TERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO POR EL SANEDRIN

Del evangelio de San Marcos (14, 55.60-61.62.64)

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte: y no lo encontraban. El sumo sacerdote lo interrogó preguntándole: "¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?" Jesús contestó: "Sí, lo soy... y todos lo declararon reo de muerte.

Jesús es condenado. ¿Por qué? ¿Es que había hecho algo malo?...

Nos enseñó a amar, y nosotros lo despreciamos. Nos enseñó a perdonar, y nosotros lo condenamos.

Pero es que cuesta tanto amar plenamente y sin excusas. Es que cuesta tanto perdonar a los que nos humillan, a los que nos hacen sufrir...

¿Qué enseñanzas son ésas? Tú rompiste las cadenas que nos ataban, nos enseñaste que el mejor camino de libertad eres Tú, que la mejor forma de vivir es desde la caridad.

Pero... siempre hay un pero. Nuestra comodidad y nuestra vanidad de creermos poseedores de la verdad

Lo teníamos delante de nuestros ojos y no nos ardía el corazón. Lo seguimos teniendo con nosotros v todavía te condenamos, no a muerte. sino a una condena peor: a la indiferencia, al olvido. Tu mensaje sigue vivo y tu palabra permanece. ¿Dónde están nuestros oídos?... ¿Y nuestras manos?... ¿Camina nuestro corazón hacia Ti?...

Somos pequeños y necesitamos de tu amor. Que nuestra respuesta a Ti sea también de amor sin límites todos y cada uno de los días de nuestra vida.

CUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES NEGADO POR PEDRO

Del evangelio de San Marcos (1.1,72).

Por segunda vez cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: "antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres ", y rompió a llorar.

Pedro negó a Jesús, como nosotros lo hacemos en multitud de ocasiones. Y no por ello no le amamos, sino que dudamos. No dudamos de Él, sino de nosotros mismos. Y es que cuando estamos negando a Jesús, estamos negando a nuestros hermanos, al ser humano, a nuestro mundo interior, a nuestra propia vida.

Tenemos miedo. Miedo a nuestra pequeñez frente a un AMOR con mayúsculas, un AMOR superlativo que traspasa todo tipo de fronteras y llega a los lugares más recónditos e insospechados. Y aunque nos parezca increíble, cada uno de nosotros somos parte de ese amor verdadero. Pero claro, es tan grande y auténtico, que nos aterroriza, que sentimos que hemos de huir de Él: le negamos.