¿ES LA FAMILIA LA PRIMERA ESCUELA ESPIRITUAL

DE EDUCACIÓN SEXUAL?

Por Cosme Puerto, o.p. (Sexólogo)

 

INTRODUCCIÓN

La educación sexual un derecho del niño.

Le guste o no, su hijo está recibiendo educación sexual desde que nace. Los padres no podemos decidir si la reciben o no; sólo de qué forma. Su hijo es bombardeado todos los días con información sobre la sexualidad: a través de la televisión, prensa, cine, radio, video, Internet, teléfono, e incluso por las letras de las canciones más corriente que escuchan sus padres. Parte de la información que recibirá será cierta, y otra parte puros mitos o falsas creencias o pura ficción. Así que, a menos que sus hijos dispongan de una sana educación de sus padres y de un ámbito sano y de confianza donde puedan preguntar, no serán capaces de distinguir la una de la otra.

La cuestión de si la educación sexual corresponde a los padres o la escuela no es un tema tan controvertido como en otros tiempos. Ahora la cuestión parece ser: todos damos educación sexual. El problema está si la damos con el silencio o con la palabra hablada; de manera incidental o formal; si la damos de manera positiva o negativa; de manera inconsciente o consciente; de forma sana o la culpabilizamos; etc. Ahora el gran problema para los padre y la familia es: ¿Cómo puede la familia ofrecer a sus miembros una educación, que no sea una simple información sino una verdadera formación de la sexualidad? ¿Cómo impartir a nuestros hijos una sana, positiva, progresiva educación sexual? ¿Cómo crear un ambiente en el hogar donde nuestros hijos tengan la oportunidad de discutir y preguntar sobre los diferentes aspectos o instancias de la sexualidad humana?. Dicho de otro modo, ¿cómo podemos los padres humanizar la sexualidad de nuestros hijos, para que puedan desarrollarla plenamente como personas?.

Aunque sean los niños los que tienen ese derecho y los padres el deber de darla. El hogar, la familia es una constante escuela sexual. El colegio y el ambiente solo complementan la actitudes sexuales aprendidas a diario en el circulo de la familia. La educación sexual comienza antes de la concepción del ser humano. El que sea deseado y querido ya marca toda la historia sexual de cada individuo. La educación sexual comienza con los padres. Empieza antes de nacer el niño con la elección de su nombre, al comprarle su cuna y su ropa.

Sin embargo, es esencial que consigan la información necesaria para vivirla sana y positivamente. Los hijos no dejan de tener sexualidad desde su más tierna infancia por el hecho de no estar formados e informados, porque hay una evidencia muy clara: son, sin lugar a dudas, individuos sexuados, sexuales y eróticos. La realidad es que sus hijos son personas sexuales y que piensan en la sexualidad; que ellos están aprendiendo sobre esta realidad todos los dais; que los padres forman parte de esa enseñanza; y, asimismo, que no pueden controlar todos los datos mitos que su hijo aprende sobre la sexualidad.

La alternativa es clara: o los padres le dan información verdadera y sana que amortigüe el impacto de las múltiples inexactitudes con las que ellos se van a encontrar, o le dejan que distinga por si mismo poco a poco, según van creciendo, entre los que es verdadero y falso. Los hijos necesitan información sana y clara sobre la sexualidad, presentada a su nivel evolutivo, y en el momento que estén preparados para asimilarla.

¿Por qué no olvidar nuestra propia educación?

Los padres de hoy deben comprometerse en la educación afectivo/sexual de sus hijos. Deben olvidar la educación sexual que ellos recibieron. Recordemos que todo lo que hemos aprendido nosotros de nuestros padres era silencio, negación y prohibiciones hasta la vísperas de la boda. Si no nos han indicado alguna cosa, o no nos han dicho absolutamente nada, no se lo reprochemos, era la ley educativa más corriente de su tiempo. Pero hoy día procuremos que nuestros hijos no tengan que reprocharnos más tarde lo mismo que nosotros hemos ido reprochando desde nuestro interior a la generación anterior.

Probablemente nos hemos arreglado nosotros mismos y hemos llegado a ser adultos, a ser célibes, a casarnos y tener hijos; pero reconozcamos que si no nos hubiesen dado un poco más de explicaciones, habríamos ido progresando en nuestro camino con los ojos más abiertos y con un espíritu más crítico. Hoy los tiempos han cambiado: la sexualidad es un don de Dios; de su mano creadora no sale nada malo; la sexualidad nos identifica y nos define; existe una ciencia llamada sexología; es un eje transversal de la educación; vivimos en un mundo lleno de erotismo; la crisis de la pareja se extiende rápidamente; los medios de comunicación la comercializan a todas horas; la calle y los compañeros son sus principales fuentes de información; etc.

No se puede dejar esta parte de la educación integral de nuestros hijos en manos de quien no los aman y buscan aprovecharse de ellos. La ignorancia de estos temas hoy no preserva de nada y se exponen a los más graves peligros. Vale muchísimo más dar a nuestros hijos una educación sexual sana, positiva y progresiva, que pretender preservarles de los peligros con el silencio y la ignorancia. Un arma cada vez más necesaria para que puedan vivir en nuestro mundo cada vez más plural y global en todos los campos es crearlos un gran espíritu crítico para que sepan encontrar lo mejor para sus vidas.

Sus hijos tendrán que enfrentarse a numerosas decisiones relacionadas con sexualidad, a lo largo de sus vidas u durante el resto de su existencia. No ha forma de evitar que cometa errores. Sin embargo, los riesgos serán menores cuanto más exacta sea la formación e información que tengo sobre los complejos aspectos de la sexualidad, y cuanto más dispuesto esté a examinar y meditar bien sus opciones. El objetivos de los padres impartiendo educción sexual es ayudar a sus hijos a tomar sus decisiones sobre la sexualidad de la manera más formada e informada posible. Las consecuencias en nuestros hijos por no haberles aportado la educación sexual a la que tenían derecho son muy grabes para que los padres digan que los aman bien negándosela.

La "Gran Ciudad Educativa" ha entrado en la casa

Todas las encuestas demuestran que los medios de difusión, la televisión, Internet, la radio, el cine, video, la música... Su repertorio es amplio, y forma parte de nuestra completa educación sexual. Se han metido en el hogar y son cada vez junto con sus compañeros y amigos los que más educan su sexualidad. Aunque hoy se unan familia, religión y escuela no logran contrarrestar el poder de los medios de comunicación en nuestros niños y jóvenes. La familia no debe pasar por alto tan tremenda influencia. Esta influencia no debe pasar desapercibida por los padres como trascendental en la educación de sus hijos. Pero la influencia más poderosa para nuestros hijos es la del propio circulo de sus iguales.

La familia "conciencia crítica" del niño en un mundo global

Actualmente la sociedad europea se considera multicultural. Lo mismo está ocurriendo en España en los últimos años con la emigración masiva que entran en nuestra nación. En escuelas y aulas suele haber alumnos / as cuyas familias proceden de otros países, y cuyas normas sexuales difieren de las que prevalecen en los países europeos. En términos culturales, y en muchos caos también religiosos, las familias de estos/as niños y adolescentes son de distinto origen.

En nuestra sociedad pluralista, con sus modelos culturales y religiosos diversificados, una descripción que se limitara al curso central de nuestra población carecería de realidad. La presencia de grupos étnicos, religiosos y culturales dentro de nuestra sociedad ha influido grandemente en nuestra actitudes sexuales contemporáneas y su educación familiar y escolar. Independientemente de la diferencia de grado con que los diversos grupos aceptan la sexualidad humana y dedican su atención a la enseñanza, la escena general contemporánea hace pensar en cambios rápidos y creativos. Esto se aplica tanto a la aprobación social como a la individual de la conducta sexual.

Los padres deben ayudar a sus hijos a que adquieran, progresivamente, capacidad crítica para valorar la organización y uso que en nuestra sociedad se hace de la sexualidad. Analizar críticamente los roles de género, los abusos sexuales, la comercialización de la sexualidad, la prostitución, la pornografía infantil, etc., para que sean conscientes de las causas y consecuencias de estos y otros males sociales.

LOS MITOS Y LA EDUCACIÓN SEXUAL EN LA FAMILIA.

A medida que pasan los años la sexualidad humana va adquiriendo un puesto más destacado en la educación familiar y escolar. Desde finales del s. XIX la importancia de la sexualidad no ha dejado de caminar hacia una mayor valoración y necesidad para la propia realización de la persona. Hemos pasado de tener sexualidad, a decir, que nos define a cada uno de nosotros. La sexualidad ha pasado de ser algo que había que reprimir o negar, a ser considerada actualmente como algo positivo para el desarrollo del ser humano en su camino evolutivo hacia la madurez.

La mitología se perpetúa, no sólo a través de los compañeros y amigos de nuestros hijos y medios de comunicación social, sino también por aquellos que tienen como misión educarla y orientarla como es la propia familia. La ciencia ha hecho avances notables en la investigación sexual. No obstante, los progenitores debido a su propia educación sexual tan defectuosa o a sus temores o bochorno en los asuntos de la sexualidad, ignoran las contribuciones científicas hacia un mayor entendimiento del tema. Por tanto actitudes sexuales míticas, ilógicas y fanáticas se transforman en la herencia de una generación de padres a otra.

Creencias sexuales par las cuales no existen fundamentación científica alguna concebible en la verdad y la lógica, son perpetuadas por padres que deben aportar en este campo lo mejor a sus hijos y capacitarles para un gran espíritu crítica como una de las mejores herencias e instrumentos de que pueden dotar a sus hijos para vivir un mundo cada vez más global. Si estos no son corregidos por aquellos que más los amamos, esta información tergiversada, será tenida por certeza y verdadera por su progenie. En este artículo me propongo como uno de los principales objetivos: que los padres aporten a sus hijos una formación e información de conocimientos verdaderos sobre el tema del sexo y sexualidad. Si no lo tienen por no haberlo recibido, el amor que deben a sus hijos, les debe animar a buscar en escuelas de padres, lo que ellos no recibieron y rompan el circulo vicioso en el que esta cerrada la educación familiar en este campo. Los padres deben proporcionar y trasmitir dichos conocimientos a sus hijos, porque los aman más que nadie y deben hacerlo de una manera honesta, sincera, directa y amorosa.

Las falsas creencias para negar la necesidad e importancia de la educación sexual de los padres a sus hijos eran muchos, expongamos algunas de ellas:

El silencio una forma más de educación sexual.

¿Qué necesidad tenemos de despertar el volcán dormido? Se afirmaba que los hijos hasta la pubertad no tenían sexualidad y por tanto necesidades sexuales, o que estas estaban latentes y podían despertarse por muchos motivos, como el hablar de sexualidad los padres con sus hijos o el impartirla en la escuela. Olvidando que los compañeros y la calle eran las que se adelantaban y los hacían. Debajo de esta manera de pensar estaba la falsa idea de confundir sexualidad con genitalidad, que hoy sigue siendo una de las falsedades más extendidas dentro de nuestras familias. La sexualidad del ser humano es una realidad evolutiva y se manifiesta a los largo de toda la vida. La pubertad no es el despertador de la sexualidad que activa los impulsos dormidos.

El mito de la inocencia infantil. Durante siglos, la Iglesia y los padres más conservadores han negado la existencia de la sexualidad infantil. Su ausencia era un sinónimo inequívoco de pureza e inocencia. Preservando a los niños de la contaminación sexual se aseguraba su integridad personal. De ello se seguía, la ocultación y el silencio como la mejor norma educativa. Si un niño de seis años ignora las matemáticas que le corresponde saber a esa edad, el maestro le llama ignorante y le suspende, pero el niño que ignora los órganos sexuales se le considera sano y normal, en vez de ignorante y burro. Como consecuencia de esta falsa creencia, se considera que si no hay sexualidad antes de la pubertad, tampoco existe ni pensamiento ni intereses sexuales.

La educación sexual como información biológica. Muchos padres actualmente en España creen dar educación sexual a sus hijos porque le explican la biología reproductora. Ya no le dicen que los hijos los traen la cigüeña sino que salen de la tripita de mama donde el papá a través del pene pone la simiente en el vientre de mana donde crece y se desarrolla hasta el momento de salir fuera. Explicar exclusivamente la reproducción para que entiendan la sexualidad es ridículo y lo único que se consiga con esto es reducirla más a la genitalidad, al coito.

El comprensión de la complejidad de la sexualidad implica la incorporación de instancias o dimensiones diversas: somática, psicológica, afectiva, social, cultural, axiológica, religiosa, higiénico-sanitaria. La biología sexual se hace mente y le da un rico mundo de funciones o significados no soñados por lo puramente biológico. La sexualidad humana comporta fundamentalmente una función de relación amorosa: encuentro, relación, comunicación, amor, placer, ternura, caricia y, ocasionalmente, de manera responsable y optativa, la reproducción. Esta falsa creencia, por la que se ha identificado sexualidad con la biología de la reproducción, ha generado una justificación ideológica de la mayoría de nuestros programas de educación sexual en nuestra nación como una educación para la reproducción o anticoncepción.

El miedo a estimular el interés sexual. Este es un argumento que se utilizan ciertos padres represivos y algunos grupos integristas religiosos para excluir la educación sexual dentro de la familia y escuelas. El temor que con mayor frecuencia suelen experimentar los padres cuando se plantean la educación sexual de sus hijos es que, por el mero hecho de enseñarles la sexualidad o explicarles los hecho dela vida, se incrementa su interés por el sexo, su actividad sexual e, incluso, su promiscuidad. Sin embargo , los resultados de la investigación indican todo lo contrario. Los estudios socio-culturales hechos a este respecto, no parecen que los programas de educación sexual conduzcan a la promiscuidad, sino más bien al contrario. Las existencias demuestran que se traducen en tasas más bajas de embarazo, aborto y un sentido mayor de la responsabilidad sexual.

El miedo al ridículo. Muchos padres consideran que su deber es sentarse con sus hijos y darles una conferencia científica sobre los aspectos de la sexualidad de los que ellos mismos no se siente suficientemente informados. De hecho, pocos son los capaces de explicar a sus hijos todas las complejidades biológicas y médicas de la sexualidad, por no mencionar los aspectos psicológicos, afectivos y éticos. Incluso los expertos pueden tener dificultades en este campo con sus propios hijos, y usted no es un experto. La verdadera cuestión no es la cantidad de conocimientos específicos sobre la sexualidad que tengan los padres. Cada padre puede cumplir con esta importante responsabilidad sin necesidad de ser ningún experto en la materia.

El mito de hacerle daño a su hijo por adelantarse a sus necesidades. Todos los padres están preocupados por adaptase a la capacidad del hijo. Sin embargo, a menudo tendemos a ignorar lo rápido que crecen nuestros hijos. No se engañe diciendo constantemente que su hijo no está preparado. Es mejor que se adelanten los padres, que los compañeros y la calle. Los padres por muy mal que lo hagáis siempre es mucho mejor que la gran ciudad educativa.

Temor a la vergüenza. Se trata de un temor realista. El pudor que se nos enseña se resumía a vergüenza sobre la parte del sexo. La mayoría de los padres se sienten hasta cierto punto avergonzados e incómodos al hablar a sus hijos de los temas sexuales. Sin embargo, en nuestra vida hay muchas cosas que nos producen un poco de vergüenza o incomodidad, y a pesar de ello las seguimos haciendo porque conocemos las consecuencias de no hacerlas. En nuestro entorno actual, los riesgos de no practicar el sexo con seguridad son enormes para sus hijos. ¿Está dispuesto a arriesgarse a pasar un poco de vergüenza con tal de proteger a su hijo de esos peligros?.

El mito de la charla sexual. El mito de la charla sexual es uno delos impedimentos que existen entre los padres represivos y que niegan la educación sexual de sus hijos. He necesitado muchos años de formador para darme finalmente cuenta, de que la educación sexual no se puede dar ni impartir en una sola charla conferencia, ni siquiera en varias. La educación sexual no es un acto sino un largo proceso evolutivo desde que nacemos hasta que morimos. Existe una tremenda cantidad de conocimientos que los hijos necesitan para formarse y trasformarse en unas personas adultas y maduras sexualmente. Todo lo que pueden hacer las mayoría de los padres es abrirle una puerta a sus hijos en este campo, acompañarles durante los primeros años, y dejarle con una gran autoestima sexual y como fruto de ella una gran confianza para que puedan realizar el resto del trayecto, de forma más saludable y siendo siempre críticos con su sexualidad y la delos demás.

LA FAMILIA "PRIMERA ESCUELA" DE EDUCACIÓN AFECTIVO/SEXUAL DEL SER HUMANO.

La educación y la orientación sexual se lleva a cabo en el ámbito de la familia. Desde cero años hasta que el hijo va a la escuela, los padres y la familia son los maestros, modelos y consejeros sexuales, de tal manera que el sentido evolutivo que la identidad sexual del niño, su imagen de ser hombre o mujer, su masculinidad o feminidad, sus valores y conductas, se ven irresistiblemente influidos por lo padres y por los miembros de la familia donde vive. Aun cuando vaya a la escuela, los maestros simplemente complementaran las actitudes y los valores sexuales básicos aceptados en el hogar.

Cuando los niños y adolescentes regresan del colegio al hogar, nuevamente están actuando alrededor de personalidades significativas e íntimas en sus vidas. Por consiguiente, parece necesario y forzoso para quienes educan la sexualidad, otorgar amplia consideración a las relaciones religiosas, culturales, sociales y personales dentro de la familia. Es necesario buscar medios para desarrollar programas educativo sexuales que paralelen y suplementen la orientación sexual familiar, para que padres e hijos puedan trabajar juntos con nuevas informaciones, actitudes y valores.

Teniendo en mente que el hogar es el sitio central donde la educación sexual es un asunto normal, bien o mal encauzado, quienes tienen la finalidad profesional de guiar, necesitarán tomar en consideración el proceso que allí se realiza.

El ideal de la educación sexual en la familia está en no poder acordarse ni de cuándo ni de cómo se ha llevado a cabo esta educación, porque se ha desarrollado poco a poco cada día al ir respondiendo a los hijos esas miles de preguntas que el azar nos plantea según las circunstancias. Respondamos a todas, pero con la condición de ser siempre sinceros. Adaptándose al propio sentir de la infancia o adolescencia de nuestros hijos. Los padres deben responder siempre las preguntas del hijo, sea el que sea el momento o situación en que son hechas. No vivir continuamente angustiados por los que nos pueden preguntar en este u otros campos de la vida. No es a base de informaciones completas, ni a fuerza de principios y normas como se debe educar. Lo que educa a nuestros hijos es sobre todo la actitud sana y positiva ante su sexualidad.

Son demasiados todavía los hombres que piensan que la educación afectivo/sexual de los hijos es cosa que no les concierne a ellos: dicen que mientras sean pequeños es asunto de la madre. Pero el caso es que este problema continua, cuando los hijos van creciendo. Un hecho curioso en la educación familiar: cuando un hijo plantea una pregunta embarazosa en este tema, el padre deja en manos de la madre la solución. Si se tiene la suerte de ser dos, padre y madre, es más positivo y enriquecedor llevar a cabo juntos esta educación. De este modo uno de los dos, padre y madre, los que están presentes en el hogar, es más positivo y enriquecedor llevar a cabo juntos esta educación sexual. De este modo uno de los dos puede sustituir al otro cuando éste se ve en apuros, consiguiendo así que el dialogo sea más fácil, porque se capta mejor lo que comprende el niño. Sobre todo es muy bueno, muy acertado, que el niño vea, que ambos van en la misma dirección educativa. Si entre ellos tienen diferencias en privado deben discutirlas y nunca delante del niño, ya que se quitan autoridad el uno al otro y perjudican al hijo.

Todas las familias, incluso las que son más felices, nunca están exentas de problemas sexuales. Deben saber vivir relajados y menos inquietos cuando surgen los errores sexuales. Todo lo que hay que aprender implica error. Lo importante es ser dueños de nuestra sexualidad y poseer un buen sentido del humor en esos momentos. ¿Por qué se empeñan muchos padres en ocultar y disimular sus errores sexuales?. El modo de ir corrigiéndolos, superándolos, de soportar las diferencias y desacuerdos, de llegar a la reconciliación, de volver a serenarse, todo ello tiene un valor educativo muy importante para los hijos.

Unos hijos que siempre vieron y captaron que sus padres no tuvieron ningún problema sexual, tienen el peligro de creer en el campo de la felicidad sexual, se consigue sin errores y dificultades. Sin embargo el camino es que todos la tenemos que aprender y a base de errores, se desaniman al compararse a lo que no vieron de sus padres y lo tiran todo por la borda. Sin embargo cuando ellos captan de sus padres la dura obligación de tener que vivir aceptando esos errores, todo ello constituye un buen aprendizaje para los niños y jóvenes, y mucho más importante que todas las informaciones teóricas y los buenos consejos. Cuando los hijos planteen a sus padres preguntas inquietantes, antes de turbarnos o enloquecer dando respuestas negativas, busquemos lo que late en el fondo de esas preguntas que nos inquietan y sepamos aceptar la confianza que pone el hijo en nosotros.

LA FAMILIA LA MEJOR ESCUELA PARA DESARROLLAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL.

El ambiente amoroso y armonioso que deben reinar en la familia es la mejor escuela afectivo/sexual. No es a base de informaciones biológicas como se educa y desarrolla la inteligencia emocional de nuestros hijos. Tampoco convirtiendo el hogar en una escuela de principios y reglas morales de tipo negativo y represivo. La moral no es necesaria para vivir una realidad que es mala. Lo malo nunca debe vivirse y menos educarse. Los que niegan la educación sexual por verla como mala, sucia y fea, a su vez, están negando la necesidad de la existencia de una ética. La ética no es necesaria para no vivir sino para encauzar y guiar una realidad positiva.

El amor se imita y por ello un hogar amoroso se convierte en la mejor universidad para aprenderlo, sólo así niños y jóvenes se encuentran con el verdadero camino del amor. Por osmosis niños y adolescentes repetirán aquello que ha vivido y conocido. E intentarán recrear el ambiente que ellos habrán descubierto en las personas que más admiran como son sus progenitores. Así tratarán de realizar lo que han aprendido en otros. Quienes hayan gozando de una familia en la que los padres aceptaban, dialogaban, escuchaban, discutían, y se amaban, estos tendrán más posibilidades de llegar a recrear, a su modo, un nuevo hogar, para vivir felices y educar hijos felices.

LA FAMILIA LOS PRIMEROS MOLDEADORES Y EL PRIMER ESPEJO DONDE SE MIRAN NIÑOS Y ADOLESCENTES PARA VIVIR UNAS RELACIONES. PG-23

La funciones del hombre y la mujer en la sociedad occidental moderna están en proceso de modificación, ha sido difícil que se den los cambios que van en contra dela tradición y uno de los más significativos es este. El legado de los roles de género dentro del ámbito familiar ocupa una de las preocupaciones educativas más importante para la cultura de hoy. La experiencia que tiene un niño o una niña de sí mismo/a, de ser igual o diferente, moldea de manera decisiva su evolución hacia la vida adulta. El padre y la madre son el primer amor del niño/a, aunque este proceso identificativo se inicia en la infancia y es gradual, pero a pesar de todo sigue manteniendo una fuerte identificación y la experiencia indica que marca de una manera casi irrevocable. La injusticia más generalizada en la familia, sociedad y Iglesia hoy, nos parece que es la desigualdad entre el hombre y la mujer, a través de los roles de género en que se asignan y educan todavía, lo que legítima esta practica. La familia contemporánea debe adoptar roles de género que no impliquen explotación de un sexo por parte del otro. Contribuir a hacer desaparezca la discriminación que sufre la mujer en nuestra sociedad y Iglesia.

La educación sexual de la familia es hoy menos sexista, pero la educación sexual incidental de los abuelos, en cuyas manos los matrimonios que trabajan ponen la educación de sus hijos, sigue siendo extremadamente sexista. Concienciarla, analizarla críticamente y cambiar los hábitos y conductas discriminatorias debe considerarse una preocupación muy importante para los padres.

CONCLUSIONES

Solamente en los primeros años suelen hacer preguntas directas y francas a sus padres. Pronto a prenden que los padres rechazan y ridiculizan estas preguntas y se refugian en un dialogo secreto con el grupo de sus iguales. Desde la más tierna edad debe favorecerse en el hogar un dialogo abierto y sincero sobre los temas sexuales . Que los hijos puedan preguntar con libertad y los padres contestar con veracidad y sinceridad y vayan creando un juicio crítico en sus hijos sobre estas realidades de la vida. Una de las dificultades mayores en este momento entre padres e hijos es conseguir un diálogo abierto y directo entre ellos sobre los temas sexuales. La familia debe favorecer que entre padres y hijos puedan hablar con libertad y naturalidad de los temas relacionados con se la sexualidad.

Adoptar roles de genero por parte de los padres que no impliquen explotación de un sexo por parte del otro. La educación sexual formal dentro del ámbito de la familia española es hoy menos sexista. Pero la educación sexual incidental del hogar y la familia, realizada a través del ocultamiento de la inconsciencia de los padres y abuelos, sigue siendo extremadamente sexista. Concienciarla, analizarla críticamente y cambiar los hábitos y conductas discriminatorias dentro del hogar debe considerarse también un objetivo muy importante de la educación de la familia y de manera especial de la familia cristiana, ya que una educación antidiscriminatoria es causa hoy de increencia y abandono de la fe por parpe de nuestros hijos.

Afortunadamente, la familia esta saliendo de la marisma de la ignorancia sexual y de la culpabilidad, gracias a la revolución sexual de los 60. Pero esa libertad que nos proporciono la gran revolución sexual debe completarse con la integración de la genitalidad y sexualidad en el amor. Esta nueva revolución nos dará los instrumentos para lograr la verdadera libertad, que nos prometía la primera y que nos la llevado a la trivilización de esta realidad en nuestros niños y jóvenes. La autonomía sexual afectiva nos permitirá vivir una sexualidad con una mayor calidad. Quizá la próxima década del milenio traiga un mejor comprensión, entendimiento y valoración de la sexualidad humana y con él, enfoques y educaciones dentro de la escuela familiar más realistas y amorosos.