impactante junto a la violencia, que le disputa la primacía.

Se confunde sexo con sexualidad, a todos los niveles. Utilizar ambos términos como sinónimos constituye un grueso error. Sin embargo, aun en medios académicos se sigue con este uso indistinto. Debemos aceptar que la semántica teológica se encuentra con dificultades por este hecho, pues ésta no se trata de la única confusión.

Se confunde sexo con genitales. Sobre todo en la literatura se habla de "mostró se sexo", "recibió un golpe en el sexo", "tocó su sexo", etc. En el lenguaje coloquial, pese a las recomendaciones de los educadores sexuales, no se designa fácilmente a los genitales como vagina o pene, sino como "sexo".

Muchos títulos de trabajos científicos revelan esta confusión. Uno encuentra títulos sobre "Sexo y..." cualquier cosa, cuando se desprende del contenido del trabajo que el autor se refiere a "sexualidad" y no a sexo. Por suerte, hay muchos títulos correctos que tratan sobre sexo. Pero "hablar de sexo" casi nunca corresponde a la etimología, el significante y el significado de la palabra.

Termino con el mejor ejemplo del confucionismo existente con el titulo de uno de mis libros: "El sexo no tiene edad". Mi titulo originario era: "La sexualidad no tiene edad", pero la editorial por razones de ventas me lo cambió.

Es necesario tener claro:

o Papel sexual: es el comportamiento, palabras y acciones que manifiestan el grado de conformidad de la persona en su expresión social, con lo que la cultura propia considera adecuado al sexo asignado. Según el grado de conformidad con las pautas culturales respectivas será considerado masculino, femenino o ambivalente.

o Identidad sexual: es la íntima conciencia, convicción y sentimiento, unitaria y permanente de ser y de actuar como hombre, mujer o ambivalente. Puede corresponder o no con el sexo de asignación y con el patrón cultural.

o Orientación sexual: es el grado de preferencia que una persona tiene por actividades sexo-genitales y o sexo-afectivas con personas del mismo sexo, del sexo diferente o de ambos. Puede ser, por lo tanto, heterosexual, homosexual o, en diferentes grados, bisexual sin menoscabar su identidad sexual, aunque no esté de acuerdo con el papel sexual cultural, si lo está con la concepción personal del mismo.