SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Del evangelio de San Marcos (15,20)

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.

A pesar de su condición divina no se ha rebelado, ni se ha echado atrás en su misión. No ha rehuido los insultos y salivazos. Ha sufrido sobre sus espaldas todos los golpes de quienes con furia le azotaban.

Así, con la entrega de su propia vida y la aceptación del sufrimiento ha transmitido al abatido una palabra de aliento.

OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO A LLEVAR LA CRUZ

Del evangelio de San Marcos (15, 21)

Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, lo forzaron a llevar la cruz.

Jesús en su camino hacia el Calvario, con la cruz a cuestas, está agotado y, sin embargo, dispuesto a seguir adelante, a llegar hasta el final. Pero le fallan las fuerzas, le pesa mucho el sufrimiento y la angustia de nuestro egoísmo, de nuestra indiferencia, de nuestra injusticia. Él sufre y nuestro corazón permanece duro, nuestros ojos cerrados, nuestra alma callada.

¡Qué alivio poder compartirlo con un amigo, con un compañero! Pero Jesús no encontró amigos, no encontró compañeros.

A Simón de Cirene le forzaron a llevar su cruz. ¿Acaso Jesús se sintió mejor? Tal vez, pero no es lo que hubiera querido ¿Dónde está la libertad? ¿Y el amor? ¿Y el servicio? ¿Dónde estamos nosotros? ¿Y qué cruz llevamos?...

Señor, que aprendamos a compartir desinteresadamente y por amor tu cruz, que es la cruz de los que sufren, de los pobres, de los últimos.

Que nuestra actitud sea de total disposición y entrega, desde la libertad, antes incluso de que tú lo quieras.

Que ante el sufrimiento y la injusticia nuestro corazón se abra, nuestros ojos permanezcan con mirada atenta y llena de ternura, y nuestra alma no deje nunca de gritar.