DECIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Del evangelio de San Marcos (15, 34.36-37)

Jesús clamó con voz potente: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Y uno echó a correr y empapando una esponja en vinagre, le daba de beber. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Junto a la cruz, en silencio, traspasada por el dolor, María. La Virgen de la fidelidad a la Palabra de Dios. María, presente en el Calvario y presente junto a cada uno de nosotros, contagiándonos su fidelidad y su fortaleza para seguir a Jesús. Al pie de la cruz, la Virgen fiel nos enseña que ella acompaña a todos los que buscan a su hijo. Ella también es nuestra madre para siempre.

María observa cómo descienden el cuerpo de su hijo amado. Aparentemente, el justo ha fracasado y la muerte ha vencido una vez más.

Alrededor de nosotros, a la vista del sufrimiento y el dolor, de los chicos abandonados peleando la vida en la calle, de los drogadictos, o los desalojados y tantos más. A la vista de todos ellos también podría pensarse que la muerte es la vencedora. Pero el Padre dirá la última palabra, y de la muerte brotará la vida en abundancia. Nuestro caminar junto a los pobres debe mantener siempre viva la esperanza. Habrá vida y vida para todos. Hacerla realidad en nuestros días es la tarea fundamental de los cristianos.

¡Padre bueno!, queremos vivir anunciando el Evangelio de Jesús. Queremos encarnar la vida nueva del Reino en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la comunidad. Envía el Espíritu de tu Hijo, para mostrarnos el camino.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO

Del evangelio de San Marcos (15, 46)

José de Arimatea compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en ella y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca.

Jesús es enterrado. Ha muerto. Pero el plan de salvación triunfa: Si hemos muerto con él, viviremos con él (2 Tm 2.11). De la muerte nace la vida, del sufrimiento y la frustración surge la esperanza. Nos ha liberado del pecado y de la muerte. Donde el mundo ve frustración y sin sentido, Dios hace estallar la vida. De la noche surge la luz que nos ilumina y acompaña. El Padre no nos abandona. Su promesa liberadora se hace realidad en Jesús. La vida vence.

Este es el mensaje para nuestros pueblos. Dios no nos abandona en el dolor, en la injusticia y el sufrimiento. Nos quiere libres y libres para amar, empeñados en la construcción de la civilización del amor. Sumando nuestros esfuerzos para empezar hoy y aquí la fraternidad, la paz y la justicia anheladas. Nos propone a todos el camino de Jesús. Camino de cruz, camino de esperanza y liberación. Camino de donación: dar la vida para que otros vivan.

Su resurrección es signo y prenda de la resurrección a la que todos estamos llamados y de la transformación final del universo (Puebla 196).

Un gran silencio y una gran soledad envuelven la tierra, porque el Rey duerme. La tierra está sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Visita a los que viven en tinieblas. Él va a librar de la muerte a Adán v Eva.

Adán, al ver a Cristo, exclama y dice a todos: "Mi Señor esté con todos". Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: "Y contigo". Y tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: "Despierta, tú que duermes, levántale de entre los muertos, y Cristo será tu luz"... "Apartaos, tinieblas, que va a salir la humanidad. Levántate, obra de mis manos: levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí: el enemigo te sacó del Paraíso, yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono del cielo" (Homilía de los primeros tiempos del Cristianismo)