DÉCIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

foto13.jpg (39384 bytes)"Por las fatigas de su alma verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos, y las culpas de ellos El soportará" (Is 53,11)

Ya había pasado todo..., le esperaba un regazo cálido."Verá la luz..." Tal vez ya comenzó a entrever, al contacto de su cuerpo muerto con el cuerpo virginal de su Madre, algo de esa luz... Ella había estado allí... Siempre había estado presente en su vida, en su misión Ahora también esta dispuesta a acogerlo, hecho jirones de humanidad rota, para prestarle el último servicio maternal.

"Las culpas de ellos él soportaba"... ¿Y Ella?... También podía decirlo. Ahora Ella soportaba ese peso de nuestras culpas cargadas sobre su Hijo... Era consciente del precio de nuestra vida, que se gestaba en Ella a este precio.

Cuando miramos ese conjunto escultórico de LA PIEDAD, podemos adivinar en los rasgos de la madre algo parecido a un dolor esperanzado... "Se saciará..." Ella creyó en la resurrección de su Hijo. Esperaba que se saciaría de esa LUZ de la que venía y que, sólo por un tiempo, había quedado oscurecida.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

foto14.jpg (38231 bytes)"Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos e intercedió por los rebeldes" (Is 53,12)

Nuestro pecado murió en su muerte... Ya fue puesto en el sepulcro y vencido en su cuerpo de barro.

Algo nuevo brota... Del fondo de la oscuridad viene como un destello de esperanza. He aquí un sepulcro que se ha convertido en cuna de VIDA: un sepulcro que ha de permanecer vació porque la VIDA saltará de él al amanecer.

"Llevó el pecado de muchos..., intercedió..." Ahora es por ellos por quienes ha querido también sorber el gusto de la muerte, de la misma muerte que nosotros tememos gustar, pero que desde este momento ya no es final, ya no es amenaza, sino principio de VIDA, promesa de esperanza cierta.

"Creo en la VIDA", porque creo en Ti, Señor. Espero la VIDA porque Tú me has demostrado el Corazón Misericordioso del Padre que me espera.

DECIMOQUINTA ESTACIÓN: LA ESPERANZA DE LAS MUJERES

"Porque, como mujer abandonada y de contristado espíritu, te llamó Yahvé... Por un breve instante te abandoné, pero con gran compasión te recogeré... con amor eterno te he compadecido" (Is 54,6)

"Las mujeres que habían venido con él desde Galilea regresaron a preparar aromas y mirra" (Lc 23,55-56)

Ellas lo amaban. El amor conoce, intuye, presiente, sabe dónde existe vida... Ellas no se fueron: en su corazón no podían dar por muerto el amor. Se pusieron a preparar con qué embalsamarlo... El amor nunca muere. La mujer ha sido creada para amar, para guardar la vida... Ella es pura receptividad; es como un ánfora de esperanza; la mujer es, desde que nace, madre y esposa, hermana y amiga, ¡lo es por naturaleza!...

Nosotras hemos de ser esas mujeres que, en la noche de la fe, en la oscuridad de la esperanza, mantenemos viva la antorcha con la luz que conduce a los que están extraviados. Como mujeres, como enamoradas, como madres, debemos ser capaces de acoger en nuestro regazo a quienes hoy vacilan, se pierden y dudan en medio de la oscuridad.

Preparar aromas, esperar a que amanezca, significa que jamás podemos darnos por vencidas en nuestra lucha por la vida: hemos de ser custodias de la resurrección. Testigos de la VIDA que Jesús nos ganó a precio de su muerte.

Como mujeres, como contemplativas, como Dominicas, hemos de ser dispensadoras de compasión sobre aquellos que están heridos por la duda de la fe, amargados por la falta de esperanza, agonizantes por ausencia de amor. La compasión dominicana nos llama a difundir con fuerza en mensaje de la Pascua.

La fuerza de la VIDA, de la GRACIA, del PERDÓN es mayor que la maldad, que la muerte y que el odio.

Si aguardamos al amanecer podremos escuchar la voz del que amamos que nos susurra nuestro nombre en el corazón... Le querremos abrazar, retener, y El nos dirá:"vete donde mis hermanos y diles..." Nos hace apóstoles, predicadoras de su evangelio de la Vida.