DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

foto10.jpg (39738 bytes)"Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos: por las rebeldías de su pueblo ha sido herido" (Is 53,8)

Se dejó juzgar, se dejó azotar, se dejó coronar de espinas, se dejó... Esa fue su postura ante nosotros: SE ENTREGÓ porque me amó.

Ahora, al finalizar su vida terrena, se deja de nuevo quitar ya lo único que cubría su cuerpo: sus vestidos. Dejó todo en nuestras manos. Y nosotros TODO lo utilizamos. Su entrega fue tan total que hasta incluso hubieran partido su túnica.

Quiso sufrir en su carne lo que significa la vergüenza de la desnudez de todo. Su fama, su honor, su prestigio, su poder, sus vestidos. Para asemejarse a todos los que entonces, hoy y siempre vivirán siendo reos inocentes en manos de sus hermanos. El terror a que otro sea mayor que yo, más apreciado, más poderoso, más aplaudido..., nos hace creer que despojando a los otros, yo puedo ser el primero.

Jesús nos lo redime: El, siendo Dios, se dejó desposeer de todo para darnos, por su pobreza, la ÚNICA y ETERNA RIQUEZA: EL REINO DEL PADRE, EL AMOR INFINITO HECHO PERDON.

UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CRUCIFICADO

foto11.jpg (35390 bytes)"Y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca" (Is 53, 9)

Una muerte de maldito. Igualado a los malhechores. "Jesús, para santificar al pueblo con su sangre, padeció fuera de la puerta. Así, pues, salgamos donde él, fuera del campamento, cargando con su oprobio" (Hb 13,12-13)

Jesús cargó con nosotros. Nos subió a la cruz en El, se dejó clavar sin queja parque sabía que no eran los clavos lo que le sostendría en el madero, sino el peso del amor al Padre y a sus hermanos. Jesús se extiende mansamente sobre nuestra inmundicia, sobre nuestro pecado, sabiendo que su sangre nos limpiará y nos hará hijos en El.

Nosotros hemos muerto también con El, con El hemos sido inmolados. Lo somos cuando en la vida padecemos, y lo hacernos conscientes de que nuestro dolor, nuestra muerte, es ya redentora y no maldita.

Jesús en la cruz nos muestra un camino regio para expresar el más grande amor. Un amor de confianza filial en su Padre, de ternura y obediencia a sus planes providentes.

Que también, en cada una de nuestras crucifixiones diarias, sepamos decir de corazazón: "TENGO SED", sed de llegar a cumplir hasta el límite la voluntad de ese Padre Misericordioso que nos da al hijo para ganar al esclavo.

DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

foto12.jpg (33450 bytes)"Mas quiso Yahvé quebrantarlo con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá su descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahvé se cumplirá por su mano" (Is 53, 10)

"Si se da a sí mismo...": ése es el secreto. Jesús se dio libremente. "Aquí estoy, para hacer tu voluntad". "Todo está cumplido". El lo podía decir: había tocado fondo en el abismo del pecado. Había sufrido el amargo sudor del miedo, de la angustia, del sin sentido que atenaza al hombre herido por el pecado. El sabía de dolores: fue realmente quebrantado en su cuerpo y en su espíritu con dolencias sin número, con todas aquellas que cada uno y todos juntos padecemos hasta el fin de los tiempos. Sí, El podía decir que TODO ESTABA CUMPLIDO.

¿Y nosotros?..., ¿habíamos aprendido esta lección suprema?... Esa sangre que fue derramada en el Calvario el primer Viernes Santo, ¿la hemos acogido?..., ¿la hemos empapado en nuestras vidas?...