UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS PROMETE SU REINO AL BUEN LADRÓN
Del evangelio de San Lucas (23, 39-40.42)
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba. Pero el otro lo increpaba: "¿Ni siquiera temes tú a Dios?" Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino".
¡Cómo nos cuesta ser humildes, aceptar nuestra pequeñez y debilidad ante Dios! Y es que no hemos comprendido que Dios es nuestro Padre y que está deseando acogernos en sus brazos y en su perdón.
Dios es nuestro Padre v Madre a la vez. Lejos está de intentar ser un juez.
Al lado de Jesús crucificado, dos actitudes: el rechazo y la soberbia, o la humildad v sinceridad. Seamos nosotros los que elijamos con cuál nos queremos identificar.
DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS CRUCIFICADO, LA MADRE Y EL DISCÍPULO
Del evangelio de San Juan (19, 26-27)
Jesús, al ver a su madre v cerca a! discípulo que tanto quería, dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
¿Cuánta gente, jóvenes y menos jóvenes, tiene tiempo, ganas, espacio... para atender, ayudar, dar amor a las personas mayores faltas de cariño; no digamos ya a sus progenitores, que en la mayoría de las veces aún viviendo bajo el mismo techo solo se sirven de ellos para las circunstancias que les son más acomodaticias, olvidándose de ellos en cuando han conseguido sus propósitos?...
No digamos nada de las personas que tienen a su cargo la difícil tarea de educar, de encauzar la vida de la juventud progenitores, educadores, gobernantes,..., los cuales son incapaces de mantener un diálogo, aconsejar, o bien dar ejemplo a esta juventud para que les ayude a crear un clima sano y de amor con sus semejantes.
¡Jesús!, cuando nos lleguen momentos de desesperanza en nuestra v¡da, haznos recordar que nos diste a MARÍA, tu Madre, como la nuestra, y lo hiciste en los momentos en que más sufrías. ¡GRACIAS, PADRE BUENO!