SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

foto7.jpg (39825 bytes)"El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados" (Is 53, 5)

¡Cae de nuevo por el peso de mi pecado! Cayó de nuevo, quedó tendido en tierra hecho un guiñapo, un amasijo de sangre y polvo... "por nuestras rebeldías"... Aquí acogía nuestra culpa de orgullo, de soberbia, de autosuficiencia-sin Dios...

Se arrastró por el polvo, ¡y era el ÚNICO que podía hacer valer su poder, su señorío, su grandeza! Sólo él, Dios mismo, podía bajar tan hondo para hacernos saborear esa paz que nace de la humildad, del último lugar, del servicio generoso... -

Hemos sido curados a precio de sus cardenales, los que muestro orgullo le causó y que El quiso transformar en ríos de paz... Ésa que luego insistirá en que acojamos como compañera de camino hacia la casa del Padre.

OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

foto8.jpg (40552 bytes)"Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahvé descargó sobre El la culpa de todos nosotros" (Is 53, 6)

Y El... ¡tuvo lástima de nosotros!... En ese camino hacia su muerte, en esa marcha dolorosa y humillante, es capaz de ejercer su ministerio de piedad.

Le daba pena vernos solos, cada uno en su egoísmo, en su soledad sin salida, en su dolor sin esperanza. Se paró ante esas mujeres y las consoló. Fue como un gesto de gratitud también para aquellas que demostrarían, a pesar de su fragilidad, su gran fortaleza y su excesivo amor.

¿Por qué lloraban esas mujeres?... Sí que sabemos por qué lloró Jesús pensando en lo que ocurriría a los hijos de estas madres. El había venido a traerles la paz, a cobijarlos como la gallina a sus polluelos... ¡y no habíamos querido escucharle!

Hoy también debemos consolar, acariciar las lágrimas de tantas madres que padecen por sus hijos... En nuestro caminar debemos pararnos y mirar..., ver en los caminos el gran dolor de tantos corazones que piden que alguien se detenga y los acompañe sin preguntar la causa.... sin dictar sentencias..., sencillamente amando, abrazando, escuchando...

NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

foto9.jpg (34899 bytes)"Fue oprimido, y El se humilló, y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca" (Is 53,7)

Asumió el atropello de que son víctimas los pobres. Esos que no tienen derechos, que no se les escucha. A esos a quienes se les puede manipular, torturar, humillar, vender y comprar porque no son nadie... Esos que no poseen riquezas, ni poder, ni influencias... Esos que nadie defiende porque no pueden pagarlo, porque a nadie interesan, porque nadie los va a echar en falta...

A los más pequeños, a esos se quiso asemejar Jesús al caer de nuevo ente las risas, las burlas y el nerviosismo de los responsables de su ejecución...

Cuando en nuestra vida nos quejamos..., ¿de qué?... ¿de quién?... ¿tenemos derecho a hacerlo?... ¿Podemos decir que se nos margina, se nos olvida, se nos oprime?... Realmente sería un gran pecado usurpar el lugar de los verdaderos pobres e intentar atraer la atención quitándola de quienes son dignos de ella. Precisamente nosotras, las monjas, estamos aquí por ellos. Estamos libres de compromisos, aceptando voluntariamente la inapariencia, la pobreza, la libertad para tener abiertas las puertas de nuestras casas y, más aun, de nuestros corazones para aquellos a los que el mundo rechaza.

Que nuestro silencio esté penetrado de los gemidos de los pobres, de los gritos de los marginados, de las llamadas de los perseguidos...